LA SORPRENDENTE OBRA DE DIOS (PREDICADO EN SAN JOSÉ, EN DICIEMBRE DEL 2004 COMO PARTE DE UNA SERIE DE JOSUÉ)

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 7, No. 1

(Ofrecemos este sermón como ejemplo de la predicación ‘redentivo-histórica’. Esta forma de predicar no busca moralejas en la biblia, sino procura ver cómo Dios se revela a sí mismo ante su pueblo, como juez y Redentor. Sobre todo, nota cómo Dios obra por medio de un pacto, culminando su obra en Cristo Jesús – Cabeza del pacto, Redentor Supremo)

Leer Josué 3

Introducción: La hora había llegado. Los 40 años de castigo en el desierto se habían terminado. Los espías habían traído su reporte. Josué les recuerda una vez más de las promesas de Dios para darles la tierra. Hay gran expectativa en el campamento – y sin duda, había temor también. Pero esta vez nadie se atrevía a decir nada. ¡No querían arriesgarse con otros 40 años en el desierto!

Josué hizo que el campamento se pasara de Sitim hasta la orilla del Jordán y ahí esperaron 3 días. ¿Qué esperaban? ¿Qué se imaginaba cada uno? Mientras crecía la expectativa – ¿qué pensaban los niños? ¿Los padres? ¿Los ancianos? Dios los dejó 3 días pensando, meditando – porque pronto vendría la orden «Marcharán en pos de Jehová» (vs 3). El Dios del pacto los había conducido 40 años – ahora estaba pronto a cumplir sus promesas de darles una herencia. Ya no estarían acampados por largos tiempos. «¡Marcharán en pos de Jehová!» era la orden.

I. Dios guiaba a Israel por medio del arca – Vs 3

A. El Arca: ¿Qué era el arca? ¿Qué función tenía en Israel, en su religión? En primer lugar, recordemos que el arca del testimonio era el lugar de expiación. En el Día de Expiación el sumo sacerdote hacía sacrificio por los pecados del pueblo, y salpicaba sangre en la parte superior del arca – el propiciatorio – en presencia de Dios (ver Levítico 16). Entonces, ¿por qué se destaca el arca aquí en Josué? Dios quería remachar la necesidad de expiación para recibir las bendiciones del pacto. Dios aún le estaba enseñando a Israel que su salvación en primer lugar era del pecado – no del desierto. Su salvación en primer lugar era de sus transgresiones, no de Egipto. ¿Cuántas veces nosotros nos enfocamos en las cosas materiales o terrenales? Queremos que Dios nos salve de alguna condición, de alguna situación – queremos que Dios nos rescate de Egipto, del desierto, que nos libre de la mano de los amorreos, que nos provea maná del cielo. Y la justicia de Dios pasa ignorada. Y lo grave de nuestro pecado pasa por desapercibido. Dios alzaba el arca a la vista de todos para que TODOS recordaran que la tierra prometida era dada sólo con base en la sangre expiatoria del holocausto.

B. Pero en segundo lugar, recordemos que el arca era también el ‘arca del testimonio’, o ‘el arca del pacto’ donde se guardaba copias del pacto entre Dios e Israel. El arca contenía las promesas de Dios de ser Dios para Israel, e Israel sería pueblo para Dios. El arca recordaba no sólo la justicia de Dios, sino también su misericordia. Confirmaba de manera tangible que Dios honraba su Palabra – y cuando los Israelitas veían adelante el arca, aún en medio de temor o duda, podían presenciar visiblemente las promesas de Dios, y tomaban fuerzas. Como la Santa Cena hoy nos señala y sella visiblemente la salvación de Dios, de igual manera Dios señalaba visiblemente para el Israelita que todas sus promesas se cumplirían.

C. Un detalle más se debe destacar – Israel debía seguir a Dios, pero a una distancia de dos mil codos – aproximadamente 1000 metros, es decir, ¡un kilómetro! ¡Era bastante la distancia! Dios fue enfático, que debían seguirle – pero guardando una distancia. ¿Cómo debemos tomar esta orden? 

C.S. Lewis, en uno de los libros de las Crónicas de Narnia, tiene un excelente diálogo. Un niño le pregunta a otro si Aslán era un león manso (Aslán representa a Cristo en estos cuentos excelentes). El otro le contesta después de un momento de reflexión: «No, manso no es. Pero él es bueno.» ¡Excelente descripción de Dios! 

Dios invitaba a Israel a seguirle para recibir su herencia y salvación. Pero aún debían guardar 2000 codos de distancia. La santidad de Dios y la pecaminosidad del pueblo debían estar presentes ante ellos. Debían marchar con confianza, con esperanza, pero con actitud sobria también.

Dios nos estaba enseñando una gran lección. Aunque Josué era el mediador para el pueblo, no era capaz aún de acercar a Dios al pueblo de Israel. Eso le tocaría a otro Josué más tarde – y hablaremos de eso pronto.

II. Dios engrandecerá a Josué (vs. 7)

A. Cabeza del pueblo. En toda etapa de la historia, y con todos los pactos, Dios escoge a un hombre para ser cabeza del pueblo y representante de él ante ellos. Podemos pensar en Abraham, Moisés, Samuel, David, y Cristo.

B. Josué. Vs 7 – Dios exaltaría a Josué.

1. Josué no toma para sí este privilegio. Es iniciativa de Dios. Hoy tantos toman para sí títulos y puestos como ‘profetas y apóstoles’. Pero Hebreos 5:4 nos dice: «Nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios». Este es un principio en TODAS las escrituras por una sencilla razón – la salvación es de Dios. Y especialmente con respecto a los que representan de manera específica la redención de Dios, Dios es celoso para escogerlos él mismo. En concordancia con su forma normal de obrar, Dios promete engrandecer a Josué – será una obra divina, soberana, de Dios mismo.

2. Había otra razón – para darnos una enseñanza. Dios siempre quiere dirigir a su pueblo por medio de un líder. Como vimos en capítulo 1, las tareas de Josué sería tanto dirigir las batallas como ser pastor y predicador. Y su nombre «Josué» – que significa ‘Yahve salva’ – nos recuerde de otro Josué, en griego, ‘Jesús’. Dios nos estaba preparando para entender la obra de Cristo. Cristo, en el nuevo pacto, es nuestra cabeza, nuestro representante, líder, jefe, pastor. Como Josué – quien dirigía la batalla, y también enseñaba la voluntad de Dios, exhortaba y juzgaba – así Cristo. Cuando los Israelitas no obedecían a Josué (como por ejemplo Acán), tuvieron terribles fracasos y se perdían vidas. En esto vemos la importancia que Dios le da al Mediador. El éxito o el fracaso depende de lo que hacemos con el Mediador que Dios establece.

– Por eso, cuando nació Jesús, Dios dijo que le pusieran el nombre Josué – o sea – ‘Jesús’. Y ¿cuántos recuerdan la profecía de Simeón? (Lucas 2:4): «Este está puesto para la caída y para levantamiento de muchos en Israel.» Sólo en Josué podía haber victoria para Israel. Pedro hoy dice lo mismo – sólo en el nombre de Jesús hay salvación (Hechos 4:12).

– ¿De cuáles maneras estamos tentados a buscar nuestras soluciones fuera de Jesús? ¿La felicidad, resolver conflictos, componer las relaciones personales, el sentimiento de culpa? VS 7. Israel marcharía en pos de Jehová dirigidos por el representante que Dios había puesto. Lo mismo es hoy – sólo en Cristo Jesús podemos estar seguros de estar en el camino de Dios.

III. Dios confirma sus promesas con señales – Vss 9 – 13

A. Mientras leo la biblia, me está impactando algo con respecto a la obra de Dios. Siempre anuncia sus milagros de antemano, cumple la señal, y muchas veces vuelve a interpretar la señal. Pensemos en todos los grandes acontecimientos – con Noé, las plagas, el éxodo, la conquista de palestina, los milagros de Elías, y de Jesús – en todos Dios siempre anunciaba de antemano lo que iba a hacer. Dios no nos toma por sorpresa, no actúa de la nada. Dios habla, anuncia, explica. La religión bíblica no es como las otras religiones que el hombre inventa, con misterios que sólo los iniciados saben, con una élite de ‘sacerdotes’ que tienen conocimientos más allá que el hombre común. Y aún entre los evangélicos han entrado corrientes místicos que darían a entender que la esencia de la religión cristiana es ‘misterio, sorpresa, lo novedoso.’ Estas cosas son foráneas a la forma en que Dios ha obrado en todas las Escrituras.

B. Una señal del liderazgo de Josué y de la firmeza de las promesas de Dios iba a ser un milagro estupendo – el partimiento del río Jordán.

1. Los Israelitas necesitaban ánimo. Ahora les tocaría una tarea difícil, ardua. Ya había llegado la hora. Y Vs 10: Y los sacerdotes que llevaban el arca se pararon en medio del Jordán hasta que se hizo todo lo que Jehová había mandado a Josué que dijese al pueblo, conforme a todas las cosas que Moisés había mandado a Josué; y el pueblo se dio prisa y pasó

2. Nótese que es el mismo milagro que Dios les hizo cuando salieron de Egipto. Comenzando su libertad los condujo por el Mar Rojo en tierra seca – un milagro que daba a entender (entre otras cosas) que ningún obstáculo podía impedir el cumplimiento de las promesas de Dios. Ahora Dios hará el mismo milagro – ya no sellando su libertad, sino sellando su herencia.

3. Notemos que los Israelitas ingresan a palestina en el mismo mes en que habían sido libertados de Egipto – el primer mes del año (4:19). Dios a veces usa cosas tangibles para recordarnos de su salvación. Para Israel Dios usó fechas, los mismos milagros, las señales de la circuncisión y la Pascua. Hoy tenemos el bautismo y la Santa Cena como señales visibles de su obra. Y tenemos el día domingo como fecha que celebramos la victoria de Cristo.

4. La señal de abrir el río Jordán era una señal irrefutable. La época era la primavera, cuando la siega temprana estaba lista. En esta época la nieve de las montañas en Siria y otras cordilleras se derrite y el Jordán es un caudal de agua que corre en torrentes hacia el Mar Muerto. No habría paso de ninguna manera. A los ojos de los hombres, pareciera que el ingreso a la tierra prometida tendría que ser pospuesto. Pareciera que Dios se equivocó trayéndolos en esta época. Pareciera que Josué estaba loco. Pero todo esto estaba dentro del plan de Dios para que Israel y los Canaanitas vieran su poder.

Este milagro no es aquel milagrito de tantos hoy que imponen las manos y el dolor de cabeza se quita. ¿Dónde están los milagreros hoy que pueden dividir el río Jordán? ¡Traigalos si los hay! El Dios del cielo, el Dios de Israel, sí puede parar las aguas cuando él quiere – y lo hizo. Los Israelitas lo estaban viendo desde lejos – a 2000 codos. Se adelantan los sacerdotes con el arca. A penas sus pies tocan el agua, y el río se separa en dos, y se amontonan las aguas arriba mientras se seca toda la cuenca. ¿Qué pensaron cuando vieron eso? ¡Que cosas! ¡Que maravilla! Me imagino que gritaron «¡Ay!» de sorpresa, de maravilla, de temor. «¿Quién es este Dios que ejerce absoluto dominio sobre la creación?»

¿Qué siente ud. ante la partición del río Jordán? Algunos liberales que no creen mucho en la biblia intentan buscar otras explicaciones – como que un derrumbe hizo una represa. Pero ese día en Israel NADIE estaba dudando del poder de Dios. Tampoco los Canaanitas estaba dudando del poder de Dios. Era un hecho tan fuera de toda posibilidad. 

La división del río Jordán era: 1) Señal de confirmación del liderazgo de Josué; 2) Señal de confirmación del poder y santidad de Dios; 3) Señal de confirmación de las promesas de Dios para con su pueblo.

En toda época de la redención Dios ha sellado su Palabra con pruebas tremendas. Pero cuando viene la parte final de la salvación – la obra de Cristo – Dios sella la redención con la señal más grande de todas – no abriendo un río, sino abriendo ¡una tumba! ¡La resurrección de Jesús es la máxima señal! ¿Ha dudado alguna vez de Dios? Dios ha dado amplia evidencia de su poder – para Israel partió el río Jordán – y para nosotros levantó de los muertos a nuestro Salvador, Jesucristo. ¡Amén! Es por esto que no hacen falta más señales. ¿Qué se podría comparar con las señales que hizo Dios en Cristo? ¿Qué más se necesita para confirmar la salvación obrada en Cristo? Pedir más señales hoy sería como algún Israelita pidiéndole a Josué una señal justo después de cruzar el río Jordán.

Conclusión – Dios da la orden de marchar detrás de él y de Josué. ¿Cómo debía marchar?

A. Dios quería que su pueblo lo honrara, le reverenciara como el Santo de Israel – que guardaran 2000 codos de distancia. Vs 5 – «Santifíquense» dice Josué. Hoy podemos alabar a Dios, porque el Hijo de Dios ha abierto el Lugar Santo para que podamos entrar confiadamente a la presencia de Dios. Dios ya no nos mantiene lejos, sino que nos acerca íntimamente en Cristo. Tenemos promesas más grandes que Israel. Tenemos beneficios más grandes que Israel. Pero siempre recordemos que no son nuestros méritos que nos permiten acercarnos. Por nosotros, deberíamos guardar no 2000 codos, sino ¡2.000.000 de kilómetros! Acerquémonos a la presencia de Dios en Cristo, conscientes de nuestra propia indignidad, pero confiando en la obra que él hizo por nosotros. Marchemos en pos de Jehová – confiados pero sobrios.

B. Dios quería que Israel marchara siguiendo a Josué, a quien Dios había constituido cabeza. Ahora nosotros marchamos en pos de Jehová siguiendo a Jesús. ¿Cómo hacemos esto, puesto que Jesús volvió al cielo? Por medio de su Palabra. Hay trabajo para nosotros, hay una marcha – ¿estamos escuchando la voz de nuestro Josué? Nunca debemos decir que estamos tan ocupados que no tenemos tiempo para escuchar a Dios. No descuidemos la lectura bíblica. Y de manera especial Dios quiere que apartemos este día domingo para escuchar su Palabra predicada, y para meditar y orar. Dios a nosotros nos llama a seguir en pos de él – y nos dice cómo, cuándo, y dónde por medio de su divina Palabra.

C. Dios quería que Israel marchara absolutamente convencidos de su majestad y su poder. Y comprobó su poder con señales maravillosas – dividió las aguas de un gran río. Dios a nosotros

nos ha dado promesas aún mejores, y señales aún mejores en Cristo Jesús. 

¿Qué dicen mis hermanos? Hoy la voz de Dios y su Cristo nos dice: «Marchen en pos de mi». ¿Cómo responderemos? ¡Amen!

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