CARTAS DEL TÍO POLICARPO

Reforma Siglo XXI, Vol. 4, No. 1

Estimado sobrino Justus:

Tu me dices: «Tío Policarpo. Estoy confundido. Oigo de controversias en nuestras iglesias que parecen romper la unidad. Yo creo que el Cristiano debe evitar toda controversia a favor de la unidad, pues nuestro Maestro Jesucristo pidió que fuéramos uno, como él y el Padre son uno (Juan 17:21). ¿No es más importante el amor? Por favor ayúdame, tío.»

Al respecto quisiera, en el amor de Cristo, aconsejarte tres cosas:

Primero, quiero agradecer a Dios por tu preocupación por la unidad de la Iglesia. Esto es bueno. Los Cristianos tenemos que pensar en mantener la unidad del Espíritu, porque manteniendo la unidad en base a lo que el Espíritu nos enseña en su Palabra que El mismo ha revelado, entonces seremos una iglesia realmente unida. Pues, el Espíritu Santo y Jesucristo son los primeros interesados en la unidad de la Iglesia. De modo que nunca habrá unidad de la Iglesia si sus miembros desobedecen las Palabras del Espíritu y de Cristo, lo cual revela la voluntad del Padre.

Segundo, te pido que averigües cuáles son los temas de las controversias. Si los temas son, por ejemplo, sobre el color del púlpito, el color de sandalias que se ponen las señoritas, o acerca de cuántas reuniones juveniles debe haber al mes, y por eso hay divisiones y controversias; entonces, en el nombre del Señor, hay que reprender a quienes dividen a los hermanos por estas cosas. 

Pero, si las controversias son, por ejemplo, sobre cómo debe ser la adoración según la Biblia, o sobre la ordenación de “pastoras,” o sobre el contenido del evangelio; es decir sobre temas centrales de la Biblia sobre los cuales algunos están enseñando cosas ajenas a la Biblia; entonces sí es una controversia que vale la pena. Es más, en este caso las autoridades de la iglesia tienen que censurar a quienes enseñan cosas contrarias a lo que la Biblia enseña.

Precisamente esto es lo que Pablo le dice a Timoteo. Nuestro amado apóstol Pablo le insta a Timoteo a abandonar las «discusiones inútiles» (1 Timoteo 1:6), y que abandone las «fábulas profanas propias de viejas» (1 Timoteo 4:7). Pablo no nos manada a evitar «las controversias» en general, sino aquellas que no valen la pena porque no forman parte del cuerpo de enseñanza bíblica. Pero Pablo nos manada a retener y luchar por la sana doctrina. Por eso le dice a Timoteo: «Retén la forma de las palabras sanas que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús. Guarda mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado» (2 Timoteo 1:13,14).

Tercero, no hay que temer las controversias sobre la verdad del evangelio en nombre del “amor” entre hermanos. Mira sobrino, los versos que hemos anotado anteriormente, relacionan el amor con la verdad o sana doctrina de Cristo. Estos versos relacionan el amor y la verdad con el tesoro (doctrina) que nos ha sido encomendado por el Espíritu Santo. Nuestro amor es en primer lugar un celo santo por guardar la pureza de la Palabra de Dios, de la adoración a Dios, y de la extensión de Su Reino. Si tuviéramos que aceptar distorsiones del evangelio, y desviaciones doctrinales, en nombre del amor entre hermanos, entonces no hemos entendido ni lo que es el amor a Dios ni el amor entre hermanos.

Porque amamos a Dios queremos guardar su Palabra con pureza, a esto se le llama ‘ortodoxia.’ Porque amamos a los hermanos queremos que ellos estén en una iglesia donde se vive y se practica según la Palabra de Dios, a esto se le llama la ‘comunión de los santos.’ No es una comunión de gentes donde cada uno sirve a Dios a su manera; eso sería un club social. La Iglesia es la comunión de santos llamados por Dios, guiados por Dios, y reunidos en el nombre de Dios para servir a Dios. Es una comunión Teocéntrica por que se centra en Dios. Es una comunión Cristocéntrica porque él es nuestro Rey y nosotros somos sus súbditos. Es una comunidad neumatocéntrica, porque nuestra comunión es en el Espíritu Santo. Pero también es una comunión en la verdad del evangelio común a todos.

Por todo esto sobrino Justus, no tengas miedo de las controversias. Asegúrate de saber el tema que es motivo de la controversia, y en el nombre de tu Salvador, participa en la batalla por la verdad de Cristo (2 Timoteo 4:7), y no tengas miedo de las “verdades” de ciertas personas las cuales, en realidad, se oponen a la verdad como lo hacían Janes y Jambres (2 Timoteo 3:8-9).

Una unidad que no se construyen en base a la verdad es una unidad meramente humana, pero la verdadera unidad o la unidad del Espíritu solamente está basada en la Palabra de Dios. Como nos dice el Señor a través del apóstol Juan «Santifícalos en la verdad, Tu Palabra es verdad.» El mismo Juan que tú me citas, querido Justus, nos enseña que la comunidad (o unidad) de los santos (la Iglesia) es una unidad santa en la verdad de la Palabra de Dios.

Sobrino, Justus, Que Dios te santifique en la verdad de Cristo, para que no temas, ni estés confundido; pues no hay verdadera unida cristiana a expensas de la verdad revelado de Dios. A El sea toda gloria y toda honra. Amén.

Hasta pronto:

Tu tío Policarpo

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