UN HOGAR PARA APRENDER A PENSAR

Ps. Donald Herrera Terán

“La mayor fuente de seguridad que nuestros hijos tienen en este mundo es un matrimonio entre sus padres que honra a Dios y se centra en Cristo”. Ps. Voddie Baucham

El libro de proverbios nos presenta el marco y la atmósfera relacional entre un padre y su hijo: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre”. (Proverbios 1:8) El escritor del libro señala que el propósito de este es “para aprender sabiduría e instrucción, para discernir dichos profundos” (Proverbios 1:2, LBA). Indica también que la fuente de dicha sabiduría e instrucción es el Dios personal, triuno y pactual de Israel, “El principio (punto de partida) de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1:7, RV60).1 Esta sabiduría es descrita en términos personales en el capítulo ocho del libro:

¿No clama la sabiduría, y levanta su voz la prudencia? En la cima de las alturas, junto al camino, donde cruzan las sendas, se coloca; junto a las puertas, a la salida de la ciudad, en el umbral de las puertas, da voces: Oh hombres, a vosotros clamo, para los hijos de los hombres es mi voz. Oh simples, aprended prudencia; y vosotros, necios, aprended sabiduría. Escuchad, porque hablaré cosas excelentes, y con el abrir de mis labios rectitud. Porque mi boca proferirá la verdad, abominación a mis labios es la impiedad. Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca, no hay en ellas nada torcido ni perverso. Todas son sinceras para el que entiende, y rectas para los que han hallado conocimiento. Recibid mi instrucción y no la plata, y conocimiento antes que el oro escogido; porque mejor es la sabiduría que las joyas, y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella. (Proverbios 8:1-11)

El autor de Proverbios también nos aclara la naturaleza del corazón humano que carece de instrucción en la verdad de Dios al decir, “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; más la vara de la corrección la alejará de él” (Proverbios 22:15). En el texto de Proverbios 8 que acabamos de señalar, se describe a los hombres carentes de esta instrucción como “simples” y “necios” (v. 5). De modo que definimos como necedad a cualquier modelo de razonamiento que no tiene como punto de partida la naturaleza, palabras y hechos del Dios del pacto.

El niño y/o joven que carece de instrucción en la verdad de Dios no es una tabula rasa en lo que concierne a su razonamiento. Al nacer trae consigo un impulso, una tendencia, una pulsión —dirán otros— que el proverbista llama “su propia prudencia” (Proverbios 3:5). Este software interno es lo que le impulsa a poner oídos sordos a la sabiduría cuando esta clama junto al camino, en los cruces de las calles, junto a las puertas, a la salida de la ciudad y aún en los umbrales de las puertas.

Y aquí es donde entra en acción el ministerio de los padres. En tanto llega la hora en que el muchacho es consciente de su propia naturaleza, debilidades y necesidades, definidas estas cosas desde la perspectiva bíblica, les corresponde a los padres instruir —por medio de palabras (amonestación) y acciones (disciplina)— cómo se razona y actúa a partir de la sabiduría bíblica.2 Es decir, el hogar, junto con otras instituciones cristianas como la iglesia o la escuela cristiana,3 se convierte en un centro de entrenamiento para instruir en el razonamiento bíblico.

Bloques fundamentales

Se necesitarán bloques fundamentales de instrucción para iniciar este proceso. La catequización debe comenzar tan pronto como sea posible en la vida del niño. El autor Donald Van Dyken ha escrito un libro extraordinario, y sumamente práctico, sobre este tema titulado “Redescubriendo el Catecismo: El Arte de Equipar a los Hijos del Pacto”. En el capítulo 5 de su libro, encontramos las siguientes palabras:

Quizá podamos entender como es que una atmósfera anti-intelectual y anti-doctrinal ha recibido aceptación. Los Cristianos han visto como teólogos brillantes mutilan, tuercen y pervierten la Palabra de Dios. Disgustados con estas maneras de convertir la verdad de Dios en una mentira, algunos Cristianos se han abstenido del aprendizaje en sí, ya sea pasado o presente. “¡Abajo la teología!” gritan. “¡Dadnos el simple evangelio!” Pero ¿acaso es la ignorancia mejor que la falsedad? ¿Puede el gran Dios y Creador, cuyos actos poderosos y maravilloso carácter nos confronta en cada página de la Escritura, ser reducido a unas pocas y escasas creencias?

Abstenernos del aprendizaje es ir en sentido totalmente contrario al objetivo planteado por el autor del libro de Proverbios para quien el aprendizaje de la verdad de Dios es vital. Esta “propia prudencia” en el corazón del muchacho debe ser confrontada en sus raíces mismas: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5).

Nótese que los dos verbos involucrados en esta amonestación apuntan tanto el elemento cognitivo como a la ética —el apoyo para actuar de una manera determinada. Jesús también habló de estos dos temas combinados al decir, “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” ( Juan 7:17).

La brevedad y punto focal de este artículo no permite ampliar la importancia de la catequización como punto de partida, y a la vez modelo, para la instrucción en el razonamiento bíblico. El libro de Donald Van Dyken desarrolla magníficamente bien este tema.

Los padres:

La boca de la sabiduría Tal como leímos en Proverbios 8:1, la sabiduría clama y levanta su voz. Sabemos que la Creación misma comunica la sabiduría de Dios (Salmo 19:1-6). El salmista dice, “los cielos cuentan”, “el firmamento anuncia”, los días “emiten palabras”, las noches “declaran sabiduría”, pero no lo hacen con palabras audibles, “No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz” (v. 3). Se habla de una voz, un mensaje, que ha salido por toda la tierra (v. 4), de modo que no hay rincón de la Creación que no comunique la sabiduría de Dios.

Sin embargo, la “propia prudencia” del muchacho le impide razonar adecuadamente a partir de la sola observación de la Creación. De ahí que el salmista exprese en el versículo 7 del mismo Salmo 19, “La ley del Señor es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo”.

Esta ley, este testimonio, es la herramienta que los padres han de poner en sus propias bocas convirtiéndose así en medios comunicadores de la sabiduría de Dios. El padre le ha dicho a su hijo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos (la vida cotidiana), y Él enderezará tus veredas. [En resumen] No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:5-7).

El padre le ha hablado al hijo de seguir “su” instrucción. Pero solo es suya en el sentido que él mismo, como padre, no se apoya en su propia prudencia. De modo que “su” instrucción es, en realidad, la instrucción del Señor.

La instrucción en la realidad

Moisés había instruido de la siguiente manera al pueblo del pacto, “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6-7).

Es decir, el entorno total —la vida total— sería el marco en el que se llevaría a cabo la instrucción en los caminos del Señor. Tal instrucción sería motivada por el amor ya que el versículo anterior, el versículo 5, dice, “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”.

Esto es más que simplemente memorizar algunos textos bíblicos, algunas preguntas de los catecismos históricos de la fe reformada o algunas estrofas de algunos grandes himnos. Se trata del proceso de entrenar el entendimiento sujetando la “propia prudencia” autónoma y trayendo “cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo” (2 Corintios 10:4). Se trata, en palabras sencillas, de desarrollar una mente realmente cristiana —una que sopesa, evalúa, discierne las ideas, proposiciones, teorías, formulaciones y silogismos de las mentes anticristianas que permean la totalidad de la cultura anti-Dios.

Piense un momento en la variedad de temas que el libro de Proverbios cubre: dominio propio, relaciones familiares, economía, filosofía del trabajo, manejo de la sexualidad, el arte de gobernar (la política), la vida en comunidad, la sabia administración, el liderazgo, el carácter, el uno y los muchos, los negocios, los pensamientos, la edificación de la reputación, la educación que verdaderamente educa, la jurisprudencia (las leyes), la mayordomía del tiempo, y varios otros temas similares,6 todo desde la perspectiva de la ley de Dios. Cabe hacernos la siguiente pregunta: “¿Por qué?” ¿Por qué el Espíritu de Dios incluyó este tipo de literatura en su auto revelación? Dios compactó en dichos, aforismos y máximas la sabiduría de su ley para que los simples superaran su simpleza y los necios, su necedad.

La actualidad

¿No son todos esos temas abordados en el libro de Proverbios temas de nuestra actualidad? ¿No se halla la juventud cristiana ante un reto de enormes proporciones en lo relacionado a la vivencia de su fe? Los padres han de saber esto mientras desarrollan el currículo doméstico en la vida cotidiana al lado de sus hijos. Note que he dicho currículo. Toda instrucción requiere un plan, un programa y un contenido.

Tres funciones pedagógicas

El plan bíblico de instrucción se lleva a cabo tanto de manera formal (la escolarización cristiana) como informal (la vida cotidiana). Y hay tres funciones7 que los padres llevarán a cabo en el día a día:

1. Identificar la falsedad

Hay tres áreas específicas en que los padres han de concentrarse mientras modelan e instruyen a sus hijos a razonar. Estas áreas son: El conocimiento acerca de Dios, el conocimiento acerca del hombre y el conocimiento acerca del mundo.

Puesto que los hombres han cambiado la verdad de Dios por la mentira (Romanos 1:25), se han dado a la tarea de leudar todas las áreas del conocimiento con ella. Esto incluye, por supuesto, la teología. Desfigurar al Dios de la Biblia es la meta de toda filosofía anticristiana. Una vez desfigurado, el siguiente paso es anularlo despojándole de su soberanía y autoridad. Una vez anulado, ¿quién queda en la historia para asumir su posición como definidor de la realidad? Queda el hombre, el nuevo “dios” del sistema humanista.

Puede seguirle la pista al padre hablándole al hijo en el libro de Proverbios. En repetidas ocasiones le advierte sobre los razonamientos erróneos o falsos a los cuales su joven hijo tendrá que enfrentarse. Estas falsedades o falacias no se limitan al campo “espiritual”, sino a la totalidad de las áreas de la vida humana. Revise nuevamente, por favor, la amplia variedad de temas abordados en el libro. A la identificación de la falsedad le sigue la siguiente función pedagógica.

2. Exponer la verdad

La falsedad ha de ser expuesta por la luz de la verdad de Dios. El salmista escribió, “Es en tu luz que veremos la luz” (Salmo 36:9). De modo que los padres no solamente señalarán las falsedades en los sistemas humanistas de razonamiento sino que mostrarán cómo le responde la fuente última de verdad —las Escrituras— a esas falsedades en particular. Esto va a requerir preparación por parte de los padres.

Recuerde que la mentira no abarca solamente lo religioso. Hay mentiras en todos los ámbitos del conocimiento humano. Hay falsos maestros en las artes, la ciencia, la historia, la economía, la política, la jurisprudencia, el comercio, la sexualidad, los deportes, la medicina, etc. ¿Qué enseña Dios a través de su palabra sobre esas áreas?10 ¿Cómo se aplica lo que enseña la Escritura sobre esas áreas a las circunstancias particulares de su hijo o hija en este momento específico de la historia en su país?

3. Hacer valer la verdad

La meta de la instrucción es el señorío. Sí, el señorío sobre algún área específica del conocimiento. La meta no es simplemente aprender de memoria las leyes y principios de una disciplina para luego repetirlos, reconocerlos o identificarlos en una prueba de opción múltiple. En esto el estudiante se parece al artista quien domina las técnicas de su oficio.

Los principios del razonamiento bíblico han de ser puestos por obra en el mundo real y en la historia. ¿Cómo puede un estudiante resolver un problema de geometría? No solo porque conoce las leyes y principios de la geometría, los cuales tiene almacenados en su memoria, sino porque los hace valer en el problema que su instructor le plantea. La mente cristiana tiene el mismo propósito. Todas las leyes y principios que gobiernan el mundo físico se originan en Dios: Él es el legislador de todas esas constantes. Y es debido a esta regularidad que el estudiante puede replicar una acción en el universo de Dios conociendo sus causas y efectos.

Durante la niñez, los padres (y los maestros discipuladores del niño) echarán los fundamentos del edificio del razonamiento. Al llegar a la pubertad y al inicio de la adolescencia es momento de instruir en las relaciones de causa-efecto en el mundo de Dios. Ya sea que se hable de historia, de ciencia, de política, de economía, o de cualquier otra rama del conocimiento, los padres mostrarán cómo opera la verdad de Dios en el mundo de Dios. Les mostrarán a los hijos la batalla de los no regenerados en su esfuerzo por “detener con injusticia la verdad” (Romanos 1:18) en todos los ámbitos de la vida. E irán mostrando que toda verdad es verdad de Dios, y que la verdad de Dios es la que hace a los hombres verdaderamente libres ( Juan 8:36), no solo en lo “espiritual”, sino en todas las áreas de la vida.

Demasiados padres cristianos han abdicado de sus funciones discipuladoras en el hogar para con sus hijos. Cuando esto sucede otros serán los discipuladores de los hijos. Otros llevarán a cabo estas funciones pedagógicas; pero la falsedad será llamada “verdad”, y la verdad será llamada mentira. De modo que aprenderán el camino del señorío hacia otra dirección: “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mateo 7:13). Todo hombre está siendo formado para el ejercicio del señorío. El asunto es, ¿a cuál señor honrará en su ejercicio?

Ponga a sus hijos en contacto con la realidad. Hábleles de los principios bíblicos que usa para gobernar el presupuesto familiar. Comente las noticias del día y reacciones bíblicamente a ellas. Plantee preguntas que estimulen el pensamiento crítico en sus hijos. Planee visitas a museos, lugares históricos, monumentos, ciudades, etc., que representen hitos en el desarrollo de la nación donde viven. Hable de las efemérides cristianas y del calendario litúrgico que su iglesia observe. Regáleles buenos libros de autores cristianos que se distingan como pensadores. Anímeles a aprender otro idioma con el fin de facilitarles el acceso a otras culturas y categorías de razonamiento. Desarrolle amistades con cristianos de sólido razonamiento bíblico y haga que sus hijos interactúen con ellos. Sea intencionado cuando los lleve a ver una película o cuando vean juntos un programa o serie de televisión. Convierta el contenido de las películas y los programas en motivos de conversación. Razone con sus hijos tanto de forma inductiva como deductiva.11 Enséñeles a analizar la publicidad y los discursos públicos identificando las falacias lógicas que pudiera haber en estos medios. Muestre cómo los autores bíblicos razonan de manera lógica en sus escritos. Instrúyales a cómo tomar notas de un sermón o cómo participar activamente en un estudio bíblico. Incluya en sus planes de vacaciones familiares visitas a orfanatorios, centros de rehabilitación de drogadictos, barrios marginales, cárceles y lugares similares. Son lugares difíciles de digerir, ciertamente; pero son lugares donde la relación causa-efecto de los principios del reino es claramente visible.

Demasiados jóvenes cristianos están siendo afectados por una mentalidad que se asemeja a la del joven que asiste a conciertos musicales. En el concierto salta, grita, se emociona, llora, ríe, se abraza y baila con extraños… pero su capacidad de razonamiento está prácticamente apagada. Confunde el emocionarse con razonar.

Las manos del valiente

El Salmo 127:4 dice, “Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud” (La Biblia de las Américas).

Usted, apreciado cristiano padre de familia, es llamado guerrero en este texto. La palabra hebrea gibbor describe a alguien diestro en el uso de las armas, alguien entrenado en el combate, disciplinado, uno que conoce su individualidad pero que también se sabe parte de un ejército, uno que es consciente de los motivos y propósitos de la guerra en la que está involucrado.

Es el guerrero quien prepara las flechas para el combate. Y cuanto más recia es la batalla, más cuidadoso será el guerrero preparando sus flechas.

¿Conoce usted, padre cristiano de familia, cuáles son las características de la batalla a la que se dirige su hijo/a? ¿Ha estructurado su plan de discipulado familiar en términos de esa realidad? Recuerde: Usted no está discipulando a sus hijos para vivir y servir como agentes del reino en el siglo primero, o en la época de la reforma, o en los años 40 de su país. Los desafíos son otros. Los recursos culturales para capturar la mente de sus hijos son otros. El lugar que ocupa la herencia cristiana en la cultura es otro. Los recursos con los que cuenta la iglesia son otros. Sus propios recursos —los de su propia familia— son diferentes tanto en cantidad como en tipo en este siglo XXI.

Volvamos ahora a las palabras del pastor Voddie Baucham citadas al inicio de este artículo: “La mayor fuente de seguridad que nuestros hijos tienen en este mundo es un matrimonio entre sus padres que honra a Dios y se centra en Cristo”.

He señalado en este artículo que una de las capacidades con las cuales se ha de honrar a Dios es con la capacidad del razonamiento —“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente” (Lucas 10:27). El autor del libro de Proverbios nos ha recordado que esta capacidad de razonamiento se fundamenta en la naturaleza, carácter, palabras y acciones de Dios —El principio (punto de partida) de la sabiduría es el temor de Jehová (Proverbios 1:7). El hogar cristiano es el entorno en donde se establecen los fundamentos para el desarrollo de una instrucción explícitamente cristiana, donde se adquiere y fortalece la destreza de razonar cristianamente con el fin de aplicarla con señorío en las áreas que incluyan el llamado en Dios de cada uno de sus miembros para la gloria de su Salvador.

Por favor, escríbame compartiendo sus experiencias en la labor pactual de discipular a su familia.


El pastor Donald Herrera Terán es capellán académico en el Centro Educativo Cristiano Reformado en San José, Costa Rica. Es uno de los traductores de CLIR y administra la sección en español de la página web www. contra-mundum.org su dirección de correo electrónico es domadar@gmail.com

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