¿POR QUÉ LAS IGLESIAS REFORMADAS DEBEN ESTAR LLENAS DE NIÑOS ADOPTADOS?

Jon Dykstra

Cuando se trata de tasas de adopción, nuestras iglesias reformadas no son inusuales. Si bien las estadísticas canadienses son difíciles de obtener, en los EE.UU. parece que aproximadamente el 1% de las familias adoptan un huérfano. Nuestras congregaciones pueden estar un poco por encima de ese promedio, pero no notablemente.

¿Por qué pasa esto?

Hay consideraciones prácticas por supuesto. Es posible que las parejas no puedan pagar los $20,000 (y más) que cuesta completar una adopción en el extranjero. Es posible que se preocupen por la forma en que los niños adoptados se vayan a desenvolver en las comunidades eclesiales, donde se puede encontrar una variedad de colores de cabello, pero algunas congregaciones están bastante limitadas en cuanto a la variedad de colores de piel.

Se podrían mencionar otras consideraciones, pero el costo y las posibles dificultades no explicarían la tibia actitud de nuestras iglesias hacia la adopción. Por ejemplo, la educación cristiana también es costosa, y puede ser bastante complicada, y aún así, como iglesia, la hemos aceptado porque entendemos lo que Dios piensa sobre este tema. Se nos ha enseñado desde el púlpito y en visitas domiciliarias; y familiares y amigos nos han animado a comprender la importancia de educar a nuestros hijos para que conozcan y amen al Señor (Proverbios 22: 6, Deut. 6:7). Sabemos que esta es la voluntad de Dios para nosotros, de manera que estamos dispuestos a pagar el costo y a luchar por las posibles dificultades a enfrentar.

Entonces no creo que sean las consideraciones prácticas las que nos frenan cuando se trata de la adopción. Me pregunto si es simplemente que no hablamos de eso.

¿Por qué estamos tan callados?

Hay una razón por la que probablemente no haya escuchado a sus ancianos, a su pastor, a sus padres o amigos hablando sobre la adopción. Probablemente es la misma razón por la que no he escrito mucho al respecto: parece francamente hipócrita que alguien sin hijos adoptados anime a otros a adoptar.

Su anciano puede enseñarle sobre la importancia de una educación piadosa para sus hijos; no hay hipocresía en ello, porque ha sido miembro de la junta, tres de sus hijos están matriculados y el cuarto se acaba de graduar. Pero si él no ha adoptado hijos, ¿no sería extraño si durante una visita a su hogar, le preguntara si ha considerado en adoptar?

La razón por la que no hablamos de adopción, la razón por la que no enseñamos y predicamos sobre esto, es porque no lo hacemos. Parece incorrecto predicar lo que no practicamos. Así que preferimos callar.

Lo que dios piensa acerca de la adopción

Mientras que el silencio nos salva de la hipocresía, también nos mantiene ignorantes. Nos deja pensando que la adopción es solo para aquellos que luchan con la infertilidad. El silencio todavía le hace creer a algunos de que hay objeciones teológicas a la adopción. El silencio fomenta nuestro enfoque indiferente de la adopción.

Pero Dios no es indiferente acerca de la adopción. Leemos que incluso antes de que el hombre cayera en pecado, Dios ya tenía un plan para usar la adopción y llevarnos de regreso a Él: “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad...” (Efesios 1:5).

¿Objeciones teológicas a la adopción? ¡Qué problema tendríamos si ese fuera el caso! ¿Quiénes somos, si no los hijos e hijas adoptados de Dios? ¡Dios no solo ama la adopción, Él la inventó!

Si no fuera por ello, seguiríamos siendo sus enemigos. Pero en cambio, a través del “Espíritu de adopción” podemos clamarle y llamarlo “Abba, Padre”. Es a través de la adopción que nos hemos convertido en hijos de Dios (Romanos 8:15-16).

Imitadores de Dios

En el Salmo 68, David describe a Dios como “padre de huérfanos” (v. 5), que “hace habitar en familia a los desamparados” (v. 6). En Santiago 1:27 se nos dice que, “la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones...”.

Considere Efesios 5:1-2

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

¡Debemos ser imitadores de Dios porque somos sus hijos! ¿Podemos pensar en una mejor manera de imitar a nuestro Padre celestial que también siendo un padre para los huérfanos?

¿Significa esto entonces que todos debemos adoptar? No; mientras que todos los padres cristianos están llamados a enseñar a sus hijos la disciplina y la instrucción del Señor (Deut. 6:7, Efesios 6:4), no hay un llamado universal similar a adoptar. Dios no llama a todas las parejas a ello. Y Él no nos equipa a todos para dicha tarea.

Pero muchos de nosotros podemos estar más equipados de lo que creemos. Estamos adoptando a un ritmo comparable al del mundo, y sin embargo, nuestras iglesias deben estar llenas de niños adoptados. ¿Por qué? ¡Porque ya lo son! Todos somos adoptados, por la gracia de Dios hemos sido hechos hijos e hijas, por lo que nosotros, mucho más que el mundo, deberíamos estar dispuestos a ir y hacer lo mismo.

No más silencio

¿Cómo podemos llenar nuestras iglesias con niños adoptados? Comienza enseñando y predicando lo que Dios piensa sobre la adopción y animándonos unos a otros a tener esta conversación. Si bien puede parecer hipócrita que un pastor o un anciano (o editor de una revista) que no tenga hijos adoptados anime a otros a adoptar, realmente no lo es, no es necesario que predique lo que no ha practicado. En su lugar, puede animar a otros a hacer lo que ha hecho (o lo que ahora reconoce que debería haber hecho), considerándolo seria y devotamente.

Traer a un niño huérfano a su hogar puede ser difícil, costoso e incluso atemorizante, pero es sobre todo piadoso. ¿Lo considerará?

John Piper sobre la adopción: puede ser difícil pero...

El dolor al adoptar y criar niños está garantizado. Aparecerá de una forma u otra. ¿Hará eso que dejemos de tener niños o los adoptemos? No. En el mundo egocéntrico, para “disminuir las pérdidas” se tienen pocos hijos o ninguno. (Y esta forma de pensar se ve muy a menudo en la iglesia). Por una parte, podemos alegrarnos pues esa gente no suele tener hijos, o al menos no suelen tener muchos, lo cual significa que ese tipo de personas, egoístas, desaparecerán más rápidamente ya que no se reemplazan a sí mismos. Pero por otra, nos lamentamos, esperando que vean que la gracia de Dios es suficiente para cada nuevo día, no importa cuán difícil; y que se siente más gozo verdadero al caminar con Dios a través del fuego, que caminando por las playas sin Él.

Piper, en un extracto de su sermón: “Predestinado para la adopción para la alabanza de su Gloria”, el cual se encuentra en línea en www.DesiringGod.org.


Jon Dykstra es editor de la revista en línea Perspectiva reformada, cuya misión es “promover una perspectiva bíblica reformada en todas las esferas de la vida, equipar y animar a los cristianos a pensar, hablar y actuar de manera consistente con su confesión”. Jon vive con su esposa e hijos en Bellingham, Área de Washington.

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