HIJOS ¿VIOLADORES DEL PACTO?
Guillermo Green
Vivimos en los días de los “derechos” de todos prácticamente a pensar y actuar como quieran. Vivimos en los días de la “no-disciplina” corporal, y casi la “no-disciplina” del todo. Vivimos en los días de confusión masiva entre los mismos padres cristianos sobre su papel de formar hijos del pacto en función de Dios y su ley. Enfrentamos nada menos que una crisis a nivel rotundo en el pueblo de Dios.
Empecemos por donde empieza la Palabra de Dios: Deuteronomio 6:4-17. Vamos a citar ampliamente el texto, y espero que el lector lo lea todo.
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos; porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está; para que no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la tierra. No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah. Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado.
Dios deja claro que quería no solo el corazón de los adultos, sino el mismo corazón de sus hijos. Y establece una forma principal para que los padres llevaran el corazón de sus hijos a Dios: la enseñanza constante, diaria, y concienzuda de su ley. Por la mañana y por la noche. Dentro de la casa, y en la calle. Utilizando símbolos físicos como recordatorios si fuera necesario. La idea presentada es que un padre del pacto “se obsesionara” por comunicar la buena Palabra de Dios a su hijo.
Fíjese en los términos claves que Dios utiliza como la meta de esta enseñanza: “no olvidar, temer, servir” (vv. 12,13).
No olvidar (es decir, traer a la memoria constantemente)
Por algo Dios enfatiza el “no olvidar” su Palabra. Dios es el Dios que no olvida su pacto (Salmo 89:34). Es el Dios fiel. Promete y cumple. Y su obra en su pueblo es una recreación a su propia imagen: personas fieles a la verdad. Como Dios no olvida su propia Palabra, quiere que su pueblo no olvide esa misma Palabra. La Palabra de Dios es identificada íntimamente con Dios mismo, de tal modo que el salmista puede usar el lenguaje de ‘adoración’ a la Palabra en el mismo sentido de adorar a Dios:
Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado. Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, Y meditaré en tus estatutos.
(Salmo 119:47-48; el pueblo de Dios ‘alzaba las manos’ a Dios en adoración, p. ej. Salmo 63:4. Aquí el salmista ‘alza manos’ a la Palabra de Dios).
“No olvidar” la Palabra de Dios era sinónimo de no olvidar a Dios, no olvidar su misericordia y su fidelidad. Era traer a la memoria continuamente y guardar en el corazón todos sus beneficios. Era “amar” a su salvador, con todo lo que esto implica, cuerpo y alma. En fin, los tres términos se complementan de forma natural: no olvidar a Dios, temer a Dios, y servir a Dios.
No andar en pos de dioses ajenos
La idolatría siempre ha sido lo opuesto de la verdadera religión. De manera muy obvia, Dios declara la antítesis en nuestro pasaje. Solo hay dos alternativas. O temer y servir a Dios, u olvidar a Dios y servir a otro dios. Los fantasmas modernos del “secularismo”, “ateísmo” o “agnosticismo” no existen. Solo existe la adoración y servicio al Dios verdadero, o la esclavitud y servicio a algún dios falso. El jurar solo por Dios da evidencia fuerte de esta realidad. Juramos sobre algo o alguien que deberá velar por la veracidad de nuestra palabra, y las consecuencias al violar nuestra palabra. Dios ordena que juremos por él, el único y verdadero Dios, quien sabrá la veracidad de nuestro juramento, y su cumplimiento. Ningún otro dios puede hacer eso. Pero cuando las personas no juran por el Dios verdadero, se apoyan en otro “dios falso”, sea cual sea.
Hijos santos
El afán del padre de familia debía ser levantar hijos que amaran a Dios, lo tuvieran siempre en mente, le temieran y sirvieran, y se encomendaran totalmente a Él “jurando solamente en su nombre”. Es decir, hijos del pacto, y no hijos idólatras. Hijos que pertenecían a Dios “con todo su corazón, toda su alma y todas sus fuerzas”. Hijos que tuvieran “un solo Dios”, no un montón de dioses falsos que no servían para nada Como parte esencial de su pacto con su pueblo, debemos notar importantemente que Dios reclama a los hijos. La versión Reina-Valera no hace completa justicia con su traducción de Deuteronomio 6:7 al poner: “repetirás”. El verbo es mucho más fuerte. La idea es más bien “inculcar, imprimir” sobre su hijo. Tan firme es esta demanda de Dios que exige que los padres no pierdan ninguna oportunidad de imprimir la Palabra de Dios sobre el corazón de su hijo. Esto no es una “invitación”. Es una demanda del pacto. El niño pertenece a Dios. Él reclama su corazón, y los padres son los instrumentos en sus manos para que el hijo le sea presentado con corazón contrito y humillado delante de Él. Esta es la intención de Pablo cuando dice que los hijos de los creyentes son “santos” (1 Cor. 7:14). Por causa del pacto de Dios, Él mismo los ha apartado para ser instruidos en su Palabra. Tienen el derecho de recibir las hermosas palabras de su amor. Tienen el privilegio de nunca conocer un mundo sin testimonio del creador, porque desde que recuerden, sus padres le han mostrado las bellezas de Dios en todo momento. Al estar en la casa, relataban las grandes historias de salvación. Al andar afuera, sus padres le señalaban todas las miríadas de evidencias de la mano del creador. Sobre todo, sus padres le advertían de nunca andar en pos de dioses falsos, sino a temer y servir al Dios verdadero todos sus días. Con cada enseñanza positiva acerca de Dios, iba incluida la advertencia de no abandonar al Dios del pacto.
Violadores del pacto
La forma en que Dios administra su pacto con su pueblo es a través de medios e instrumentos. En Deuteronomio 6 estamos viendo el meollo de la administración del pacto: La Palabra de Dios dirigida al corazón en un llamado a la fe y a la obediencia, para que tanto padres como hijos entreguen su corazón a Dios en temor y servicio. Juan Calvino, comentando sobre Génesis 17:1-2 dice lo siguiente acerca del pacto de Dios con Abraham:
Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.
Hemos dicho que el pacto de Dios con Abram tenía dos partes. La primera fue la declaración del amor gratuito a la cual se le añadió la promesa de una vida de gozo, pero la otra fue una exhortación a esforzarse sinceramente por cultivar rectitud, dado que Dios le había dado a probar su gracia, e inmediatamente pasó a describir el plan de su llamado, a saber, que Abram caminase en rectitud... De estas palabras aprendemos el fin con que Dios reúne para sí una iglesia, a saber, que aquellos a quienes ha llamado sean santos. De hecho, el fundamento del llamado divino es una promesa de gracia, pero inmediatamente le sigue que aquellos a quienes ha escogido como su pueblo especcial se dediquen a la justicia de Dios ( Juan Calvino, Comentario sobre Génesis, Génesis 17:1,2).
El llamado que Dios le hace a Abraham es el mismo que le hace a Israel en Deuteronomio 6: fe y obediencia. De este llamado se desprende la posibilidad de ser un violador del pacto. La incredulidad y la desobediencia podrían ser la respuesta a la gracia de Dios. Por eso la insistencia de Dios en empapar la vida entera con su Palabra y de la memoria de sus actos de salvación.
En cuanto a los hijos que debieran haber conocido y amado a Dios, Dios manda castigo severo sobre aquellos que lo rechazaban. Y fíjese que el rechazo de Dios viene en términos de no “oír la voz de su padre y su madre”. Léase las siguientes palabras muy sobrias:
Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere; entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva; y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá. (Deut. 21:18-21)
Este hijo es violador del pacto. Conoció a Dios mediante la “voz” de sus padres, fue disciplinado, fue advertido una y otra vez, y desechó todos los privilegios que se le dieron como hijo del pacto. De este modo se convirtió en violador del pacto, y el castigo (en este caso) fue la pena de muerte.
No todos los violadores de pacto eran muertos. Algunos fueron expulsados del pueblo. Pero en este caso el agravio es particularmente serio. Es así porque Dios le dio “personalmente”, en las personas de sus propios padres, la bendición de su Palabra desde que nació. En la casa y andando por la calle, al levantarse y al acostarse, viendo en los postes de su casa y atadas a sus manos, había recibido el dulce rocío de la gracia de Dios en la forma de su Palabra. Por eso el rechazo de esta bendición particular recibía el máximo castigo —la pena de muerte.
No puedo imaginarme una escena de la aplicación de esta ley. De hecho, no leemos que se cumpliera alguna vez en Israel. Tenemos muchos ejemplos de hijos contumaces y rebeldes (recordemos los hijos de Elí, o del mismo David), pero sin la aplicación de ella. Sin embargo, queda el registro de lo que Dios piensa de recibir el privilegio único de una crianza bajo su Palabra, y rechazarlo. El castigo máximo queda reservado para tal persona.
Conclusión
Estas observaciones nos llevan a tres aclaraciones importantes para la familia de hoy, tanto padres como hijos. En primer lugar, el pacto entre Dios y su pueblo consiste en una relación profunda, seria, en que Dios reclama todo el corazón, todo el alma, y todas las fuerzas. Es decir, reclama al hombre entero. La respuesta al llamado de Dios debe ser fe y obediencia.
En segundo lugar, Dios reclama no solo al hombre entero, sino su hogar entero. Los hijos que nacen en el seno del hogar del pacto pertenecen a Dios en primer lugar. Y Él encarga a los padres con instruirles en su Palabra, para que un día le sirvan, le teman, y no anden en pos de dioses falsos. Los padres tienen todas las herramientas necesarias para esta tarea. Deben realizarla con fidelidad y empeño.
En tercer lugar, el hijo que fue recipiente de la buena Palabra de Dios y la rechaza, es tenido por violador del pacto de Dios, y enemigo suyo. Esta posibilidad debería infundir un temor profundo en el corazón de todo padre y toda madre. De manera puntual, debería ser un estímulo para ser fiel en la instrucción de su hijo en los caminos del Señor. ¡Ay de aquella madre o padre descuidado que por su propia culpa vuelve a su hijo en enemigo de Dios! Todo padre o abuelo debería temblar ante esta posiblidad, rogar a Dios mucho en oración por hijos y nietos, y redoblar los esfuerzos en la enseñanza de la Palabra.
Muchos hoy andan hablando de “derechos” y “privilegios”. Sin embargo, su discurso carece del contexto correcto. Los que han respondido en fe al llamado del Dios fiel en Cristo, tiene el privilegio y el derecho más grande del mundo: conocer a Dios y tener su Palabra a mano. Y sus hijos tienen el derecho y el privilegio de oír y conocer a ese mismo Dios desde temprana edad. Tan precioso y caro es este privilegio, que Dios no lo da en vano, ni de manera superficial. El Dios de amor es el Dios celoso. El Dios de misericordia es el mismo Dios justo. Y cela la relación de pacto que establece con los suyos. Los diamantes más grandes y preciosos del mundo también tienen los sistemas de seguridad más sofisticados del mundo. Les ponen guardas alrededor. Los tesoros de oro de las naciones son custodiados de guardas y seguranzas varias. No debe ser ninguna sorpresa de que el tesoro más grande del universo —la gracia de Dios en Cristo— sea custodiada por instrucciones, promesas y amenazas cuando sean necesarias. Todo esto simplemente nos manifiesta el gran valor del pacto de Dios con su pueblo.
La historia es testigo de los frutos de este gran privilegio de instruir a las generaciones siguientes en la Palabra de Dios. Cuando el pueblo de Dios ha sido constante y fiel en la instrucción, Dios ha levantado generaciones firmes y fuertes en la fe, transformando hasta naciones enteras. Pensemos en muchos países que fueron beneficiarios de la fe protestante después de la Reforma del siglo XVI. Pero cuando desobedecen los padres, o cuando los hijos abrazan dioses falsos en vez del Dios de sus padres, rápidamente se debilita la iglesia, decae la nación, y cae la mano disciplinadora de Dios.
El título de este artículo es “Hijos, ¿violadores del pacto?” Es posible que un hijo criado en la iglesia del Señor rechace la Palabra, abrace dioses falsos, y se convierta en violador del pacto. Mi deseo más profundo es que todos nuestros hijos y nietos sean lo contrario —hijos verdaderos del pacto, cuyo corazón, alma y fuerzas sean entregados al Señor. Padres —¡a doblar rodillas en oración ante el único que puede convertir el corazón de su hijo! ¡Y a levantarse a instruir en la Palabra de Dios! Dios bendiga a cada hogar cristiano. Dios guarde a todo hijo de no ser violador de su pacto.
Guillermo Green y su esposa, Aletha, han sido misioneros en Costa Rica desde 1985. Ha trabajado en la plantación de iglesias y ha sido pastor de la Iglesia Presbiteriana y Reformada Pacto de Gracia durante 13 años. Es autor de varios libros y artículos, conferencista y profesor. Actualmente es el Secretario Ejecutivo de la Confraternidad Latinoamericana de Iglesias Reformadas.