VIDA PIADOSA EN UNA CULTURA SEXUALMENTE INMORAL

Por John Freeman

Reforma Siglo XXI, Vol. 18, No. 2

La llamada entró a mi oficina hace algunos meses. Una mujer pedía que se le retirara de nuestra lista de correo. Le aseguré que cumpliríamos con su solicitud. Le pregunté la razón por la que ya no quería recibir nuestro boletín. “Si la homosexualidad es un regalo de Dios, entonces su ministerio está causando un gran daño” contestó.

Aunque su respuesta no me sorprendió, su respuesta, teniendo en cuenta su contexto y su iglesia sí. Las personas en círculos evangélicos están siendo atraídas cada vez más por los mismos engaños. Me compartió que había sido cristiana por más de veinte años y estaba involucrada en el ministerio femenil de su iglesia. Yo estaba al tanto que ella pertenecía a una iglesia, siempre inclinada a una tradición teológica reformada, la cual tenía, y aún tiene, un ministerio fuerte en el púlpito basado firmemente en la Palabra de Dios, viendo la Biblia como la autoridad inspirada por Dios.

Era obvio que había sido persuadida de que la homosexualidad es bíblicamente permisible. ¿Cómo se han infiltrado este y otros puntos de vista dañinos sobre el pecado sexual en la iglesia? Una respuesta detallada a esa pregunta por sí sola podría ser el tema de un libro completo. En pocas palabras, es porque ahora “otras voces”, mucho más que nunca, compiten por nuestros oídos, pidiendo igual autoridad o incluso sobrepasando la de las Escrituras. Aún más devastador es el hecho que muchos en nuestras iglesias escuchan estas voces.

Algunas de estas voces piden la ordenación de homosexuales en el Ministerio del Evangelio, y en algunas denominaciones vemos como esto se persigue con poca o ninguna consecuencia, cuando no es celebrada de todo corazón. En algunas instancias, la disciplina de la iglesia es amenazada e impuesta, no para aquellos que abogan por la inmoralidad sexual, sino para los que contienden contra la teología y comportamientos no bíblicos. También pienso en esas iglesias en los países bajos que una vez predicaron la teología Reformada y en donde ahora es ilegal hablar de homosexualidad de manera degradante, y muchas iglesias una vez prósperas se presentan ahora como museos y tiendas de segunda.

¿Cómo podemos explicar nuestro propio deslizamiento moral hacia estas cosas? Estos dos factores, la competencia en nuestros oídos y el hecho que escuchamos activa- mente, están causando confusión sin precedentes, de la misma forma que abrir las puertas al pecado no abordado a florezca en la iglesia. La verdad es que, esta persona que llamó había caído en una nueva ola de teología, yo la llamo “la teología de Oprah, 20/20, y la Hora Estelar en Vivo”. Estos íconos del pop y los programas de televisión están don- de muchos, inclusos esos en la iglesia, se informan sobre una variedad de temas bíblicos, en especial los sexuales. El liderazgo de la iglesia necesita darse cuenta que estos puntos de vista no son tan raros escasos como quisiéramos pensar, a menudo solo no son expresados.

Parte de abordar esta gran distorsión y engaño sobre el sexo y la sexualidad comienza con darse cuenta que lo que sea que está afectando e impactando la cultura siempre impacta a los que se sientan en nuestras bancas. Vivimos en una cultura en la que el sexo vende de todos, una gran estrategia para atraer clientes. La inmoralidad sexual en todas sus formas desfila ahora como una tarifa legítima para todos, gracias en gran manera a los medios de comunicación y el sector de entretenimiento. Nos debería sorprendernos que puntos de vista incorrectos y distorsionados sobre el sexo y, de hecho, la inmoralidad sexual sean comunes en la iglesia de hoy.

¿Puede negarse que la iglesia ha sido y continuará sien- do seducida a estos engaños? Cuando combinamos estos hechos con la realidad de que los creyentes pueden y luchan con varias formas de su sexualidad caída y corazones pecaminosos, puede existir in clima potencialmente explosivo y paralizante. Por ejemplo, el uso de la pornografía entre creyentes está, en mi opinión, en un nivel de epidemia en la iglesia. Esto por supuesto causa un daño inmenso en el corazón del hombre y siempre impacta, directa o indirectamente, sus responsabilidades y relaciones. En resumen, la pornografía y todas las formas de pecado sexual roban a los hombres el liderazgo piadoso que están llamados a brindar a las vidas de los más cercanos a ellos, les roba la confianza en las verdades de la Escritura y su entusiasmo a favor de las cosas de Dios, y finalmente, socava el lugar de Dios como ser supremos al cual somos llamados a adorar y servir y lo reemplaza con un objeto de adoración más controlable y predecible.

Estamos hablando de una crisis severa de adoración e idolatría. De hecho ¿no nos dice Romanos 1:25 que “cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador”? ¿No es esta la inclinación natural del corazón caído? Pablo habla a una cultura dada a la idolatría. El Dr. Edward T. Welch, en su libro Adicciones: Un banquete en la tumba, llama a esas idolatrías, en el fondo, “desorden de adoración”. Lo que significa que estamos presenciando un fracaso masivo en la adoración a Dios como Creador, y estamos, como cultura y grados dentro de la iglesia, buscando como norma adorar a la criatura. Es un hecho que vivimos, cada vez más, en un mundo en el que “la pornografía es la norma”.

Pablo, nuevamente, da un mandato de redención a la iglesia primitiva como aquellos apartados de la cultura idólatra en la que se encuentran, diciendo: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:3-5)

Una observación interesante sobre estos y muchos otros pasajes, en especial las epístolas pastorales, es que en realidad están ahí. Una buena parte de estas epístolas está dedicada a tratar con el hecho que la lujuria desenfrenada y las tentaciones pecaminosas eran realidades con las que la iglesia primitiva debió tratar. Hablan del hecho que ambas, la cultura y propio corazón pecaminoso, eran fuerzas con la que el creyente debía luchar. ¡Son también testimonio que una puede hacer frente a estas cosas si se rinde a una fidelidad más grande que la cultura y un corazón pecaminoso!

Un papel importante para la iglesia en el mundo confuso y complicado de hoy es nutrir un ambiente en el que las personas pueden ser abiertas sobre lo que pasa en sus corazones, en sus vidas y matrimonios respecto a la tentación del pecado sexual. Necesitamos ayudarles a ser honestos sobre las fuerzas que compiten en sus corazones y animarles a la honestidad implacable sobre las tentaciones, y fallos, a los que se enfrentan. La iglesia es el lugar donde se modela la verdad y la gracia, es el lugar donde ayudamos a convencer y recordarnos unos a otros que adorar a Dios ofrece mucha más vida real que las atracciones que nuestros pecados e idolatrías. La seducción no necesita continuar, si somos conscientes de las mentiras que nuestra cultura presenta y estamos dispuestos trabajar con lo que encontramos impactando las vidas de nuestra gente para la gloria de Cristo.

Traducido por Melissa Granados

John Freeman es el presidente  de  Harvest  USA,  un ministerio reformado que ayuda a individuos afectados por pecado sexual.

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