PORQUÉ YO, PETER JONES, FIRMÉ LA DECLARACIÓN DE NASHVILLE SOBRE SEXUALIDAD

Por Peter Jones

Reforma Siglo XXI, Vol. 20, No. 2

Por algunos años he estado convencido de la necesidad de una declaración teológica de toda la Iglesia sobre la sexualidad. De hecho, yo escribí una que nunca vio la luz del día. Me alegró, por lo tanto, que me invitaran a un análisis que duró un día de la propuesta Declaración de Nashville que apareció en público unos días después.

Aunque algunos de nosotros instamos a que se incluyeran referencias bíblicas, esta declaración refleja fielmente la enseñanza bíblica sobre la sexualidad humana. Esta declaración básica de la verdad bíblica es crucial en nuestros días de ignorancia bíblica. Dado que muchos evangélicos utilizan ahora el igualitarismo (no hay diferencia entre hombres y mujeres) como base de su normalización de la homosexualidad, este texto es un seguimiento necesario de la Declaración de Danvers sobre los papeles masculino y femenino. Los cristianos deben afirmar con claridad y simplicidad, como lo hace este texto: la naturaleza esencial y la dignidad de los seres humanos creados por Dios como hombres y mujeres; la bondad del matrimonio entre un hombre y una mujer para el florecimiento humano; y la esencia del Evangelio en el amor de Cristo, el novio, por su esposa, la Iglesia (expresada tan poderosamente en el artículo 14):

Afirmamos que Cristo Jesús ha venido al mundo a salvar a los pecadores y que, por medio de la muerte y resurrección de Cristo, el perdón de pecados y la vida eterna están a disposición de toda persona que se arrepienta del pecado y confíe solo en Cristo como Salvador, Señor y supremo tesoro.

El Preámbulo establece claramente por qué es necesaria esta declaración. Habla correctamente de una revisión masiva de lo que significa ser un ser humano…

Es común pensar que la identidad humana como hombre y mujer no es parte del hermoso plan de Dios, sino que es, más bien, una expresión de las preferencias autónomas de un individuo.

El derramamiento inmediato de reacciones negativas de personas fuera y dentro de la Iglesia muestra cuán correcto es el Preámbulo al contrastar una cosmovisión bíblica con el pensamiento cultural actual.

El reverendo James Martin, un conocido sacerdote jesuita católico y asesor del Vaticano en las comunicaciones, adopta totalmente este estilo de vida como algo agradable a Dios. Él declara: “Yo afirmo que el Padre ama a las personas LGBT, el Hijo los llama y el Espíritu Santo los guía. No niego nada sobre el amor de Dios por ellos”. Ciertamente afirmamos la disponibilidad del amor redentor de Dios por los homosexuales, pero no podemos afirmar que su estilo de vida sea dirigido por el Espíritu Santo.

Un evangélico, John Pavlovitz (que ha adoptado claramente los principios de la cultura progresista descritos en el preámbulo), cree que la declaración demuestra que los cristianos evangélicos saben que están al borde de la extinción y, en pánico, con esta declaración, están tratando de recuperar el dominio sobre la cultura que una vez controlaron. “Hemos elegido librar una guerra barata contra personas inocentes y vulnerables para volver a sentirnos poderosos”.

Greg Carey, profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Lancaster, en un ensayo para The Huffington Post, declaró: “Como su audiencia pública se reduce, su presencia pública disminuye y su credibilidad se dispara al infierno, la derecha cristiana necesita atención”.

Aunque estas reacciones en general provienen de un elemento radical dentro de la Iglesia, revelan el contexto divisivo de la cultura contemporánea. Tales declaraciones como las de Martin y Pavlovitz sin duda serán recibidas por la cultura en general, y por el movimiento LGBT en particular, lo que conducirá a acusaciones incalculables de intolerancia y odio como cualidades de cualquiera que respalde la Declaración de Nashville.

Ninguna declaración es perfecta y, si bien la firmé con plena y sincera aceptación como una declaración justa de la verdad bíblica, la Declaración de Nashville se habría fortalecido con afirmaciones que hablaran directamente de la volátil situación cultural mencionada anteriormente. Con esto me refiero a declaraciones que arraiguen firmemente la visión bíblica de la sexualidad en la cosmología de la Biblia, la cual llamo dosismo. Dios estructuró el cosmos en un principio de distinciones dentro de la unidad, el cual refleja la naturaleza misma de la Trinidad. La Biblia presenta una heterocosmología, no una homocosmología, un universo creado con base en la “alteridad”, no en la “igualdad”. Esa “otredad” primaria es entre Dios y su creación. Dentro de la creación hay muchas distinciones que son testigos de esa última distinción: entre animales y humanos, por ejemplo, y (supremamente) entre personas masculinas y femeninas. Este hecho cósmico es verdad para todos.

En ese sentido, la visión bíblica de la sexualidad no está motivada por una mentalidad pequeña, un moralismo carente de amor, discriminación, violencia ni acoso, como dicen sus críticos. La sexualidad bíblica proviene de una comprensión teísta del universo, profundamente arraigada en el ser de Dios mismo, que es el punto cero de la existencia. Somos hechos a su imagen, varón y hembra, para reflejar su imagen de unidad en distinciones, como se expresa de forma definitiva en la Trinidad. La homosexualidad no solo es “pecaminosa”, sino que, como dice Pablo en Romanos 1:26, es “antinatural”. No es “antinatural” solo porque la mayoría de la gente no lo entiende o no se identifica como homosexual. No es natural porque está fuera de orden con el cosmos físico tal como lo hizo Dios. Es entonces, tanto un rechazo del mundo natural como del mismo Dios, que es a la vez juez moral y Creador inteligente de todas las cosas.

Como ejemplo de posibles cambios, habría agregado al artículo 3, que dice:

Afirmamos que Dios creó a Adán y Eva, los primeros seres humanos, a su propia imagen, iguales delante de Dios como personas, y distintos como hombre y mujer:

“reflejando el ser Trinitario de Dios en unidad y distinción”.

Habría hecho de este el artículo 1 en lugar del presente artículo 1 que comienza con el matrimonio cristiano.

En el artículo, 7 que dice:

Negamos que la adopción de un autoconcepto homo- sexual o transgénero sea compatible con los santos propósitos de Dios en la creación y la redención.

Yo habría agregado:

“Por el contrario, la aprobación de tales identidades glorifica la encarnación de una noción impía de Dios; la homosexualidad y la transgénero son una especie de imagen física, una imagen de un dios indistinguible de la creación —el dios del panteísmo pagano— y constituyen así un rechazo pecaminoso de la revelación de Dios acerca de Sí mismo en la creación y la redención como el Dios que es otro”.

La Declaración de Nashville pone claramente a la vista pública la enseñanza bíblica de la sexualidad en un tiempo de enorme experimentación sexual y confusión ideológica. Para ser específicos, ahora estamos viendo dos áreas de la vida humana fusionándose, a saber, la sexualidad y la espiritualidad. Por un lado, el Occidente está adoptando el antiguo paganismo oriental que está lleno de nociones unistas (todo- es-uno) de la espiritualidad que rechazan al Creador y buscan al dios interior. Por otro lado, el Occidente está adoptando las prácticas perennes de la licencia sexual pagana, mediante la cual las personas definen y practican a voluntad su propia identidad sexual, una vez más, rechazando a Dios el Creador.

La Iglesia debe comprender cuán profundamente se relacionan estas dos prácticas, tanto en el pasado como en el presente, para mostrar cómo la heterosexualidad bíblica da testimonio de la revelación de la Escritura del Dios trascendente, el Creador y Redentor de la realidad dosista. Aquellos que creen que estamos reaccionando en pánico solo muestran su incapacidad para comprender el cambio espiritual en nuestra cultura. Los riesgos son enormes y los tiempos son desesperados, pero Dios está en su trono. Gracias a la Cruz de Cristo, ni su creación ni su Iglesia fracasarán.

Peter Jones es pastor ordenado de la Iglesia Presbiteriana en América (PCA) y es Director Ejecutivo de truthXchange. Es autor de muchos libros sobre paganismo, incluyendo “Uno o Dos: viendo un mundo de diferencia”.

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