¿TODA LA RAZA HUMANA DESCENDIENTE DE ADÁN?

Por Richard B. Gaffin, Jr.

Reforma Siglo XXI, Vol. 14, No. 2

El título anterior, como muchos lectores lo reconocerán, es de la respuesta 16 del Catecismo Menor de Westminster (y la 22 del Catecismo Mayor). Expresa la verdad central de la Escritura y refleja la confesión universal de la Iglesia acerca de Adán.

¿Por qué entonces agregamos el signo de pregunta? No porque los no creyentes ampliamente rechacen la verdad, como lo han hecho por tanto tiempo, sino porque más recientemente esto ha sido cuestionado por científicos, eruditos bíblicos y otros que se consideran evangélicos o incluso cristianos reformados. Más aún, se han persuadido de que sus dudas sobre esta verdad deberían ser aceptadas como si fuesen compatibles con su compromiso cristiano.

Todo cristiano que se sujete verdaderamente a la autoridad de la Biblia necesita estar al tanto de este reciente acontecimiento y claro sobre las consecuencias de estas dudas y negaciones. No importa cuán bien intencionados, están socavando el evangelio y eventualmente llevarán a su pérdida. Si no es cierto que todos los seres humanos desciendan de Adán, entonces toda la historia de la redención como la enseña la Escritura, se deshace. El resultado es una historia de redención sin sentido creíble ni coherente, y por lo tanto la pérdida de la historia redentora con un sentido significante.

Las razones dadas para este reciente cuestionamiento de la confesión histórica de la Iglesia con respecto al origen y linaje de la humanidad son de dos tipos: científicos y exegéticos. Los resultados acumulados de varios campos (primeramente paleontología, arqueología, antropología y especialmente en las últimas dos décadas, la genética) supuestamente aseguran virtualmente que los seres humanos no han descendido todos de la pareja original. La afirmación de que todos los que están vivos hoy tienen los mismos “padres originales” ya no es más considerada creíble.

Estos descubrimientos científicos, a su vez, han promovido un replanteamiento de la Escritura, principalmente de Génesis 2 – 4. La ciencia se percibe como que nos obliga a reconocer que, si se lee el pasaje literalmente, algunos detalles simple- mente no son coherentes con la perspectiva de que todos los seres humanos descienden de Adán y Eva. Por ejemplo, a menudo se cita el problema reconocido por mucho tiempo de de dónde vinieron las esposas de los hijos de Adán.

El resto de este artículo no tratará directamente estas afirmaciones científicas, sino con  las  perspectivas  bíblicas y teológicas usualmente asociadas con ellos, incluyendo las implicaciones y conclusiones sacadas de la interpretación de las Escrituras. Este enfoque no trata de sugerir que estas afirmaciones puedan ser fácilmente desechadas ni simplemente ignoradas. Pero evaluarlas de manera científicamente responsable va más allá de mi competencia, al igual que para la mayoría de los cristianos. Tengo en muy alta estima a aquellos que son conocedores y son expertos en las áreas científicas mencionadas anteriormente. Y existe una necesidad urgente, como nunca antes, de cristianos calificados en estos y otros campos.

  1. La relación entre la Escritura y la ciencia

De lo que estoy seguro es de que las consideraciones bíblicas y teológicas brevemente trazadas aquí son un mandato para cualquier interés cristiano constructivo o involucramiento directo en la investigación científica de temas tales como el origen de la humanidad. Aquellos con las dudas que estamos considerando a menudo piden un esfuerzo de cooperación entre científicos y teólogos para considerar honestamente    la evidencia científica disponible de manera que también mantenga la doctrina bíblica requerida. Sin duda es una meta loable. Pero cuando me pregunto cómo se ve dicha colaboración a los ojos de los teólogos, me queda la respuesta de que no sólo hago la mejor, sino también la necesaria, contribución siendo resueltamente insistente con los comentarios que siguen, por supuesto sujetos a ser corregidos si me equivoco. También me veo obligado a preguntarles a estos científicos si acaso no deberían reconsiderar al menos aspectos del divina- mente guiado modelo macroevolutivo (teísta) de los orígenes de la humanidad con el cual la mayoría de ellos, si no todos, parecen estar comprometido.

La perspectiva que cuestiona si Adán es el primer ser humano del cual todos los otros descienden es en sí misma cuestionable en su enfoque general de la Escritura al menos en dos aspectos. Ambos reflexionan adversamente sobre la claridad de la Escritura. Primero, los descubrimientos científicos tienen prioridad en el sentido de que se ven como que necesitaran un rechazo y una consecuente reinterpretación de lo que hasta entonces ha sido considerado enseñanza bíblica cierta, al igual que básica. En ese sentido, no supongamos que nos encontramos en otro “momento Galileo,” en que los cristianos necesitan ajustar sus pensamiento y subirse a bordo con la ciencia. El asunto pleno aquí no es un aspecto de nuestro entendimiento siempre cambiante del funcionamiento físico de nuestro entorno y el universo a la larga, sino de los asuntos perennes e inmutables básicos de quiénes somos como seres humanos, lo que significa ser creados a imagen de Dios y el tipo de relación con él que esto conlleva.

Ciertamente, la revelación salvífica de Dios culminante en Cristo, suficiente y autoritativamente revelada en las escrituras para nosotros, no puede ser entendida en sí misma, aparte de su auto-revelación en la naturaleza. Tanto la creación, “un hermoso libro” (Confesión Belga, artículo 2), y la Escritura son necesarias para conocer y vivir delante de Dios y con otros. Pero la relación recíproca que marca estos dos “libros” y su estudio es asimétrica. La Escritura, no la naturaleza, siempre tiene prioridad en el sentido de que en ella Dios se revela a sí mismo, como lo dice también la Confesión Belga, “más clara y perfectamente,” particularmente en asuntos básicos para nuestra identidad como seres humanos y nuestra relación con él. Como memorablemente lo puso Calvino, la Escritura provee los “lentes” que capacitan a los seres humanos para leer correctamente la plenitud de la realidad creada, incluyéndose a sí mismos como portadores de la imagen, como una auto-revelación de Dios. Como regla general, entonces, las disciplinas científicas humanas, en su estudio de la revelación general, deben siempre sujetarse a la revelación escritural revelada. La perspectiva que dice que no podemos confesar más que la Escritura enseña que toda la humanidad desciende de Adán ha reversado esta regla efectivamente. La Escritura se ve obligada a ceder ante la ciencia.

En segundo lugar, esto lleva a pensar que este punto de vista también es defectuoso porque sostiene que la Escritura no es clara y es menos que cierta con respecto al origen y   el linaje de la humanidad. Enfocarse primeramente en los problemas de Génesis 2 – 4 es miópico. Ya que la Escritura se interpreta a sí misma, este pasaje, como cualquier otro, ha de ser entendido a la luz de toda la Biblia, y cualquier pasaje difícil, como este, ha de ser interpretado a la luz de otros pasajes que hablen más claramente (CFW 1.9).

Como regla general, dentro del desarrollo de la historia de la revelación especial de Dios consumada en Cristo y registrada por la Iglesia en el canon completo de la Escritura, el Antiguo Testamento ha de ser leído a la luz del Nuevo. Cada pasaje ha de ser leído desde el punto panorámico de Dios hablando “por su Hijo” en “estos postreros días” (Heb. 1:2). Especialmente, en el perfil general de la revelación bíblica,  se le ha dado a Pablo, como un apóstol de Cristo, el hablar del origen de la humanidad de manera que relaciona clara    y decisivamente los temas que estamos considerando. Esto ocurre principalmente en dos lugares: Romanos 5:12-19 y 1 Corintios 15:21-22, 45-49.

2. Adán como el “primer” hombre, y Cristo como el “segundo”

El interés principal de ambos pasajes es llanamente la obra de Cristo. Igualmente llanos en ambos pasajes son (1) la perspectiva histórica arrolladora de Cristo y la salvación que él ha logrado y (2) dentro de esta perspectiva histórica y fundamental para ella, un contraste con Adán. En 1 Corintios 15:44b-49, esta perspectiva es la más exhaustiva posible, cubriendo nada menos que la totalidad de la historia humana desde su principio hasta su final, desde la creación original hasta su consumación. En concordancia, en el versículo 45, Adán tal y como era en virtud de su creación y antes de la Caída (Adán en Génesis 2) es contrastado con Cristo, “el último Adán,” tal y como es en virtud de su resurrección. En Romanos 5 y los primeros versí- culos de 1 Corintios 15, la extensión de la perspectiva histórica es ligeramente menos exhaustiva; por un lado, se va a Adán tal y como era después de la caída, como pecador (Adán en Génesis 3). Para Pablo, la historia redentora tiene su final claro y consumado en Cristo únicamente tal y como tiene un definitivo e identificable inicio con Adán.

En ambos pasajes, Adán y Cristo son vistos claramente como personas individuales. Pero como individuos, no menos claramente, tienen una importancia que es más que individual. Son contrastados porque ambos representan a otros, ya que cada uno es cabeza de manera decisiva para aquellos que están “en él.” Este contraste basado en la unidad exhibe el principio representativo o federal que se encuentra a la raíz de la teología de pacto de la Biblia enseñada, por ejemplo, en los estándares de Westminster. Esta enseñanza se puede resumir así: tal como Adán por su desobediencia ha traído el pecado con todas sus consecuencias a la creación originalmente buena para él y para todos los que están “en él,” así también Cristo por su obediencia ha traído salvación del pecado y de todas sus consecuencias a todos aquellos que están “en él.”

La importancia de identificar términos en el contraste no debe ser ignorada. Cristo en su obra salvífica es “segundo” y “último”; Adán es “primero” (1 Cor. 15:45, 47). El lugar particularmente cardinal de cada uno en el desarrollo de la historia redentora, al principio y al final de la misma, es tal que ningún otro “cuenta.” Sólo Adán, en su rol representativo en unión o solidaridad con “todos,” es el “tipo del que habría de venir” (Rom 5:14). Como Cristo es el punto omega de la historia de la redención, así también Adán es el punto alfa.

No se puede enfatizar demasiado que estos pasajes enseñan que para la obra de Cristo de salvar a los seres humanos peca- dores es esencial su completa solidaridad con ellos, excepto por el pecado personal, ya que es “segundo” y “último,” y que tiene, y sólo puede tener, esta identidad ya que Adán es “primero.” Si Adán no fuese el primer hombre, que cayó en pecado, entonces la obra de Cristo pierde su significado. Sin el “primer” hombre, Adán, no hay lugar para Cristo ni como “segundo” ni como “último.” La integridad y coherencia de la historia redentora en su totalidad depende de este contraste. Simplemente no  es verdad, como algunos aseguran, que el que Adán fuera     el primer ser humano o no sea un tema que deje intacto el evangelio, al menos si aceptamos la clara enseñanza de estos pasajes. Pablo es similarmente claro en otro lugar: la resurrec- ción de Cristo, el juicio final, y el llamado a todas las personas en todo lugar al arrepentimiento, todos permanecen o caen con el hecho de que Dios ha hecho a todas las naciones de la humanidad a partir de un hombre (Hechos 17:26-30).

3. Otras interpretaciones de Adán

¿Cómo entienden las referencias a Adán en estos pasajes (y otros, como Lucas 3:38, 1 Timoteo 2:13-14, y Judas 14)

aquellos que niegan que toda la humanidad desciende de Adán y aún así quieren permanecer comprometidos con la autoridad de la Escritura como palabra de Dios en algún sentido? Parece que se toman dos posiciones: una niega la historicidad de Adán; la otra afirma su historicidad, pero niega que haya sido el primer ser humano y padre de toda la raza humana.

En la primera, Pablo, como los demás escritores del Nuevo Testamento, bien puede haber creído que Adán no había sido una persona histórica real, pero esa creencia no se ve en su enseñanza y puede ser descartada sin detrimento al evangelio y a la fe en Cristo. En nuestros pasajes, “Adán” se supone ser una personificación ya sea de la humanidad en general o de Israel como nación por toda la humanidad; Adán son todos. Él sirve a los propósitos de Pablo como “modelo de enseñanza,” como se ha dicho, para resaltar la universalidad de la pecaminosidad humana. Baste notar aquí que esta perspectiva llanamente contradice el énfasis mantenido en Romanos 5 sobre el pecado de Adán como el pecado de un hombre, y no el pecado de “muchos” o “todos.” Concluir que la historicidad de Adán es irrelevante para Pablo es de hecho hacer irrelevante la exégesis responsable.

Otra perspectiva afirma la historicidad de Adán, pero niega que él sea el primer ser humano. Al menos algunos que toman esta posición aseguran que Adán es “primero” en el sentido de que en algún momento en la historia humana Dios lo apartó como representante de entre un número considerable de humanos ya existentes en pro de los tratos con la humanidad que él inició en ese punto. Pero esta perspectiva se enfrenta a una dificultad insuperable: Adán no es simple- mente el “primero”; él es el “primero” en relación con aquellos

que “han portado [su] imagen” (1 Cor. 15:49). La gente difícilmente puede describirse como portadores de la imagen de Adán si existieron antes que él o si no han descendido de él subsecuentemente. Adán es el representante de todos los que, al descender de él, se encuentran en unión natural o solidaria con él, y él los representa sólo a ellos. No es suficiente para los cristianos afirmar hoy la historicidad de Adán.

No es un punto sin importancia. Pablo es claro en el versículo 49. Los creyentes portarán la imagen celestial de Cristo, la imagen de Dios redimida y glorificada, tal y como han llevado la imagen terrenal de Adán, la imagen original de Dios subsecuentemente afectada por el pecado. Es ajeno a este pasaje, especialmente dada su perspectiva exhaustiva antes mencionada, suponer que algunos que no llevan la imagen de Adán llevarán la imagen en gloria de Cristo. No hay esperanza de salvación para los pecadores que no lleven la imagen de Adán por generación ordinaria. Cristo no puede y no redime aquello que él no ha asumido, y lo que él ha asumido es la naturaleza de aquellos que llevan la imagen de Adán, y los que lo hacen por linaje natural.

4. Las implicaciones de negar la prioridad de Adán

Ya debe estar claro que cuestionar o negar el linaje de toda la humanidad desde Adán como el primer ser humano tiene implicaciones de gran alcance para la fe cristiana. Altera radicalmente el entendimiento del pecado, particular- mente concerniente al origen y naturaleza de la depravación humana, con el correspondiente abandono de cualquier noción significativa de la culpa del pecado. Radicalmente altera el entendimiento de la salvación, especialmente al eclipsar o incluso negar la muerte de Cristo como expiación sustitutiva que propicia la justa y santa ira de Dios contra el pecado. Y radicalmente altera el entendimiento del Salvador, al enfatizar su humanidad, especialmente los aspectos ejemplares de su persona y obras, al punto de minimizar y hasta negar su deidad. No tengo espacio aquí para detallar estas implicaciones, así que en lugar de eso les encomiendo, como particular- mente útiles, entre otros, los siguientes tratados más extensos: Is Adam a “Teaching Model” in the New Testament? (¿Es Adán un “Modelo de Enseñanza” en el Nuevo Testamento?) Por J.P. Versteeg; de Robert B. Strimple, el capítulo, “Was Adam Historical?” (¿Fue Adán histórico?) en Confident of Better Things (Seguro de cosas mejores); y de Michael Reeve el capí- tulo, “Adam and Eve” (Adán y Eva) en Should Christians Embrace Evolution (¿Deben los cristianos abrazar la evolución?). Concluyo seguidamente con las palabras finales del estudio de Versteeg: Como el primer hombre histórico y cabeza de  la humanidad, Adán no es mencionado meramente de paso en el Nuevo Testamento. La correlación histórica y redentora entre Adán y Cristo determina el marco en el cual, particularmente para Pablo, la obra redentora de Cristo toma lugar. Esa obra de redención no puede ser más confundida según lo que dicen las Escrituras, si se divorcia del marco en el cuál se encuentra ahí. Quienquiera que divorcie la obra redentora del marco en el cual se establece en la Escritura no permite que la Palabra funcione más como la norma que lo determina todo. No ha habido tentación a través de los siglos a la cual la teología se haya visto más expuesta que esta. No hay peligro que deba ser más temido por la teología que este.

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