¿TERAPIA – O EVANGELIO?

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 10, No. 1

En este momento estoy leyendo un periódico ‘evangélico’ que reparten cada mes en mi país, Costa Rica. Nadando por los avisos de camisetas Cristianas, ‘Skmax’ tinta para impresoras para «hacer realidad tus sueños», tiendas musicales, además de toda clase de anuncio de eventos, conciertos, campañas y talleres – el lector se impresiona ¡por la cantidad de actividad que realizan los evangélicos! Al juzgar por la propaganda, el pueblo de Dios está movilizado y en acción.

El optimismo desvanece, sin embargo, al comenzar a leer de cerca. Lo primero que se nota es el afán por competir con el mundo en los términos del mundo. Promoviendo un concierto próximo en Costa Rica se dice: «Todos los géneros musicales se verán representados en una tarima, mejor que las que presentan en Hollywood». ¿De verás? ¿Mejor que Hollywood? Eso lo tendría que ver. Pero aunque fuera cierto, ¿por que Hollywood es nuestra regla? 

Yo creí que los Cristianos teníamos un estándar mil veces mejor que Hollywood. De hecho, visto bíblicamente, ‘alcanzar’ a Hollywood sería un descenso, no un avance. Se ve qué tan lejos están las iglesias ‘evangélicas’ de una noción bíblica de la música, que lo único a que aspiramos es a Hollywood o pegar un ‘hit’ en la radio secular. A pesar de que agradecemos a Atanasio por haber defendido la doctrina de la Trinidad, no queremos nada con el coraje y el espíritu que lo motivó – unum contra mundum – es decir, «uno contra el mundo» si fuera necesario. A Atanasio le importó poco la moda – que de hecho iba con Arrío, quién no creía en la divinidad de Jesús – de tal modo que Atanasio fue exiliado por su fe durante muchos años y varias veces. Sin embargo, hoy la Iglesia le debe a Atanasio en gran parte nuestra fe bíblica en la divinidad de Jesucristo y la creencia en la Trinidad. La verdadera fe a través de toda la historia ha sido una fe contra mundum. En cuanto a la música, hay principios bíblicos y directrices bíblicas que el mundo no conoce, no respeta, y no sigue. Para efectos de este artículo, no podemos ahondar en este punto. Sólo quiero señalar nuestra pobreza cuando el mundo es la regla por la cual nos medimos. ¡No hay punto más bajo con que medir la música hecha para Dios!

Dejando las decenas de anuncios y artículos sobre conciertos y cantantes atrás, seguimos leyendo artículo tras artículo de consejería ‘Cristiana’ por consejeros, pastoras, apóstoles, profetas y ministros. Parece que el periódico en realidad es una revista de consejería, artículos de teología, exposiciones de pasajes bíblicos – de todo un poco. Bueno, a todos nos gusta la variedad. ¡El problema es que hay muy poca variedad! La gran mayoría de los mensajes son consejos humanistas con un baño de Biblia bien ralo que cualquier buen humanista podría dar. ¡Y esto por los mismos ‘apóstoles’! Pablo dijo, «¡Ay de mi si no predico a Cristo!» Los nuevos apóstoles dicen «¡Ay de mi si predico a Cristo!» Claro, lo mencionan. Pero mencionar a Cristo no hace un mensaje Cristocéntrico. Los ateos mencionan a Cristo. Los musulmanes mencionan a Cristo. Es muy en boga utilizar términos como «el Evangelio» o «Jesucristo» sin ningún contenido Cristiano.

Voy a dar un ejemplo. El ‘apóstol’ William Magaña escribe un artículo intitulado La actitud determina el éxito. Comienza así: 

La actitud se contagia, y nuestro deber es contagiar nuestra actitud cristiana a todos en la casa, en el trabajo, en el barrio…, en todo lugar. ¿Cómo está tu actitud hoy? La actitud a veces es tu amiga o tu enemiga, es un reflejo de cómo vas a enfrentar los días, es un sentimiento interior, que se externa. No habla pero se ve. Muchas de las circunstancias que vivimos están determinadas por la actitud, no es por el diablo; es por ese sentimiento interno.

Después de esta introducción que nos dirige a cuidar nuestra actitud, Magaña saca de la Biblia un pasaje que él cree provee un ejemplo de esta actitud positiva que debemos tener – el relato del naufragio de Pablo en Hechos 27. El apóstol Magaña señala que el apóstol Pablo tenía una gran responsabilidad – ¿cuál era? ¡De contagiar a los demás con una actitud positiva! «Tengan buen ánimo» dijo Pablo – ¡ahí está! Ahí está la prueba de la actitud positiva de Pablo. Dice Magaña que Pablo «como líder tenía que ser un hombre de influencia, tenía que hacer la diferencia». La conclusión es que nosotros siempre estemos positivos, que contagiemos a los demás, péguese una sonrisa en la cara … lo mismo que hemos escuchado desde Norman Vincent Peale y Robert Schuller, y los demás promotores de la auto-estima.

Lo grave no es que William Magaña quiera dar un consejo de que tratemos de ser positivos. No tengo ningún problema con eso – prefiero andar con gente optimista y no con los pesimistas. El problema es que Magaña ofrece su enseñanza como una verdadera interpretación de las Escrituras. – ¡y en calidad de apóstol! Esta es la parte triste. Porque cuando examinamos el texto aún superficialmente, encontramos que Dios dice exactamente lo contrario de lo que enseña Magaña.

William Magaña dice: «Nuestra actitud como hijos de Dios controla». El Espíritu Santo dice por medio de Lucas, «… y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.» Lucas aparentemente habla por todo el equipo que incluía a Pablo. De hecho, Pablo confiesa directamente que en más de una ocasión perdió «la esperanza de conservar la vida» (2 Cor. 1:8). ¿Dónde estaba su actitud positiva que controlaba? Los brujos y chamanes creen que tienen poderes ocultos para controlar las circunstancias – los santos de Dios nunca hablan así. Lucas no escribe así, Pablo no hace ninguna afirmación así – todo lo contrario. Lucas y compañía afirman – como hombres normales en medio de una terrible tempestad – que creían que se iban a hundir y ahogarse. Si no fuera así, ¿por qué Lucas menciona que él y los demás ayudaron con sus propias manos a tirar todo al mar? (vs. 19) ¿No es un acto de desesperación arrojar todo equipo, comida, etc. al abismo? ¿Dónde está la actitud imperante de confianza que controlaba la situación? Estas alucinaciones de Magaña no resisten la más superficial lectura del pasaje. 

Pero – ¿no dijo Pablo «tengan ánimo»? Leyendo el pasaje entero – siempre una buena idea para todo predicador y maestro – averiguamos que la razón que Pablo exhorta a los marineros a que tengan ánimo no reside en su propia actitud, sino en una revelación directa de Dios la noche anterior. Pablo – junto con Lucas y los demás – habían perdido la esperanza de sobrevivir la tempestad. Pero resulta que un ángel de Dios se le apareció a Pablo diciéndole que él iba a comparecer ante César, y que Dios por gracia había dado a Pablo toda la tripulación, y que ninguno iba a perecer. ¡Qué lejos está esta enseñanza de los pseudo apóstoles de hoy! Pablo atribuye su mensaje precisamente no a su propia actitud, sino a una revelación directa de Dios. Fue Dios (¡no Pablo!) que prometió salvarlos. Una vez más Pablo comprueba el gran principio bíblico: «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Cor. 12:10). Los marineros habían visto a Pablo en las mismas condiciones que todos ellos – empapado, sin comer por la preocupación, desesperadamente arrojando todo al mar junto con los demás – ‘débil’ en su condición de hombre. Y en medio de la debilidad humana, Dios revela soberanamente su plan, y lo ejecuta. Enfocarse en la actitud de Pablo como lo hace William Magaña es justamente perder todo el punto del pasaje. El significado del pasajes es: a pesar de la actitud de Pablo y los demás, Dios iba a salvar a su siervo Pablo, con los demás, para su gloria y el anuncio de Jesucristo ante César. 

Una vez más comprobamos que los esfuerzos de los terapeutas modernos por llevar ánimo a sus congregaciones termina con consejos vacíos, totalmente desprovistos del respaldo de la Palabra de Dios. No es misterio que la iglesia evangélica hoy muestra señas de desnutrición aguda – no se nos da el alimento de Dios. Se ha sustituido la sana Palabra de Dios por terapias superficiales, humanistas, y en última instancia tontas y dañinas. Pablo el apóstol le daba la gloria a Dios porque iba a poder anunciar a Jesucristo ante el mismo César. ¿Por qué el apóstol Magaña no pudo captar su mensaje?

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