TEMAS CONTEMPORÁNEOS: LA SUFICIENCIA DE LAS ESCRITURAS Y EL G–12

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 12, No. 1

En el año 1179 los discípulos de Pedro Valdo solicitaron la aprobación del papa Alejandro III para predicar la Palabra de Dios y leer las Escrituras traducidas al francés. La iglesia Católicorromana a esas alturas sólo tenía la misa y las lecturas bíblicas en latín. Pedro Valdo y sus discípulos habían redescubierto el Evangelio de Jesucristo, y muchos se convertían a Cristo al oír en su propio idioma las hermosas palabras de vida. Pero el papa y el Concilio de Letrán no aprobaron la solicitud, y dentro de tan sólo cuatro años serían excomulgados los valdenses por Lucio III en el sínodo de Verona, y perseguidos por la Inquisición. Roma perdió la oportunidad de abrir la Iglesia al Evangelio de Jesucristo, así llevando vida y libertad al pueblo.

La historia después de estos hechos procede de mal en peor. El sencillo Evangelio de Jesucristo fue sustituido más y más por misterios y ritos humanos —cosas tanto atractivas como dañinas para el estado del alma. Dos tácticas fueron seguidas con mucho éxito: 1) Crear temor; 2) Promover los líderes de la iglesia como el único medio de salvación.

Las formas de crear temor eran variadas y abundantes. Mucho se hablaba de las tormentas del infierno y el purgatorio. También se enfatizaba mucho el poder de los demonios y sus posibles ataques contra el Cristiano en cualquier momento y de cualquier forma. La persona común y corriente vivía en un mundo lleno de ‘peligros espirituales’, y estos temores hacían que las personas buscaran la protección de la Iglesia para su seguridad. Se cuenta que en Ginebra, una de las tácticas para asustar al pueblo de parte de los monjes y sacerdotes era por medio de una compuerta debajo de la calle. De noche algún monje sonaba un tambor u ollas, y se decía que los demonios perseguían a alguien. Con estas y otras tácticas apresaban las pobres almas de los supersticiosos.

La respuesta a sus temores venía por medio de los sacerdotes y el magisterio católicorromano. Para apaciguar los temores del infierno y el purgatorio, existían misas pagadas, indulgencias, y otras formas de penitencias y obras. Para protección contra los demonios en el presente, existía toda una lista de posibles medios: agua bendita, unciones especiales con aceite, la compra o uso de reliquias (objetos religiosos que obraban poder), exorcismos y oraciones especiales, peregrinajes, y la observación de ciertos ritos. Durante siglos miles de personas fueron retenidas en oscuridad y esclavitud espiritual. La libertad vino sólo cuando Lutero y los Reformadores gritaron una vez más, en consonancia con Pedro Valdo: ‘¡Sólo las Escrituras!’, ‘¡Sólo Cristo!’. Entonces las personas pudieron ser liberadas de los temores y la manipulación religiosa, para encontrar verdadera paz con Dios y consuelo para su vida.

¡Que difícil es mantener la libertad con que Dios nos ha hecho libres! Nuestra tendencia parece ser buscar la confusión y la esclavitud —¡aun en nombre de la libertad! Hoy ha surgido en nuestro medio un movimiento que en mucho duplica las confusiones de la edad media. Nos referimos al movimiento G–12 y los Encuentros promovidos por ellos.

  1. El G-12 y la edad media

El movimiento comenzado por César Castellanos llamado el ‘G–12’ (gobierno de los doce) comparte dos aspectos principales de la religión medieval: 1) El uso del temor y la manipulación; 2) El uso de la autoridad de los líderes ‘autorizados’ como único medio para verdadera bendición. Sin duda hay muchas personas muy sinceras dentro de las filas del G–12. Seguramente hay muchos que aman a Cristo. Pero deben de saber que el movimiento del G–12 tiene aspectos importantes que son contrarios al Evangelio de Jesucristo.

Como el G–12 se ha vuelto un movimiento dispersado en muchos países, seguramente toma matices locales. Sin embargo, tiene rasgos generales que la gran mayoría comparte, y son estos aspectos que he tratado de enfocar. Espero que haya sido justo con mi apreciación

2 .El uso del temor y la manipulación

Espíritus ‘generacionales’ y ‘derechos legales del diablo’

Al igual que la Iglesia medieval, el G–12 ha resucitado la antigua táctica de infundir miedo con base en supersticiones semipaganas. Se enseña que los demonios se pasan de generación en generación, afectando aún a los Cristianos si no se sabe cómo prevenirlo. Raúl Vargas, pastor en Costa Rica que ha utilizado ‘La Visión’ del G–12, con sus Encuentros, dice lo siguiente acerca de los demonios:

«ese espíritu inmundo sale de ese cuerpo buscando en quien meterse, por eso a través de generaciones se repite lo mismo … Los espíritus que estaban en un cuerpo andan buscando otro cuerpo».

El énfasis en el mundo demoníaco crea una expectativa de posesión por el demonio en cualquier momento o por cual- quier descuido —aún en los Cristianos. Se habla mucho acerca de ‘derechos legales’ que obtiene Satanás sobre la vida del Cristiano, así creando una condición en que se siente impotente para librarse a sí mismo sin la ayuda de algún ‘experto’ o ‘poderoso espiritual’. Afirma Vargas:

Ud. puede abrir la puerta para generaciones de maldad, pero hay derechos legales que fueron adquiridos por pactos satánicos, brujería, hechicería, ouija, consulta, lectura de manos y demás y todo lo que tiene que ver con el ocultismo, son derechos legales adquiridos y Satanás tiene ingerencia legal para entrar y matar o destruir porque hubo un pacto que no se ha roto en generaciones atrás. Pactos que tiene consecuencias de enfermedad, de ataduras, de vicios, de brujería, etc. Todo lo anterior debe de cortarse.2

En este mismo sentido, Renee Terra Nova (proponente del G–12 en Brasil) afirma:

Cuando peco, abro una puerta para que Satanás legalmente entre con su propósito, MATAR ROBAR Y DESTRUIR… La maldición se infiltra por una vía legal y abre la puerta para que los demonios vengan sobre la vida de la persona.

Estos énfasis no son nuevos ni exclusivos del movimiento G–12, sino que provienen de la corriente neopentecostal. Sin embargo, el G–12 le da un lugar prominente en su teología, especialmente en relación con sus Encuentros, como veremos abajo.

El G–12 enseña que el Cristiano puede ser poseído o atado por el demonio, así negando las promesas de la Palabra de Dios de que somos ‘nuevas criaturas’ en Cristo (2 Cor. 5:17) y que nada (incluyendo ‘potestades y principados’) nos podrá separar del amor de Dios que está en Cristo Jesús (Romanos 8:38,39). El G–12 también ignora las implicaciones de la enseñanza bíblica de que el Espíritu de Dios ahora mora en los suyos (Juan 14:17; Rom. 8:9; 1 Cor. 3:16; 1 Timoteo 1:14). Difícilmente el demonio puede tomar posesión de alguien ¡en quien habita el Espíritu Santo de Dios! Aquí no negamos que el diablo busque frenar el avance de la Iglesia, y que busque hacer tropezar al Cristiano —todo lo contrario, como afirma la Biblia, «Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8). El demonio intenta hacer todo lo posible para que Dios no reciba la gloria en la vida de los suyos. Pero esto es lejos de enseñar que el demonio puede ‘entrar, poseer, y destruir’ al Cristiano.

Estas enseñanzas sobre los ataques demoníacos en la vida del Cristiano fácilmente se vuelven una manipulación para que la persona recurra a los medios suministrados por el líder. Al igual que en la Edad Media, el G–12 recurre al uso de temor y amenaza demoníaca para una manipulación religiosa de las personas, contradiciendo las declaraciones claras de la Palabra de Dios.

3. ‘Guerra espiritual’ que aveces los demonios ganan

Las enseñanzas del G–12 tienden a un dualismo teológico: Dios y los demonios están en guerra, y el hombre está en el medio. A veces gana Dios, a veces ganan los demonios. Según Valnice, representante oficial del G–12 en Brasil, Pablo no pudo vencer la deidad ‘Diana’ en Efeso, sino que le tocó a Juan hacerlo después. A los años la diosa retomó Efeso y reina hasta la fecha —prueba de ello los pocos Cristianos en esa área hoy.4 En el concepto del G–12, el mundo es un campo de batalla en que dos fuerzas más o menos iguales luchan por dominarlo. A pesar de que los promotores del G–12 afirman que están rompiendo el poder demoníaco en sus países, derribando asideros y atando al demonio —su enseñanza es paradójica. El incremento de la violencia, la corrupción, la frialdad espiritual y el paganismo es prueba (según su teología) de que el poder demoníaco todavía arrasa a miles. Las ‘evidencias’ del poder del demonio están en todo lado. El Cristiano común y corriente no sabe si está ganando ¡Dios o el diablo! Muchos abandonan las iglesias del G–12 después de algún tiempo — probablemente en parte porque no encuentran sentido en estas confusiones. Otros son fácilmente manipulados para seguir lo que el pastor les diga para que puedan asegurar la victoria elusiva. La falta de claridad bíblica en cuanto al señorío de Jesucristo deja a los miembros del grupo G–12 vulnerables a una manipulación por los líderes para que puedan ‘ganar’ la guerra espiritual.

En contraste, la Biblia enseña claramente que Jesucristo ha recibido absoluta autoridad en el cielo y en la tierra, y que no hay duda en cuanto a su señorío. Por ejemplo, Pablo nos dice que el Padre sentó a Cristo «a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies…» (Efesios 1:20-22). En Colosenses 1:15-17 Pablo afirma que en Jesucristo todo fue creado —en los cielos y   en la tierra— incluyendo lo visible y lo invisible, y por tanto Cristo tiene el rango más alto de todos —‘primogénito de toda la creación’. Y en Mateo 28:18 Jesucristo nos declara «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra, por tanto id, y haced discípulos…» Toda enseñanza que no reconoce que la batalla ya ha sido ganada por Jesucristo, niega su persona y su obra. Las manifestaciones del diablo en este mundo no son de un igual contra un igual, sino las rabietas de un vencido, a punto de ser destruido totalmente. También debemos recordar que el mismo Satanás sirve de manera misteriosa los propósitos soberanos de Jesucristo, ya que Jesús reinará y gobernará hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies (1 Corintios 15:25). Los discípulos en los primeros días después de pentecostés veían la oposición al evangelio como cumplimiento de la profecía, parte del consejo de Dios, y afirmaron la absoluta soberanía de Dios y Jesucristo aún con respecto a la maldad contra el Evangelio (léase con cuidado Hechos 4:23-28).

4. Sanidad interior

Con base en las enseñanzas ya mencionadas, César Castellanos insiste en que es necesario un proceso de ‘sanidad interior’, lo cual consiste en romper maldiciones y la influencia de espíritus generacionales, y en perdonar a todas las personas que le hayan ofendido —¡incluyendo perdonar a Dios! Para el G–12, las heridas psicológicas quedan en el subconsciente, impidiendo que el Cristiano esté libre para servir a Dios. De modo que es necesario ‘regresar’ por medio de la visualización, y otras técnicas que varían de lugar en lugar, pero se asemejan al freudianismo al buscar las traumas y heridas del pasado. Se les anima a las personas a re-vivir el momento, a llorar o gritar, y luego deben perdonar a cada uno.

Los ‘Encuentros’ —momento clave para el G–12— es donde una gran parte de su filosofía es impartida. Las personas no deben hablar en detalle de lo que experimentan ahí, y por lo general son sometidas a un bombardeo psicológico y espiritual por los líderes a que se rindan al proceso de purificación, y a que se sometan al proceso de ser discípulo. Pero este proceso de ‘sanidad interior’ conlleva a menudo a humillaciones y manipulaciones cuyo fin es dejar a la persona dócil en las manos de los líderes.

Un señor nos contó de un Encuentro a que asistió en Costa Rica, en el cual procuraban la sanidad interior de las traumas experimentadas por los hombres al no recibir el cariño nece- sario de sus padres. Pusieron a cada hombre a sentarse en el regazo de otro hombre y a recibir las caricias que nunca recibió de su padre —¡en todo momento reprendiendo todo espíritu de homosexualidad! Estas actividades manipuladoras sirven para quebrantar todo aspecto varonil, dejando a los hombres atrapados en el G–12 acariciados como niños, con la mentalidad de un niño que sigue a su papá (el líder) adonde lo lleve. Este es un ejemplo, de los muchos que hay, en que el G–12 crea un gran temor a las supuestas traumas que todos deben de tener, y luego somete al grupo a una manipulación que sirve el fin de crear una masa de robots dóciles y manejables.5 Una vez más, vemos la misma táctica empleada que usaba la iglesia medieval, al crear temor para poder manipular masas y mantener bajo su control a las personas.

5. El nuevo Sacerdocio

La iglesia de la Edad Media creó una jerarquía religiosa que se atribuía absoluta autoridad, y dispensaba la gracia de Dios. El papa Bonifacio VIII declaró en la bula Unam Sanctum (1302 d.C.), «Declaramos, afirmamos, definimos y pronunciamos que es del todo necesario para la salvación que toda criatura humana esté sujeta al Pontífice Romano». En este aspecto también el G–12 no anda muy lejos. César Castellanos tiene la autoridad sobre todo el movimiento, y todo líder que desea implantar el G–12 en su iglesia tiene que tener el aval de él. Castellanos declara que ya llegó el fin de las asambleas y los concilios eclesiásticos, en que deliberan los ancianos y los líderes de las iglesias, tomando decisiones juntos. En su lugar, Castellanos afirma que el pastor es la máxima autoridad en cada congregación, y por supuesto, sigue la jerarquía de pastores hacia arriba de doce en doce hasta llegar a él.6 La Edad Media vuelve a nacer, con el nuevo magisterio G–12

—con todo y papa, cardenales y sacerdotes. El concepto de ‘autoridad’ en el liderazgo del G–12 es excesivo, levantándose por encima de la autoridad de la Palabra de Dios. Con base en supuestas visiones y revelaciones, Castellanos y sus imita- dores toman el lugar último en la iglesia.

El nuevo sacerdocio G–12 dispensa la gracia de Dios, siendo el principal medio los Encuentros. Castellanos es tan seguro de que sus Encuentros comunican la bendición de Dios, que dice que asistir a un Encuentro, le «equivale a un año de crecimiento espiritual».

La Palabra de Dios nos dice claramente que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra predicada (Romanos 10:14-17). Al igual que en la Edad Media, el G–12 levanta una jerarquía de hombres que quisieran acaparar y controlar la religión, atribuyéndose exclusividad. Castellanos afirma que fue Jesús mismo que le dio la ‘visión’ del G–12, de modo que se supone que es deber de todo Cristiano unirse a ello. ¡Bonifacio VIII se reencarna en César Castellanos —vicario de Cristo!

6. La suficiencia de las escrituras y las revelaciones de César Castellanos

Martín Lutero era buen monje y fiel siervo de su iglesia. Pero leyendo las cartas de Gálatas y Romanos, fue confrontado con el mensaje libertador de la Palabra de Dios. Mientras estudiaba la Biblia, se le aclaraba poco a poco la verdadera condición religiosa de su tiempo. Cuando en la providencia de Dios Tetzel llegó cerca de su ciudad vendiendo el perdón de Dios en la forma de indulgencias —máxima expresión de la manipulación religiosa de la Edad Media— la luz plena de las Escrituras brillaba para Lutero. Fue cuando clavó las 95 tesis a la puerta en Wittenburgo, afirmando entre otras cosas la necesidad de oír solamente las Escrituras por encima de toda ‘revelación’ o tradición.

Lutero entendió que se trataba de algo muy fundamental con respecto a nuestra relación con Dios. Se trataba de esclavizar nuestra alma o a Dios, o al hombre. Era el uno o el otro. Y la única forma de tener la seguridad de evitar una esclavitud a los seres humanos pecadores era apegarse solamente a las verdaderas y objetivas palabras de Dios encontradas en la Biblia. Cualquier otra cosa era caer preso a una esclavitud del corazón engañoso y perverso del hombre (Jeremías 17:9). Lutero, junto con otros, vieron claramente que la verdadera salvación y libertad del hombre venía por la ‘sola Scriptura’ (‘sólo las Escrituras’ en latín), lema que llegó a ser parte de la Reforma Protestante del siglo 16.

¿Tenía razón Lutero? ¿Enseña la Biblia que ella es suficiente y exclusiva? Sí. Desde el principio de la historia de la redención, Dios prohibía la ‘presunción’, es decir, el hablar algo en su nombre que no había mandado. Al cerrarse el Pentateuco (los primeros cinco libros escritos por Moisés), Dios tiene palabras claras en contra de la profecía falsa y la presunción (ver Deut. 13:1-5; 18:20-22). Mas tarde los verdaderos profetas denunciaron fuertemente a los falsos profetas por hablar mentiras en nombre de Dios, y proclamaron juicio para ellos y el pueblo que les oyera (Jeremías 14:10-22; 23:1- 40; Ezequiel 13:9; Miqueas 3:5-7).

Cuando vino nuestro Señor Jesucristo, uno de los choques fuertes que tenía con los fariseos era sobre la autoridad de sus palabras. Jesús afirmaba hablar en nombre de su Padre, Dios (Juan 8:34-59). Los fariseos reconocían que se estaba atribuyendo infalibilidad y divinidad, y trataron de matarle en varias ocasiones. Para Jesús, la batalla espiritual tenía que ver con la verdadera Palabra de Dios. Jesús dijo que venía para ‘cumplir’ la ley y los profetas (Mateo 5:17), y tenía cuidado siempre  de citar solamente el Antiguo Testamento como autoridad,  y no las otras tradiciones de los judíos. Cuando peleó con el diablo en el desierto, lo venció con la Palabra de Dios escrita (Mateo 4:1-11).

Jesús preparó a los 12 discípulos para que fueran sus testigos fieles. En Juan 17:13-15, Jesús está hablando específicamente a los 12 apóstoles. Jesús les promete la ayuda del Espíritu Santo, quien los iba a guiar a ‘toda verdad’ —es decir, les iba a ayudar a recordar todo lo que Jesús había dicho y hecho, y lo que Jesús desde el cielo después de su ascensión quería decirles. Por eso Jesús enfatiza que el Espíritu Santo ‘no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere… Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber’.

Los apóstoles entendieron que ellos —y sólo ellos— tenían la tarea fundamental de dejar las palabras de Jesús establecidas para la Iglesia. Pedro advierte a sus oyentes que «ninguna profecía de las Escrituras es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron, siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:20,21). Nadie puede decir «yo recibí una revelación de Dios». Toda Palabra de Dios es para toda la Iglesia, y no es de interpretación privada y particular. Cuando César Castellanos afirma haber recibido de Jesús la visión del G–12, se levanta al nivel de Isaías, Jeremías, Pablo y Pedro como inspirados por el Espíritu Santo para traer la Palabra divina del Señor.

Pero los apóstoles también estaban conscientes de que eran los últimos en la linea de recibir la revelación de Dios. Pablo entendía que con él —el último apóstol (1 Corintios 15:7,8)— las revelaciones de Dios iban a cesar. El pasaje más amplio de su enseñanza se encuentra en Efesios 2 y 3. Al final de Efesios 2, Pablo nos dice que la Iglesia es cómo un edificio en el cual habita el Señor (Ef. 2:21,22). Este edificio tiene un fundamento y una piedra angular. La piedra del ángulo es Jesucristo, y   el fundamento son los apóstoles y profetas (Ef. 2:20). Una vez puesto el fundamento, no se sigue poniendo. El trabajo fundamental de dejar el cimiento puesto de la Iglesia eran  de los profetas y los apóstoles (Ef. 3:5). En 1 Corintios 3:10 Pablo dice que trabajó para poner el fundamento con mucho cuidado, como ‘perito arquitecto’, para que otros pudieran edificar encima. Pablo y los apóstoles se esforzaron con mucho cuidado por dejar un buen fundamento para la Iglesia, que consistía en parte escribir el Nuevo Testamento.

Es de considerable importancia que Pablo, al dejar instrucciones para Timoteo sobre su labor de predicador y evangelista, le insta a que se limite únicamente a predicar la Biblia. Primero Pablo le recuerda que las Escrituras son plena- mente suficientes para que «el hombre de Dios esté completo, enteramente preparado para toda buena obra» (2 Timoteo 3:17). Luego Pablo le insta a Timoteo que predique la Palabra de Dios ‘a tiempo y fuera de tiempo’. No importa las circunstancias, Timoteo tenía una sola tarea —la de predicar lo que ya estaba puesto. Pablo prohíbe que Timoteo añada al ‘depósito’ que él le había dejado en las Escrituras y por testimonio verbal, y le encarga que guarde este depósito y que capacite a otros hombres para que enseñen lo mismo (2 Timoteo 1:14; 2:1,2).

No podría quedar más claro que en el último libro escrito por un apóstol —el Apocalipsis— Jesús mismo advierte a todos que no deben ni quitar ni añadir más revelaciones (Apoc. 22:16-20). El fundamento apostólico había sido puesto. Ahora le tocaba a la Iglesia ‘predicar la Palabra a tiempo y fuera de tiempo’ sabiendo que las Escrituras son más que suficientes para ‘enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia’ (2 Timoteo 3:16).

El tema de ‘libertad’ del demonio es un tema importante en la enseñanza del G–12. También lo es en las Escrituras. La diferencia es la fuente de la libertad. Jesús promete libertad sólo en él, y esa libertad y ‘santificación’ se encuentra sola- mente en las Escrituras escritas por los profetas de Dios y apóstoles, y autorizadas por el Espíritu Santo. Jesús oró a su Padre: «Santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad» (Juan 17:17). Cualquier otra ‘revelación’ o ‘visión’ que promete libertad, bendición, o salvación es un error y sólo lleva lejos de la verdadera libertad. El apóstol Pedro advirtió hace 2 mil años que los falsos maestros ‘harían mercadería de vosotros con palabras fingidas’ (2 Pedro 2:1-3).

Martín Lutero y muchos otros reconocieron que tenemos que estar absolutamente seguros de nuestro fundamento. Si las Escrituras son suficientes para nuestra salvación, entonces apeguémonos a ellas totalmente. Si no, estaremos esclavizados a los mercaderes de indulgencias, o las cuotas para   los Encuentros.

7. La suficiencia de Cristo y sanidades interiores y purificaciones místicas

Cuando Lutero regresó a las Escrituras, encontró a un Salvador poderoso y completo. Uno de los pasajes claves de las Escrituras que impactó a Lutero —y nos debe impactar a nosotros— es Romanos 5:1-5:

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Pablo nos enseña la gran verdad bíblica de la justificación por la fe. Al creer en Cristo Jesús, somos reconciliados enteramente con Dios. Nuestros pecados son perdonados por el sacrificio perfecto que hizo Jesucristo en la cruz, y la justicia de Cristo es imputada a nosotros de modo que ahora tenemos

perfecta ‘paz para con Dios’. La paz de que habla Pablo aquí no es en primer lugar una paz interna, sino la paz establecida por Cristo entre dos personas que eran enemigos:

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida (Romanos 5:10).

La muerte de Cristo cubre todo lo que nos apartaba de Dios. Es por esto que Pablo puede decir en los siguientes versículos que estamos ‘firmes en esta gracia’ y que podemos ‘gloriarnos en la esperanza de la gloria de Dios’. El mensaje del G–12 con sus constantes amenazas diabólicas no se parece en nada al Evangelio de Pablo. Pablo tiene claro el problema y la solución. Nuestro problema en primer lugar no es el diablo sino nuestro pecado. Y la solución no es un Encuentro, sino la justificación ante Dios por la fe en Cristo. Una vez que el verdadero problema es tratado, podemos tener la certeza de estar ‘firmes’ en la gracia de Dios —porque ahora Dios es nuestro aliado, nuestro amigo, nuestro Padre. Es por eso que Pablo dice que podemos aún ‘gloriarnos’ en las tribulaciones y pruebas porque solamente aumentan nuestra fe en Dios y producen el fruto de paciencia y esperanza (Romanos 5:3-5). Pablo no le da mucha vuelta al asunto de los diablos, las ataduras, y las maldiciones. Los junta todos como aquello que no puede hacer nada para separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús (Romanos 8:31-39). Punto. Pablo conocía la verdadera libertad —libertad de la culpa de su pecado, la reconciliación con Dios en Cristo— y el resto lo controlaba Cristo para el bien de Pablo (Romanos 8:28) y para su propia gloria (Romanos 11:36).

El énfasis errónea del G–12 en maldiciones generacionales y la necesidad de ‘sanidad interior’ desvía al Cristiano del verdadero problema y la verdadera solución. La ley que Dios le dio a Moisés apuntaba al problema de la culpa del hombre ante un Dios santo, y la necesidad de buscar la limpieza que sólo Dios podía ofrecer. La obra de Cristo cumple perfectamente y completamente esta redención. En Jesucristo encontramos el perdón de Dios, limpieza del pecado, y la confianza de ser hijos de Dios librados de la esclavitud al temor (Romanos 8:15).

8. El medio sencillo para encontrar la libertad

La iglesia de la Edad Media inventó muchos ritos y ceremonias para encontrar libertad del temor. César Castellanos ha simplificado el asunto un poco, reduciendo el número  de ritos a los Encuentros y unas cuántas cosas más. Pero el problema persiste. Se oculta la sencilla y libre gracia de Dios recibida por la simple fe en Cristo Jesús. Esta fe sencilla en Cristo Jesús no es susceptible a la manipulación, ni puede ser adueñada por quienes quisieran controlar las almas de los fieles. Es por eso que el G–12 debe ocultar la sencillez y la suficiencia de este Evangelio, sustituyéndolo por otras cosas complicadas y secretas.

Cuando el G–12 se enfoca en el demonio, las maldiciones, las ataduras, las traumas —están ocultando a Cristo. Aunque existieran todo lo que ellos dicen, el Evangelio es que Jesús lo venció todo por nosotros y nos ha reconciliado con el Padre. Ya no hay más condenación. Ya no hay más temor. El verdadero Evangelio es mirar a Cristo y su obra por nosotros —y gloriarse en él (Romanos 5:2).

9. Conclusión

Si usted, querido lector, ha buscado paz con Dios y libertad del pecado y del demonio por cualquier otro medio que no sea la sencilla fe en Jesucristo, le tengo buenas noticias. No tiene que pagar dinero para un Encuentro. No tiene que someterse a los ritos y las ceremonias de César Castellanos. Mire con ojos de fe al Salvador Jesucristo revelado en las Sagradas Escrituras, y él le promete: «El que invoca al nombre del Señor será salvo» (Romanos 10:13). Y «todo aquel que en él cree, no será avergonzado» (Romanos 10:11). Ningún demonio, ninguna maldición, ningún ataque lo podrá separar del amor de Dios (Romanos 8:33-39). Y todo ¡gratuito! «Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios» (Efesios 2:8).

La luz del Evangelio brilló después de  muchos  años en Europa cuando Martín Lutero una vez más volvió a las Escrituras. La victoria costó mucho, y no fue fácil. Inclusive, muchos murieron por la causa del Evangelio puro. No permitamos que nos caigamos una vez más en la esclavitud a los hombres y sus tradiciones humanas. Sólo servirán para esclavizar —a pesar de todo lo que ofrecen.

Las Sagradas Escrituras son suficientes para llevarnos al suficiente y completo Salvador:

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:14,15).

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