ROBO, MENTIRAS Y EL CALORGATE

Por James Wanliss

Reforma Siglo XXI, Vol. 13, No. 1

Mark Twain popularizó la noción de que hay tonos de mentiras cuando escribió sobre “las mentiras, condenadas mentiras y la estadística”. Aunque está claro que Twain no era seguidor de Cristo, indudablemente era un tipo franco, lo suficientemente honesto como para reconocer algo de la pecaminosidad y miseria desdichadas de nuestra raza. Él había aprendido la importante lección de que los humanos son eminentemente capaces de enga- ñarse a sí mismos. Algunos científicos podrían aprender una o dos cosas de Twain. Claro, estoy pensando principalmente en los científicos involucrados en el escándalo del Calorgate.

1.   El Calorgate

El año antepasado un grupo de correos electrónicos robados de un laboratorio climático británico mostraba a los científicos del calentamiento global involucrados en una manipulación sistemática del proceso científico, ofuscados y a veces mintiendo descaradamente. Estaban implicados varios científicos de alto rango asociados con el Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés). Ahora que él y otros han sido agarrados con las manos en la masa, el científico que se halla en el centro del escándalo del Más-Calorgate, el Dr. Phil Jones, admite no solamente que el mundo puede haber estado mucho más cálido en el pasado, sino que en realidad no ha habido ningún calentamiento global durante 15 años.

Su admisión es alarmante dado que en su celebrada evaluación del 2007 la IPCC, en la que Jones jugó un papel fundamental, dijo que la evidencia de que el mundo estaba y que continuaría calentándose era “inequívoca”. Puede ser demasiado esperar que los escépticos del sobrecalentamiento del planeta producido por el hombre ya no vayan a sufrir la pena de ser etiquetados con nombres despectivos como gente que todavía cree que la tierra es plana o que niegan el holocausto Nazi. El Calorgate de alguna manera vindica a los escépticos y a quienes niegan el calentamiento global y revela a los mejores nombres científicos como mentirosos conscientes en el peor de los casos, y como malos científicos en el mejor de ellos.

2. Más Errores

Luego en enero, la IPCC admitió de mala gana errores importantes en su reporte, por ejemplo afirmaciones falsas de que casi la mitad de los Países Bajos se halla por debajo del nivel del mar. La afirmación histérica de la IPCC de que los glaciares del Himalaya estarían derretidos para el 2035 se basaba en una historia desacreditada que les fue provista por la organización World Wildlife Fund. La burbuja de credibilidad de la IPCC ha reventado. “Confíe en mí. Tengo un doctorado y he trabajado para la ONU”, simplemente ya no es una frase que cale hondo. En junio de 2009, una de las personas que denunció prácticas ilegales en la IPCC, el Dr. Kiminori Itoh, dijo lo siguiente:

“Los temores relacionados con el calentamiento son el peor escándalo científico en la historia… Cuando la gente llega a saber cuál es la verdad se sentirán engañados por la ciencia y los científicos”.

Bueno, ahora la verdad está saliendo a la luz. Desdichadamente muchos políticos parecen inmunes ante toda la evidencia. La Zarina del clima en los Estados Unidos, Carol Browner, dice: “Me apego a los 2500 científicos. Estas personas han estado estudiando este asunto durante mucho tiempo y concuerdan en que este problema es real”.

3.La tierra se está calentando… junto a los incineradores de desperdicios

Pero peor que las mentiras son los problemas con la información. La mente mordaz de Mak Twain se reservó el ácido para la manipulación estadística de los datos, llamándola el abogado perseguidor en ambulancia de las ciencias. Él sugirió que las mentiras regulares son menos nocivas que las estadísticas manipuladas. Twain escribió “las cifras con  frecuencia me cautivan, particularmente cuando yo mismo las arreglo”.

Desdichadamente, toda la evidencia del Calorgate sugiere que los científicos no están libres de estos problemas.

Los promedios globales de temperatura obtenidos de los registros de termómetros de superficie no inspiran ninguna confianza en el diagnóstico de que nuestro planeta tiene fiebre. El gobierno de los Estados Unidos tiene posiblemente la mejor red de “alta calidad” de estaciones de temperatura. Pero recientes descubrimientos muestran que las estaciones climáticas se localizan a menudo donde equipos generadores de calor distorsionan sus lecturas. Personalmente mi favorita es la estación climática que se halla junto a un incinerador de desperdicios. Es probable que no haya otro sitio donde se encuentre mejor. De hecho, la estación climática en el aeropuerto de Roma capta las emisiones calientes de gases emitidos por los jets que recorren las pistas de aterrizaje.

Lo que esto significa es que cuando los científicos toman promedios de los datos globales de los termómetros hay grandes problemas con la selección de criterios. Por supuesto, tratan de hacer correcciones, pero las correcciones estadísticas todavía crean márgenes de error que no tienen nada que ver con el calentamiento global y sí mucho que ver con la ubicación de los termómetros cerca de unidades de aire acondicionado, tubos de escape y cosas similares. El Dr. John Christy, profesor de ciencia atmosférica en la Universidad de Alabama en Huntsville y ex autor destacado en la IPCC resume las cosas de manera sucinta:

“No se puede confiar en los registros de temperatura como indicadores de cambio global”.
Justo esta semana, representantes de la oficina del clima de Gran Bretaña, incapaces de seguir metiendo el problema debajo de la alfombra, sugirieron de manera callada que los climatólogos del mundo comenzaran todo otra vez para producir un nuevo conjunto de datos sobre la temperatura global a partir de estaciones confiables. La credibilidad de la ciencia del clima está severamente dañada, quizá de manera irreparable.

4. Una Perspectiva Cristiana

¿Qué pueden los cristianos aprender de estos eventos actuales? Los no creyentes rechazan el Señorío de Jesucristo, “por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira” (2 Tesalonicenses 2:10, 11). La Biblia enseña que cuando la gente deja de buscar la verdadera adoración y la gloria de Dios comienzan a sufrir, como consecuencia, fuertes engaños. Los cristianos reconocemos la naturaleza básica de pecado del hombre, la tendencia al mal. E indudablemente que mentir es un gran mal, que nos recuerda al padre de las mentiras (Juan 8:44).El reconocimiento de la verdadera naturaleza del hombre es una razón por la cual los cristianos deben ser buenos científicos. Aquellos dedicados a la adoración y gloria de Dios serán naturalmente cautelosos de la naturaleza humana, y cuidadosos de buscar una honestidad escrupulosa en sus ocupaciones. Serán cuidadosos de las cifras seductoras, y tomarán todas las medidas necesarias contra la práctica de “arreglarlas ellos mismos”. La Escritura advierte a los cristianos a evitar incluso la apariencia del mal (1 Tesalonicenses 5:22).Esto no es decir que los no creyentes sean estafadores. Después de todo, Mark Twain estaba profundamente consciente del poder persuasivo de los números y del peligro de la manipulación. Y muchos científicos reconocen la histeria del calentamiento global por lo que es —otro ejemplo de ciencia de culto cargo.2 Mark Twain vivió en una cultura que todavía aceptaba de manera generalizada posiciones cristianas y él, aunque era un no creyente, tuvo la gracia de reconocer el corazón malo del hombre. La ciencia moderna, en buena parte, es producto de esa cosmovisión cristiana.

Lamentablemente, la actual recesión de esa visión se acompañará de manera natural de grandes engaños. En otras palabras, a menos que el cristianismo sea la fuente de información de una nación lo que podemos esperar son inundaciones cada vez más crecientes de histeria irracional y malas decisiones. Los cristianos necesitamos ponernos a trabajar. El reformador Juan Calvino dijo que cuando los científicos ignoran deliberadamente al Señor se convierten en estafadores. Calvino recomendó que “ridiculicemos su estupidez de no reconocer a Dios como el Señor y gobernador de la naturaleza, quien, según su buena voluntad, hace que todos los elementos estén al servicio de su gloria”. Dios ha traído una tremenda convulsión a este planeta. El diluvio de Noé, por ejemplo, perturbó los ciclos naturales en un violento cataclismo. Pero eso fue el pasado, ¿qué hay acerca del futuro?

“Me he adentrado en el futuro, y funciona”, declaró el periodista Lincoln Steffens después de viajar a la Unión Soviética en 1919. De hecho, casi 100 millones de víctimas del socialismo al estilo soviético mostraron más tarde que Steffens estaba total- mente engañado. La IPCC, basándose en estadística viciada y en programas defectuosos de computadora, también afirma ver el futuro, y es horrible. El calentamiento global hará que se eleve el nivel de los océanos, afectará las estaciones, matará a millones, hará que billones sufran y arruinará la tierra. Como prueba el ejercicio soviético y su influencia los humanos somos bastante capaces de asesinar en escalas inimaginables. Pero, ¿podemos perturbar las estaciones? Quizás. No obstante, Dios declara un mensaje que es más reconfortante    y mucho más digno de confianza (Génesis 8:22): “Mientras   la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche”. Dios restauró el mundo una vez más después que eliminó a la raza de hombres malvados. Desde entonces la historia muestra que a menudo hay tiempos cuando las estaciones se ven perturbadas de su completa uniformidad. Ha habido sequías, inundaciones y hambrunas. Pero Dios promete que, independiente de lo que pudiera venir, en tanto que la tierra perdure, y el hombre se halle en ella, las estaciones seguirán sucediéndose, con IPCC o sin ella.

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