¿POBREZA ESCOGIDA?

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 7, No. 2

A nadie le gusta ser pobre. ¿O no es así? Los que trabajan en contextos variados saben que hay muchas personas que prefieren vivir como pobres porque prefieren dormir tarde y no hacer mucho esfuerzo. Hay muchas personas que prefieren vivir en la pobreza para no dejar algún vicio. Hay muchas personas que prefieren vivir en la pobreza para no enfrentar la red de mentiras y pretextos con que justifican su irresponsabilidad. Si bien existen factores legítimos y opresivos que arrojan a muchos en la pobreza, también existen muchos pretextos ilegítimos que mantienen a muchos en la pobreza. Los pretextos ilegítimos sólo sirven para justificar pobremente a los que viven en una pobreza escogida.

Si comparamos la realidad social con la realidad eclesial, parecerían haber muchos paralelos. Dentro del contexto evangélico podemos encontrar mucha pobreza escogida también. Pero hay una diferencia. El pobre (materialmente) por lo general lo reconoce y se queja; los pobres espirituales hoy ni reconocen su condición, mucho menos lo lamentan. Al contrario, se glorían en su pobreza espiritual. ¡Una situación verdaderamente patética!

Toda pobreza tiene raíces, y muchas veces raíces profundas y antiguas. La pobreza espiritual que impera hoy no difiere en este aspecto. Podemos trazar sus raíces atrás varios siglos. Cuando Dios levantó a los reformadores de la Iglesia en el siglo 16 (Martín Lutero, Juan Knox, Juan Calvino, Martín Bucer y otros), al retornar a la biblia, estos hombres ayudaron a la Iglesia a retornar a la verdadera fe bíblica. En contraste con el Catolicismo de su día, que era anti-doctrinal y se enfocaba en crear una ‘experiencia’ religiosa, los reformadores enfatizaron una fe que tocaba tanto el cerebro como el corazón. La iglesia de Roma enfatizaba tanto las experiencias que ni siquiera tenían la biblia al alcance del pueblo, manteniendo su Vulgata en latín. Los reformadores sabían que Dios había dejado un testimonio escrito, y que la vida cristiana necesitaba mucho más que las emociones. Debía ser fundamentada sobre el conocimiento, la convicción, el buen entendimiento. Por tanto, se comenzaron los grandes esfuerzos por traducir y enseñar la Palabra de Dios en toda Europa. Muchas de las primeras escuelas laicas eran protestantes. Al devolver la dignidad del saber al hombre, no sólo su religión se purificó, sino otras áreas de la vida también. La ciencia y la investigación prosperaron mucho más rápidamente bajo el protestantismo. La democracia y las economías prosperaron más bajo el protestantismo. Una fe sana, inteligente y pensada dio mucho fruto tanto en el ámbito de la religión, como en la sociedad.

Pero le ha costado mucho a la Iglesia mantener su enfoque. La tentación de tornar la religión en dirección del emocionalismo o del sentimentalismo siempre es fuerte. Por ejemplo, en el siglo 17 el pietismo surgió primero como una protesta contra la frialdad de la Iglesia en Alemania con Philip Spener y luego A. Francke. Su deseo por tener una fe fervorosa y servicial fue algo loable. Sus obras a favor de los necesitados también Pero su énfasis en evitar controversias doctrinales y minimizar ‘doctrina’ condujo a una fe de tendencia mística, de sentimientos por encima de confesión. 

En Estados Unidos bajo Charles Finney (1792-1875), la religión sentimental alcanzó nuevas alturas nunca antes alcanzado. A pesar de que Finney se crió en la iglesia Presbiteriana, rechazó todas las doctrinas históricas sobre la salvación, convirtiéndola en un asunto meramente de la voluntad. Desechando la necesidad de la regeneración del Espíritu Santo, y la necesidad de una obra de la gracia de Dios, Finney enseñaba que la salvación consistía en que un individuo ejerciera su voluntad para hacer obras rectas. Su ‘doctrina’ consistía en la moralidad, la ética. Ser cristiano para Finney era ser una buena persona. Las tácticas de los ‘avivamientos’ modernos tienen su comienzo con Finney, quien creía que la conversión y el avivamiento consistía sencillamente en influir en las emociones para que el individuo accediera al llamado de seguir a Cristo. En esto vemos que la iglesia evangélica hoy en gran parte es heredera fiel del hereje Charles Finney (ver artículo por Michael Horton sobre el legado de Finney, Reforma Siglo 21, Vol. 1, No. 1, 1999)..

Del movimiento de Finney salieron los esfuerzos norteamericanos de usar la religión para mejorar la sociedad. Cada vez más la religión estaba re-definiéndose en términos de mejoramiento personal. Las iglesias históricas, como la Presbiteriana y la Metodista, adoptaron esta definición de la fe. A pesar de que los liberales y los fundamentalistas discrepaban sobre la naturaleza de la biblia, realmente compartían la misma noción de la salvación – que consistía en una mejora social del individuo y la sociedad. Los liberales decían que la doctrina era secundaria, que lo más importante era el amor, la unidad, y ser ‘buena gente’. De manera que los Presbiterianos podían admitir pastores que cuestionaban los milagros de la biblia, el nacimiento virginal de Jesús, y aún la necesidad de creer en Cristo para la salvación – con tal de que fueran amables y buscaran la unidad. J. Gresham Machen, por ejemplo, luchó duro dentro del seno Presbiteriano con esta deformación de la religión, y hábilmente señaló que el liberalismo realmente era una re-definición del cristianismo. El liberalismo no era una versión un poco más flojo del cristianismo. Era otra religión, porque definía la meta de la ‘salvación’ como un esfuerzo humano de mejorarse. Dejaba atrás la comprensión histórica de la salvación como una obra divina mediada soberanamente por los medios establecidos por Dios. El agradecimiento que Machen recibió a manos de sus hermanos amables presbiterianos fue la imposición de disciplina eclesiástica, y tuvo que salir de la denominación.

Por otro lado, las iglesias influenciadas directamente por los avivamientos de Finney definían el cristianismo en los mismos términos. Para estos movimientos de ‘santidad’, el centro de la religión no era la justificación por la fe y la reconciliación con Dios, sino una vida cambiada. Los movimientos sociales que apoyaban el derecho de votar para las mujeres, la abstinencia del alcohol, y muchas otras ‘reformas sociales’ tuvieron su base en las iglesias. Bajo estas influencias, la doctrina era cada vez menos importante, el estudio profundo de la biblia era cada vez menos perseguido, y una religión sentimental de ‘personas buenas’ fue difundida no sólo en Estados Unidos, sino dondequiera que fueran sus muchos misioneros. Y así llegó a América Latina la versión popular de la religión evangélica con su teología superficial y moralista, con su mensaje de ‘cambiar la vida con Cristo’ o ‘llenar el vacío que sentía’. Con base en el énfasis de ‘avivamiento’, se defiende la pobreza teológica, afirmando que la doctrina sólo divide, pero el Espíritu Santo nos une. Y con la última ola de apóstoles y profetas, muchos están intentando llevar a la Iglesia todavía más lejos de un fundamento teológico, al decirles a sus oyentes que no hace falta estudios de la biblia en los seminarios, que ese ‘intelectualismo’ es contra la fe. 

Todas estas corrientes convergen para crear una atmósfera de activismo en la iglesia evangélica que aparenta vida, pero que realmente es una pobreza escogida y defendida pobremente. Se ha dicho que más personas han salido hoy de la iglesia Católica para entrar a las evangélicas que en el tiempo de la Reforma Protestante del siglo 16. Podría ser cierto. Pero no podemos hacer ninguna comparación con la Reforma del siglo 16 en términos de fruto. Los reformadores lograron realmente transformar las vidas de miles de personas y países enteros, dejando un impacto teológico, religioso, político y social que ha durado siglos. Es obvio que la Reforma Protestante fue un movimiento de mucha profundidad y riqueza. Hoy no podemos decir que los países están siendo transformados por el evangelio. Al contrario. Cada día la iglesia evangélica se hace más irrelevante. Hoy el Ministerio de Salud ha cerrado 120 iglesias evangélicas en Costa Rica por diversas razones, muchas injustas, pero a nadie le importa (es decir, de la población en general), y nadie se levanta para protestar. Básicamente la iglesia evangélica es irrelevante en este país. La pobreza escogida tiene consecuencias. La irrelevancia es sólo una. Pero más importante aún, tendremos que dar cuentas a nuestro Señor cuando venga de cómo administramos los dones que nos ha dado. Creo que la pobreza escogida se manifiesta en 5 áreas principales. Siempre es útil verse en un espejo. Podemos utilizar a los Reformadores protestantes del siglo 16 como espejo para vernos a nosotros mismos más objetivamente. 

1) Estudiantes de la Palabra. Lutero, Farel, Calvino, Bucer, de Bres, Zwinglio – todos eran estudiantes esforzados de la biblia. Se preocuparon – todos – no sólo por conocer el contenido de la biblia, sino de aprender los idiomas originales, el griego y el hebreo, para ser mejores intérpretes de la Palabra de Dios. Tanto era su admiración y aprecio por la biblia, que creían que ameritaba el más alto respeto y el más grande esfuerzo humano para interpretarla correctamente. De manera que Lutero tradujo todo el Nuevo Testamento del griego al alemán, y los comentarios de Calvino muestran su facilidad en el uso tanto del griego como el hebreo. Al leer cualquiera de estos hombres se puede apreciar fácilmente su manejo de toda la biblia, de principio a fin. En parte, la Reforma Protestante fue tan exitosa porque los pastores desafiaban a los católicos en debates, y ganaban por su mejor conocimiento bíblico. Las confesiones y los credos que los reformadores engendraron muestran que eran capaces de resumir de manera comprehensiva las enseñanzas bíblicas en forma coherente. Y no podemos escudarnos en que los reformadores seguramente eran genios, pero nosotros somos ‘gente normal’. Los grandes sínodos en que participaron muchos (p.ej. Dordt, Westminister) muestran el alto nivel en general de los pastores.

Cuando nos comparamos con estos hermanos, nuestra única conclusión es que hemos escogido la pobreza teológica. Nos conformamos con un mínimo de esfuerzo y un mínimo de conocimiento.

2) Estudiantes de la historia – Es evidente que los reformadores eran estudiantes esforzados de la historia, especialmente la historia de la Iglesia. Conocían los Concilios, los Padres de la Iglesia, y la historia posterior mejor de lo que la conocían los sacerdotes católicos. Se cuenta que una vez un pastor protestante estaba debatiendo un católico sobre temas bíblicos. El católico estaba citando a los Padres de la Iglesia en contra de los protestantes. En esta ocasión el católico era muy astuto, y estaba enredando al protestante. Juan Calvino era un joven estudioso, y estaba escuchando el debate, pero no quería participar. Sin embargo algunos amigos sabían que Juan podía refutar al católico, y lo presionaron para que hablara. Citando a San Agustín por libro y párrafo, Calvino silenció toda oposición. Hoy día la imagen que tiene la población en general es que los sacerdotes católicos son mucho más preparados que los protestantes. ¡Tan lejos hemos caído de nuestros comienzos!

¿Cómo puede ser posible que algunos evangélicos creen que su denominación fue comenzado directamente por Jesús? – ¡cómo me lo han manifestado a mi! La ignorancia que tantos evangélicos hoy manifiestan con respecto a la historia sería algo de reírse, si no tuviera consecuencias tan graves. Toda la confusión doctrinal y práctica que vivimos hoy se podría evitar si se conociera la historia – porque todo esto ya ha acontecido antes. La pobreza de conocimiento histórico está matando la Iglesia hoy en día. 

3) Educadores incansables – los reformadores eran educadores sobre todas las cosas. Y no fundaron institutos bíblicos, sino academias y seminarios. Y no produjeron 5 o 10 discípulos, sino centenares de pastores bien preparados. Los cursos, comentarios y libros que escribieron los reformadores llenaría una biblioteca entera. Además de tareas pastorales – que todos tenían – enseñaban casi todos los días curso tras curso de biblia y teología. 

Hoy hay pastores que no han preparado a un sólo líder. Hoy hay pastores que no han elaborado un sólo curso teológico. Sin un fundamento fuerte de educación teológica, la Iglesia será condenada a – la irrelevancia y el olvido. Escoger la pobreza educativa es arriesgar demasiado.

4) Defensores y apologistas temidos – La Reforma Protestante del siglo 16 fue un movimiento de tanta profundidad y tanto impacto, que la Iglesia Católica tuvo que tomarlo muy en serio. Reconocieron que sus argumentos era poderosos. El protestantismo representó una amenaza tan grande, que la Iglesia Católica puso en marcha múltiples formas de combatirlo. La Inquisición fue la más brutal. Crearon nuevas instancias para combatir la amenaza: Ignacio Loyola (quien había sido compañero de Juan Calvino en Paris) fundó los Jesuitas que tenían como fundamento para su existencia ‘extirpar el calvinismo’ dondequiera que lo encontraran. Finalmente se provocó lo que muchos estaban pidiendo hace siglo y medio – un concilio de la Iglesia para reformar doctrinas y prácticas. Sólo el surgimiento del protestantismo pudo proveer suficiente motivo para este concilio, y se realizó el famoso, y todavía vigente, Concilio de Trento (se reunió de 1545 hasta 1563). En muchas formas el Concilio de Trento tomó como agenda el protestantismo, y sus formulaciones doctrinales son hechas en respuesta al protestantismo. Los reformadores trazaron las lineas de batalla. Los Católicos tuvieron que responder. Es importante recordar que antes de Trento era legítimo doctrinalmente afirmar sola fide, sola scriptura, sola gratia. Fue Trento que dio forma oficial al sinergismo en la salvación (fe con obras), a dos fuentes de revelación (la biblia y la tradición), y a la gracia infusa para la justificación (en contraste con la justicia imputada de Cristo). 

Los reformadores estaban preparados para defender la fe no sólo contra los católicos, sino también contra otras corrientes que surgieron. Los socinianos enseñaban una fe racionalista, negando la divinidad de Jesús, la trinidad, y definiendo la religión como una vida moral. Por otro lado, ciertos anabautistas buscaban revelaciones fuera de la biblia, rechazaban el Estado diciendo que era una institución pecaminosa, y denunciaban toda otra iglesia como falsa y herética. Pero para cada corriente los reformadores respondieron con argumentos basados ampliamente en las escrituras y la historia.

Cuando hacemos una evaluación de la iglesia hoy, encontramos un cuadro bastante diferente. Habiendo bebido profundamente de la fuente del ecumenismo, muchos hoy ni siquiera creen en ‘defender’ la fe. Un sector grande de la iglesia evangélica hoy es más relativista que bíblica. Creen que ‘la doctrina’ es mala, porque divide. La ‘unidad’ ha llegado a ser el centro de su religión, y no Cristo – quien dijo: “soy el camino, la verdad, y la vida” (Juan 14:6). No dijo que era un camino entre muchos, o una verdad entre varias. Sin embargo, hoy la presión de grupo arrasa con la mayoría de los evangélicos, y sus actitudes cobardes los llevan a escoger pobreza – pobreza en la defensa del evangelio. Cuando la ignorancia histórica se junta con la cobardía sucede lo que ya ha pasado: matrimonios entre un católico y un protestante con el sacerdote y el pastor compartiendo la ceremonia. ¡Cómo si Trento nunca declarara ‘anatema’ a los protestantes con su doctrina! ¡Cómo si miles no hubieran dado su sangre por tener acceso al precioso y sano evangelio! Algunos alegan que el documento firmado entre Católicos y Luteranos sobre la justificación por la fe (Declaración conjunta sobre la justificación por la fe – ver una evaluación reformada en Reforma Siglo 21, vol.3, No. 2, Agosto 2001 por Alexander León) pone fin a las diferencias. Pero la declaración es simplemente un gran ejercicio en sutilezas en el cual pierden los luteranos y ganan los católicos. Es importante notar en este respecto que justo cuando se estaba firmando la Declaración, el papa se comunicó con los católicos en todo el mundo asegurándoles que Trento de ninguna forma era prescindido por este documento. Si Trento está en pie, la doctrina clásica católica está en pie también, y sigue habiendo razones legítimas para el protestantismo. 

Otro sector de la iglesia no comparte el ecumenismo, sino que ha asumido la postura del avestruz – su cabeza está metida en un hoyo en la arena. Sea por miedo o sea por una actitud arrogante, este sector ha escogido la pobreza del aislamiento y la irrelevancia. Y ya que estos no tienen ningún interés en ser útil al reino de Dios, no derramaremos más tinta sobre ellos tampoco.

El que es pobre materialmente muchas veces no tiene los medios para defender a su familia, y por tanto otros se aprovechan de ellos. Pero el que tiene los medios para defender a los suyos y no lo hace, manifiesta realmente su poca estima por ellos. Hoy muchos líderes y laicos muestran la poca estima que tienen por la Iglesia y el evangelio. Teniendo muchos instrumentos con que defender la novia del Señor, no lo hacen. Creo que cada persona que lee esto debe leer la lista en Apocalípses 21:8 – especialmente los primeros mencionados.

5) Teólogos creativos – Los reformadores del siglo 16 no simplemente repetían versículos bíblicos, ni tampoco sólo citaban a los padres de la Iglesia. Fueron teólogos que sintetizaron y aplicaron la Palabra de Dios a nuevas situaciones. La Reforma Protestante fue un paso gigantesco adelante en cuanto a sintetizar principios bíblicos en muchas áreas importantes – empezando con la teología, pero incluyendo la política, la economía, la educación, la familia y las ciencias (ver libro publicado por la CLIR: Juan Calvino, sus raíces y sus frutos). Las obras que fueron producidas durante la Reforma son muchas y profundas. Los teólogos, profesores y pastores protestantes aceptaron el desafío del apóstol Pablo de “llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo” (2 Cor. 10:5), y se esforzaron por aplicar fielmente la Palabra de Dios a todas las circunstancias de la vida. Aún los historiadores seculares reconocen el impacto religioso y social que tuvieron.

¿Cómo estamos hoy? Mientras abundan libros sobre ‘Como obtener la victoria personal’, y ‘Seis pasos para un matrimonio feliz’ – ¿podemos decir que la iglesia protestante está desafiando la sociedad con erudición? Por ejemplo, ¿dónde están los pastores capaces de ofrecer un análisis y respuesta a la sicología operante en el Ministerio de Educación de su país? Considerando que la educación pública influye en la gran mayoría de la población, y que su ideología contribuye fuertemente a la formación personal de las personas con que trabajamos, sería algo lógico dirigir nuestras energías y esfuerzos a ello. O en el ámbito político – ¿por qué el esfuerzo evangélico no llega más allá que la formación de un ‘partido cristiano’ (léase ‘revoltijo peligroso’) que intenta procurar el ‘reconocimiento’ de los pastores, o que busca exoneración de impuestos para la iglesia evangélica al igual que la iglesia Católica? No existe una reflexión coherente y compartida que amenace al ‘estatus quo’, en contraste con el tiempo de los Reformadores. Tanta amenaza representó el protestantismo en el siglo 16 que los Católicos montaron guerras en su contra, y el pastor Zwinglio murió participando en una de ellas. Pero hoy nadie se da cuenta de la existencia de la iglesia protestante. En el ámbito teológico, ¿por qué la iglesia ha sido presa fácil de cada moda ‘nueva’ – desde las risas, y las caídas, hasta los ladridos, mugidos, y ‘exorcismos’ en masa. Si fuéramos mejores estudiantes de la historia, sabríamos que en varias ocasiones la iglesia se entregó a estos fanatismos, y cada vez terminó en apagar la obra de Dios, y en grandes fugas de los miembros de las iglesias. En el ámbito filosófico, ¿cómo puede ser posible que un ‘teólogo’ evangélico esté enseñando abiertamente que Adán era un ser andrógeno, y que nadie le sepa responder con vigor? Esto pasó en presencia del presente autor. Si conociéramos mejor la historia de las doctrinas, podríamos reconocer sus tendencias gnósticas, y el padre de la Iglesia Ireneo (siglo 4) nos podría ayudar en refutarlo. Tristemente la iglesia protestante, en gran medida, ha escogido una pobreza teológica y filosófica que nos ha dejado como unos meros niños inocuos que no representamos ningún peligro para nadie. Sin capacidad de desafiar los gobiernos, las instancias de educación secular, las modas religiosas – la iglesia ha decidido vivir su falso ‘avivamiento’, fingiendo que todo está bien. Pero la pobreza que ha escogido engendrará peor pobreza, hasta dejar la iglesia muerta espiritualmente. 

¡Que Dios nos ayude!

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