NACIONALSOCIALISMO, PAGANISMO Y CRISTIANISMO

Por Carlos Cruz

Reforma Siglo XXI, Vol. 18, No. 2

En 1933 Adolfo Hitler se convirtió en canciller de Alemania. Independientemente de lo que conocemos de los nazis, hay un aspecto que se toca en forma tímida con relación a la filosofía del Tercer Reich. Este fenómeno ocurre cuando caemos en la trampa que existe un pensamiento “secular” y otro “religioso”. Toda ideología es religiosa. Busca adoctrinar, convencer y en muchos casos intimidar para que los hombres se sometan a la misma. Todo tiene un motivo religioso básico y ese motivo religioso básico moldeará la cultura de cualquier pueblo. La religión, la que fuere, es antes de la cultura y dictará sus pautas.

Los nazis tenían su motivo religioso, el mismo era: SANGRE Y TIERRA. Su proyecto era descartar, destruir las bases de la sociedad alemana enraizadas en la Reforma Protestante y volver a los mitos y paganismos germánicos. Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania estaba sumergida en sufrimientos materiales y morales que se traducían en la falta de ideales, la inflación, la falta de trabajo, las cargas de las reparaciones de la guerra, una profunda agitación social, como nos dice un autor. Para el 1918, después de la derrota alemana, se cercenan los  vínculos del Estado con la Iglesia Alemana y va surgiendo una maduración de la conciencia eclesial que va tomando rumbos claramente equivocados, rumbos que son frutos de la Teología Liberal que permeaba en los seminarios alemanes, de la teología liberal que le había dado las espaldas a la Reforma y a las verdades eternas de la Escritura, que había vaciado la Iglesia de Alemania y había destruido la fe del pueblo alemán.

Por lo tanto, ante la quiebra moral y religiosa histórica de Alemania, los nazis aprovecharon el espacio para introducir una cosmovisión pagana la cual respondía a una teología apóstata, a un triunfalismo nacionalista xenófobo el cual divorciaría los órdenes de la creación de la revelación bíblica. Se habla en esta época de la teología de los órdenes de la Creación. Varios teólogos, como nos dice un autor, señalaban que todo cristiano, al igual que los demás hombres, vive inmerso en distintas estructuras, familia, pueblo, estado, raza, nación, economía, etc. Estos órdenes, salidos de la mano de Dios, como decían los teólogos alemanes, tienen fuerza coactiva como expresión concreta e histórica de la Voluntad de Dios. La radicalización de esta teología, de esta cosmovisión, llegará a confundir, como dice un historiador, Héctor Vall, la historia profana, la historia pagana de Alemania, con la misma historia de la salvación.

El concepto de SANGRE Y TIERRA se energiza con la teología apóstata anteriormente esgrimida. Alfred Rosenberg fue el ideólogo de los nazis. Un antisemita de toda la vida, publicó en 1930 su libro El mito del siglo XX. En el plasma el concepto mito, como fuerza motriz del concepto racial ario. Para Rosenberg en los procesos históricos hubo una lucha entre la raza superior aria y sus contra- partes, las razas inferiores. El grave error de los arios fue su mezcla con estas entidades devaluadas lo cual llevó a la caída de grandes civilizaciones. Los arios eran los únicos de crear cultura, eran una raza de honor, de valentía, científica y con rasgos físicos muy acordes a sus ideales de “perfección” como altos, de ojos azules, etc. Todas estas características estaban presentes en el pueblo alemán, en sus mitos, tradiciones e historia y fueron negadas a las razas inferiores principalmente a los judíos.

Mientras tanto los teólogos apóstatas construían una cosmovisión pagana e infernal la cual respondía a esta ideología. La historia del pueblo alemán, sus  tradiciones, su familia, sus mitos, su sangre, etc. en ella se revela la voluntad de Dios y es ella la que dicta el camino que tomará el pueblo. La Escritura y la Sola Scriptura de los reformadores se reinterpretaría para que respondiera a las aspiraciones y la “revelación” de la SANGRE Y TIERRA del pueblo ario alemán. Por esa razón no solo los judíos debían ser llevados al exterminio, sino también a los tullidos, disminuidos mentales, dementes, etc., todos residuos de ese pasado de mezcla racial que la nueva “revelación” invita a corregir.

Todo lo anteriormente dicho, se establece como el cal- do, la fuerza que ayudó al nacionalsocialismo, los nazis, al llegar al poder en Alemania. Para 1933 con la hermenéutica apostata que hemos planteado, un grupo llamado los cristianos alemanes se apoderan del gobierno de la Iglesia por medio de elecciones, apoyado incondicionalmente por los organismos del aparato propagandístico de los nazis.

El escrito programático de los cristianos alemanes, declaraba en su primer punto que la creación de una Iglesia del Reich, del Tercer Reich, como resultado final de la fusión de las 29 iglesias territoriales alemanas, incluyendo las iglesias luteranas y reformadas. El segundo punto era el carácter popular del movimiento debía tener expresión en todas las fuerzas religiosas del pueblo alemán buscando un sincretismo dogmático, paganismo dentro de la iglesia con la historia alemana y los mitos alemanes elevados al ámbito religioso y de adoración del pueblo alemán. El tercer punto de los cristianos alemanes, era aceptar el principio del caudillaje, el Führer, acentuando las características alemanas incluyendo el concepto de la raza aria como raza superior así aceptando los cristianos alemanes, dentro de su concepción, el concepto del racismo y el anti-semitismo como principio religioso del pueblo alemán.

El triunfo de los cristianos alemanes en las elecciones del 23 de julio, pone en marcha un proceso de acomodo de la nueva Iglesia al espíritu y a los métodos del nacionalsocialismo buscando también el establecimiento de un obispo del Führer, un obispo del Reich que responda so- lamente a la oficina de Adolfo Hitler. Esto originará una crisis doctrinal y legislativa en el interior de la Iglesia cuyas manifestaciones particulares se dan ya en la segunda mitad del 1933.

El 13 de noviembre, en el Palacio de los Deportes de Berlín, veinte mil cristianos alemanes y simpatizantes abogan por la supresión y eliminar el Antiguo Testamento y la moral del Apóstol Pablo como enseñanza dentro de la Iglesia, abrazar todas las tradiciones y la mitología alemana como parte integral de la revelación de Dios a través de la SANGRE y TIERRA alemana. Se elimina el concepto de Sola Escritura y la revelación ahora se podía dar ahora a través de la historia germánica.

Toda esta “Torre de Marfil” de Teología liberal apóstata se rendía fácilmente a los pies de los criminales de Berlín porque estaba gobernada por inconversos profesores que negaban hace décadas la autoridad e historicidad de las Escrituras.

En las Directrices de los Cristianos Alemanes, vemos una muestra de como el cristianismo apóstata es capaz, utilizando las mismas palabras del evangelio y apelando a la riqueza histórica reformada, de hacer alianza con una cosmovisión que responde al anticristo, a lo mundanal y a un sinnúmero de tradiciones paganas y mitos. Veamos:

Punto 4: Aceptamos como fundamento el cristianismo positivo. Profesamos una fe en Cristo que se afirma de acuerdo con la raza, como corresponde al espíritu alemán de Lutero y a una piedad heroica. (subrayado nuestro).

Punto 7: Vemos en la raza, el pueblo y la nación unos órdenes de vida que Dios nos ha entregado y confiado. El cuidado de su conservación es para nosotros Ley de Dios. Por ello hay que oponerse a la mezcla de razas. La misión exterior alemana en virtud de su experiencia llama desde hace tiempo al pueblo alemán: “Mantén tu raza pura” y nos dice que fe-en-Cristo no destruye la raza, sino que la profundiza y la santifica. (subrayado nuestro).

El punto 8 es repugnante: Vemos en la misión interior auténticamente entendida el cristianismo efectivo (Tat- Christentum) viviente, pero que según nuestra concepción no se enraíza en la mera compasión, sino en la obediencia a la voluntad de Dios y en el agradecimiento por la muerte en cruz de Cristo… Nosotros sabemos ciertamente algo sobre el deber y el amor cristiano para con los desvalidos, pero al mismo tiempo exigimos también protección del pueblo contra los incapaces y los inferiores. La misión interior no debe contribuir en ningún caso a la degeneración de nuestro pueblo… (subrayado nuestro).

Punto 9: En la misión judía vemos un grave peligro para nuestra individualidad nacional (Volkstum). Ella es la puerta de entrada de sangre extranjera en el cuerpo de nuestro pueblo. No tiene ningún derecho de existencia junto a la misión exterior. Rechazamos la misión judía en Alemania, mientras los judíos posean el derecho de ciudadanía y subsista, con ello, el peligro de debilitación y de corrupción de la raza. La sagrada Escritura también sabe decirnos algo sobre la cólera santa y amor que se rehúsa. Sobre todo hay que prohibir el matrimonio entre alemanes y judíos.

Estas eran parte de las directrices para la formación de una federación de Iglesias Luteranas y Reformadas, una Iglesia Evangélica del Reich, que sostendría con su teología apóstata al gobierno de los nazis. La Teología Liberal alemana había pavimentado el camino para la negación de la Sola Scriptura de la Reforma y buscar en la oscuridad del corazón caído del hombre un fundamento, una cosmovisión que respondiera a tales aberraciones.

Hubo reacciones en toda Alemania de parte de cristianos que repudiaban las aseveraciones de los Cristianos Alemanes, la más famosa fue la del Sínodo de Barmen. Por razones principalmente de espacio no corresponde a este artículo profundizar en sus declaraciones pero debemos puntualizar que la misma fue un paso valiente de real preocupación la cual costó la vida y la libertad de varios líderes y pastores alemanes. Ahora las declaraciones del Sínodo de Barmen se dan en el contexto teológico barthiano, lo cual en si ya tiene unas deficiencias con relación a la Escritura como revelación. En el artículo dos en uno de sus párrafos se nos dice:

Jesucristo, según el testimonio de la sagrada Escritura, es la única palabra de Dios, que debemos escuchar y a la que, en la vida y en la muerte, debemos confiar y obedecer”.

Basados en lo declarado, La Escritura es “Testigo de la Revelación” muy acorde a la teología Barthiana. Pero no significó que su contribución fue enorme y convirtió a la Iglesia Confesante, como fue llamada, en una verdadera testigo de Jesucristo. El mismo Karl Barth fue una voz firme y vociferante ante la atrocidad teológica y apóstata que intentaba el 3er Reich, el cual fue privado de su cátedra y expulsado de Alemania en 1935.

Ese compromiso apóstata que veía, como nos dice un autor, que Dios también se revelaba en el 3er Reich, en las tradiciones y mitos y la sangre del pueblo alemán o incluso en la persona de Adolfo Hitler, era retado por creyentes que conocían la tradición y Teología Reformada. El Reich buscaba destruir la Cosmovisión que surgía de la Reforma y sabía muy bien que la misma solo podía ser derrotada cuando se cambiaran las bases bíblicas y políticas  de la Iglesia Evangélica. El Reich odiaba la Escritura y lo que representaba para las aspiraciones de los criminales de Berlín. Todo cristiano sin discernimiento y apóstata apoyó la barbarie de los nacionalsocialistas. Su fanatismo mundanal fue más fuerte que su falso amor por Cristo. Eso no sucede solamente con lo evidente que era el nazismo. En nuestros países muchos hermanos, por tradiciones fanáticas, siguen apoyando a partidos y políticos que son abiertamente anti-cristianos o solapadamente tienen una agenda en contra de los espacios que el cristianismo ganó hace siglos.

La Iglesia de Cristo ha sido llamada a ser sal de la Tierra y luz del mundo (Mateo 5: 13-16). La predicación y la vivencia del Evangelio es la levadura que leuda toda la masa (Mateo 13:33), la predicación y la vivencia del evangelio es la semilla de mostaza que se convierte en el gran árbol donde anidan toda clase de aves (Mateo 13: 31-32).

Karl Adam Teólogo de Tubinga declaró sobre Hitler en 1933:

“Aquí está ahora ante nosotros aquel a quien las voces de nuestros poetas y sabios han llamado el liberador del genio alemán. Él ha arrancado la venda de nuestros ojos y, por debajo de las envolturas política, económica, social y religiosa, nos ha devuelto la facultad de ver y amar la única cosa esencial: nuestra unidad de sangre, nuestro ser alemán, el homo germanus”.

En 1934 los coros de las Juventudes Hitlerianas recitaban lo siguiente:

“Ningún malvado sacerdote nos impedirá sentir que somos hijos de Hitler. No seguimos a Cristo, sino a Horst Wessel. (Considerado un mártir del nazismo). Basta de incienso y de agua bendita. Por nosotros, la Iglesia puede irse a paseo. La esvástica trae salvación a la tierra. Yo quiero seguirla paso a paso. ¡Baldur von Schirac (dirigente de las juventudes hitlerianas), llévame contigo!” (paréntesis nuestro)

En Baviera, nos dice un autor, los nazis iniciaron una acción contra la separación religiosa en la escuela, y con- siguieron, en el espacio de unos pocos cursos, obligar a  la mayoría de los padres a trasladar a sus hijos a escuelas interconfesionales.

El Movimiento de la fe, era la “Iglesia” neopagana del Tercer Reich. El escritor Richard Grunberger nos dice:

“Las actividades “positivas” del Movimiento de la fe -que en una memorable frase, definió el cristianismo como “el Versalles religioso de Alemania”- se centraban principalmente en la descristianización de los rituales en torno al nacimiento, el matrimonio y la muerte, y en la conversión de la Navidad en un festival pagano del solsticio”.

El neopaganismo estaba a la orden del día en el Tercer Reich. Grunberger añade:

En 1938 fueron prohibidos en las escuelas el canto de villancicos y las representaciones dramáticas navideñas y la misma palabra “Navidad” fue oficialmente abolida durante la guerra, para ser sustituida por Julfest. La manipulación semántica fue un rasgo esencial de la descristianización… Una típica participación de matrimonio neopagana publicada en un periódico local rezaba así: “En la creencia en la Revelación Divina hecha a nuestra nación a través de Adolf Hitler, Werner Liefet y Selma Liefet, nacida Kunzer, han sellado su unión para toda la vida hoy, Nebelung de 1935”. (Nobelung, derivado de Nebel, niebla era noviembre recuérdese el Brumario del calendario francés de la Revolución). Cita y paréntesis pertenecen al texto original.

En 1935, dejó de ser obligatoria la oración en las escuelas. (Nos suena muy familiar esta acción). En ese mismo año fueron detenidos por la Gestapo 700 pastores protestantes de toda Prusia por haber señalado y denunciado el neopaganismo desde los púlpitos. Eso ya lo hemos oído en Canadá, Estados Unidos y otros países, grandes focos de la “democracia”.

Podemos seguir produciendo datos y pruebas de lo que es capaz un gobierno apóstata y pagano en el poder. Un gobierno que desecha la Santa Ley de Dios para gobernar, para dar lugar a sus corazones caídos llenos de crímenes, adulterios, robos y conceptos de continua rebelión contra Dios. (Mateo 15: 19-20). Entendamos que hemos sido llamados a ser testigos (mártires) de Jesucristo en medio de las tinieblas. Cuando llegue la hora que el número sea completado se consumará nuestra redención. (Apoc. 6: 9-17).

BIBLIOGRAFÍA

  1. Vall, Héctor. Iglesias e ideología nazi, Editorial Sígue- me, España, 1976.
  2. Hitler, Adolfo. Mi lucha, Editorial Época, México, 1979.
  1. Agosto, Patricia, El Nazismo, Editorial Latinoamerica- na, México, 2008.
  2. Dooyeweerd, Herman, Las raíces de la cultura occi- dental, CLIE, 1998.
  3. Grunberger, Richard, Historia social del Tercer Reich,

Ediciones Destino, España, 1976.

El Rvdo. Carlos M Cruz Moya es ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa de los Estados Unidos y pastor de la Iglesia Presbiteriana Reformada en San Juan de Puerto Rico. Es profesor de Historia y Literatura con diploma en  Teología  Reformada. Es Profesor del Seminario Reformado del Caribe así como la voz nacional e internacional del Programa Púlpito Reformado. Está casado hace 34 años con  la Señora Diana M Bonilla Rosa y tienen una hija profesora de español.

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