LOS REFORMADORES Y LA BIBLIA

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 12, No. 1

Agradecemos este espacio que nos otorgan para considerar otro aspecto de la Reforma Protestante del siglo 16. Desde los años 1200 d.C. había varios grupos en Europa deseosos de conocer y volver a la Palabra de Dios. Recordemos que la Iglesia Romana usaba sólo la Vulgata en latín, y la misa era repetida en latín. Personas como Pedro Valdo (1140- 1218) en el sur de Francia, y John Wycliff (ca 1335-1384) en Inglaterra, tradujeron partes de la Biblia al idioma del pueblo, y predicaban un Evangelio Cristocéntrico, sin añadiduras de tradiciones humanas. Muchas personas fueron convertidas por su predicación, y sus seguidores (los Valdenses y los Lollards) fueron perseguidos cruelmente por la Inquisición. Cuando Juan Hus (ca 1372-1415) en Bohemia abogaba por lo mismo, la Iglesia Romana se sintió amenazada, y lo llevó a la hoguera y trataron de esparcir sus seguidores. Pero ya fue imposible. Más y más el pueblo clamaba por la verdad de Dios, hasta que la Reforma reventó con Martín Lutero en Alemania, Ulrich Zuinglio en Suisa, William Farel y Juan Calvino en Francia y Suisa, y John Knox en Escocia. Y un aspecto prin- cipal de esta reforma fue la perspectiva de los Reformadores en cuanto a la Biblia.

Los Reformadores Protestantes peleaban dos frentes con respecto a la Biblia —uno contra la Iglesia Romana, y otro contra  los  ‘Entusiastas’  anabautistas,  quienes reclamaban visiones y revelaciones nuevas de Dios. Ni la Iglesia Católica ni los anabautistas negaban la Biblia. Pero añadían o tradiciones de la Iglesia, o ‘revelaciones’ contemporáneas. Los Reformadores veían ambas cosas como muy peligrosas, porque esclavizaban el alma del creyente al subjetivismo humano. El corazón del hombre debe inclinarse sólo ante la autoridad de Dios, porque sólo Dios conoce nuestra condición, sólo Dios ha intervenido para salvarnos, y sólo Dios provee la salvación. Además, en materias de salvación, el hombre no es capaz de discernir la voluntad de Dios, sino es totalmente dependiente de que Dios revele soberanamente su plan de salvación.

Los Reformadores encontraban en las mismas Escrituras muchas pruebas de que ellas eran la única y suficiente regla para la salvación y la vida. Con base en una interpretación cuidadosa, encontraron amplia evidencia de que Dios había dejado solamente las Escrituras como testimonio, y quedaban excluidas tanto las tradiciones, como futuras revelaciones.

Por un lado, la Iglesia Católica debía ocultar las Escrituras del pueblo para mantener el control sobre las masas por medio de las tradiciones y ritos añadidos. Por otro lado, si bien los anabautistas ‘entusiastas’ tenían la Biblia (gracias    a los Reformadores Protestantes), atraían a muchos de las personas humildes con su religión emocionalista y sensacionalista, sacándolas de la Iglesia Romana para meterlas en iglesias siempre regidas por la subjetividad humana.

La traducción de la Biblia, y el derecho de tener una Biblia, llegó a ser parte de la bandera Protestante. Las principales traducciones de la Palabra de Dios en nuestros idiomas occi- dentales provienen de esta época —tal como es la ‘Reina-Valera’, traducida por primera vez en 1569 por el español Casiodoro de Reina. Igualmente, las traducciones de la Biblia al alemán, al inglés, al italiano y al francés ocurrió en ésta época. Pero no fue sin costo. La Inquisición mandó miles a la hoguera, y miles más al exilio, por querer retornar a la sencilla fe de la Palabra de Dios. Tener la Biblia hoy es un privilegio ganado por el derramamiento de mucha sangre de muchos Protestantes.

El peligro de añadir a las Escrituras persigue a la Iglesia de todas épocas. Hoy muchas iglesias evangélicas se parecen a la Iglesia Romana medieval con sus muchas ‘tradiciones humanas’ añadidas a las Escrituras. ¿Se necesita una ‘Nueva Reforma’ hoy? ¡Posiblemente que sí! Muchos hoy están lejos del fundamento ‘Sola Scriptura’ —lo cual significa un abandono del fundamento Protestante y un retorno al romanismo o el fanatismo entusiasta. ¡Que Dios bendiga su Iglesia con la única Verdad —Sola Scriptura!

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