LOS CIEGOS TAMBIÉN VEN

por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 5, No. 1

El ciego parecía ser impertinente. Mientras el Maestro atendía a otros, el ciego gritaba duro, a tal grado que se oía por encima de todo el murmullo de la multitud. Algunos intentaron callarlo, sin éxito. Tanto fue su clamor, tanta su insistencia, que el Maestro mandó llamarlo. El ciego llegó gozoso y confiado ante el Maestro, y no dudó en nada para responder lo qué quería: “Señor, que reciba la vista.” Y así sucedió a Bartimeo, él que antes mendigaba por ser ciego, el día que pasó Jesús cerca a Jericó (Marcos 10). ¿Cómo podía ver Bartimeo que esta era su oportunidad de recibir la vista? ¿Cómo podía ver Bartimeo que este hombre era el Mesías, el ‘Hijo de David’ como él mismo testificaba? ¿Simplemente apostaba a que Jesús le ayudara? ¿O será que los ciegos también ven?

Hoy en día se habla mucho de obtener visiones – visiones de esto y visiones de lo otro. Se exhorta a los líderes a que tengan una “visión” para su obra. Se le critica a algunos de carecer de una “visión” cuando parecen dar vueltas en lo mismo, sin poder ofrecer un liderazgo dinámico, fresco. Sin duda, se requiere “visión” para el ministerio. Pero ¿visión de qué? ¿Visión de quién? La visión más importante que Dios nos da no requiere ojos físicos.

Los profetas

Desde que Moisés fue llamado y encargado como profeta, el modelo parece haber sido que los profetas eran llamados a la presencia de Dios – a veces en visión – para ser encargados y enviados a su misión. Moisés pasó cuarenta días en la presencia de Dios, recibiendo instrucciones y siendo moldeado por Dios para su tarea. En Deuteronomio 18 Dios promete levantar a otros profetas “como Moisés” (Deut. 18:15). Cuando bajó de Sinaí, el pueblo de Israel podía ver un poco de la gloria de Dios que resplandecía de su rostro (Exodo 34:29,30). Dios permitió este efecto físico para un pueblo débil de fe como una enseñanza de que Moisés estaba investida de la gloria de Dios, de que como líder y profeta había recibido de Dios sus órdenes. Moisés fue llamado en Horeb al principio de su ministerio, y todos recordamos la zarza ardiente, manifestación de la gloria de Dios. Luego, como líder de todo el pueblo, se repite en grande la entrevista de Moisés con Dios. Esta visión del Todopoderoso lo transformó de tal modo, que en una ocasión suplicó a Dios borrarlo a él del libro de la vida con tal de no destruir a Israel, por desobediente que fuera (Exodo 32:32). El llamado de Moisés a la presencia de Dios – su visión de Jehová – lo llevó a una identificación plena con los propósitos de Dios, y a un grado tal que el celo por el Nombre de Dios superaba aún su propio deseo de ser bendecido. Veamos unos detalles. 

Cuando Moisés está en el Sinaí recibiendo la ley y el pacto para Israel, Aarón y los Israelitas están en una fiesta pagana ante el becerro de oro. Dios aparentemente interrumpe la sesión, y le ordena descender, “porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido” (Exodo 32:7). Dios se enoja sobremanera, y amenaza exterminar a Israel y hacer de Moisés una nación grande. Esta idea, en lugar de parecerle agradable a Moisés, le trae pavor. Su argumento tiene dos facetas – muy importantes para los que deseamos una visión verdadera de Dios.

1) Moisés apela a la honra de Dios, objetando que los egipcios dirán que Dios los liberó para ir a matarlos – cosa que era impensable (Ex. 32:12). Por el honor de Dios, Moisés ruega que Dios se arrepienta de este mal. ¿Cómo iba a dar motivo a que el vencido se burlara del honor de Dios? Moisés es motivado por un gran celo por el honor de su Dios.

2) En segundo lugar, Moisés apela al pacto que Dios había hecho con Abraham y las promesas hechas a los patriarcas. Moisés apela a la fidelidad de Dios. En Exodo 34 Moisés recibe la gran honra de escuchar el Nombre de Dios proclamado por Dios mismo, y su Nombre es: “Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, piadoso…que guarda misericordia a millares…” (Exodo 34:6,7). Moisés fundamenta su argumento en la fidelidad de Dios, recordándole que destruir a Israel sería contrario a su propia naturaleza y su palabra.

Moisés como cabeza del pacto, como mediador entre Dios y su pueblo, intermedia como Jesucristo algún día lo haría. Ciertamente existe un grado de misterio en estos intercambios, porque Dios “no es hombre para que se arrepienta” (Números 23:19; 1 Samuel 15:29). Sin duda, Dios está actuando dentro de un marco que los teólogos llaman “antropomorfismo” – o sea, se acomoda a formas humanas para enseñarnos verdades. Aquí el enojo de Dios nos enseña su santidad y justicia, y también provee la oportunidad para que Moisés ejecute su tarea de mediador. En esto Moisés no falla, y apela a la honra de Dios y a la fidelidad de Dios.

Existen muchas otras visiones de Dios en la Biblia. Mencionaremos sólo dos más. Isaías tuvo una visión de Dios que lo dejó pasmado. Su visión en capítulo 6 está en el contexto de capítulo 5 – el pecado, la avaricia, y el desenfreno que practicaba su pueblo, o sea, el pueblo se dejaba llevar por una ‘anti-visión’. La visión que tuvo Isaías lo dejó absolutamente convencido de la santidad de Dios, y lo llevó a exclamar: “¡Ay de mi! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios , y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey Jehová de los ejércitos” (Isa. 6:5). Es interesante comparar la reacción de Isaías al entrar en la presencia de Dios con los promotores de la ‘risa santa’. Es más interesante especular lo que habría hecho el ángel si Isaías hubiera respondido con risas y danzas. El hecho es que Isaías responde correctamente a su visión de Dios y su santidad – en humildad, reverencia y obediencia: “Heme aquí, envíame a mi” (6:8). En casi los mismos términos que Moisés, Isaías es lleno de un celo por el honor de Dios, y ciertamente llegó a ser pregonador poderoso de la fidelidad de Dios – hasta la muerte. La tradición judía afirma que Manasés aserró en dos a Isaías (¿Hebreos 11:37?).

Varias veces en su ministerio Jesús fue honrado por su Padre. Pero lo más espectacular fue su transfiguración, que dejó a los tres discípulos que lo presenciaron impactados de por vida. Juan testifica de esta visión: “Vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Pedro dice, “Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: este es mi Hijo amado…Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo” (2 Pedro 1:17,18). El que ha visto al Hijo ha visto al Padre. Los discípulos estaban seguros que habían visto la gloria de Dios en Jesús, su gracia y su verdad. Y lo compartieron para que por fe otros pudieran “ver” lo mismo.

Hablemos de hoy

Nuestro problema se agudiza si comparamos estas visiones de Dios con las visiones de hoy. A veces pensamos que los modernos “visionarios” reclaman demasiado, con sus profecías incumplidas y sus jactancias absurdas. Aún los más crédulos hoy ya no creen en calzas de oro en los dientes (¿por que Dios no le da un diente nuevo, sin calza alguna?). Muchos no creen en la sanidad sin echar mano a los médicos (como si Dios quisiera que ignoráramos otros medios que nos ha provisto para nuestro bienestar, tales como ¡respirar o comer!). Yo sé que muchos pastores están preocupados por los nuevos ataques a la fe sana, el llamado “evangelio de la prosperidad”, que hace grandes aseveraciones, tiene sus grandes promotores, sus grandes “visionarios.” ¿Qué podemos decir de los que nos aseguran que la voluntad de Dios es bendecir materialmente a su pueblo a cambio de – ¿a cambio de qué? Esa es la pregunta de un millón. ¿A cambio de qué? Las respuestas no varían en mucho. Por lo general, es a cambio de “echar tu dinero hoy en mi canasta de ofrenda, y confía que mañana Dios te va a dar el doble.” 

Digamos que es así (porque de lo contrario ganas nos darían de aplicar algunas de las penas que el pentateuco exige para los falsos profetas; Deut. 18:20-22). Que Dios te va a dar un carro a cambio de ser fiel en su diezmo. O una computadora que tú necesitas. O lo que sea. Mi pregunta es esta: ¿Cómo vamos a comparar una visión de un carro con la visión que tuvo Isaías del Dios tres veces santo? Tal vez una computadora te hace feliz – pero no te va a llenar de celo por el honor y la fidelidad de Dios como Moisés. ¿Qué clase de conversación podríamos tener con Juan y Pedro – comparando la gloria de Cristo en el monte de la transfiguración con la gloria de un conjunto de lata, espuma y hules – llámese Porsch, Mercedes o lo que quiera? ¿Te puedes imaginarlo? 

El gran problema de los modernos “visionarios” no es que reclamen mucho, es que reclaman demasiado poco. No son visionarios en nada – son ciegos, como los fariseos en los días de Jesús. ¿Entrarían en juego aquellas palabras terribles de Jesús cuando criticó a los fariseos de realmente ser ciegos porque creían ver, cuando fue el ciego que recibió la vista por la misericordia de Jesús, y respondió con una fe sencilla y humilde (Juan 9:41)? Los ejemplos que debemos seguir por una visión de Dios es a Moisés, Isaías, Juan y Pedro – y su reacción a su visión de Dios debe ser la nuestra también. Los modernos visionarios ciegos sólo pueden motivar a sus grupos por la avaricia, el egoísmo y la codicia. Mmmm. ¿Será que realmente han tenido una visión, pero no de Dios?

El problema hoy en día no es cuestión de tener o no tener una visión. Los ‘super-visionarios’ reclaman para si grandes visiones de la voluntad de Dios, mientras critican a otros por no tener ninguna visión. Pero ambos son sólo dos caras de la misma moneda. No existe líder sin una visión. Todos tienen una visión. Están viendo algo. La pregunta es: ¿Qué estamos mirando? Si nuestra visión es guiada por los ciegos de este mundo, cuidado que todos caen en un hoyo. Pero si, siendo ciego, has tenido una visión del Dios Todopoderoso por su misericordia, esto llenará tu ser de una pasión por el honor de Dios, por la santidad de Dios, por ver la fidelidad de Dios manifestada en este mundo a través de Jesucristo “lleno de gracia y verdad.” No podemos tener ninguna visión por el ministerio sin una visión primero del Dios verdadero. Luchar por tener una visión por la iglesia sin tener una visión de Dios es como tratar de ver algo en una cueva oscura sin ninguna luz. El conocimiento del Dios del cielo, y la pasión por su persona, su honor, su fidelidad – estas cosas nos prepararán para tener una visión correcta de nuestra misión aquí, de la tarea en la iglesia, en el mundo, etc. Probablemente la razón más común por el fracaso de un líder en la iglesia no es que no tenga una visión para la iglesia – es que no tiene una visión de Dios. Y se fija en un montón de cosas secundarias, y estas cosas llegan a ser prioritarias – y llegan a ser “anti-visión” por ser de este mundo.

Bartimeo no vaciló ante la pregunta de Jesucristo. “Quiero ver.” ¡Por supuesto que quería ver! Pero notemos que algunos en la multitud lo habían estado callando, apagando, impidiendo que Jesús le oyera. “Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mi!” Podemos dar gracias a Dios que el oído del Salvador captó la súplica por misericordia, y su gracia fue mediada y otro ciego vio. 

Los ciegos pueden llegar a ver. ¿Y tú?

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