LA TRINIDAD – ¿UNA DOCTRINA IMPORTANTE?

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 6, No. 2

Al repasar la historia de la iglesia, encontramos que una de las primeras batallas fue sobre la trinidad. De hecho la iglesia se dividió peleando la trinidad y la divinidad de Cristo. Hoy los términos patripasionismo, monarquismo, modalismo, probablemente no causarían ningún debate. Pero hubo un tiempo en la historia de la iglesia cuando se reunían sínodos enteros para debatir precisamente estos temas porque creían que la fe cristiana dependía de comprender y creer la verdad sobre ello.

Hoy todo cristiano sabe que debe creer que Dios es Dios trino, y que los Testigos de Jehová están equivocados. Sin embargo, muchos cristianos no están dispuestos a entrar en debate con los Testigos de Jehová, o los Mormones. Y en realidad encontramos un conocimiento bien superficial entre los evangélicos con respecto a la trinidad. Sabemos que fue Jesús que murió, y el Espíritu Santo que fue enviado. Pero la misma superficialidad de nuestra fe permite que los viejos errores acosen de nuevo a la Iglesia, como se ha visto con la teología confusa y hasta herética de Jimmy Swaggert, y ahora con Benny Hinn y sus clones. Cumpliendo las palabras de Pablo, la iglesia evangélica es llevada por cualquier viento de doctrina y estratagema de hombre – precisamente porque no tiene fundamento – el fundamento que Dios puso en su Palabra.

¿Por qué la iglesia evangélica no puede decir casi nada sobre un tema que durante toda la historia de la iglesia ocupó un lugar central? Nuestro primer credo, el Credo Apostólico, se organiza de manera trinitaria. Todos los catecismos de la Iglesia durante siglos tenían secciones extendidas sobre las personas y obras de la trinidad. Si repasamos los libros de teología de los tiempos anteriores, encontraremos mucho sobre el tema único de la trinidad. Para vergüenza de la iglesia evangélica, el Catecismo Católico tiene una parte extensa (¡y buena!) sobre la naturaleza trinitaria de Dios. ¿Es nuestro deseo separarnos de la Iglesia histórica, al enfatizar otras cosas de ‘mayor’ importancia? Si la iglesia hoy cree que la trinidad es de menor importancia comparada con otras cosas, ¿cuáles son estas cosas? Cuando intentamos contestar esta pregunta sólo podemos llegar a la conclusión: casi cualquier otra cosa se considera más importante que la trinidad. Hoy se escribe libros, se predica sermones, se realiza conferencias sobre casi cualquier otra cosa que la trinidad. En este artículo quiero señalar algunas razones porqué debemos afirmar y enseñar la trinidad.

La autorrevelación de Dios

Uno de los fundamentos más importantes de la fe bíblica es que Dios se revela al hombre, y el hombre no tiene el derecho de intentar definir a Dios. El hombre recibe la revelación de quién es Dios. El libro de Génesis comienza con la afirmación que el hombre es creado a la imagen de Dios, y Adán recibe de Dios sus órdenes para su trabajo, y su matrimonio. Una parte de la tentación del diablo a Eva incluía intentar hacer su propia definición de Dios y de su relación con Dios. Satanás susurra que ella sería «como Dios» si comía del fruto.

Dios no reveló plenamente su naturaleza trinitaria desde el puro principio, sino que se fue revelando poco a poco. En el Ángel de Jehová Dios manifestó en forma oscura pistas de su naturaleza trinitaria. Los profetas son más claros, anunciando un mesías divino que haría la voluntad de Jehová. Lo que sí encontramos es que su naturaleza trinitaria siempre se manifiesta lo más claro en relación con la redención. Tomemos el ejemplo cuando el Ángel de Jehová conversó con Abraham sobre la salvación de Lot. Es importante recordar que él que se le apareció a Abraham fue «El Señor» (Gén. 18). Aquí tenemos una manifestación anticipada de que Dios existe en múltiples personas. El Dios del cielo (El Padre) no dejó su trono como Gobernador del universo, pero se aparece en forma de hombre para ejecutar salvación y juicio. ¿Qué necesidad tenía Dios de manifestarse en forma de hombre, si su naturaleza no exige revelarse como Dios trino en salvación y juicio? Por esta y otras razones muchos teólogos han interpretado este pasaje como una manifestación de la segunda persona de la trinidad, de Jesucristo.

De igual manera, leemos a menudo que «El Espíritu de Dios cae sobre» alguien (ej. Ex. 31:3; Jueces 6:4; 1 Sam. 16:13). La capacidad de realizar tareas especiales para Dios consistía en recibir nada menos que el Espíritu de Dios. Y ¿qué diríamos de Ezequiel 37? Solamente el Espíritu de Dios podía transformar aquellos huesos secos en un ejercito vivo para Dios. Dios el Padre envía su Espíritu regenerador para dar vida nueva. Jesús repitió esto en Juan 3, cuando afirmó que nadie podía entrar al reino de Dios si no nacía de agua y del Espíritu (Juan 3:5). Y no es de sorprenderse que cuando Jesús envía a sus discípulos con la misión de edificar su Iglesia, mande bautizarlos en el nombre del Dios trino, del Padre, Hijo y Espíritu Santo (Mateo 28:19).

Mientras que la historia de la redención se va desenvolviendo poco a poco, la revelación de un Dios trinitario se va aclarando. Y esta aclaración se torna más y más importante en el desarrollo de la salvación. Cuando llegamos al final del Antiguo Testamento, los profetas claman casi a gritos por la redención de un Dios trino. Y fue así que la Iglesia primitiva reconoció en las sagradas Escrituras, que si Dios no existía en tres personas, no podía haber redención. ¿Por qué llegaron a esta conclusión?

La trinidad y la redención

Como mencionamos arriba, la naturaleza trinitaria de Dios se manifestaba más claro en los momentos de la redención. Esto no es casualidad, sino que la misma redención del hombre requería este Dios trino. ¿Será por esto que la Iglesia Primitiva en el Credo de Atanasio unifica los temas sobre la trinidad con los temas sobre la persona y obra de Jesucristo, y afirma que si no creemos esto se «perderá eternamente»?

Hablemos en primer lugar de la ley de Moisés. En la ley, Dios estableció los sacrificios por los pecados y el orden de los sacerdotes. Mientras estos ‘sacramentos’ simbolizaban la expiación de culpa, sin embargo el mismo arreglo de la ley clamaba por un cumplimiento. Como lo manifiesta Hebreos 9,10, la debilidad de estas ceremonias se veía en el hecho de que siempre debían continuar, y nunca cumplían perfecta redención. De esta manera entendemos que tanto el sacerdote como los sacrificios eran deficientes en cuanto a su capacidad de efectuar perfecta redención. Pero ¿qué otra clase de ofrenda podría haber? Dentro de las posibilidades humanas, realmente no había otro remedio. Los sacrificios débiles y los sacerdotes pecaminosos parecían nunca poder hacer expiación completa por los pecados, sino seguían y seguían.

En el acontecimiento del ‘sacrificio’ de Isaac (Génesis 22), Dios había dejado un anticipo de la respuesta. Un sacrificio humano era necesario. Un sacrificio prometido por Dios. Un Vencedor (Génesis 3:15), y a la vez un Sacrificado (Génesis 22:10). El Hijo de la promesa sería la respuesta, y a pesar de que en este caso Isaac no pudo cumplir con el requisito y Dios proveyó un cordero, un día más tarde otro Hijo de promesa ofrecería sacrificio perfecto – Jesucristo.

Cuando Isaías escribió el capítulo 53, sin duda muchos de su día no comprendieron. El eunuco etiope probablemente expresa muy bien las dudas de muchos: «¿Habla de sí mismo o de algún otro?» (Hechos 8:34). Este capítulo de Isaías contiene palabras tan claras pero tan increíbles que ¡nadie podría entender su significado aparte de la obra de Cristo! ¿Cómo podía alguien ser molido, herido, azotado y castigado por Dios por nuestras rebeliones? (Isa. 53:4,5) ¿Qué significa que «Dios cargó sobre él el pecado de todos nosotros»? ¿Cómo puede ser posible que «fue llevado al matadero» y que «por juicio fue quitado» (vs. 7,8), fue «sepultado con los impíos» (vs 9) – pero sin embargo «vivirá por largos días»? ¿Qué significa que puso «su vida en expiación por el pecado», pero a la vez «verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho»? (vs 10,11). Claramente tenemos aquí tres elementos importantísimos. 1) Dios Padre entrega al Siervo (Jesucristo) como sacrificio humano. 2) Jesús muere como sustituto en expiación por otros. El Padre derrama sobre él el castigo que los otros pecadores merecen. En contra de la interpretación de ‘gobierno moral’1, este Siervo es un sacrificio humano expiatorio que satisface la ira de Dios2. 3) Jesús vuelve a vivir – verá linaje, vivirá por largos días (un hebraísmo que significa muchas veces eternamente). También leemos que «la voluntad de Jehová será en su mano prosperada». Este Siervo «verá el fruto de la aflicción de su alma». Al vencer la muerte, «justificará a muchos» (vs. 11). 

¿Por qué nos detenemos en estos puntos con relación a nuestro tema, la trinidad? Precisamente porque quiero mostrar cómo la biblia unifica a las dos personas – Padre, Hijo – en la redención. Sin un Dios en tres personas, la redención no hubiera sido posible. Ningún sustituto entre los hombres podría ser encontrado – ningún ser creado pudiera haber muerto en nuestro lugar. Como lo afirma Nahúm:

¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿Y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas (Nahúm 1:6).

Dios exige que se satisfaga su justicia, y Dios mismo provee la respuesta. Sin un Dios trino, estaríamos en nuestros pecados aún. Pero siendo divino, Jesús pudo morir bajo la ira de Dios Padre, expiando nuestros pecados, y pudo volver a vivir, triunfando. Jesús dijo que nadie le quitaba la vida, sino que él mismo la ponía. «Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre» (Juan 10:18). Gracias a un Dios trino, es posible la redención de los seres humanos.

Creo que no es casualidad que junto con el desvío doctrinal sobre la redención (desde Finney para acá) hemos visto la descomposición de la doctrina sobre la trinidad, especialmente dentro de los movimientos de santidad y pentecostalismo. La iglesia Apostólica ha desechado la trinidad, al igual que las iglesias comúnmente denominadas ‘Sólo Jesús’ (en EE.UU. ‘United Pentecostal Church International’ – Iglesia Pentecostal Unida Internacional). Junto con esta aberración se desecha las doctrinas protestantes históricas, tales como la justificación por la fe sola, y por la justicia imputada de Jesucristo. Así vemos que las enseñanzas bíblicas sobre la trinidad están muy relacionadas con sus enseñanzas sobre la redención. Si cae uno, también caerá el otro. 

Podemos ver lo mismo en los ‘profetas’ de nuestros días – en muchas ocasiones se puede detectar confusión y hasta herejía en sus declaraciones sobre la trinidad. Y esto va de la mano con sus declaraciones sobre la salvación. Y casi siempre lo que reemplaza las enseñanzas bíblicas de la obra expiatoria de Cristo es un legalismo esclavizador, o su opuesto, un libertinaje desenfrenado.

El Espíritu Santo

De igual importancia son las enseñanzas bíblicas sobre la tercera persona de la trinidad, el Espíritu Santo. La biblia enseña que Jesús ascendió corporalmente al cielo. Algunos cristianos aparentemente creen que cuando Jesús ascendió al cielo dejó de tener un cuerpo físico y ahora goza de algún tipo de cuerpo amorfo y ubicuo. Sin embargo, la Iglesia histórica siempre ha afirmado una ascensión corporal y física. Ahora bien, Jesús habló con los discípulos antes de su muerte acerca de enviar al ‘Consolador’. Dijo que era ‘mejor’ que él se fuera, porque el Espíritu Santo podría bendecirles en otras formas mejores de lo que Jesús podía con su presencia física. En Juan 14 Jesús está prometiendo el Consolador. En este contexto Jesús dice, «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con él» (Juan 14:23). ¿De qué manera vendrían el Padre y Jesús? En el Espíritu de Dios. Es por esto que Pedro afirma el día de Pentecostés que Jesús, «habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís» (Hechos 2:33). Basado en el cumplimiento de su obra, Jesús ‘ganó’ (por decirlo así), el derecho de derramar el Espíritu Santo sobre su Iglesia. El Espíritu comunica la presencia del Padre y del Hijo. El derramamiento del Espíritu Santo ¡no puede entenderse sin una comprensión de la trinidad! Jesús indica, y Pedro afirma que el derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés fue el cumplimiento de una promesa, la promesa de que el Dios trino moraría con su pueblo. 

El abandono de una teología trinitaria caerá fácilmente en aberraciones en cuanto al Espíritu Santo. Jesús dijo que el Espíritu Santo no hablaría por su propia cuenta, sino que hablaría sólo lo que oyera del Padre y del Hijo, y su única tarea sería «glorificar a Jesús» porque tomaría de lo suyo (Juan 16:13,14; ver la interrelación trinitaria en los vss. 12-15). Lamentablemente hemos visto en las últimas décadas las tristes consecuencias de este abandono, con aquellos que multiplican desesperadamente nuevas ‘unciones’ – ¡como si la unción de la presencia del Dios trino no fuera suficiente! ¡¿Cómo podemos comparar escarcha o risas con el consuelo, la presencia y el confort del Dios trino?! Querido lector. La iglesia evangélica hoy en gran parte ha cambiado un plato de lentejas por su primogenitura. ¡Volvamos a nuestro Dios trino, revelado en las escrituras! La falta de una fe sólida, fundamentada en la salvación y presencia del Dios trino, ha dejado a muchos cristianos anegados en corrientes confusas que no ofrecen claridad doctrinal y muchos menos, consuelo espiritual.

La doctrina de la trinidad y la historia

Durante su historia, la Iglesia de Jesucristo ha tenido que pelear por afirmar las enseñanzas bíblicas sobre la trinidad, porque ha comprendido bien la importancia vital de esta doctrina para la salvación. Los ataques contra la trinidad acompañaban ataques contra la persona y la obra de Jesucristo. En los mismos años en que Arrio (256-336) negaba la divinidad de Jesús, los modalistas y monarquistas negaban la trinidad. La Iglesia respondió con el Credo de Nicea (325), de Constantinopla (381), y luego con el Credo de Calcedonia (451). Pero al pasar los años, de nuevo la ignorancia se apoderó de muchos. Al reventar la Reforma protestante bajo Martín Lutero, Juan Calvino, Martín Bucer y otros, muchos indisciplinados e ignorantes fueron llevados por sus impulsos sin conocimiento. Dentro del movimiento anabautista surgieron graves problemas doctrinales en cuanto a la función e identidad de las personas de la trinidad. En una ocasión se dice que Lutero comentó (con su típica caridad), encolerizado por las tonterías que se oía de parte de personas infladas con una falsa ‘espiritualidad’ ignorante: «Mi puerco sabe más del Espíritu Santo que todos ellos». Es por esto que todas las confesiones que fueron confeccionadas en la época de la Reforma de parte de las iglesias Reformadas, Luteranas, Presbiterianas y luego las Bautistas repiten las doctrinas históricas de la Iglesia sobre la trinidad – ¡a veces en el primer artículo!3

Por otro lado, los socinianos atacaron la doctrina de la trinidad como una doctrina anti-racional. Como Servet, quien denunció la doctrina de la trinidad como una doctrina que promovía un «monstruo de tres cabezas», los socinianos negaban la divinidad de Cristo, afirmaban una fe unitaria y la salvación con base en obras. Podemos ver tanto en los anabautistas fanáticos como en los socinianos racionalistas, que junto con las aberraciones doctrinales sobre la trinidad, cayeron en herejías sobre la salvación. En cambio, los reformadores fueron cuidadosos y se unieron con la Iglesia histórica y ortodoxa en sus declaraciones sobre la trinidad, y con base en el testimonio bíblico, reafirmaron las doctrinas bíblicas sobre la salvación, tales como la justificación por la imputación de la justicia de Cristo por la fe. Encontramos en Juan Calvino un ejemplo cabal de un teólogo que comprendía la estrecha unión entre las doctrinas de la trinidad y de la redención. Y es por esto que Calvino y los otros reformadores pudieron navegar entre los dos polos equivocados de los anabautistas fanáticos y los socinianos racionalistas.

Fundamentalmente, los reformadores siguieron a Anselmo (1033-1109) en su exposición de la obra de Cristo en su Cur Deus Homo? (¿Por qué Dios-Hombre?). En su tratado, Anselmo afirma la absoluta necesidad de la encarnación de Dios mismo para poder salvar la raza humana. A la vez, afirma la necesidad de aplacar la ira y cumplir con la justicia de Dios. Sólo un Dios trino podía traer esta salvación, cuando Cristo pagó ante el Padre nuestra deuda. Anselmo seguía en la linea de la Iglesia Primitiva. Y los reformadores siguieron en la linea de Anselmo y la Iglesia histórica.

Durante el siglo 19 una porción grande de la iglesia protestante comenzó a apartarse de una fe doctrinal e histórica, y creció una práctica anti-doctrinal y legalista. Estas tendencias crecieron dentro de los movimientos de ‘santidad’, y fueron transmitidas a las nacientes denominaciones pentecostales del siglo 20. Al zafarse de un fundamento histórico, cayeron fácilmente en aberraciones doctrinales serias, incluyendo el deshecho del fundamento del protestantismo – la justificación por la imputación de la justicia de Cristo, ¡y la misma trinidad! (arriba se mencionó los movimientos unitarios entre los pentecostales). Sin embargo, la plaga ha sido contagiosa. No sólo los pentecostales sucumbieron a una fe anti-doctrinal, sino muchos Metodistas, Presbiterianos, Reformados, y Bautistas también. Prueba de ello es la triste evidencia de congregaciones debilitadas seriamente, muchas reteniendo una forma externa de su tradición, pero raquíticas en su comprensión y vivencia de una fe bíblica. Y como siempre, las aberraciones doctrinales llegan a afectar el concepto de la salvación misma. Denominaciones que antes pregonaban con poder la salvación de Dios por gracia, hoy murmuran sobre cosas inocuas, promueven ‘programas’ en lugar del evangelio, y han perdido su antigua práctica de exposición sólida de la biblia. Algunos han llegado a negar que Jesucristo sea el único camino de salvación.

Conclusión

Los pilares de la fe cristiana no consisten de fragmentos o pedazos, sino de un sistema de doctrina coherente, que Dios ha revelado en las escrituras. Equivocarse en una o más partes es como introducir polilla en estos pilares, que come y debilita la totalidad. Hemos visto muy brevemente en este ensayo que las enseñanzas bíblicas sobre la trinidad son importantes en relación con la redención del hombre. Ni siquiera hemos explorado otras áreas o relaciones (como por ejemplo la doctrina de la Iglesia, la escatología, la consejería, y otros). 

Hoy la iglesia protestante en gran parte languidece cómodamente en su fe sentimental e ignorante. El costo ha sido alto. Las pérdidas han sido fuertes, tal vez irreparables en algunos casos, a menos que Dios intervenga. Personalmente estoy convencido que las banderas que levantaron los reformadores Lutero, Calvino y otros deben ser de nuevo levantadas: Solo las escrituras, sólo por gracia, sólo por fe, sólo Cristo. 

A %d blogueros les gusta esto: