LA TEOLOGÍA DE CALVINO

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 11, No. 2

1. Introducción

Celebramos este año 500 años desde el nacimiento de Juan Calvino el 10 de Julio, 1509. Y sea que uno simpatice con su enseñanza o no, hay que reconocer que Calvino tuvo, y tiene, una gran influencia sobre sectores significativos de la Iglesia y sociedad. Aprovechando la ocasión, muchos buenos artículos sobre la vida y la teología de Juan Calvino han sido escritos, de modo que yo me pregunto si puedo añadir algo que no se haya dicho ya. Probablemente no lo puedo hacer. Entonces, ya que no pretendo dar un gran aporte creativo a lo que muchos están haciendo de manera mucho más erudita, quiero compartir algunas facetas de la teología de Juan Calvino que a mí me han impactado, e influyen en mi vida y ministerio hasta el presente.

Mi análisis es tomado principalmente de su Institución de la Religión Cristiana. Pero es generalmente reconocido que Calvino era un pensador tan consistente que no se encuentra contradicciones entre sus comentarios y sus obras teológicas. Sus enemigos en su propia época intentaban, por calumnia, atraparlo en inconsistencias, pero no pudieron. Otros en tiempos más modernos han buscado inconsistencias, o bien ‘el verdadero Calvino’, en sus escritos, especialmente sobre la enseñanza de la predestinación y sobre las Escrituras. Pero todos estos fútiles esfuerzos han caído al suelo. Tenemos en Juan Calvino un pensador sorprendentemente consistente, cuya teología se fundamenta en su exégesis sencilla y directa de la Biblia.

2. Estructura de La Institución

Calvino organiza su obra en cuatro libros, que siguen un proceso natural y bíblico. Cuando uno lee la Institución, se hace evidente que el propósito de Calvino es llevar el lector hacia un fe sólida en medio de un mundo de filosofías y teologías enemigas de la fe. Su Institución realmente es el ‘Manual de discipulado’ de Calvino. Y consciente que está conduciendo personas hacia una fe bíblica, Calvino sencillamente sigue un orden lógico en la revelación de Dios.

En el Primer libro, Calvino trata «Del conocimiento de Dios en cuanto es Creador y Supremo Gobernador de todo el mundo». Es una exposición brillante de la manifestación de Dios primero en la creación, y segundo por medio de su Palabra. La revelación de Dios en la creación deja a los hombres sin excusa, pero Dios se revela en la Palabra con el propósito de conducir a los hombres a la salvación. En esta sección Calvino expone su doctrina de la Biblia como completa y suficiente revelación de Dios para la salvación (Sola Scriptura), doctrina que llegó a ser uno de los pilares del verdadero Protestantismo, doctrina que hoy es traicionada por los pseudo-Protestantes que se asemejan más al Catolicismo en su doctrina de la Biblia.

En el Segundo libro, Calvino trata la esencia del pecado como la total corrupción de la naturaleza humana, trata también la ley y sus funciones, y a Jesucristo como único mediador y Salvador. Otra vez encontramos los distintivos de los reformadores Protestantes contrastados con el Catolicismo Romano, los anabautistas, y los socinianos. De una forma u otra, las otras tendencias teológicas niegan el profundo efecto del pecado, y por ende, no pueden apreciar plenamente la persona y obra de Cristo. Si algo caracteriza la teología de Calvino, es el término ‘Cristocéntrica’.

El Tercer libro trata de la manera en que nos hacemos partícipes de Cristo, es decir, la verdadera fe, el arrepentimiento, la regeneración y la justificación. Calvino forjó camino en esta materia, ya que el romanismo había confundido y oscurecido tanto la doctrina de la verdadera fe con sutilezas, contradicciones, supersticiones y mezclas de Platón, Aristóteles y la Biblia. Aquí nuestro Reformador brindó un gran servicio a la Iglesia por medio de su exposición amplia del testimonio bíblico, exaltando una vez más la soberanía de Dios en la salvación, quién produce la fe en nuestro corazón, produce el verdadero arrepentimiento, y quien nos imputa la perfecta justicia de Cristo mediante esta fe. 

En el Cuarto libro Calvino trata la Iglesia como la madre de los fieles hasta que Dios nos lleve al cielo, y el principal medio por el cual Dios nos engendra, nos discipula, y dentro de la cual servimos a Dios, a nuestros hermanos, y al mundo. Muchos ‘Protestantes’ hoy se sorprenderían al saber que Calvino creía que ‘fuera de la Iglesia no hay salvación’ (IV:1:1,4). Pero en Calvino había siempre el reconocimiento que Dios se sirve de medios terrenales para llevar a cabo su salvación, y la Iglesia justamente es uno de estos medios que Dios ha establecido para la salvación de su pueblo. Dentro de la Iglesia encontramos los otros medios principales de la salvación: la predicación de la Palabra por pastores debidamente preparados y reconocidos, y la administración de los sacramentos. En esta sección Calvino tiene buenos tratamientos de las supersticiones que se añaden siempre en la Iglesia, y conviene repasar algunos de estos temas, ya que hoy ciertas iglesias ‘protestantes’ quieren volver a aspectos romanos. La estructura sencilla, bíblica y lógica de la Institución de Calvino cumple el propósito del autor al proveer una ayuda para la fe de los creyentes. Ahora queremos mencionar algunos puntos relacionados con los temas principales.

2.1 Dios Creador

De manera inigualable Calvino presenta al comienzo del primer libro la relación estrecha entre el conocimiento de Dios y el conocimiento verdadero de nosotros mismos. Afirma que es imposible conocernos a nosotros mismos verdaderamente sin elevar la mirada a Dios, nuestro Creador. Y ¿qué miramos cuando comparamos a Dios con nosotros? 

«Así, por el sentimiento de nuestra ignorancia, vanidad, pobreza, enfermedad, y finalmente perversidad y corrupción propia, reconocemos que en ninguna otra parte, sino en Dios, hay verdadera sabiduría, firme virtud, perfecta abundancia de todos los bienes y pureza de justicia» (I:1:1). 

Calvino afirma que al contemplar la perfección de la sabiduría de Dios, además que su sublimejusticia a la cual debemos conformarnos, se producirá 

«…aquel horror y espanto con el que, según dice muchas veces la Escritura, los santos han sido afligidos y abatidos siempre que sentían la presencia de Dios. Porque vemos que cuando Dios estaba alejado de ellos, se sentían fuertes y valientes; pero en cuanto Dios mostraba su gloria, temblaban y temían, como si se sintiesen desvanecer y morir» (I:1:3).

En este contexto, Calvino otra vez hace la pregunta,

«¿Y qué hará el hombre, que no es más que podredumbre y hediondez, cuando los mismos querubines se ven obligados a cubrir su cara por el espanto? (Is. 6:2). Por esto el profeta Isaías dice que el sol se avergonzará y la luna se confundirá, cuando reinare el Señor de los Ejércitos (Is. 24:23 y 2:10,19); es decir: al mostrar su claridad y al hacerla resplandecer más de cerca, lo más claro del mundo quedará, en comparación con ella, en tinieblas» (I:1:3). 

El horror que el pecador Calvino sentía al contemplar a Dios es el mismo horror que muchos humanistas han sentido —pero no ante Dios sino ante estas descripciones calvinistas. Es por esto que los humanistas —tanto los ateos como los humanistas ‘cristianos’— sienten repulsión de Calvino y de su Dios soberano, justo, y espantoso. Y muchos han sido los vituperios contra Calvino, especialmente de parte de ciertos sectores de la Iglesia. Pero hay una diferencia entre los humanistas y Calvino: Calvino reconocía tanto la justicia y gloria de Dios, como su amor y gracia en Cristo su Hijo. El Dios ante quien los mismos querubines cubren sus rostros, el Dios fuego consumidor, derramó el pago pleno por el pecado sobre Jesucristo, así absolviendo completamente a sus hijos mediante la fe. De modo que para Juan Calvino el conocimiento de la gloria, justicia y poder de Dios es crucial para comprender la grandeza y alcance de la obra de Cristo. Sin el uno no podemos recibir lo otro. Personalmente, creo que esto explica la poca profundidad de amor y compromiso en grandes sectores de la Iglesia hoy, además de la búsqueda alocada de cualquier moda nueva para entretener a las masas: su comprensión y amor por Cristo es casi nulo.

Los que rechazan las enseñanzas bíblicas sobre el carácter de Dios, deseando ‘domesticar’ a Dios, lo hacen cometiendo dos errores grandes que afligen la Iglesia Protestante hoy. En primer lugar ignoran el énfasis bíblico que Calvino destaca sobre la infinita justicia, santidad, y virtud de Dios, y re-crean un Dios menos horroroso, menos temible, más amable, así quitando a Dios de su trono en el cielo para que esté casi a nivel de la tierra. Y en segundo lugar, levantan el hombre de un ser lleno de ‘podredumbre y hediondez’ espiritual, como lo afirma Calvino, a un ser que puede hablar con Dios casi en términos de ‘tú a tú’.

Nuestro concepto de Dios afecta todo aspecto de nuestra lectura bíblica, y todo aspecto de nuestra doctrina y práctica. Es por esto que Calvino empieza con este punto vital. Toda nuestra relación con Dios depende de una correcta comprensión de nuestro Creador. Todo concepto de nosotros mismos depende de una correcta comprensión de nuestro Creador y su relación con nosotros.

Durante muchos años he tenido la oportunidad de ayudar a restaurar personas mal-adoctrinadas que vienen a nuestra congregación de denominaciones aberradas. Siempre tenemos que empezar con este punto. Siempre encuentro que la mayoría de sus problemas personales y espirituales estriban de un mal concepto de Dios y su relación con Él. Tristemente he llegado a la conclusión que muchos templos con rótulos que dicen ‘Evangélico’ no lo son. Han perdido el Evangelio al perder a Dios, sustituyendo doctrinas de hombres, y hasta de demonios. Duele decirlo, porque han pasado quinientos años. Pero quizás Juan Calvino necesita trazar para nosotros una vez más el camino para una ‘Nueva Reforma’ que la misma iglesia Protestante hoy necesita. 

2.2 La Palabra de Dios

Para pasar de muerte a vida eterna, dice Calvino, es necesario no sólo conocer a Dios como Creador, sino también como Redentor; «y lo uno y lo otro lo alcanzaron por la Palabra» (I:VI:1). Dios se ha revelado a sí mismo mediante las Escrituras, y son el principal medio para obtener la vida eterna y recibir el consuelo de Dios en esta vida. Los hijos espirituales de Calvino llegaron a ser conocidos como quienes tomaban las Escrituras en serio, aprendiendo los idiomas originales, creando iglesias que tomaban en serio el puesto de predicador. 

Sin embargo, a pesar del énfasis de Calvino en el buen estudio de la Biblia, creía que su comprensión era alcanzable en gran medida por todo Cristiano. Ginebra fue famosa por sus escuelas, academias y seminario teológico, y fue primero en Ginebra donde la educación primaria fue obligatoria: ¡para que todos pudieran leer la Biblia! Dice Calvino con respecto a la Biblia: 

Porque como los viejos o los lacrimosos o los que tienen cualquier otra enfermedad de los ojos, si les ponen delante un hermoso libro de bonita letra, aunque vean que hay algo escrito no pueden leer dos palabras, mas poniéndose anteojos comienzan a leer claramente, de la misma manera la Escritura, recogiendo en nuestro entendimiento el conocimiento de Dios, que de otra manera sería confuso, y deshaciendo la oscuridad, nos muestra muy a las claras al verdadero Dios» (I:VI:1). 

¿Cómo puede Calvino estar tan seguro que las Escrituras nos mostrarán a Dios? Porque el mismo Espíritu Santo que las inspiró da testimonio en nosotros por medio de la Biblia. Calvino lo llamó «El Testimonio interno del Espíritu Santo» (I:VII:5,6), y este punto enfoca una verdad que urge ser rescatada hoy. Algunos sectores de la Iglesia Protestante creen que es necesario establecer la veracidad de la Biblia con razonamientos y defensas. Otros sectores creen que es necesario añadir profecías contemporáneas a la Biblia. Quiero citar a Calvino con unas palabras amplias del reformador donde afirma la necesidad y posibilidad de tener absoluta certeza en cuanto a la Biblia: 

«Como los profanos piensan que la religión consiste solamente en una opinión, por no creer ninguna cosa temeraria y ligeramente quieren y exigen que se les pruebe con razones que Moisés y los profetas han hablado inspirados por el Espíritu Santo. A lo cual respondo que el testimonio que da el Espíritu Santo es mucho más excelente que cualquier otra razón. Porque, aunque Dios solo es testigo suficiente de sí mismo en su Palabra, con todo a esta Palabra nunca se le dará crédito en el corazón de los hombres mientras no sea sellada con el testimonio interior del Espíritu. Así que es menester que el mismo Espíritu que habló por boca de los profetas, penetre dentro de nuestros corazones y los toque eficazmente para persuadirles de que los profetas han dicho fielmente lo que les era mandado por el Espíritu Santo…» (I:VII:5).

Quiero notar tres cosas con relación a la perspectiva de Calvino sobre la Biblia. Primero, Calvino creía que la Biblia llevaba en sí la evidencia de que Dios es su autor: «Dios solo es testigo suficiente de sí mismo en su Palabra…» El problema que los hombres tenemos con creer la Biblia no viene por ningún defecto en la Biblia. Ella es perfecta, y lleva en sí las evidencias claras de ser la misma Palabra de Dios.

Segundo, a causa del pecado y la incredulidad Dios envía su Espíritu Santo que da testimonio en nosotros a la Palabra. El Espíritu Santo no está haciendo otra cosa que confirmar la veracidad y fidelidad de la Biblia para nuestros corazones: «Así que es menester que el mismo Espíritu que habló por boca de los profetas, penetre dentro de nuestros corazones …para persuadirles de que los profetas han dicho fielmente…» El testimonio del Espíritu Santo no es una operación aparte de la Biblia, sino un testimonio a la Biblia.

Tercero, Calvino muestra cómo el Espíritu Santo y la Palabra de Dios obran juntos en la salvación —nunca separados—. Esto muestra la fidelidad de Dios: siendo un Dios de pacto, se ha comprometido con los medios que Él estableció. Los hijos de Dios tenemos una garantía de que su Palabra cumplirá aquello por lo cual es enviada, porque el mismo Espíritu Santo que la inspiró siempre la acompañará.

Las implicaciones para nuestros tiempos son profundas e importantes. Todo movimiento religioso que intente separar la Palabra del Espíritu Santo viola el testimonio de las Escrituras. Según Calvino, los que desprecian la Biblia ignorándola, nunca han sido tocadas por el Espíritu de Dios. No debe ser sorpresa para nosotros el crecimiento estrepitoso de ‘doctrinas de hombres’. Es que no tienen el Espíritu Santo.

2.3 Fe, santificación y justificación

Una de las grandes contribuciones a la teología bíblica por Juan Calvino es su aporte sobre la naturaleza de la fe y la salvación en Cristo. Para Calvino es clara la enseñanza bíblica de que la fe es un don de Dios, dado soberanamente a quien Dios ha determinado según el puro afecto de su voluntad (Ef. 1:5). El reconocimiento de la naturaleza divina y soberana de la fe le permitió a Calvino apreciar de manera más profunda la operación de Dios en la salvación. Por esto Calvino puede hablar de la fe como aquel don «mediante el cual gozamos de Cristo y de todos sus bienes» (III:I:1). Por la fe (dada por Dios) estamos unidos al Salvador (dado por Dios) por la promesa del Evangelio (dado por Dios). El concepto calvinista de la fe y salvación desde el comienzo incluye un profundo sentido de seguridad, confianza y consuelo. 

Calvino presenta la salvación en Cristo de una manera muy balanceada que algunos seguidores han olvidado. De hecho, ante las calumnias de los católicos, Calvino invierte el orden de su tratamiento contrastado con, por ejemplo, Lutero (¡y muchos seguidores de Calvino hoy!). Los católicos acusaban a los reformadores de despreciar el llamado de Dios a la santidad, ya que enfatizaban la justificación por la fe sola aparte de toda obra. Los católicos se espantaban ante el énfasis de Lutero de simil justus et peccator (simultáneamente justo y pecador), y Calvino, sin ceder la enseñanza bíblica de la justificación gratuita de Dios por la imputación de la justicia de Cristo, presenta la redención en Cristo de manera más robusta de lo que hizo Lutero. 

El mismo orden que emplea Calvino es de mucha importancia. Antes de tratar la justificación por la fe, trata la ‘regeneración’ o lo que llamamos hoy la santificación, ¡y ocupa 150 páginas para hacerlo! (III:I al III:X). Calvino expresa la redención como una ‘doble gracia’ —la justificación y la santificación—, y son inseparables (III:X:1). Dice, 

«Así como Cristo no puede ser dividido en dos partes, de la misma manera la justicia y la santificación son inseparables, y las recibimos juntamente en El. Por tanto, todos aquellos a quienes Dios recibe en su gracia, son revestidos a la vez del Espíritu de adopción, y con la virtud de la misma reformados a Su imagen» (III:X:6). 

Para Calvino, ‘recibir a Cristo y todos sus beneficios’ significa recibir tanto la justificación y la santificación, y ambas son de gracia. Como Calvino afirma la absoluta soberanía de Dios y excluye toda obra de la salvación, puede apreciar la enseñanza bíblica en su plenitud. Recibimos la justicia imputada de Cristo (la justificación), y recibimos naturalezas nuevas por el Espíritu Santo (la santificación) —y ambas cosas por gracia—.

Muchas personas tropiezan intentando salvar la libertad del hombre, o tratando de rescatar a Dios para que no sea el autor del pecado. Este tema Calvino lo trató ampliamente en Predestinación y Providencia (San Jose: CLIR, 2008), respondiendo a Pighio y Georgio. Calvino no se complica con temas que la Biblia no explica para la satisfacción de los indebidamente curiosos. Su respuesta es a la vez profunda, y sumamente sencilla. La soberanía de Dios no anula la libertad del hombre. Tampoco hace que Dios sea autor del pecado —¡jamás!— Tales sofismos y racionalizaciones son ejercicios que Dios prohíbe, ya que no nos ha dado permiso de indagar en cosas que le quedan a Él (Ro. 9:19,20). Sabemos que el hombre ejerce su voluntad de acuerdo a su naturaleza, sabemos que somos llamados a dar a Dios toda la gloria, y sabemos que cuando lo llegamos a hacer, toda la gloria es para Dios. Él que hace ‘tanto el querer como el hacer por su santa voluntad’. 

En cuanto a la doctrina de la justificación, la explicación de Calvino es una de las más lúcidas de todo los siglos, y se manifiesta su vasto conocimiento del testimonio bíblico de principio a fin. En un día en que no existían concordancias en computadora (¡creo que no existían concordancias algunas!), es verdaderamente impresionante la amplitud del conocimiento de Calvino de una gama inmensa de pasajes relacionados con el tema. Pero eso no lo es todo, sino que Calvino estaba totalmente inmerso en la historia del debate desde los primeros padres de la Iglesia hasta el presente. Habla como teólogo que tiene dominio del tema, no como dando opiniones a lo loco. 

Hace unos años compartí una conferencia en Costa Rica sobre la justificación por la fe. Ninguno de los que me oyeron había oído de esta enseñanza, o si había oído no entendía nada sobre ello. ¡Qué tristeza! El grito de batalla de la Reforma Protestante: «¡Justificados por la sola gracia de Dios mediante la fe, sin obras!» ha sido silenciado, y se oye en su lugar la inmunda bulla de pregonar una vez más nuestra propia justicia. Si la justificación no se conoce, y tampoco se enseña, estamos del todo anegados una vez más en la falsa religiosidad. Terminamos esta parte con palabras de Calvino sobre la justificación. Dice que la debemos tener presente, 

«…como uno de los principales artículos de la religión cristiana, para que cada uno ponga el mayor cuidado posible en conocer la solución. Porque si ante todas las cosas no comprende el hombre en qué estima le tiene Dios, encontrándose sin fundamente alguno en que apoyar su salvación, carece igualmente de fundamento sobre el cual asegurar su religión y culto que debe a Dios» (III:XI:1). 

Es para todos claro que Calvino considera que si no estamos claros en cuanto a la justificación por la fe, todas las otras facetas de nuestra religión y culto son ‘sin fundamento’. Creo que Calvino describe a muchos en nuestro medio hoy. 

2.4 La Iglesia 

Finalmente quiero señalar unas cosas sobre el concepto que Calvino tenía de la Iglesia. En esta materia Calvino rompe con el sacramentalismo de Roma, pero no desecha el alto estima que todos los grandes padres primitivos tenían por la Iglesia. Para Calvino, no existe salvación fuera de la Iglesia, porque es el medio por el cual Dios recoge a sus hijos, los instruye, y los encamina. 

«…no hay otro camino para llegar a la vida sino que seamos concebidos en el seno de esta madre, que nos dé a luz, que nos alimente con sus pechos, y que nos ampare y defienda hasta que, despojados de esta carne mortal, seamos semejantes a los ángeles (Mt. 22:30). Porque nuestra debilidad no sufre que seamos despedidos de la escuela hasta que hayamos pasado toda nuestra vida como discípulos» (IV:I:4). 

Son dos ministerios principales que tiene la Iglesia para convertir, confirmar y discipular a los Cristianos: la predicación de la Palabra y la administración de los sacramentos. Los dos están íntimamente ligados, ya que los sacramentos confirman las promesas de Dios para nosotros, y nos confirman a nosotros en ellas (IV:XIV:3). Una vez más vemos que Calvino aprecia la eficacia soberana de Dios mediante su Palabra y los sellos y señales que escogió para fortalecer nuestra fe (Santa Cena y Bautismo). De igual modo que la Palabra obra eficazmente en los creyentes la fe y la obediencia, así los sacramentos confirman esta gracia a los creyentes. Es por esto que los sacramentos no pueden ser administrados aparte de la Palabra, como lo hace Roma. El poder y la eficacia del sacramento es la misma Palabra, porque el sacramento señala y sella las promesas de la Palabra. Calvino usa el ejemplo de un documento sellado con sello oficial: el sello no tiene ningún valor en sí mismo aparte del documento que guarda. Asimismo, pan y vino no tienen ningún valor particular aparte de las promesas que señalan (IV:XIV:5). Es por esto que los sacramentos no deben ser administrados de forma ‘mística’ o ‘mágica’, sino en el contexto de la predicación de Jesucristo y su salvación. 

En relación a esto, encontramos la tentación hoy en algunas iglesias evangélicas de ir a un extremo o al otro. Unas han perdido todo sentido de la presencia real de Cristo en los sacramentos, practicando un mero acto humano, hasta con frivolidad. Por otro lado, otras iglesias casi han vuelto al misticismo de Roma, de nuevo olvidando el lugar de la Palabra en relación a los sacramentos, y practicando un rito religioso como si tuviera eficacia ‘ex opere operato’, como lo enseñaba Roma. Si Dios ha establecido los sacramentos como una de las formas de edificar a su pueblo, la falta de practicarlos como Dios dispone les roba a los creyentes su bendición. 

En cuanto a ‘eclesiología’, es decir, la doctrina de la Iglesia, Calvino escribe todo el cuarto libro sobre los diferentes aspectos de ella. Calvino encontraba la voluntad de Dios para su pueblo del principio al fin de la Biblia, y creía que cada aspecto de la Iglesia merecía nuestra mayor reverencia. Y al tomar tan en serio el papel y función de la Iglesia, Calvino creó una tradición que siguió este ejemplo, contribuyendo a un linaje reformado que crea congregaciones sólidas, serias, y trabajadoras. Al conocer la gracia y amor de Dios inmerecidos, los verdaderos reformados se despojan para ayudar a otros que necesitan el amor de Dios en formas físicas o espirituales. 

Me acuerdo de un hermano que visitaba nuestra congregación cuando estaba entre una iglesia y otra. Era pentecostal, y siempre buscaba iglesias con ‘las manifestaciones del Espíritu Santo’, porque la nuestra no tenía el Espíritu de Dios. Es decir, no caíamos al suelo, y no bailábamos como a él le gustaba. Cuando encontraba su nueva iglesia carismática, se desaparecía, y disfrutaba un tiempo del ‘poder de Dios’ en sus cultos. Pero algo siempre pasaba. Después de unos meses ahí aparecía otra vez, y nosotros le recibíamos, hasta que encontraba otra congregación de nuevo (la verdad es, que el hermano tenía una personalidad bien difícil, y siempre terminaba peleando con alguien). Su esposa se congregaba con nosotros, y muchas veces pasaban necesidades, y con mucho amor la congregación les ayudaba materialmente. Pues, ¿cuál fue el veredicto del hermano? Que nuestra iglesia no tenía el Espíritu Santo, ¡pero sí tenía mucho amor! Tristemente este hombre nunca comprendió la situación, pero la respuesta de nuestra congregación realmente era motivada por gratitud a Dios por habernos salvado a nosotros por gracia: «De gracia recibisteis, dad de gracia». Y es precisamente la obra del Espíritu Santo producir esta gratitud y amor en nuestro corazón. Esto es parte del legado de Calvino, ayudando a las iglesias a ver todo acontecimiento en la vida como una oportunidad de agradar a Dios por su salvación. 

3. Conclusión 

La teología de Juan Calvino me ha ayudado mucho en mi trabajo pastoral a apreciar tanto la grandeza, soberanía y justicia de Dios, así como la magnitud de su amor, gracia y ternura. También el énfasis en Calvino de que todo el consejo de Dios es útil para el Cristiano, es un mensaje importante hoy. Si Dios reveló algo en la Biblia, es para nuestra edificación, y no debe ser ocultado. Otra enseñanza que Calvino encuentra en la Biblia que nos puede ayudar mucho hoy es la forma en que Dios se sirve de medios para nuestras debilidades, incluyendo la Iglesia, los sacramentos, el ministerio de la Palabra, y otros. La Biblia dice que debemos acordarnos de nuestros pastores, que nos hablaron la palabra de Dios y considerar cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitar su fe (He. 13:7). En la ocasión de los 500 años después del nacimiento de Calvino, es apropiado que ‘recordemos’ a este pastor de Cristo, que ‘consideremos’ el resultado de su conducta, y que ‘imitemos’ su fe. Por mi parte he encontrado gran motivación para mi vida personal y pastoral en este humilde siervo de Dios, que no permitió que marcaran su tumba, sino que quería un sepelio común —cumpliendo en su último acto el lema de su vida: Soli Deo Gloria— ¡A Dios sólo la gloria!

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