LA SANTA CENA: ¿PARA QUIÉNES?

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 10, No. 2

Muchas iglesias evangélicas tienen la práctica de dejar la participación de la Santa Cena a la consciencia de cada uno. En nuestros tiempos en que tantos ‘evangélicos’ andan de iglesia en iglesia, muchos pastores se han dado por vencido en cuanto a asegurar que sólo sean creyentes que participen, y se limitan a dar una pequeña advertencia de probar su corazón, y así se invita a todos. Otros pastores, por la mala enseñanza que recibieron, piensan que es un asunto totalmente individual – entre la persona y Dios – y que el pastor y los ancianos no pueden hacer nada para impedir que se tome la Santa Cena. Creo que es necesario echar un vistazo a la Biblia en cuanto a cómo practicar la Santa Cena de una manera bíblica. Aquí no vamos a explorar toda la enseñanza rica sobre este sacramento, sino sólo lo que atañe a los participantes. Para una exposición amplia, el lector podría consultar La Institución de Calvino en la respectiva sección, y también las confesiones históricas con sus bases bíblicas, tales como la Confesión de Fe de Westminster, la Confesión de Fe de Londres, el Catecismo Mayor de Westminster, la Confesión Belga, y el Catecismo de Heidelberg.

El Antiguo Testamento

Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, Dios siempre ha dejado señales y signos de su gracia y su salvación. La circuncisión era señal del ‘pacto’ entre Dios y Abraham, y de hecho se llama el ‘pacto’ entre Dios y Abraham (Génesis 17:10). Dios se había comprometido con Abraham en gracia (Génesis 12:1-3), y la respuesta de Abraham era responder a Dios observando la señal del pacto (la circuncisión) y andar delante de Dios en santidad (Génesis 17:1).

El hecho de que la circuncisión se llama ‘un pacto’ es muy significativo. En la Biblia es siempre Dios quien establece el pacto. Dios toma la iniciativa, y Dios establece las condiciones. Abraham era receptor de este pacto, y su papel era responder en fe y obediencia al pacto de Dios. Una de las respuestas de fe era observar la circuncisión en sus hijos, así afirmando públicamente que creía en las promesas de Dios. Observar este ‘pacto’ significaba reconocer la prioridad de Dios, y responder en obediencia y fe. Lo importante de notar aquí es que Abraham no ponía su propias condiciones, sino aceptaba las condiciones de Dios en el pacto.

Cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto, les dio una segunda señal – la pascua. Esta cena de recuerdo debía formar parte de la identidad de Israel para todas las futuras generaciones. La pascua celebraba el terrible juicio de Dios sobre los egipcios opresores, y la salvación y promesa de Dios de la tierra de Canaán. La pascua también celebra el ‘pacto’ con Dios, y la encontramos específicamente en contextos de ‘pacto’ (Ex 34:25-27; 1 Reyes 23:21; 2 Crónicas 34:30-35:1). La pascua no celebraba lo que hicieron los Israelitas – ya que ellos eran incapaces de librarse de Egipto. Al contrario, la pascua celebraba la salvación soberana de Dios al costo de la muerte de los primogénitos. Aunque en sombras, Dios estaba señalando que la salvación verdadera no era en última instancia de Egipto, sino del pecado, ya que se debía derramar sangre y redimir a sus propios primogénitos con sangre también. La pascua señala la redención de Dios por medio de un sacrificio sustitutivo. Y la pascua celebraba una salvación que venía de Dios soberanamente – es decir, los Israelitas no ponían las condiciones.

Solamente los Israelitas circuncidados podían celebrar la pascua. Ningún incircunciso podía recibirla (Ex 12:48). Con esto Dios estaba indicando que era una señal de salvación que debía ser recibida por fe. No podía ser celebrada por motivos supersticiosos. Un pagano visitando a Israel en la época de la pascua podía haber pensado “Tal vez me trae buena suerte participar de los ritos religiosos de esta gente”. Pero Dios prohibió tajantemente la participación de todo aquél que no estuviera dispuesto a demostrar su fe – por medio de la circuncisión.

Es importante notar que Dios hace una conexión estrecha entre la circuncisión y la pascua. La circuncisión era prerequisito para la pascua. Ya vimos que en la circuncisión el Israelita estaba honrando a Dios como el que establecía las condiciones del pacto. De modo que el participante en la pascua (los hombres – jefes de hogar) ya llevaba en su cuerpo la señal de sumisión humilde a las condiciones del pacto de Dios.

El Nuevo Testamento

La enseñanza del Antiguo Testamento es ratificada y profundizada en el Nuevo con respecto a la Santa Cena. En primer lugar, el ‘comer la carne y beber la sangre’ de Jesús significa mirar hacia Cristo solamente para remisión de pecados y salvación. En Juan 6, Jesús da una enseñanza amplia sobre esto, cuando habla de ‘venir’ a él para vida eterna (Juan 6:37,44) y recibir vida del verdadero ‘pan de vida’ (Juan 6:51- 56). Aunque los oyente mal-entendieron lo que estaba diciendo, Jesús se refería a ‘permanecer en él’ por la fe, y así recibir vida nueva (Juan 6:56,58). De modo que entendemos que la Santa Cena significa y señala la muerte sustitutiva de Cristo por su pueblo, y la necesidad de ‘venir a Jesús’ para la salvación.

La conexión con el bautismo debe ser clara. En el bautismo (al igual que la circuncisión) recibimos las promesas de Dios de salvación, con el llamado de humillarnos y aceptar las condiciones de su pacto. Sería incomprensible dar la Santa Cena a alguien que no haya sido bautizado primero – por los mismos motivos que la circuncisión debía preceder la pascua en el Antiguo Testamento. El bautismo es la señal de nuestra necesidad de salvación por Dios, es el ‘rocío’ de la limpieza con la sangre del pacto, y provee la entrada al pueblo del pacto. La Santa Cena es la cena de comunión con Dios y su pueblo, al celebrar una y otra vez su gracia.

Membresía en la iglesia local y la Santa Cena

Queremos mostrar ahora que la Biblia exige compromiso con una iglesia local para poder participar de la Cena del Señor. Uno de los grandes problemas de nuestros tiempos es el caos eclesiástico, y los conceptos pobres en cuanto a la naturaleza de la iglesia. Existe hoy la idea de que si una persona ‘recibió al Señor’ en alguna iglesia en el pasado, ahora puede andar de iglesia en iglesia, tomando la Santa Cena, sin estar bajo la disciplina y pastoreo de una iglesia local.

Hay varias facetas que debemos notar en cuanto a este tema. En primer lugar, ya notamos arriba que según Jesús, ‘comer su carne’ significa estar unido a él en fe. Pablo amplia la idea de ‘estar en Cristo’ en Efesios 4, y se debe notar la íntima relación entre estar en Cristo y formar parte del cuerpo de Cristo que es la iglesia local:

“…sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4:15-16).

Si estamos ligados a la Cabeza – Cristo – entonces estamos en el proceso de crecimiento junto con otros Cristianos, sirviéndoles y recibiendo edificación. Cuando tomamos la Santa Cena estamos diciendo “Estoy unido a Cristo por la fe”. Pero la Biblia no nos permite tener un medio-Jesús, sino que recibimos a un Jesús entero. Y el Jesús de la Biblia nos incorpora en su cuerpo para dar y recibir edificación, a fin de crecer en la madurez.

Este mismo contexto de Efesios contiene las siguientes palabras:

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13).

Si Jesús mismo dio a los pastores y maestros para nuestro perfeccionamiento, no es posible participar de la Santa Cena mientras menospreciamos el cuidado pastoral de los pastores. Solamente una persona bajo el cuidado pastoral de una iglesia local puede reunir estos criterios. Los pastores son dados para nuestra edificación, y también para ejercer disciplina sobre nosotros si desobedecemos nuestros votos ante Dios. Es por eso que la persona que toma la Santa Cena y dice “Estoy unido a Cristo por la fe”, también tiene que recibir a los que Cristo ha dado como medio para su edificación. Estar bajo el pastoreo de la iglesia local significa ser miembro activo en ella.

La disciplina y la Santa Cena

Otra faceta de la Santa Cena es su relación con la disciplina eclesiástica. Parte de ‘entregar al pecador a Satanás’ en 1 Corintios (5:5) era privarle de la Santa Cena (1 Corintios 5:6-8). Pablo da a entender que permitir participar a una persona que no esté arrepentida equivale violar la Cena del Señor de parte de toda la iglesia. La iglesia, dirigida por sus pastores y ancianos, tienen la obligación de quitar al pecador no-arrepentido de la Cena. De otra manera estarían violando la Cena del Señor. Este es el motivo que uno de los primeros pasos en la disciplina eclesiástica es privar a una persona de la Cena. Ya que la Cena señala unión con Cristo, alguien que esté negando a Cristo por su conducta no-arrepentida debe abstenerse de la Cena para buscar el perdón de Dios primero a través del arrepentimiento y la restauración.

En esta misma carta, en el capítulo 11, Pablo señala que como los ancianos de la iglesia no habían puesto orden (los líderes mismos estaban todos divididos – 1 Corintios 1:12), Dios mismo estaba ejecutando la disciplina. Muchos estaban enfermos, y ¡algunos habían sido muertos por Dios como castigo! (1 Corintios 11:30). La Santa Cena está íntimamente relacionada con el castigo de Dios y la disciplina en la iglesia. Los pastores tienen el deber de velar pastoralmente por la vida y conducta de su rebaño: “… Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tit 2:15). Es por esta razón que una persona que no esté bajo alguna autoridad pastoral no debe participar en la Cena. ¿Quién lo podrá poner en disciplina si cae en el pecado? ¡Nadie! Por tanto debemos entender que el bienestar espiritual de la persona está en juego. Si permitimos participar de la Cena personas no-aptas, estamos contribuyendo no sólo a la violación del honor de Cristo, sino al mismo juicio de Dios sobre esa persona. Nos hacemos cómplices al permitir a las personas violar la Cena. Este es otro argumento muy fuerte en favor de asegurar que toda persona que tome la Cena sea un miembro activo de una iglesia local, y que esté bajo el cuidado pastoral de su iglesia.

Algunos casos prácticos

¿Qué hacer con las personas que visitan a nuestra congregación sólo un domingo y están deseosas de tomar la Santa Cena? Aquí estamos hablando de algún familiar o amigo que vive en otra parte y realiza una visita esporádica. Pues, según lo que hemos estudiado, debemos hablar con ellos antes de la Santa Cena para averiguar algunas cosas. Por ejemplo, se debe indagar primero si son miembros bautizados en una iglesia que cree en los fundamentos del evangelio. Segundo, se debe preguntar si son miembros activos en esa iglesia, y si están bajo el cuidado pastoral de sus líderes. Con relación a esto, se debe preguntar si su iglesia tiene un concepto de membresía y cuidado pastoral, porque muchas iglesias ni lo tienen hoy en día. En tercer lugar, se debe preguntar si confiesan personalmente su fe en Jesucristo como único Salvador y Señor, y si están viviendo una vida de arrepentimiento sin ocultar pecados. Al no cumplir cualquiera de estos requisitos, se le debe decir a la persona que se abstenga.

¿Cómo se debe tratar los casos de personas que entran en medio culto, con las cuales no se pudo hablar? De manera muy sencilla. A la hora de celebrar la Cena, se hace la invitación y las advertencias normales. Y se añade que cualquier visitante que no ha hablado con los ancianos antes del servicio debe abstenerse de participar. Esto por honor a Jesucristo y el buen orden de su iglesia.

¿Qué se debe hacer con personas provenientes de otro país, miembros de una iglesia allá pero quienes ahora van a congregarse en nuestra iglesia? Para el buen orden de la iglesia se debería hacer dos cosas antes de que tomen la Santa Cena. Primero se debe pedir una carta de recomendación de su iglesia afirmando que fueron bautizados y que no tienen ninguna objeción en contra de ellos. En segundo lugar, deben recibir el curso de membresía de la iglesia local y asumir las responsabilidades de todo miembro. De esta manera ellos honran a Cristo y su iglesia, y dan muestra de su compromiso con el cuerpo de Cristo.

En mi experiencia personal la gran mayoría de las personas entienden perfectamente estos pasos. Las pocas veces en que algunos se han quejado ha sido generalmente por una mala enseñanza sobre la naturaleza de la iglesia y de los sacramentos. Y todavía tenemos entre nosotros un poco del Catolicismo romano y su misticismo, y también un poco de superstición. Debemos luchar por tener iglesias ‘pactales’, que entiendan y practiquen con firmeza la participación de los sacramentos como señales y celebraciones del pacto entre Dios y su pueblo.

Resumen

La Santa Cena es una señal visible de la gracia de Dios derramada sobre nosotros en Cristo por la fe. Nutre nuestras almas y fortalece nuestra fe al recibir elementos tangibles, así enseñándonos que tan seguramente que comemos el pan, así de seguro el cuerpo de Cristo fue quebrantado por nosotros. Pero señala al mismo tiempo – y con igual firmeza – que Jesucristo murió para establecer un pueblo. Jesús no murió por mí sólo, sino para incorporarme en su iglesia, para ser edificado ahí y para servir a mi hermano. Como muestra de verdadera fe y amor por Jesús, tenemos el deber de guardar estos dos aspectos de la Cena – tanto el aspecto personal y vertical con Dios, como el aspecto horizontal y corporativo con la iglesia.

Por ser parte de la disciplina eclesiástica, la Santa Cena debe administrarse solamente a personas quienes estén bajo el cuidado pastoral y su disciplina. Este aspecto es totalmente ignorado hoy en día, pero forma parte integral de la fe bíblica. Es urgente establecer una práctica bíblica en estos aspectos en honor a Cristo, y para la salud de la iglesia.

¡Que hermosa es la celebración de la Santa Cena en comunión con Dios y su pueblo! Luchemos por la ‘recta administración’ de este sacramento como una de las marcas de la verdadera iglesia.

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