LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA IGLESIA

Por Augustus Nicodemus Lopes

Reforma Siglo XXI, Vol. 11, No. 2

1. Introducción

La Reforma Protestante del siglo 16 no fue solamente un movimiento espiritual y eclesiástico. Tenía aspectos y dimensiones políticas y sociales también. Este último aspecto es el tema de este ensayo. Aunque Juan Calvino, uno de los principales líderes de la Reforma, fue conocido por su vasto y eficaz ministerio como teólogo, predicador y pastor, existe otro aspecto de su ministerio. Este ‘otro aspecto’ es menos enfatizado entre las iglesias evangélicas en Brasil, y precisa ser rescatado en nuestros días. Me refiero al aspecto social de su enseñanza y práctica pastoral.

Calvino, al igual que los otros reformadores, dio atención a los problemas sociales de su época. Tal vez por ser parte de la segunda generación de reformadores Calvino podía tener una visión más amplia y madura sobre el asunto. Él se esforzó por entender cuál debería ser el papel de la iglesia Cristiana en la reconstrucción de una sociedad justa, que reflejara la voluntad de Dios en términos de justicia social. Este tema (que era esencialmente teológico), era extremadamente aguda para los reformadores, particularmente por el hecho de que vivían en una época y en una situación de grandes problemas sociales. No es de sorprenderse que en su Institución de la Religión Cristiana, y también en sus comentarios, Calvino con frecuencia trata asuntos relacionados con la responsabilidad social de la Iglesia y del Estado.

Mi propósito es intentar entender y exponer de forma breve cuál es la responsabilidad de la Iglesia según Juan Calvino. Evidentemente, este ensayo no tiene pretensiones de originalidad. Este tema, por su importancia, ya mereció estudios bien extensas y cuidadosas, como el del francés André Biéler, publicado en español como El humanismo social de Juan Calvino (Buenos Aires: Escatón, 1973). La información histórica de Biéler sirven como base para nuestra reconstrucción histórica en este presente ensayo.

Debo comenzar con dos consideraciones importantes. La primera: al abordar nuestro tema, no debemos separar el pensamiento social de Calvino de su teología. Calvino era por sobre todo un teólogo, un hombre de la Iglesia. Él no era un político, no era activista social, sino esencialmente un pastor y un estudioso de las Escrituras. Su pensamiento social se desenvuelve dentro de la estructura de sus presuposiciones teológicas y bíblicas. Calvino construyó su teología social a partir de su convicción de que Cristo es Señor de todos los aspectos de la vida humana, y de que la Palabra de Dios debe gobernar todas las áreas de la vida. Por haber olvidado este punto, algunos han representado erróneamente las ideas sociales de Calvino y los motivos que llevaron al reformador a involucrarse en la actividad social de su época.

La segunda consideración es que no debemos separar el pensamiento social de Calvino de la época en que él vivía. Aunque su teología social brotara de principios bíblicos válidos y actuales para todas épocas, Calvino sólo podía darles expresión dentro de las circunstancias históricas en que vivió y laboró. En aquella época, la iglesia Católica era el gran poder económico y político. Prevalecía en aquella época el sistema económico y social medieval y la monarquía como sistema de gobierno. Sería injusto requerir de Calvino una abstracción perfecta de su contexto social, político y económico, l punto de anticipar la democracia, la formación de sindicatos, o soluciones completas para cuestiones como la esclavitud (aunque él se había pronunciado en contra de la esclavitud y enseñado que la legislación sobre la esclavitud en la biblia limita, no justifica, este flagelo). Con todo, veremos que Calvino es extraordinariamente actual en casi todo lo que formuló en esta área.

2. Ginebra en la época de Calvino

La ciudad de Ginebra fue el lugar donde Calvino pasó la mayor parte de su vida predicando, pastoreando, y enseñando. Allí pasó momentos de gran popularidad, y también momentos de rechazo. Fue ahí donde su teología social maduró a medida en que enfrentaba los males sociales que oprimían Ginebra, al igual que las demás ciudades de la Europa medieval. 

2.1 El gobierno de Ginebra

Ginebra, antes de la Reforma y de la llegada de Calvino, era sede del obispado, una ciudad importante. El gobierno de la ciudad estaba en manos de tres autoridades: El obispo, quien era no solamente el jefe espiritual de la Iglesia, el ‘príncipe de Ginebra’, sino también era teóricamente el soberano de la ciudad con poderes para acuñar monedas, dirigir la ciudad en tiempo de guerra, juzgar apelaciones, y perdonar crímenes. Después venía el magistrado, incumbido con la defensa de la ciudad, de la guardia, y de la ejecución de prisioneros. Y por fin, el Consejo de Ginebra, compuesto por Consejeros de entre los moradores de la ciudad, quienes juzgaban los crímenes de los laicos (los pecados de los sacerdotes era competencia del obispo), cuidaban del abastecimiento de la ciudad, de las finanzas, y mantenían el buen orden durante la noche a través de la policía. Este era el sistema adoptado por la mayoría de las ciudades europeas católicas.

Cuando Ginebra adoptó oficialmente la Reforma (1536), el obispo fue despojado de su poder, y los Consejeros asumieron sus funciones. Durante el período del obispado en Ginebra, la Iglesia Católica, representada por el obispo, estaba por encima del Estado. Con la expulsión del obispo, el Consejo asumió sus funciones, y ahora el Estado estaba por encima de la Iglesia (ahora Reformada). La Iglesia permanecía ligada al Estado, y estaba bajo el poder del Consejo de Ginebra (cuyos consejeros ahora eran protestantes). El Estado ahora tenía en sus manos el poder de disciplinar, designar pastores, y también la función de sostenerlos económicamente.

2.2 La situación social en Ginebra

Graves problemas sociales afligían Ginebra en aquella época (al igual que toda Europa en general). Había pobreza extrema, agravada por impuestos pesados. Los trabajadores eran oprimidos por medio de salarios bajos y jornadas de trabajo largas. Predominaba el analfabetismo y la ignorancia; había aguda falta de asistencia social de parte del Estado; prevalecía la embriaguez y la prostitución. Se destacaba el vicio de naipes y apuestas que quitaba el poco de dinero que el pueblo tenía. Las tinieblas espirituales, características de la Edad Media, se reflejaban en las condiciones morales y sociales de las masas. Esta era la situación que prevalecía en Ginebra antes de la llegada de la Reforma espiritual, la cual dio lugar enseguida a reformas sociales, económicas y políticas — aún antes de la llegada de Calvino a Ginebra.

3. Los cambios introducidas por Farel en Ginebra

Guillermo Farel fue el gran líder de estos cambios en Ginebra. Bajo su influencia, el Consejo de la ciudad creó el Hospital General en el antiguo convento de Santa Clara, para dar atención médica a los pobres.

El Consejo también pasó leyes para ordenar la vida de los ciudadanos: prohibieron bailes en las calles, la policía fue movilizada para mantener orden en las calles, fueron promulgadas leyes para reglamentar el uso de las cantinas, prohibieron el juego con naipes, blasfemar el nombre de Dios, y servir bebidas durante el horario del sermón. Se hizo ilegal vender pan y vino a precios encima de lo estipulado. Pasó a ser obligatorio para todos los ciudadanos de Ginebra ir a escuchar el sermón el domingo, so pena de multas pesadas. Y la instrucción pública se tornó obligatorio por primera vez en Europa. 

Obviamente no todos en Ginebra estaban felices con las prohibiciones pesadas impuestos por el Consejo, quienes seguían a Farel. Y a pesar de que las intenciones eran lo mejor posible, sabemos que las leyes demasiado severas y que exceden los límites razonables, provocan descontento, aún entre creyentes verdaderos. Y esto sin mencionar que los no-regenerados por el Espíritu Santo rechazan y se rebelan contra las leyes que reflejan el carácter santo de Dios. «La carne no se somete a la ley de Dios, ni puede» (Ro. 8:7).

Fue en estas condiciones que Calvino llegó a Ginebra. Estaba a penas pasando por la ciudad, y sus planes eran proceder a buscar un lugar tranquilo donde pudiera estudiar y escribir. Tenía en esta época 27 años, y acababa de publicar la primera edición de La Institución. Cuando Farel supo que Calvino estaba en la ciudad, fue a visitarlo, y lo instó a que se quedara en Ginebra par ayudar con la obra de la Reforma. Es bien conocida esta historia de cómo Calvino, después de haber presentado toda suerte de excusas, finalmente se rindió, aterrorizado por la maldición que el viejo reformador invocó sobre él si rehusaba el llamado. De este modo fue que se quedó en Ginebra para ayudar a Farel a solidificar las reformas eclesiásticas y sociales. En breve, Ginebra se volvería el centro espiritual y social de la Reforma protestante en Europa.

Fue ahí en Ginebra, trabajando como predicador, maestro y pastor, y bregando con los temas sociales mencionados arriba, que Calvino desarrolló su teología social. En lo que sigue, intentaremos sintetizar sus puntos principales, concentrándonos en lo que Calvino enseñó con respecto a la responsabilidad social de la Iglesia de Cristo.

4. La enseñanza de Calvino 

4.1 La causa de los males sociales

Fundamental para entender el pensamiento de Calvino en esta área es tener en mente que para él las causas de la pobreza, miseria y opresión, al igual que la perversión y la corrupción en la sociedad humana, están enraizadas en la naturaleza caída del hombre, que proviene desde la misma Caída en el Edén. Este principio es crucial para entender a Calvino. Para él, el pecado del hombre ha traído toda clase de trastorno al orden social: por la caída del hombre todo orden social fue derribado, y en Adán todo fue puesto bajo la maldición de Dios, como está escrito en Romanos 8:20-23, donde Pablo afirma que la creación está sujeta a vanidad a causa del pecado del hombre. 

La caída del hombre introdujo perturbaciones profundas en la sociedad humana, incluyendo disturbios en la vida conyugal y familiar. Para Calvino, el caos económico es causado por la ambición de los hombres y por la falta de confianza en Dios para suplir las necesidades básicas, conforme a la promesa de Cristo en Mateo 6.

En este contexto Calvino denuncia pecados sociales tales como: almacenar alimentos, monopolios, y especulación financiera como muestras del egoísmo y la avaricia del hombre. Denunciaba a aquellos que preferían dejar su trigo deteriorarse en graneros, para ser devorado por animales y pudrirse, y no tenían interés en venderlo cuando la necesidad del pueblo se hacía sentir. 

Por identificar bíblicamente la raíz de los trastornos sociales, Calvino estaba en una posición de elaborar una solución que realmente tocaba el problema en sus fundamentos.

4.2 El señorío de Cristo

Un segundo principio que motivaba la teología social de Calvino era que el Cristo vivo y exaltado es Señor de todo el universo. Los milagros que Él hacía sobre el orden natural (al calmar la tempestad, por ejemplo, o extraer una moneda de la boca de un pez) demostraban esta realidad, según Calvino.

Por esto, la obra de restauración realizada por Cristo no tiene su límite a penas en una nueva vida dada al individuo, sino abarca la restauración de todo el universo —lo que incluye el orden social y económico. De esta forma, la atención de Calvino como pastor y maestro, se extendió mas allá de las cuestiones individuales y ‘espirituales’. Si Cristo era el Señor de toda la existencia humana, era deber de la Iglesia dar atención a las cuestiones sociales y políticas.

4.3 La restauración de la sociedad

Para Calvino, la restauración inaugurada por Cristo ocurre primero en el seno de la Iglesia. Es en la Iglesia que el orden primitivo de la sociedad, tal como Dios había establecido, tiende a ser restaurada. En la Iglesia, las diferencias exacerbadas entre las clases sociales, económicas y raciales, al igual que los prejuicios, desaparecen —pues Cristo hace de todos un sólo pueblo (Gl. 3:28; Ef. 2:14).

No es el hecho que Calvino creía en la total abolición de las clases en la sociedad. Él imaginaba la coexistencia armónica entre la Iglesia e instituciones como el Estado, la sociedad y la familia, con sus respectivas estructuras y funcionamiento. Mas es en la Iglesia que las relaciones sociales de trabajo sufren profundos cambios, enseñó el reformador. Los patrones continúan como patrones, pero aprenden a ejercer su autoridad sin opresión. Por igual, los empleados (que continúan siendo empleados) aprenden a estar subordinados sin recriminación. En la Iglesia, dice Calvino, Jesucristo establece entre los Cristianos la justa redistribución de los bienes destinados a todos. Esto se daba a través de la actividad diaconal, trayendo alivio para las necesidades de los pobres y oprimidos, con recursos provenientes de los más ricos.

Debemos recordar aquí que en la época de Calvino todos los ciudadanos de Ginebra formaban parte de la Iglesia, y habían — por lo menos en teoría— abrazado el Evangelio. Evidentemente Calvino hacía una distinción entre los verdaderos Cristianos y los hipócritas. Pero en la práctica la Iglesia en Ginebra era tan extensa como los límites de la ciudad y el número de sus habitantes. Cuando Calvino hablaba de restauración social, él tenía en menta una sociedad civil gobernada por Cristianos Reformados, que aplicarían los principios bíblicos a los temas sociales, políticas y económicas. O sea, un Estado que fuera orientada por la Iglesia en el ejercicio de sus funciones. 

Es también importante notar que para Calvino la reforma de la sociedad nunca será completa ni perfecta, dado que los efectos del pecado no son eliminados totalmente en la presente época. Por lo tanto, sólo podría haber una restauración parcial. Una reforma social no logra establecer plenamente la justicia en el mundo presente. Además, esta reforma no trata de abolir determinados aspectos del orden social: permanece la jerarquía determinada por Dios entre hombre y mujer, la distinción entre patrón y empleado, los padres y los hijos.

La plena abolición de los trastornos que están presentes ahora en la sociedad (las injusticias, la opresión, la corrupción, por ejemplo) sólo se efectuará plenamente en el Reino de Dios en el fin de los tiempo, hacia el cual marcha toda la historia de los hombres y el universo. Su venida será precedida por convulsiones cósmicas. En ese entonces, Jesucristo regresará con gloria, y el príncipe de este mundo será aniquilado. Así entonces, será establecido los nuevos cielos y la nueva tierra donde habita plenamente la justicia (2 Pedro 3:13; ver Isa. 65:17; 66:22; Ap. 21:1). 

De esta forma, para Calvino, la Iglesia es una anticipación del reino de justicia que será introducida por Cristo en su venida. Como tal, ella funciona en el presente como una sociedad provisional, gobernada por la leyes de Cristo. Y aunque la Iglesia ya refleja estos ideales, todavía no lo hace de forma perfecta,   porque esto sólo se dará al final de los tiempos.

4.4 La responsabilidad social de la Iglesia 

¿Cuáles son las responsabilidades de la Iglesia en esta restauración provisional de la sociedad? Podemos resumir la enseñanza de Calvino en tres aspectos fundamentales. Según el reformador, la Iglesia tiene un ministerio didáctico, uno político, y uno social. 

5. Ministerio didáctico

Este ministerio de la Iglesia debía ser ejecutado a través de sus pastores y maestros. Consistía en la instrucción pública y privada, a través de sermones y orientación individual, y debía tocar la enseñanza bíblica sobre la administración de los bienes otorgados por Dios al Estado y al individuo. En otras palabras, el tema era la ‘Mayordomía Cristiana’.

Tomemos como ejemplo el tema del trabajo y descanso. Para Calvino, la Iglesia —a través del ministerio regular de sus pastores— debía instruir a sus miembros en la enseñanza de las Escrituras sobre este asunto. En su Institución Calvino escribió lo que posiblemente era su enseñanza en Ginebra sobre el trabajo: sólo Dios alimenta al hombre, y de Él viene las fuerzas y las condiciones para que el hombre trabaje, y con su sudor, compre su pan. De modo que el trabajo es eminentemente digno, pues es la realización de la voluntad de Dios para el hombre. Asimismo, el hombre no se realiza plenamente si no trabaja, pues fue para esto que fue creado y llamado a su vocación, conforme a lo escrito en Génesis 1 y 2. El pecado arrebató la alegría y el gusto que acompañaba el trabajo en el principio. La caída introdujo en el mundo y en la sociedad humana los trastornos sociales relacionados con el trabajo (Gén. 3). Pero en Cristo, el hombre reencuentra la alegría y el gusto en sus labores.

En cuanto al descanso, Calvino insistía en que era necesario proporcionar un día de descanso a los trabajadores, que es el sábado Cristiano —el domingo— conforme a su interpretación del cuarto mandamiento (Éx. 20:8-11). El descanso físico, por lo tanto, está íntimamente ligado al descanso espiritual: sin Cristo, no hay descanso verdadero el domingo. Es por esto que Calvino veía la profanación del domingo como el origen de la corrupción del trabajo. Según él, es necesario descansar de nuestras labores como Dios descansó de suyas (He. 4:3). Fue por esto, que como Farel ya había aconsejado, el Consejo de Ginebra bajo la influencia de Calvino abolió todos los feriado Católicos y decidió que en el día domingo cesara todo trabajo en Ginebra.

A través del púlpito, ejerciendo su ministerio didáctico, la Iglesia levantaba el ánimo moral del trabajador, asegurándole de que aún los trabajos más humildes son honrados por Dios, y que Dios ha determinado que por medio del trabajo el hombre encontrara su vocación en la vida. Y que en Cristo el trabajador encontraría la alegría y satisfacción que debería acompañar la labor diaria.

Había otro aspecto del ministerio didáctico de la Iglesia, y esto consistía en reprender a través de las predicaciones, a los miembros que estuvieran incurriendo en pecados sociales. Los pastores de Ginebra, orientados por Calvino, denunciaban desde el púlpito la práctica de cobrar intereses excesivos por medio de prestamistas. De la misma forma denunciaban la vagancia. La vagancia y el ser parásito es pecado, enseñaba Calvino. Para él, cuando Dios creó al hombre y ordenó que cultivara la tierra, condenó con ese mismo acto la ociosidad y la indolencia. No hay nada más contrario al orden de la propia naturaleza que consagrar la vida a beber, comer y dormir sin pensar en trabajar en algo (Sal. 128:3; 2 Ts. 3:10-12).

Calvino hablaba en contra del desempleo causado por el lucro de los ricos. Privar un hombre de su trabajo es pecado contra Dios, pues el trabajo es un don de Dios y un deber que ordenó al hombre. Privarle a alguien de trabajo es quitarle la vida —pues los trabajadores pobres dependen día a día de su labor para el pan que sustenta sus familias, al contrario de los ricos que tienen propiedades, reservas, etc. Asimismo, promover el desempleo, en la opinión de Calvino, sería un atentado contra la vida del pobre, y por lo tanto es un pecado contra el mandamiento «No matarás».

Este era el primer aspecto de la responsabilidad social de la Iglesia en el pensamiento de Calvino, o sea, instruir a sus miembros, por la predicación de la Palabra, acerca de los principios bíblicos sobre el trabajo y el descanso.

6. Ministerio político

Al lado del Estado, la Iglesia tenía otro ministerio en la teología del reformador, a saber, el ministerio político. Para que entendamos mejor lo que Calvino quiere decir sobre esto, debemos entender primero sus pensamientos sobre la relación entre la Iglesia y el Estado. 

Podemos resumirlo en lo que Calvino dice en su comentario sobre Romanos 13:1-7, un pasaje donde el apóstol Pablo menciona las autoridades y nuestros deberes con ellas. Para Calvino, la Iglesia y el Estado son dos instituciones procedentes de Dios (Ro. 13:1,2); son instrumentos de Dios para la venida de su Reino en la tierra. La Iglesia es las primicias de este Reino venidero, como ya vimos arriba; el Estado, por su lado, debe mantener el orden en la sociedad humana. Por tanto, existen entre las dos instituciones lazos esenciales y duraderos, y no sólo relaciones ocasionales. 

¿Cuál es la misión del Estado en el pensamiento de Calvino? Todavía mirando Romanos 13, Calvino sostiene que el Estado debe mantener el orden en la sociedad (según su interpretación de 1 Ti. 2:1,2), proveer para el sustento de la Iglesia, y promover los medios necesarios par que haya una fiel predicación de la Palabra de Dios entre los ciudadanos. O sea, usando el poder civil dado por Dios, las autoridades deben aplicar todas sus energías para la que religión verdadera prevalezca en la tierra.

Sin embargo, para Calvino esto no implica ninguna inherencia del Estado en los negocios de la Iglesia. El Estado hace estas cosas a través de una buena legislación que garantiza la libre predicación de la Palabra de Dios. La edificación de la Iglesia se hace solamente por la predicación de la Palabra en el poder el Espíritu, y no por la intromisión del poder del Estado. Aquí Calvino criticó a los demás reformadores que deseaban una unión entre la Iglesia y el Estado, y que el Estado sufragara los negocios de la Iglesia (como ocurrió parcialmente en Alemania). 

Si esta es la misión del Estado, ¿cuál sería la misión política de la Iglesia? Para Calvino, en primer lugar, es orar por las autoridades constituidas (1 Ti. 3:1,2). Y se debe hacer esto en cualquier país en que los Cristianos se encuentren, independientemente de la forma del gobierno de aquél país o por más hostil fueran las autoridades, para que se conviertan y vengan a buena razón, así como Jeremías exhortó que oraran los cautivos en Babilonia ( Jer. 29:7).

En segundo lugar, la Iglesia debe, cuando sea necesario, advertir a las autoridades cuando ellas olvidan el llamado divino de su oficio, cuando abusan de su poder, cuando cometen injusticias, cuando toleran injusticias contra los pobres, débiles y oprimidos. Si la Iglesia deja de vigilar el Estado, dice Calvino, ella se vuelve cómplice de las injusticias sociales, así dejando de cumplir su misión política.

En tercer lugar, la Iglesia también debe, como parte de su tarea, asumir la defensa de los pobres y débiles contra los ricos y poderosos. Ella debe alertar constantemente al Estado a que proteja a los débiles, oprimidos y explotados por los ricos, los que no tienen poder político y no tienen protección social. En este sentido, la Iglesia debe siempre denunciar ante el Estado a los ricos que explotan la miseria ajena en tiempo de calamidad, a los que se aprovechan de su condición social u oficial para enriquecerse de forma ilícita. Calvino entendía que esta denuncia era apropiada para la Iglesia, pues refleja la enseñanza de la ley de Moisés y del ministerio de los profetas al denunciar la opresión social en Israel. 

Por fin, la Iglesia debe acudir a la autoridad del Estado en la aplicación de las sanciones disciplinarias, y solicitar del Estado las medidas necesarias para el mantenimiento del orden y de la justicia social. En resumen, el ideal reformado era este: una Iglesia políticamente libre, enteramente dependiente de la Palabra de Dios, en un Estado que le respete y le facilite el ministerio.

7. Ministerio Social

El otro aspecto de la responsabilidad social de la Iglesia era la asistencia social. La Iglesia, según la teología social de Calvino, debería involucrarse ella misma en el cuidado de los pobres, los huérfanos y las viudas, en fin, de los necesitados. Y esto sin hacer distinción entre los de la Iglesia y los de afuera. O sea, la asistencia social de la Iglesia debía contemplar inclusive a los extranjeros y los refugiados que llegaban a Ginebra.

La enseñanza de Calvino sobre este punto es vasto. Él trata el uso y el disfrute de los bienes materiales, y se dedica especialmente a exponer la enseñanza bíblica sobre el pobre y el rico, y sobre la práctica de las limosnas. 

El órgano encargado del ministerio social de la Iglesia, dice Calvino, es el diaconato. Fue Calvino quien primero rescató esta función bíblica del oficio diaconal. Él enseñó que los diáconos eran ministros eclesiásticos, encargados de toda la asistencia social de la Iglesia (Hch. 6:1-7), y como tal, deberían ser elegidos conforme a las reglas establecidas por Pablo en 1 Timoteo 3:8-13. Hasta hoy en algunas iglesias Reformadas, la administración financiera de la iglesia y el uso de los recursos para la asistencia de los pobres y necesitados es atribución de la junta diaconal. 

El diaconato, como brazo del ministerio social de la Iglesia, se desenvuelve en tres acciones básicas, según Calvino:

1. La administración de los bienes destinados a la comunidad. La Iglesia recibe recursos para la asistencia social de dos fuentes: la generosidad de los fieles en las recolectas levantadas para este fin los domingos, y el tesoro del Estado a través del Consejo de Ginebra, que aprobaba un presupuesto para este fin. Estos recursos eran administrados por los diáconos. 

2. Distribución de forma justa e igual entre los necesitados. Los diáconos cuidaban que todos los que estaban realmente carentes, tuvieran participación igual en los bienes destinados a los pobres. En un ambiente marcado por la opresión social y por las desigualdades, los diáconos ciertamente tenían mucho trabajo, y necesitaban de mucha sabiduría para hacerlo. 

3. Visitación y cuidado de los enfermos. Las guerras, la falta de higiene público, las epidemias, la falta de asistencia médica de parte del Estado, y la pobreza dejaban un saldo enorme de personas enfermas. El ministerio de los diáconos incluía el cuidado para con estas personas, siendo utilizados los recursos de la Iglesia cuando era necesario. 

Es necesario observar que en el pensamiento de Calvino el ministerio social de la Iglesia era de apoyo al Estado. Le correspondía al gobierno civil cuidar de los pobres, enfermos y necesitados. Sin embargo, como se trataba de una tarea de proporciones enormes, la Iglesia venía a ser un apoyo y una ayuda, dando ella misma asistencia social donde fuera necesaria.

7.1 La práctica social de Calvino en Ginebra 

Persuadido por Farel, Calvino se queda en Ginebra para ayudar con las reformas necesarias. Luego quedó claro que, para él, esto incluía ir más allá de las reformas eclesiásticas. Bajo su influencia, la Iglesia pasó a tener una influencia marcada en la vida social y política de la ciudad. Lo que él expone en su Institución, fue lo que trató de aplicar en forma práctica con relación a las necesidades en Ginebra.

El diaconato fue organizado y entró inmediatamente en acción. El Hospital General, fundado por Farel, dio asistencia médica gratuita a los pobres, huérfanos y viudas, con médicos pagados por el Estado. Y se creó la primera escuela primaria obligatoria de Europa.

Los refugiados llegados a Ginebra recibieron entrenamiento profesional y asistencia médica y de alimentación, mientras se preparaban para ejercer su profesión. 

Los pastores intercedían constantemente delante del Consejo de Ginebra en favor de los pobres y los trabajadores. El mismo Calvino intercedió varias veces en favor de aumentos de salarios para los obreros. 

Los pastores predicaban contra la especulación financiera, y fiscalizaban parcialmente los precios contra las alzas provocadas por los monopolios. Bajo la influencia de los pastores, el Consejo redujo la jornada de trabajo de los operarios. La vagancia fue prohibida por leyes: los vagabundos extranjeros que no tenían medios de trabajo debían abandonar Ginebra dentro de tres días después de su llegada. Y los vagabundos de la ciudad debían aprender un oficio y trabajar, bajo pena de prisión. El Consejo instituyó cursos de capacitación para los vagabundos y los jóvenes para que pudieran entrar al mercado de trabajo.

Finalmente, es digno de notar que había una vigilancia de parte de Calvino y los demás pastores de Ginebra con respecto a la mala administración pública. Había, inclusive, el caso de un funcionario corrupto que fue despedido por influencia de Calvino.

El mismo Calvino llevaba una vida modesta, a pesar de todo su prestigio e influencia. En la práctica, intentaba vivir intensamente los principios que defendía en su teología social. Esta influencia se ha extendido mucho más allá de su propio tiempo.

Los puritanos, autores de la Confesión de Fe de Westminster y los dos catecismos, fueron profundamente influenciados por las enseñanzas de Calvino, y su teología social no fue excepción. En el capítulo sobre el Magistrado Civil (Cáp. XXIII), la Confesión de Fe refleja la enseñanza de Calvino sobre la vocación social y política de los Cristianos (parr. 2), la independencia de la Iglesia con relación al Estado para seguir sus propios intereses, y el deber del Estado de proteger la Iglesia Cristiana (parr. 3), el deber del Estado de asistir y proteger a los necesitados independientemente de sus convicciones religiosas, (parr. 3), y también el deber de los Cristianos de honrar y someterse al Estado (parr. 4).

Otro ejemplo son las continuas referencias a los temas sociales y económicas en estos símbolos de la fe Reformada. La exposición en el Catecismo Menor del sexto mandamiento, «No matarás», incluye lo siguiente entre los deberes exigidos, «…la justa defensa de la vida contra la violencia… el uso sobrio del trabajo y la recreación …confortando y socorriendo a los afligidos, y protegiendo y defendiendo el inocente». Como pecados, son incluidos, «… la negligencia o el retiro de los medios lícitos o necesarios para la preservación de vida… el uso inmoderado del trabajo …la opresión… y todo que tiende a la destrucción de la vida de alguien».

8. Conclusiones

Quiero concluir este ensayo con dos observaciones sobre la enseñanza social de Calvino. Primero, su enseñanza estaba profundamente enraizada en su teología y en su interpretación de las Escrituras. Su enseñanza social era fruto de sus convicciones teológicas. Por lo tanto, es imposible entender las reformas sociales que él emprendió en Ginebra sin las presuposiciones de su teología.

Segundo, el pensamiento social de Calvino ha producido fruto abundante en la historia de la humanidad posterior a la Reforma. Muchas de las universidades, escuelas y asilos de que tenemos noticias fueron fundados por calvinistas. Una buena parte de las críticas hechas contra los calvinistas, de que ‘son llevados al parálisis social por causa de su énfasis en la soberanía de Dios en detrimento de la responsabilidad humana’ simplemente revela un desconocimiento (¿a propósito?) de los hechos, y una ignorancia de lo que es el calvinismo. 

Y finalmente, cabe preguntar en qué sentido una teología social calvinista podría ayudarnos hoy, aquí y ahora en Brasil. Evidentemente existen profundas diferencias culturales, políticas y religiosas entre la Suiza del siglo 16 y Brasil del siglo 21. Pero existen muchas semejanzas también, particularmente en lo que se refiere a los problemas sociales. Más aún, los principios elaborados por Calvino para atender los asuntos sociales y económicos de su día, son válidos para nosotros hoy —pues, son bíblicos. Sea la Suiza medieval o el Brasil moderno, permanece como una verdad inmutable el hecho de que la raíz de la opresión social es espiritual y moral, como Calvino pregonó. También es un hecho que Jesucristo es el Señor de todas las cosas, en todo lugar y en toda época, y que su reino se extiende a la política, la sociedad y la economía tanto para ginebrinos como brasileros.

Por eso creo que la Iglesia evangélica brasilera (especialmente los Reformados) deberían vestirse de todos estos aspectos, usando los medios apropiados, lícitos y legales, para protestar, advertir y resistir las injusticias sociales, usando la predicación de la Palabra para llamar al arrepentimiento a los gobernantes corruptos, a los ricos opresores, y a los pobres perezosos. La Iglesia debe ejercer obras de misericordia y asistencia social a través de una diaconía entrenada y motivada.

Involucrarse de esta manera en la sociedad debe acontecer sin perder vista de que la misión primordial de la Iglesia es promover una reforma (parcial y provisional) de la sociedad a través de la proclamación del Evangelio de Jesucristo, aguardando los nuevos cielos y la nueva tierra donde mora la justicia plena de Dios.

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