LA PORNOGRAFÍA

por Augustus Nicodemus Lopes

Reforma Siglo XXI, Vol. 4, No. 2

Alguien ya dijo que es más fácil reconocer la pornografía que definirla. Los diccionarios nos dicen que la pornografía es el carácter inmoral u obsceno de una publicación. Material pornográfico es aquél que describe o retrata actos o episodios obsceno o inmorales. Estas definiciones no ayudan mucho, pues los conceptos como “obscenos” e “inmorales” son bastante subjetivos en el mundo de hoy. Clasificar material pornográfico en “soft” (suave – desnudez o sexo implícito) y “hardcore” (sexo explícito conteniendo escenas de degradación, violencia y aberraciones) sólo ayuda didácticamente. Para muchos, Playboy es una revista pornográfica. Para otros no. Esto es exactamente por la complejidad del asunto, agravado por la omisión de buena parte de las iglesias en Brasil, que muchos evangélicos están confundidos en cuanto a lo mismo, y no pocos están viciados en alguna forma con la pornografía. Aquí están mis razones para esta declaración:

1) La tremenda popularidad de la pornografía en el mundo de hoy. Las estadísticas de 1995 revelaron que los americanos gastan más en pornografía que en Coca-Cola. No es difícil imaginar que la situación en Brasil fuera diferente. Aún países antiguamente cerrados, como China, en 1993 presenciaron una avalancha de material pornográfico dentro de sus fronteras, después de haber abierto sus fronteras – aunque sólo un poco – para recibir ayuda extranjera. Mensualmente alrededor de 8 millones de copias de revistas pornográficas circulan en Brasil. En 1994 la venta de videos ‘pornos’ llegó a casi 500 millones de dólares. No es de sorprenderse que los locales que alquilan videos cada vez mas reservan más espacio para videos ‘pornos.’ Según una encuesta en 1992, 1 de cada 4 brasileros vio una película de sexo explícito. Lo mismo habían hecho un 13% de las mujeres. En 1995 el número había duplicado para los hombres, y subió un poco en relación con las mujeres.

2) La inmensa facilidad para conseguir material pornográfica en el mundo de hoy. Como en la mayoría de los demás países “civilizados”, el material pornográfico puede ser encontrado y consumido fácilmente en Brasil en diversas formas: cine, canales abiertos de televisión, canales de cable o el sistema de pagar por programa, el internet, cassettes de video, cd-rom con material pornográfico, pinturas, exposiciones de arte erótico, libros, revistas y videojuegos – entre otros. Parece no haber fin a la creatividad del hombre para usar los avances tecnológicos para la difusión de pornografía. Como dice un escritor francés, Restif de la Bretone en el siglo 18, “ “La dépravation suit le progrès des lumières” (“La depravación sigue detrás del progreso de las luces”). A pesar de que los evangélicos estén en contra de la pornografía en general (algunos sólo como por instinto) no todos están conscientes del peligro que ella representa. Menciono algunos:

a) Consumir deliberadamente material pornográfico es violar todos los principios bíblicos establecidos por Dios para proteger la familia, la pureza y los valores morales. La misma palabra “pornografía” nos apunta hacia esta realidad. Ella viene de una palabra griega pornéia, que juntamente con otras 3 palabras (pornos, pornê y pornéuo) son usadas en el Nuevo Testamento para la práctica de relaciones sexuales ilícitas, la inmoralidad o impureza sexual en general. Con frecuencia estas palabras de raíz porn- aparecen en contextos asociados con otras palabras que especifican con más exactitud el tipo de impureza a que se refieren: el adulterio, incesto, prostitución, fornicación, homosexualismo y lesbianismo. El Nuevo Testamento claramente condena la pornéia: ella es fruto de la carne, procede del corazón corrupto del hombre, es una amenaza a la pureza sexual y debemos huir de ella, pues los que lo practican no heredarán el reino de Dios. La pornografía recorre exactamente estas cosas – adulterio, prostitución, homosexualismo, sadomasoquismo, masturbación, el sexo oral, penetraciones con objetos y – peor de todo – la pornografía infantil, que involucra niñas desde 4 años de edad.

b) Consumir deliberadamente material pornográfico es contribuir para una de las industrias que más florece en el mundo y que, muchas veces, es controlada por la mafia organizada. Según un informe oficial en 1986, la industria pornográfica en Estados Unidos es la tercera fuente de ingresos para la mafia, después de juegos de azar y drogas, haciendo de 8 a 10 billones de dólares por año. Yo creo que hoy el cuadro es peor aún. La industria pornográfica apoya y promueve la industria de prostitución y de la explotación infantil. El dinero que los padres de familia gastan en pornografía debería ir para el sustento de su familia. Algunos podrían alegar que sólo consumen material soft (suave) conteniendo solamente escenas de desnudez – olvidando que ese material es producido por la misma industria ilegal que produce y distribuye la pornografía infantil.

c) Consumir deliberadamente material pornográfico es contribuir para el crecimiento de violencia y asalto sexual contra la mujer y las niñas. No son pocos los informes hechos por comisiones de encuestas que denuncian la estrecha relación entre la pornografía y la ola creciente de secuestros, asalto sexual y explotación infantil en los países “civilizados”. Varios de los temas más comunes en la pornografía de tipo hardcore incluyen escenas de secuestro o violación de mujeres, generalmente con ataduras y torturas, además de otras formas obscenas de degradación. El mensaje que la pornografía pasa a los consumidores es que cuando la mujer dice “no”, realmente está diciendo que “sí”, y que si el violador insiste, ella no sólo aceptará sino que también le gustará. De este modo la violencia contra la mujer es presentada como algo válido y normal. La mujer es vista como objeto sexual para ser usada para el buen placer del hombre.

Otra forma de hardcore es la pornografía infantil. Este material exhibe escenas de sexo involucrando niñas y adolescentes. En algunos casos, las niñas aparecen asistiendo escenas de sexo oral por adultos. En otras, son violadas por adultos. En otras, hacen el sexo entre sí. Este material ilegal, mórbido, deshumano y obsceno está disponible en el internet, aún en servidores estacionados en universidades estatales, de acuerdo a denuncias que han salido recientemente en los periódicos. Grandes proveedores tienen secciones donde usuarios pueden conversar sobre el sexo y cambiar fotos de sexo explícito con niños, algunas de estas tan degradantes, según una denuncia hecha por el Instituto Gutenberg en Julio de 1997, con respecto a la revista “Penetraciones Profundas”, una publicación para monjas.

Asociado con la pornografía hardcore está el incremento de la violencia sexual contra las mujeres y niñas en las sociedades modernas donde este material puede ser obtenido fácilmente. Estudios realizados por especialistas norteamericanos muestran que existe una relación estrecha entre la pornografía y la práctica de crímenes sexuales. Ellos afirman que un 82% de los que están encarcelados por crímenes sexuales contra niñas y adolescentes admitieron que eran consumidores regulares de material pornográfico. Una declaración oficial del jefe de policía norteamericano en 1991 decía: “Claramente la pornografía, sea con adultos o niñas, es una herramienta insidiosa en las manos de los pedofílicos (los viciados de sexo con las niñas).” La pornografía está estrechamente relacionada al creciente número de secuestros en los países civilizados. Sólo en Estados Unidos, el número conocido por la policía creció en un 500% en menos de 30 años, que corresponde al aumento de la popularidad y la facilidad en que se encuentra el material pornográfico. Cerca de 86% de los que fueron condenados por secuestro y violación admitieron imitar directamente escenas pornográficas que veían con regularidad.

Hay buenas razones para creer que el número de evangélicos en Brasil que son viciados con pornografía es preocupante. Las encuestas estiman que en los Estados Unidos cerca de 10% de los evangélicos están afectados. Considerando que en Brasil la facilidad de obtener material pornográfico es la misma – o aún mayor – que en Estados Unidos, considerando que la iglesia evangélica brasilera no tiene la misma formación protestante histórica de su hermana americana, considerando la falta de una posición abierta y activa de las iglesias evangélicas brasileras contra la pornografía como acontece en Estados Unidos, no es exagerarse decir que probablemente más que el 10% de los evangélicos en Brasil son consumidores de pornografía. Tal vez ese número sea muy conservador, dado el hecho conocido que los evangélicos en Brasil ven más horas de televisión por día que muchos países en el primer mundo, llenando sus mentes con programas que promueven la violencia, lo erótico, y así abriendo lugar por donde la pornografía pueda penetrar y echar raíz.

Más preocupante aún es la probabilidad de que gran parte de este porcentaje es de jóvenes evangélicos adolescentes. Una encuesta hecha por Josh McDowell en 22 mil iglesias americanas reveló que el 10% de los adolescentes había aprendido o que sabía sobre el sexo en revistas pornográficas. El 42% de ellos dicen que nunca aprendieron nada sobre el asunto de sus padres. Y otro 10% confesaron haber asistido una película de sexo explícito en los últimos 6 meses. Una extrapolación, aunque conservadora, para la realidad de las iglesias brasileras dejaría a pastores y país en un estado de alarma.

El escándalo que involucraba al pastor Jimmy Swaggart en 1988 reveló otra faceta del problema – hay pastores evangélicos que también son viciados por la pornografía. Una encuesta hecha en 1994 entre pastores evangélicos americanos reveló una relación estrecha entre el consumo de pornografía y la infidelidad conyugal. Por causa de temor de ser sorprendidos, y de hacer estragos en su ministerio, muchos pastores optan por consumir pornografía como voyeurs, que a practicar el adulterio de hecho. Pero algunos caen eventualmente en la infidelidad práctica. Cuando yo estaba preparando este ensayo, leí diversos artículos sobre la pornografía publicados en revistas americanas y europeas de consejería pastoral. Muchos de estos artículos son dirigidos abiertamente para ayudar a pastores viciados con la pornografía.

Infelizmente parece que estamos acostumbrados a la falta de decoro. Nos hemos tornado como los paganos. Tenemos la misma actitud de ellos en cuanto a la desnudez y el descubrimiento de los órganos sexuales. La arqueología reveló que en muchas paredes de los templos paganos canaanitas, que fueron destruídos por los Israelitas cuando conquistaron la tierra (Lev. 26:1;Nm. 33:52), habían diseños de órganos sexuales masculinos y femeninos. Estas son las formas más antiguas de pornografía que conocemos. Los canaanitas aparentemente pintaban los órganos genitales en las paredes para excitar a los adoradores y estimularlos a la prostitución sagrada. Los Israelitas, en contraste, tenían una actitud totalmente diferente en cuanto al descubrimiento de los órganos sexuales. En sus Sagradas Escrituras estaba escrito que Dios cuidó de cubrir la desnudez del primer matrimonio después de la caída (Gen. 2:25; 3:7-10). Había un cuidado de que la ropa cubriera los órganos genitales, al grado que en la ley de Moisé se determinaba que un sacerdote debía tener cuidad para nos subir las escaleras del altar de manera que dejaba expuestos sus órganos genitales (Deut. 20:26). Cam, el hijo de Noé, fue condenado por haber visto la desnudez de su padres. La misma Biblia se refiere a los genitales de manera reservada, usando a veces eufemismos como “desnudez” (Lev. 18; Ex. 28:42), “miembro viril” (Deut. 23:1), “entre los pies” (Deut. 28:57), y “parte indecorosa” (1 Cor. 12:23), sólo para citar algunos ejemplos.

Pienso que los pastores y las iglesias evangélicas en Brasil pueden hacer varias cosas: leer los estudios e informes sobre los efectos de la pornografía hechos por comisiones especializadas; predicar sobre este tema y dar estudios especialmente a los hombres; desarrollar una estrategia pastora para ayudar a los miembros de la iglesia que son adictos a la pornografía; no olvidar que muchos pastores podría necesitar de los mismo; crear comisiones que se movilizan activamente contra la pornografía, utilizando las disposiciones legales que haya (una posibilidad es presionar a los políticos evangélicos a que tomen posiciones definidas contra la pornografía); desarrollar un “plan de ataque” que trata la sexualidad de forma bíblica, positiva y creativa; tratar estos temas desde temprano con los adolescentes de la iglesia, con enseñanza bíblica positiva; orar específicamente por el problema.

No estoy predicando una cruzada de moralización, aunque es evidente que la iglesia evangélica brasilera podría sacar bastante provecho de una! La pornografía es un mal con graves consecuencias espirituales y sociales, pero no creo que debemos hacer de ella el enemigo público número 1 como algunas organizaciones moralísticos en los Estados Unidos. A final de cuentas, la raíz de este problema – y de otros – es el corazón depravado y corrompido del hombre, que sólo puede ser transformado por el Evangelio de Cristo. Hitler logró en 4 años sacar de Alemania todas las formas de pornografía y perversión para inculcar en la generación joven de su época la aspiración por altos valores morales y de perseguir la pureza de la raza arriana. Las motivaciones eran equivocadas, y el proyecto de Hitler terminó en el desastre que conocemos. No acabaremos con la depravación moral sólo por leer discursos políticos. Jack Eckerd, un negociante millonario y dueño de un negocio que dejaba 2.5 millones de dólares por año, al convertirse a Cristo en 1986 determinó que todas las publicaciones pornográficas vendidas en sus 1700 tiendas fueran retiradas, aunque esto significara perder millones de dólares por año. Cuando el corazón es cambiado los valores morales van juntos.

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