LA IGLESIA TIENE DUEÑO

Por Eddy Cortés Mora

Reforma Siglo XXI, Vol. 11, No. 1

En estos días muchas iglesias han cambiado, o mejor dicho las han cambiado, de ser una organización bíblica a un centro para entretener a las personas. Al zafarse de los fundamentos históricos y confesionales, muchas iglesias modernas divagan perdidas en un mar de confusión.

El venerable Catecismo de Heidelberg expresa bien el concepto bíblico de la Iglesia. Hace la pregunta (54): «¿Qué crees de la santa Iglesia cristiana católica (universal)?» Y responde: «Que el Hijo de Dios, desde el principio hasta el fin del mundo, de todo el género humano, congrega, guarda y protege para sí, por su Espíritu y su Palabra en la unidad de la verdadera fe, una comunidad elegida para la vida eterna; de la cual yo soy un miembro vivo y permanecerá para siempre». 

Hoy, en lugar de honrar a Jesucristo como la Cabeza y Dueño de su iglesia, algunos «pastores» ven la Iglesia como una empresa privada, de tal forma que se han adueñado de la congregación. Ahora la iglesia «pertenece» a ellos en cuanto a todo lo material, hablando en términos legales. No existe el concepto de tomar decisiones colegiadas, y han asumido el papel que Dios le ha otorgado a la iglesia como cuerpo, tomando en sus manos las decisiones que le corresponden a la iglesia. En muchos casos sólo el pastor decide sobre cualquier cosa, sobre las finanzas de la iglesia, sus proyectos, etc. Sólo el pastor decide y hasta cuanto debe de aumentarse el salario. De esta forma el pastor se establece como la máxima autoridad en la congregación, sin duda la comodidad es el factor más fuerte. En cambio, la biblia nos da un ejemplo de una comunidad y una pluralidad en la iglesia para la toma de decisiones (c.f. Hch. 1:12-26; 2:43-47; 4:32-37; 6:1-7; 1:27-30; 5:1-35). 

A la iglesia, Dios le otorgó las llaves del reino para fortalecer la iglesia y para que los hermanos caminen hacia la madurez, y sobre todo hacia el temor al Señor (ver el Catecismo de Heidelberg, 83-85; Confesión de Westminster, 30). Hacemos uso en forma reverente de las llaves del reino, y no para mostrar a la hora de aplicar la disciplina superioridad espiritual, ni vengar alguna desavenencia con un hermano. 

Otra de las llaves es la predicación del evangelio, un mandamiento para todos los tiempos. Jesús no dijo «Si quieren, vayan y prediquen». Tenemos que ir y hacer discípulos a todas las naciones: Mateo 28:19. Qué gran labor la de la iglesia, cuando salimos a predicar, no estamos persuadiendo a pecadores solamente, sino más que eso, estamos llamando a los elegidos por el Señor, en otras palabras a la iglesia del Señor. 

La iglesia necesita usar las llaves pero si alguien asume esta responsabilidad sea por avaricia, vanidad, o alguna otra situación que lo motive, quiero decir que está violentando el orden de Dios y se expone a un castigo donde su fruto no es de un elegido, (Mt. 7:21-23). La característica de la iglesia verdadera es el uso apropiado de las llaves del reino. 

Cuando un «pastor» se apodera de una comunidad de fe, está conduciendo las almas al diablo y no a Cristo. Los creyentes necesitan saber que en su iglesia hay rectitud, amor, perdón, disciplina, predicación del evangelio, enseñanza, y que pueden usar los dones que Dios les ha otorgado para la edificación de la iglesia (1 Co.13:12). En fin, una iglesia sana que se propaga, que envía misioneros, que proclama a gran voz el evangelio de nuestro Señor.

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