LA IGLESIA CON PROMESA

Por Todd Wilken

Reforma Siglo XXI, Vol. 9, No. 1

Siempre he estado fascinado con la 7-Up. Como bebida gaseosa sólo se puede beber cuando se mezcla generosamente con whisky. Pero como idea, la 7-Up es genial.

La 7-Up es motivo de leyenda publicitaria. En 1967, la compañía 7-Up lanzó su campaña publicitaria de la anti-cola. Fiel a su nombre, este era un esfuerzo por comercializar la 7-Up como todo lo que la típica bebida de cola no era.

La estrategia de la anti-cola estableció una visión que iba en contra de las figuras ya consagradas en la industria de las bebidas gaseosas. La 7-Up entendió que en los años 60s, los grandes temas políticos, recreativos y sociales se reducían al lema de Ellos contra Nosotros. Ellos eran viejos, aburridos, conservadores; los Beatles hicieron referencia a este tipo de personas en su canción “El Hombre de Ninguna Parte.” Nosotros, por otro lado, estábamos en onda; éramos aventureros, iconoclastas y amantes de la diversión. Con su tema Anti-cola, la 7-Up posicionó a las bebidas gaseosas como Ellos y se identificó a sí misma con el Nosotros.

Las ventas de 7-Up se dispararon. No es de sorprenderse, el suyo fue un enfoque segurísimo. Refuerza la percepción negativa de la marca de tu competencia – vieja, aburrida, conservadora. Preséntate tú mismo como la alternativa – en onda, aventurero, iconoclasta y amante de la diversión.

Luego, en Enero de 2003, los fabricantes de 7-Up impulsaron el mismo truco publicitario una vez más – contra ellos mismos. La nueva bebida era la “dnL.” Según los anuncios publicitarios, “dnL proviene de los fabricantes de 7-Up, pero es todo lo que 7-Up no es… Es la 7-Up en sentido contrario.” Ya lo adivinó, simplemente le dieron vuelta a la vieja lata de 7-Up y la llenaron con algo que sabe a anticongelante cafeinado. ¿Me pasan el whisky, por favor?

Los que no asisten a la Iglesia

A mediados de los años 1950s, Robert Schuller fue llamado a iniciar una nueva iglesia en el sur de California. Comenzó dirigiendo una encuesta de opinión casa por casa. “Le preguntó a la gente a qué tipo de iglesia le gustaría asistir. Querían luz, belleza, tranquilidad, música hermosa, gente amistosa, programas que se ajustaran a sus necesidades, sermones que no fueran aburridos – mejor aún, ¡sermones que ni siquiera fueran sermones! Querían un lugar donde pudieran sentirse cómodos.” El enfoque de Schuller se parecía menos al de 7-Up y más al de la Pepsi. Simplemente ofreció algo más dulce y burbujeante que lo que la iglesia tradicional tenía disponible. Aún así, para 1980, Schuller estaba dedicando su Catedral de Cristal, con casi tres mil asientos, en Garden Grove. No está mal.

También en 1980, un joven de nombre Rick Warren, llevó el enfoque de Schuller un paso más allá, y entró al verdadero territorio de la 7-Up. Igual que Schuller, Warren apareció en el sur de California sin nada. Igual que Schuller, Warren fue de puerta en puerta haciendo una encuesta de opinión. Pero la pregunta de Warren era diferente. Schuller quería saber lo que a la gente le gustaba en una iglesia. Warren quería saber lo que no les gustaba. Preguntó, “¿Por qué cree usted que la mayoría de la gente no asiste a la iglesia?”

“Me pregunté a mí mismo, ¿qué tipo de iglesia vamos a ser? Y decidí, ¿por qué no somos una iglesia para la gente que odia la iglesia? Hay muchas iglesias buenas por aquí cerca. ¿Por qué no tenemos una iglesia para la gente que aborrece la iglesia? Así que salí y durante doce semanas fui de puerta en puerta, y estuve tocando las puertas de muchos hogares por casi doce semanas y realicé una encuesta de opinión.”

Warren anduvo buscando a la gente que odiaba la iglesia, y los encontró. Escuchó cuatro quejas comunes: 1) la iglesia es aburrida; 2) los miembros de la iglesia no son amigables; 3) la iglesia se preocupa solo por el dinero; y 4) el cuidado de los niños que ofrece la iglesia es inadecuado. Warren se puso a edificar su nueva iglesia alrededor de estas cuatro quejas. “Una iglesia para la gente que odia la iglesia.” Una iglesia para los que no tienen una iglesia. La anti-iglesia.

Veinticinco años más tarde, el enfoque de Warren es el procedimiento operativo estándar en el Cristianismo estadounidense. Hay anti-iglesias en cualquier lugar donde vuelva la mirada. Pero esto no es ciencia espacial o avivamiento. El marketing funciona ya sea con la soda pop o con el Cristianismo pop. Es un enfoque segurísimo. Refuerce la concepción negativa de la marca de su competencia – aburrida, poco amigable y avariciosa. Preséntese Ud. mismo como la alternativa – emocionante, amistosa y llena de interés por los demás.

Argumentando con el éxito

¿Qué está mal con la anti-iglesia? Mucho. Pero voy a nombrar solamente dos cosas. Primero, la anti-iglesia le dice a los que no tienen iglesia, “Sí, todo lo que han sospechado con respecto a la iglesia es verdad. La iglesia está atrasada, le falta vida, es aburrida y solamente se sirve a sí misma.” La anti-iglesia sobrevive y prospera al reforzar el estereotipo negativo popular de la iglesia.

Segundo – y más importante aún – una iglesia que se edifica sobre las quejas de quienes no tienen iglesia nunca puede ser más de lo que el público demanda o espera. El agua no puede elevarse por encima de su propio nivel. Un edificio no puede ser más fuerte que su fundamento.

Existe un camino mejor. Sí, la anti-iglesia tiene la gente, la influencia y la prosperidad económica. ¿Qué podría ser mejor que muchos acres con cómodas instalaciones, decenas de miles de miembros y centros de adoración repletos? Sé que esto suena loco, pero realmente existe un camino mejor.

La iglesia no se edifica sobre las quejas o halagos del mundo. La iglesia tiene algo mejor. La iglesia no se edifica con base en encuestas de opinión, planificación o incluso propósitos. La iglesia se edifica sobre las promesas de Dios.

La Promesa en Persona

El Apóstol Pablo escribe, “Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2 Cor. 1:19-20).

Pablo está diciendo que todas las promesas que Dios ha hecho alguna vez se cumplen en Jesús. El Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, el pasado, el presente y el futuro – Jesucristo es el “Sí” final a todas y cada una de las promesas de Dios. Todas las promesas de Dios fluyen del Jesús crucificado y levantado, y llevan de regreso a Él.

Pablo también dice que Dios está totalmente comprometido con el cumplimiento de sus promesas, en particular la promesa de salvar a los pecadores. “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Tim. 1:15). Además, esta promesa de salvar a los pecadores no es simplemente una promesa entre muchas; es LA promesa de Dios. Todas las otras promesas de Dios, cualesquiera que sean, son en realidad sólo una parte de esta promesa mayor y mucho más abarcadora.

En otras palabras, salvar a los pecadores no es un pasatiempo de Dios, es la razón de ser de Dios. Si Dios tiene un “asunto,” como solíamos decir, es este. En Jesús, Dios estaba llevando a cabo Su asunto. Pablo escribe, “por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:19-20; ver también 2:9). Pablo no está afirmando aquí simplemente la divinidad de Jesús. Nos está diciendo que la plenitud de quién es Dios fue revelada Jesús mientras yacía muerto en la cruz por los pecadores. La cruz y la resurrección son todo aquello con lo cual se identifica el Dios Trino.

Jesús es la promesa de Dios en persona. La promesa de salvar a los pecadores en Jesús es la promesa que reúne y mantiene unidas a todas las promesas de Dios. Esta promesa es el fundamento de la iglesia. Pablo escribe, “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Cor. 3:10-11).

Sabiendo esto, los apóstoles no llevaron a cabo encuestas de opinión. Simplemente predicaron a Cristo crucificado. Lo apóstoles no se pusieron a averigüar lo que le gustaba a la gente con respecto a la iglesia, o lo que odiaban. Simplemente comenzaron a anunciar que la promesa de Dios había sido cumplida en Jesús. “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús” (Hechos 13:32-33).

No importa cuán grande o exitosa pueda llegar a ser, una iglesia edificada sobre las quejas de aquellos que no asisten a la iglesia nunca puede ser más de lo que el público demanda. Sin embargo, la iglesia edificada sobre la promesa de Dios en Jesús siempre es todo lo que Dios ha prometido. Todo lo que la anti-iglesia puede llegar a hacer es llenar las necesidades sentidas de aquellos que no aprecian a la iglesia. Se mantiene cautiva de los reclamos de esas personas. Está limitada por las expectativas que ellos puedan tener. Si la anti-iglesia deja de vivir a la altura de las expectativas de aquellos que no aprecian la iglesia, no tiene nada más que ofrecerles.

La iglesia puede hacer más. Cuando la iglesia (y esto no es una probabilidad, así sucederá) se queda corta, aún cuando viva a la altura del peor de los estereotipos concebidos por el mundo, todavía tiene las promesas de Dios. De hecho, tal fracaso y desilusión es algo que se anticipa y se espera en la iglesia. La iglesia no se presenta a sí misma como el lugar donde se cumplen todas tus expectativas o donde se llenan todas tus necesidades. No, todo lo contrario. La iglesia nunca se sorprende cuando los pecadores piensan, hablan y actúan como pecadores, especialmente en sus propias filas. La iglesia es un club conformado únicamente por pecadores. La iglesia no está aquí para silenciar las quejas de aquellos que no asisten a la iglesia, o para vivir a la altura de sus expectativas, sino para proclamar la promesa de Dios, en persona, de perdón para los pecadores – en la persona de Jesucristo.

Predicando y practicando la Promesa

La anti-iglesia le ofrece a la gente sin iglesia una predicación “que se aplica en la vida.” ¿Por qué? Esto es lo que la gente sin iglesia espera. Aquellos que no tienen iglesia siempre esperan menos de lo que Dios da. La gente sin iglesia espera una predicación que les brinde soluciones prácticas a sus problemas cotidianos. La iglesia tiene algo mejor.

Para comenzar, la iglesia no le predica a los que no tienen iglesia. La iglesia en realidad no se preocupa si alguien tiene iglesia, o si no la tiene, o si está por debajo del nivel de la iglesia, o si se ha excedido en cuanto a la iglesia, o si anda extraviado en cuanto a ella, o si está separado de la iglesia, o en alguna etapa previa antes de entrar a la iglesia, o si ha sido separado de la iglesia, o si se ha vuelto a insertar en la iglesia. La iglesia le predica a los pecadores – pecadores que no asisten a la iglesia y pecadores que sí lo hacen, pecadores que están buscando y pecadores que no lo están haciendo, pecadores que son incrédulos y pecadores que ya creen.

Ya sabemos qué es lo que los pecadores queremos escuchar. Queremos escuchar acerca de nosotros mismos. Queremos oír que Dios nos ama tal como somos. Queremos oír como podemos mejorar nuestra vida y también a nosotros mismos. Queremos escuchar que podemos lograrlo – con un poco de ayuda de parte de Jesús. Esta es la razón por la cual la anti-iglesia predica tanto del Cristiano y tan poco acerca de Cristo.

Pero, ¿qué es lo que los pecadores necesitan escuchar? Primero, necesitamos escuchar lo que la ley de Dios dice acerca de nosotros.

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (Rom. 3:10-20)

Luego necesitamos escuchar lo que dice el evangelio acerca de Jesús.

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. (Rom. 3:21-25)

En su predicación la iglesia dirige la mirada de los pecadores hacia fuera de ellos mismos (su potencial, sus planes, y sí, incluso su propósito) hacia Jesús. La iglesia predica a Cristo, no sobre el Cristiano. La iglesia tiene algo mejor que decirles a los pecadores; mejor que lo que ellos quieren o esperan escuchar. Incluso bajo el riesgo de ser considerada irrelevante, la iglesia le dice a los pecadores lo que necesitan escuchar. Pablo estaba muy consciente de este riesgo, incluso en su época:

Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios… Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. (1 Cor. 1:18, 21-24)

El mundo nunca va a considerar relevante a Cristo crucificado. Aquellos que no tienen iglesia nunca nos van a decir que quieren escuchar el mensaje de la cruz. Esta es la razón por la cual la iglesia no le pregunta a la gente qué es lo que quieren oír. La iglesia predica lo que la gente necesita escuchar.

La anti-iglesia le ofrece a la gente sin iglesia una gran cantidad de cosas por hacer. La anti-iglesia típica es un lugar muy ocupado. ¿Por qué? Esto es lo que espera la persona sin iglesia. La gente sin iglesia siempre espera menos de lo que Dios da. La gente sin iglesia espera que la iglesia se parezca a cualquier otra organización conformada por voluntarios. La iglesia tiene algo mejor.

La iglesia no está interesada en darles a los pecadores algo que los mantenga ocupados. La iglesia está interesada en darles a los pecadores las cosas que Dios ha hecho por ellos. La iglesia no está interesada en mantener ocupados a los Cristianos. Dios nos ha dado nuestras familias, vecinos y trabajos para hacer eso. La iglesia es donde Dios hace Su trabajo.

El Bautismo, la Absolución y la Cena del Señor son la obra de Dios. La iglesia llama “medios de Gracia” al Bautismo, la Absolución y a la Cena del Señor, y lo dice en serio. Son la Palabra de Dios tangible, audible y digerible. Son las promesas de Dios tangibles, audibles y digeribles. A través de estos medios Dios hace su obra por los pecadores. A través de estos medios Dios guarda su promesa de perdonar a los pecadores. Por estos medios Dios mantiene a la iglesia sobre su fundamento, Jesucristo. Por estos medios Dios edifica a la iglesia hasta su plena estatura en Jesucristo.

El mundo jamás va a considerar al Bautismo, la Absolución, o la Cena del Señor, como cosas importantes. Siempre van a valorar más la obra del hombre que la obra de Dios. Los que no asisten a la iglesia nunca nos dirán que quieren estos dones. Esta es la razón por la cual la iglesia no le pregunta a la gente lo que quiere. La iglesia le da a la gente lo que necesitan. Las promesas de Dios son mucho mejores que las quejas de los que no asisten a la iglesia, ¿cierto?

En palabras de Samuel Stone, el mundo siempre observará a la iglesia con “un asombro lleno de desprecio.” Pregúntele a aquellos que no asisten a la iglesia lo que les molesta con respecto a ella y ellos le contestarán. Pero no edifique la iglesia sobre aquello que le digan. Edifique la iglesia sobre lo que Dios dice.

Cuando la iglesia se edifica sobre las promesas de Dios, nunca será lo que el mundo quiere o espera. Pero siempre será lo que Dios ha prometido. Cuando la iglesia se edifica sobre las promesas de Dios, nunca parecerá relevante o útil a los ojos del mundo. Pero siempre será capaz de darle al mundo aquello que necesita, al Cristo crucificado y levantado.

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