LA EDUCACIÓN TEOLÓGICA REFORMADA: MOTIVOS Y DESAFÍOS

Por Augustus Nicodemus Lopes

Reforma Siglo XXI, Vol. 8, No. 1

Introducción

Uso la expresión ‘educación teológica’ para describir el proceso de educación y formación de algunos, hecho por instituciones de enseñanza teológica, con la meta de instruirles y prepararlos para la labor teológica y pastoral. Es lo que se realiza en seminarios, facultades de teología y otras instituciones afines.

Cuando digo «educación teológica reformada», me refiero a aquella educación teológica que se realiza a partir de los principios y presuposiciones de la teología defendida en la Reforma Protestante. Esta perspectiva no es compartida por todos. Para comenzar, no existe unanimidad entre los que se consideran herederos de la Reforma Protestante con respecto al término ‘Reformado’. Históricamente, el término ‘Reformados’ fue usado indistintamente para todos los Protestantes, calvinistas, luteranos y zwinglianos. Con las controversias entre ellos sobre la Santa Cena, ‘Reformados’ pasó a designar a los a zwinglianos y calvinistas solamente, en contra de los luteranos. Y como la importancia de Zwinglio menguó en el escenario Protestante, ‘Reformados’ pasó a designar a los calvinistas. Por tanto, es históricamente correcto afirmar que el término ‘Reformado’ tiene que ver en primero lugar y básicamente con la teología calvinista. Hoy en día hay iglesias e instituciones de enseñanza teológica que se presentan como ‘Reformados,’ pero ya abandonaron, en alguna medida, partes fundamentales de la teología calvinista. Lo mismo puede decirse de teólogos y profesores que se consideran Reformados a pesar del hecho de que no son calvinistas en su doctrina. De manera que aunque para algunos ‘Reformados’ el ser Reformado significa pertenecer a una iglesia que históricamente desciende de la Reforma Protestante, o significa mantener el espíritu reformista que marcó a los Reformadores, es más exacto decir que el concepto de ‘Reformado’ está ligado a las principales afirmaciones doctrinales defendidas por los Reformadores, y particularmente las de Juan Calvino. Es en este sentido que me refiero a la educación teológica Reformada y la disciplina académica ‘Reformada’.

Históricamente las iglesias Reformadas han dado gran importancia a la enseñanza teológica y la preparación de sus pastores. Un ejemplo brasileño es la preocupación que tenía el joven misionero Ashbell Green Simonton para la educación teológica de los obreros nativos. Simonton fue el pionero presbiteriano en Brasil, y las siguientes palabras son tomadas de su Diario, escritas al principio de su ministerio:

El Evangelio mismo ordena que este ministerio sea confiado a personas de aptitudes y piedad reconocidas, las cuales no deben de ocuparse en otra cosa. Aunque los miembros de cualquier iglesia sean celosos en el cumplimiento de sus deberes, no pueden dispensar de los servicios de un pastor bien instruido en las Escrituras y apto para enseñar públicamente. Estos requisitos no los tienen todos los creyentes. Este ministerio requiere estudios que pocos tienen. Aún más, requiere prudencia y abnegación y celo que Dios da solamente a los que viven en su santa comunión por medio de vigilancia y oración constante.

Ni todo cristiano celoso es apto para enseñar a sus semejantes desde el púlpito. Por más fuerte que sea su deseo de anunciar… sin estudios y la práctica de hablar, no puede hacerlo bien con éxito. No hay duda de que Dios, por medio de dones extraordinarios, puede convertir pescadores en apóstoles sin la intervención de escuelas y libros. La conclusión a que llegamos es que con la falta de los dones extraordinarios, como el don de lenguas y la inspiración divina, es preciso tener escuelas, libros y maestros.

Las iglesias Reformadas siempre reconocieron la necesidad de tener ministros preparados, y por tanto, la necesidad de una educación teológica adecuada y eficaz. En Brasil, sin embargo, los Reformados han producido poca literatura sobre este asunto. Todavía hay buenas razones para que los Reformados en Brasil tomen en serio la educación teológica. Enseguida, exponemos algunas de estas razones.

Motivos para la Educación Teológica en las iglesias Reformadas

1) La doctrina Reformada de la ‘Sola Scriptura’

La Reforma rechazó el magisterio Católico y la autoridad del papa como los que determinaban la verdad divina y teológica. En lugar de sus decisiones y decretos, los Reformadores reconocían las Escrituras como la única regla de fe y práctica para la vida del pueblo de Dios. Según las confesiones Reformadas, es el Espíritu hablando por las Escrituras quien es el juez supremo de todas las disputas y cuestiones teológicas. Además, los Reformadores rechazaron la vigencia de nuevas revelaciones del Espíritu, según era defendido por la llamada ‘Reforma radical’, la cual consistía de grupos pneumáticos místicos, conocidos como ‘fanáticos’ o ‘entusiastas’. Los Reformadores habían rechazado aún el método alegórico popularizado por los escolásticos Católicos durante la Edad Media, que enseñaba que cada texto de la Biblia tenía cuatro sentidos diversos. Los Reformadores, por su lado, enfatizaban que existía un único sentido de cada pasaje bíblico, el cual podía ser descubierto por el método gramático-histórico de interpretación.

Estas actitudes de los Reformadores colocaron las Escrituras en el centro de la vida de las iglesias, y de los ministros de Evangelio, provocando la necesidad de prepararlos para interpretar, sintetizar y predicar las Escrituras. De esta forma la educación teológica pasó a ser una necesidad urgente en la vida de las iglesias Reformadas. La fundación de la Universidad de Ginebra por Juan Calvino, entre otras cosas, estaba dedicada a la formación teológica de los ministros Reformados y era, sin duda, una respuesta al lema sola scriptura.

2) La existencia de un sistema doctrinario de las Escrituras

A pesar de la diversidad en géneros literarios, asuntos y temas, y de la diversidad de autores, y de haber sido escrita por etapas a lo largo de milenios, existe una unidad esencial en el mensaje de la Biblia que forma la base de su sistema doctrinal. Esta es una convicción distintiva en la tradición y teología Reformadas, que puede fácilmente ser comprobada en los libros clásicos de teología elaborados por autores Reformados antiguos y modernos.

Este sistema doctrinal ya era reconocido por los autores del Nuevo Testamento, aún antes de la formación del canon. En el material doctrinal que produjeron, en el contexto de polémicas, los autores del Nuevo Testamento no solamente revelaron su deseo de preservar un conjunto de conceptos que consideraban verdaderos y divinos, sino que también denunciaban con vehemencia aquellos maestros que promovían enseñanzas en contra. ¿Cómo podemos explicar tal denuncia contra los falsos maestros sino que los autores del Nuevo Testamento sabían que habían recibido un depósito doctrinal de parte de Dios y que los que enseñaban conceptos diferentes no procedían de Dios?

Los autores del Nuevo Testamento también enseñaban que los cristianos debían celar y preservar la doctrina una vez dejada a los santos. Aunque se usa de forma peyorativa en algunos círculos, el término «guardianes de la sana doctrina» cabe perfectamente dentro de estos objetivos de los autores inspirados. Tales autores incluso mencionan la apostasía, lo cual testifica elocuentemente a favor de lo que estamos defendiendo, es decir, que los autores del Nuevo Testamento operaban a partir de una convicción de que había verdades fijas e inmutables, y si se desviaban de ellas las personas corrían peligro para su propia alma.

En otras palabras, partiendo del Nuevo Testamento, los Reformadores y la tradición originada con ellos, defiende la posición de que el mensaje bíblico puede ser sistematizado bajo una forma de proposiciones doctrinales, ya que existe un sistema doctrinal revelado en las Escrituras. Es este punto lo que justifica la existencia de la teología y la educación teológica.

3) El carácter proposicional de la revelación

Otro aspecto de la tradición reformada que justifica la necesidad y la importancia de la educación teológica es su convicción en cuanto al carácter proposicional de la revelación de Dios a los hombre en las Escrituras. Por ‘proposicional’ me refiero al carácter a veces abstracto de los términos en que las doctrinas de la Biblia son expresadas, como palabras, frases, oraciones, discursos. Los Reformados siempre reconocieron que Dios se reveló de forma proposicional en las Escrituras. Una evidencia de esta convicción es la producción de numerosas confesiones de fe, bajo la forma de proposiciones, por parte de las diversas ramas de la Reforma. Si las personas logran comunicarse satisfactoriamente mediante proposiciones, no hay dificultad en admitir que Dios hace lo mismo con sus criaturas. 

Ya que la Biblia es el registro infalible de la revelación de Dios, según la teología Reformada, ella transmite el conocimiento de Dios a través de afirmaciones, declaraciones, historias, eventos, estatutos – en fin, a través de las formas y géneros literarios variados. Enseñando todos estos el conocimiento de Dios a través de palabras y frases. No todas son proposiciones. Pero no es posible negar la presencia de proposiciones en las Escrituras.

A pesar de haber sido dadas progresivamente, en una cultura determinada y en lenguaje humano, es posible someter tales proposiciones al estudio, la comparación, la sistematización, y la transmisión. Es precisamente este carácter proposicional de la revelación lo que permite la existencia del «estudio de Dios», o la teología.

Actualmente ciertas corrientes teológicas niegan el carácter proposicional de la revelación. Al hacer esto, vacían la labor teológica, o la reducen a una sociología de la religión, religiones comparativas, psicología de la religión, fenomenología de la religión o antropología cultural – todas disciplinas que obviamente tienen su valor y su lugar, pero que por su naturaleza fenomenológica y descriptiva no estudian los fenómenos religiosos desde el punto de vista de su contenido, validez y carácter genuino. De manera que no pueden sustituir la síntesis teológica propiamente dicha.

4) El distanciamiento de las Escrituras

A pesar de ser la revelación infalible de Dios hacia el hombre, la tradición Reformada reconoce el fenómeno que llamamos distanciamiento. Esto quiere decir que las Escrituras ocupan un lugar ‘distante’ a nosotros temporal, cultural, lingüística y contextualmente hablando.

La academia Reformada admite que la Biblia, el objeto propio de estudio en la educación teológica, no cayó así no más del cielo, sino que fue escrita por diferentes personas en diferentes épocas, lenguajes y lugares, lo cual produce un distanciamiento. El distanciamiento temporal apunta al hecho de que la Biblia está a una distancia de siglos de nosotros. Su último libro fue escrito al final del primer siglo de la Era Cristiana, lo cual nos separa temporalmente a una distancia de casi dos milenios. El distanciamiento cultural llama nuestra atención por el hecho de que el mundo en que los autores bíblicos vivieron ya no existe. Está en el pasado distante son sus propios características, cosmovisión, costumbres, tradiciones y creencias. Por otro lado, el distanciamiento lingüístico – los idiomas en fue escrita la Biblia ya no existen – nos recuerda que tenemos traducciones y versiones delante de nosotros que fueron hechas a partir de estos idiomas. El distanciamiento contextual nos recuerda que los libros de la Biblia fueron escritos para atender determinadas situaciones, que ya se perdieron en el pasado distante. Y además de todo esto, nuestra naturaleza humana pecaminosa aumenta esta distancia. Las Escrituras son la revelación infalible del Dios justo, santo, omnipotente – y nosotros somos finitos y pecadores.

La respuesta Reformada al distanciamiento no ha sido desanimarse o perder la esperanza de poder conocer a Dios conforme se ha revelado en las Escrituras, sino buscar cómo vencer el distanciamiento por el estudio (la educación teológica) y por la piedad, de acuerdo al lema de Calvino: orare et labutare. Así se expresa la necesidad de estudiar las Escrituras para vencer el distanciamiento temporal, y la necesidad de la piedad y oración para vencer el distanciamiento espiritual.

Con el esfuerzo de vencer el distanciamiento viene otro aspecto distintivo de la tradición Reformada, que exige la educación teológica: la necesidad práctica del trabajo pastoral a partir de las Escrituras. Los pastores y líderes necesitan respuestas a las preguntas y desafíos contemporáneos a la luz de la Biblia, la historia, y de nuestra tradición Reformada. Para poder hacer esto eficazmente, necesitan ser preparados correctamente en las Escrituras.

Los misioneros y obreros necesitan poder presentar el Evangelio de forma inteligente, bíblica y contextualizada. Todo esto justifica la imperiosa necesidad de la educación teológica de los ministros, obreros, líderes, profesores y misioneros.

Los puntos mencionados arriba representan algunas de las razones por las cuales las iglesias Reformadas siempre dieron mucha importancia a la educación teológica de los pastores, evangelístas, obreros, misioneros y líderes. Existe una concordancia lógica con cualquier teología que adoptemos. Si no creyéramos que la Biblia contiene un sistema doctrinal capaz de ser analizado, sistematizado y transmitido, si no creyéramos en la necesidad de vencer el distanciamiento que nos separa de ella, entonces tampoco tendríamos educación teológica.

En la medida que las denominaciones Reformadas ceden a las tentaciones contemporáneas, su educación teológica se torna más y más secularizada, como veremos más adelante.

Desafíos actuales para la Educación Teológica en las iglesias Reformadas

La educación teológica en las iglesias Reformadas siempre enfrentó grandes desafíos provenientes de los cambios que acontecían en la academia secular, los cuales invariablemente tarde o temprano terminaron por influir en la academia cristiana. Por ejemplo, cuando surgió la Ilustración al inicio del siglo dieciocho, con su presuposición fundamental – que Dios debía quedar fuera del conocimiento humano – la academia cristiana fue confrontada por ello en cuanto al concepto de verdad y de su método de investigación. Y muchos teólogos protestantes se unieron al movimiento de la Ilustración. No es que se volvieran ateos o agnósticos, sino que intentaron combinar las demandas de la Ilustración con las verdades de la fe cristiana. Entonces surgió el deísmo. El deísmo es el término que se aplica al pensamiento de los teólogos libre-pensadores de los siglos diecisiete y dieciocho que buscaban hacer compatibles la fe en Dios y el racionalismo de la Ilustración. El deísmo afirma la existencia de Dios, pero niega su intervención en la historia humana, ya sea a través de la revelación, los milagros o la providencia. De él salió el liberalismo teológico, que rápidamente invadió a los seminarios y facultades de teología. La academia Reformada nunca sería lo mismo después de esto.

Otro ejemplo es la llegada del pos-modernismo al escenario de la vida humana, con su rechazo del concepto de que existan verdades absolutas y fijas, y afirma que toda verdad es relativa y depende del contexto social y cultural en el cual viven las personas. Esto incluye las verdades religiosas. Los conceptos como ‘Dios’ son totalmente relativos. Cada uno percibe la verdad desde su propia perspectiva. No existe ‘verdad’, sino que existen ‘verdades’ que no se contradicen sino que se complementan. El espíritu relativista, pluralista e inclusivista del pos-modernismo impregna hoy los medios académicos. Como era de esperarse, este cambio afectó profundamente la academia cristiana con un impacto en la hermenéutica bíblica. Es verdad que las ‘nuevas luces’ (nuevos conceptos) traídas por el pos-modernismo han sido recibidas con cautela y con cuidado por los estudiosos Reformados conservadores, que aún rehuyen recibirlas, especialmente por causa de los efectos que tendrán en la predicación, en la evangelización, y en la vida de las iglesias. Pero los nuevos conceptos del pos-modernismo ya lograron entrar en muchos círculos académicos de estudio bíblico y han producido nuevos tipos de teología, y una comprensión diferente de la educación teológica.

Mi punto aquí es que la educación teológica Reformada siempre fue desafiada por las tendencias de la academia secular. Y no es diferente hoy. Para mi concepto, hay algunas de estas tendencias que siguen siendo una gran tentación para los Reformados. Estas son algunas de ellas:

1) El desafío de la secularización

Existe una tentación de que la educación teológica se amolde a la academia secular en diversos aspectos. Uno de ellos es en cuanto a la formación de los profesores de teología en universidades seculares. Existe una tendencia en la academia protestante de reverenciar o privilegiar los títulos y diplomas obtenidos en universidades seculares, especialmente aquellas de reputación por excelencia

académica. Además de esto, el título ofrecido por el estado permite aprovechar los estudios en grados escolares superiores y usarlos en áreas seculares, lo que se torna muy atractivo. Así los profesores de seminarios y otras instituciones con frecuencia procuran obtener una educación secular, en detrimento de una formación teológica Reformada y bíblica. El motivo implícito es que el proceso educacional y los resultados de la academia secular son vistos como superiores a los de las escuelas y facultades teológicas. La atracción que estos cursos ofrecen es que traen la garantía de una supuesta calidad científica de la academia secular, con los resultados seguros de la metodología de la investigación científica. Por lo tanto, el estudio de la fe cristiana y de su Biblia, hecho por la metodología secular, es viciado desde el inicio, pues ya parte del a priori de que Dios, si existe, no interviene de forma objetiva en el mundo y en la historia.

Siguiendo esta linea, las instituciones de enseñanza teológica pueden caer en la tentación de pensar que un diploma con reconocimiento del Estado indica una mejor capacitación o un mejor entrenamiento en el área de la teología. La verdad es que, en cuanto a tal reconocimiento para las escuelas de teología, sólo se obtiene cumpliendo ciertas condiciones que tienden a mejorar la investigación y el estudio, pero tales condiciones en nada resaltan la reflexión teológica propiamente dicha; y la falta de un sello de la autoridad competente no significa que el nivel de educación sea necesariamente inferior.

Desde el inicio, el conflicto entre Atenas (educación secular) y Jerusalén (educación teológica) preocupó a la iglesia cristiana. El desafío para las iglesias Reformadas consiste en cómo realizar la educación teológica con un alto grado de excelencia, eficiencia y capacidad sin perder de vista que no se puede estudiar a Dios y su revelación en las Escrituras como si esta última fuera otro libro cualquiera de religión.

La secularización de la enseñanza teológica representa un gran desafío para las iglesias Reformadas que desean formar a sus pastores con un patrón de excelencia académica y también dentro del marco de la sana doctrina, dentro de la tradición Reformada y dentro de una teología bíblica.

2) El cientificismo

Otra tentación, ya mencionada implícitamente arriba, es la de adoptar una linea de literatura teológica que presupone la suficiencia del método cartesiano en los estudios teológicos. El método cartesiano, base

de la ciencia moderna, es fruto del racionalismo y el empiricismo, y domina los estudios seculares en las universidades. Presupone que el universo es un sistema cerrado de causa y efecto, gobernado por leyes fijas y universales. Estas leyes (es decir, lo ‘verdadero’) sólo pueden ser establecidas por el sistema empírico de observación, experimentación y formulación de hipótesis. En este proceso, las presuposiciones deben quedar fuera, especialmente las presuposiciones religiosas, especialmente en la formulación de las hipótesis.

El método histórico-crítico de interpretación bíblica, fruto del liberalismo teológico naciente del siglo 18, nació de este modelo y ha ganado el predominio en muchas escuelas teológicas. Exige una interpretación de la Biblia sin la presuposición de la fe, a pesar de que él mismo parte de la presuposición de la no-intervención sobrenatural de Dios en la historia. De esta forma, ofrece explicaciones sociológicas, psicológicas, históricas y económicas para el surgimiento del judaísmo y del cristianismo, al igual que las Escrituras. Este es el método por excelencia de la educación teológica realizada en las universidades y en las instituciones teológicas liberales, a pesar de que ha sido declarado muerto.

El cientificismo representa un gran desafío para la educación teológica, pues propone que se dejen fuera las presuposiciones de la fe Reformada en el estudio académico de la Biblia. El desafío que se presenta a los Reformados es que se estudien las Escrituras con profundidad y seriedad, pero también con las presuposiciones de la fe, y no del agnosticismo y del ateísmo. El reto es desarrollar métodos de interpretación, acercamientos teológicos, y prácticas pastorales que integren las presuposiciones de la fe Reformada.

3) El pluralismo

Otro gran desafío para la educación teológica Reformada en nuestros días es el pluralismo del pos-modernismo. El pluralismo es la forma en que el pos-modernismo se acerca al concepto de la verdad. Mientras que el cientificismo está más ligado a la modernidad, el pluralismo representa, en muchos aspectos, lo que es más característico del llamado pos-modernismo. El pluralismo rechaza la idea de que existan verdades absolutas y fijas. Espera que las opiniones cedan espacio las unas a las otras, particularmente a los puntos de vista marginados, aquellos que fueron callados durante generaciones por las voces dominantes de la sociedad, como es el caso de la perspectiva feminista, homosexual, de las minorías, y de las culturas despreciadas. En la perspectiva pluralista, la opinión y las convicciones de todos tienen que ser respetadas, dado que la opinión de uno es tan verdadera como la opinión de otro. Y ya que no existen conceptos absolutos en el área de la religión y la moral, no puede haber proselitismo, esto es, que alguien imponga un sistema doctrinal o una ideología moral por encima de otras. Se vuelve políticamente incorrecto criticar las ideas, los pensamientos, conceptos, creencias y la conducta moral de alguien.

El pluralismo ha llegado a ser el espíritu característico de la academia secular en muchos aspectos, y representa una tentación para la academia Reformada. En términos prácticos, el desafío que trae consiste en la introducción de diferentes lineas teológicas en el proceso de la educación teológica, y cada linea presupone que no hay una linea teológica única, válida o verdadera, sino que existen muchas que se complementan. En esta forma, dice buscar el ‘enriquecimiento’ del estudiante, con una pluralidad, en lugar de buscarlo por la formación teológica dentro del sistema doctrinal revelado en las Escrituras. El pluralismo disminuye la importancia de la confesionalidad, con la consecuente pérdida de la identidad Reformada. Obviamente defiendo el hecho que la academia Reformada debe ser expuesta a todas las diferentes lineas de pensamiento, las teologías y hermenéuticas existentes. Pero creo que ese contacto debe ser seguido necesariamente de un análisis crítico hecho a partir de las presuposiciones bíblicas conforme son desarrolladas por la tradición Reformada histórica, como por ejemplo, se debe estudiar las obras de os liberales clásicos con el filtro de las Escrituras según las interpretó la Reforma Protestante.

Existe una diversidad saludable entre los Reformados que mantienen las presuposiciones fundamentales de la fe Reformada, especialmente aquellas presuposiciones relacionadas con la infalibilidad y la autoridad de las Escrituras. Esta variedad es saludable, pues ayuda a definir los límites de la fe Reformada, y consiste de diferentes interpretaciones de puntos que no son esenciales para la fe cristiana. Pero no es esta diversidad dentro de la unidad que el pluralismo busca en la educación teológica. Busca la introducción de corrientes teológicas que adopten el método crítico-histórico, que disminuyan la autoridad de las Escrituras, y que enfaticen el carácter no-proposicional de la verdad. En fin, busca que la educación teológica refleje las corrientes teológicas más divergentes, radicales y contradictorias que tristemente distinguen a la tradición protestante. Busca que proliferen seminarios y facultades teológicas donde no haya una linea teológica definida, y donde cada profesor tiene un acercamiento teológico distinto, desde los liberales históricos, los neo-ortodoxos, neo-liberales, Católicos, evangélicos y aún los mismos agnósticos.

Cito aquí el testimonio de John Leith, considerado como el mejor teólogo de la actualidad en la Presbyterian Church of United States of America (Igreja Presbiteriana de los Estados Unidos de America, PCUSA), actualmente jubilado después de una vida entera dedicada a la educación teológica en la PCUSA. Leith escribió Crisis in the Church (‘Crisis en la Iglesia’), después de jubilarse. En esta obra, él lamenta el estado actual de lo vacíos que están los seminarios de su denominación, y particularmente la falta del crecimiento de la misma, e identifica algunas causas: 1) la mayor parte de los profesores de los seminarios no es formada a partir de pastores o predicadores, sino de profesores profesionales, formados en universidades seculares sin experiencia en el ministerio; 2) El pluralismo de corrientes teológicas confunde a los alumnos y hace que se pierda la identidad Reformada. Así, los seminarios no están produciendo pastores que sepan predicar, pastorear, aconsejar o plantar iglesias, y muchos están confundidos.

El desafío que nos plantea el pluralismo es cómo conocer y estudiar, de forma crítica, las diferentes y divergentes teologías, métodos y acercamientos, sin traicionar nuestra tradición Reformada.

5) El pragmatismo

El pragmatismo en la educación teológica es la tendencia de adaptarla a una visión del ministerio centrada en satisfacer las necesidades inmediatas de las personas, en detrimento de las grandes verdades del sistema doctrinal revelado en las Escrituras. Como resultado, la educación teológica termina siendo el conjunto de curriculum, notas, metas, profesores y su corriente teológica es determinada por la práxis, las prácticas, liturgia y costumbres de las iglesias, habiendo abandonado la referencia bíblica como lo determinante.

Cuando esto ocurre, hay una capitulación de la teología a las demandas del pluralismo litúrgico y doctrinal de las iglesias – en lugar de reformar estas prácticas, la educación teológica pasa a reflejarlas, dejando de ser gobernada por la revelación bíblica y siguiendo los vicios culturales de la época.

Esto no quiere decir que la educación teológica no deba tener en cuenta las cuestiones prácticas, urgentes e inmediatas de las personas a las cuales los pastores, misioneros y obreros van a ministrar. El desafío es desarrollar un modelo pastoral en la educación teológica que esté atento a las necesidades de las personas y de nuestra época, pero que nunca abandone las Escrituras como única regla de fe y práctica.

Cuando una iglesia permite que su educación teológica sea determinada por la cultura, tarde que temprano será víctima de ella. Algunas denominaciones Reformadas que aceptaron la ordenación de mujeres al ministerio basados en acomodar la iglesia a los rumbos de la sociedad y la cultura en las cuales vivía, hoy deben tragarse el mismo argumento frente a la presión de los grupos gay para que realicen matrimonios gay y ordenen lesbianas y gays como pastores y presbíteros, ya que el homosexualismo también es aceptado hoy por la sociedad. En 1992 la Iglesia de Inglaterra comenzó a ordenar mujeres. Pocos instantes antes de la votación en la asamblea, llegó una carta del Movimiento Cristiano de Gays y Lesbianas, que decía, «Apreciado señores, por favor noten que todos los argumentos usados para la ordenación de las mujeres también pueden ser usados para la ordenación de los homosexuales practicantes». Los argumentos a favor de la ordenación de mujeres eran de tres tipos: sentimental, utilitario, y político. Ninguno era bíblico. Los mismos argumentos son usados hoy a favor de la ordenación de los gays.

6) Academicismo

Esta es la tentación de olvidar el aspecto divino y espiritual de la educación teológica, la cual tiene como objeto de estudio la revelación divina. Es la tentación de acostumbrarnos a las cosas de Dios y perder el sentido de asombro, temor, amor, celo, maravilla y entusiasmo. Es la tentación de acostumbrarnos a lo divino, y tornarnos cínicos, escépticos, profanos, insensibles, secos y fríos – en otras palabras, meramente académicos. Es la tentación de estudiar la Biblia como si fuera un mero libro antiguo, de estudiar a Dios de forma impersonal, y de estudiar la teología sin cualquier pasión en nuestro corazón.

Esta tentación siempre acompañó la educación teológica Reformada. Y en muchas ocasiones los pastores, profesores y teólogos Reformados poseen un vasto conocimiento bíblico y general, mas poca o ninguna piedad. Y no pocos escarnecen y menosprecian la devoción y la espiritualidad en la vida académica, como si las dos cosas fueran incompatibles.

La falta de profunda comunión con Dios y de una vida piadosa y santa hará que los que están involucrados en la educación teológica formen teólogos y profesores, pero nunca formarán verdaderos pastores y siervos de Dios. El ideal Reformado para la educación teológica, calcado en el lema de Calvino, orare et labutare, debe ser el de cultivar tanto la mente como el corazón. El desafío para los Reformados es promover una educación teológica que desarrolle mente y corazón.

Los factores mencionados arriba representan algunos de los peligros latentes en la educación teológica Reformada, contra los cuales se debe estar siempre alertas. Esto es especialmente importante cuando reflexionamos sobre la importancia de la educación teológica para el futuro de las iglesias Reformadas.

Conclusión

Este ensayo tiene varios objetivos. Primero, recordar los fundamentos de la educación teológica Reformada. Es una consecuencia inevitable de los principios fundamentales de la tradición Reformada. Segundo, advertir sobre los desafíos y peligros que ha sufrido a lo largo de las últimas décadas. Las iglesias Reformadas no pueden descuidar la buena marcha de la educación teológica para sus obreros bajo pena de sufrir sus consecuencias en un espacio de muy corto tiempo.

La educación teológica es la espina dorsal de una iglesia. Su importancia se ve no solamente en los factores mencionados arriba, sino también en el hecho de que por medio de ella se puede cambiar la cara de una denominación o iglesia dentro de tan sólo una década. Una vez que las instituciones de enseñanza teológica de una denominación se tornan, por ejemplo, neo-liberales o neo-ortodoxas, esto se hará sentir en menos de una década en las iglesias. Pues, los pastores formados en estas instituciones llevarán las semillas de la incredulidad y de la duda a sus púlpitos, y ciertamente influirán en aquellos que ocupan posiciones de liderazgo y cargos administrativos en la denominación. Muchas de las iglesias Reformadas de Europa y Estados Unidos que hoy son ecuménicas y toleran el matrimonio y la ordenación de homosexuales, la ordenación de mujeres al ministerio, la relaciones sexuales antes del matrimonio, una visión evolucionista del origen del mundo – comenzaron con un cambio en la educación teológica en sus seminarios. Una vez que las Escrituras pasaron a ser cuestionadas, desacreditadas, o relativizadas en su aplicación para nuestros días, enseguida vinieron los cambios en los símbolos de fe, y las decisiones conciliares que permitían las prácticas mencionadas arriba, entre otras.

Una estadística reciente mostró que el 55% de los profesores de los 11 seminarios de la PCUSA están a favor de la ordenación de homosexuales. Los mismos elaboraron una carta para la Asamblea General de la PCUSA pidiendo que los gays y las lesbianas pudieran ser ordenados como ministros del Evangelio. Cuando una mayoría de los profesores de los seminarios defiende esta causa, no es de maravillarse que lo mismo tenga tamaña aceptación dentro de una denominación.

Por otro lado, la educación teológica puede ser instrumento de Dios para una reforma y un despertar espiritual de la denominación. A través de ella podemos formar pastores, profesores, misioneros y obreros que sean siervos fieles de Jesucristo, académicamente competentes y espiritualmente vigorosos. Estos mismos traerán a las iglesias locales un avivamiento y una reforma espiritual verdaderos que tanto necesitamos. Formarán las opiniones y forjarán la mentalidad de toda una generación. Seminarios comprometidos con la Palabra de Dios y con la vida cristiana forman generaciones de pastores fieles que a su vez influirán en los líderes y obreros quienes igualmente van a ejercer influencia en los concilios.

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