LA DISCIPLINA ECLESIAL

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 7, No. 1

La hermana Esmeralda llegó un domingo hace unos meses, e informó al pastor que quería hacerse miembro. El pastor Hector estaba contento con recibir un miembro nuevo, especialmente dado que el mes pasado perdió una familia. Esmeralda fue recibida como miembro, y enseguida se involucró en casi todas las actividades de la iglesia. Todos la aplaudían por ser activa y muy espiritual, hasta que comenzaron los problemas. Resulta que la Esmeralda chismea mucho, y tiende a dividir a las personas. También le gusta controlarlo todo. Es crítica de la música y quiere introducir cantos de su iglesia anterior en el culto. Ha comenzado a criticar la sociedad de damas de no orar y ayunar como lo hacía en su iglesia anterior. También ha comenzado a criticar al hermano Hector de no predicar con el poder de lo alto como lo hacía el hermano Juan, su pastor anterior. Tanto habla de su iglesia anterior, que un día al pastor Hector se le ocurrió contactar al hermano Juan para preguntar sobre Esmeralda. Resulta que la hermana causó tantos problemas ahí que fue puesta en disciplina, pero salió de la iglesia antes que someterse a la disciplina de su iglesia. Además, informó el hermano Juan, ella había sido miembro de otras varias iglesias, pero con el mismo patrón. 

Este ejemplo ficticio no anda muy lejos de eventos reales en algunas iglesias. 

La disciplina

En el siglo 16 la Iglesia había dejado de ejercer la disciplina. Había una gran flojera en cuanto a la conducto tanto del clero como de los laicos. Los grandes Reformadores Lutero, Calvino, Knox y otros no sólo enfocaban sus esfuerzos en reformar la doctrina de la Iglesia, sino por restaurar la disciplina eclesial.

El término bíblico del Nuevo Testamento por ‘disciplina’ es paideia, y se refiere a la «instrucción, el entrenamiento, o la disciplina». Los soldados se sometían a una ‘disciplina’ – un régimen, un orden para ser buenos soldados. Los atletas se sometían a sí mismos a una ‘disciplina’ para preparar sus cuerpos para alguna competencia. La ‘disciplina’ incluye tanto lo positivo como lo negativo establecer lo correcto y corregir lo incorrecto. En primer lugar, es un término positivo – la meta es establecer lo correcto. Sin embargo, incluye también la amonestación (Romanos 15:14), la corrección (2 Timoteo 3:16) y si es necesario la excomunión (1 Corintios 5:1-5; Mateo 18:17).

En la Iglesia, la ‘disciplina’ tiene como meta preparar al cristiano para una vida que glorifique a Dios. Dios es el que disciplina al que ama, tal como un buen padre lo hace con sus hijos (Hebreos 12:5-11). Pero Dios usa también el ministerio de los ancianos y pastores para aplicar su disciplina también. El ministerio de la Palabra es la instrucción, el entrenamiento, ‘la disciplina’ de Dios. Y el ministerio de la amonestación también es parte de esta disciplina cuando sea necesario. La meta es preparar la Iglesia como novia santa para recibir a su Señor.

Los Reformadores destacaban tres razones bíblicas como motivos para ejercer la disciplina eclesiástica: 1) La gloria de Dios; 2) La reconciliación del cristiano desobediente con Dios y su prójimo; 3) La separación del pecado del cuerpo de Cristo. Estos motivos eran tan importantes para los Reformadores, que incluyeron la disciplina eclesial como uno de los tres puntos necesarios para que una Iglesia sea una verdadera iglesia. Sin la práctica de la disciplina, decían, no es una Iglesia de Jesucristo. Por ejemplo, la Confesión Belga (escrita en 1561) afirma: 

Los signos para conocer la Iglesia verdadera son estos; la predicación pura del Evangelio; la administración recta de los Sacramentos, tal como fueron instituidos por Cristo; la aplicación de la disciplina cristiana, para castigar los pecados (Artículo 29).

Algunos estudiosos han alegado que gran parte de la teología evangélica hoy realmente es un retorno a Roma. El semi-pelagianismo evangélico y el semi-pelagianismo Catolicorromano difieren sólo en forma, no en sustancia. Es interesante – y triste – notar que grandes sectores de las iglesias ‘protestantes’ no sólo han retornado a la teología romana, sino a la práctica romana de no aplicar una disciplina bíblica. Hoy día todo el mundo cuenta atrocidades que ocurren dentro de las iglesias evangélicas a la luz del día, sin ninguna sanción. Es más, a veces son los mismos líderes o sus hijos que incurren en pecados abiertos, sin consecuencias algunas. ¿Es hora para una Nueva Reforma? 

¿Cómo implementar la disciplina?

Para que un pastor o un grupo de ancianos implementen la disciplina bíblica se requiere 3 cosas: 

1) Un aprecio alto por la Palabra de Dios 

2) Un aprecio alto por la vocación del pastor y anciano

3) Un aprecio alto por la Iglesia. 

Si tenemos un concepto bajo de cualquiera de estas tres cosas, la disciplina es lo primero que sufre. Echemos un vistazo breve a cada uno.

1) Concepto alto de la Palabra de Dios

En la Biblia desde principio a fin, Dios establece que su pueblo debe ser un pueblo de disciplina (Deut 4:5-8). En el Nuevo Testamento Jesús mismo establece pautas sencillas y concretas (Mateo 16:24; Mateo 18:15-19). Pablo luego amplía las instrucciones con el caso del hombre fornicario en la iglesia de Corinto (1 Cor 5:4,5,7). 

Los ancianos y pastores deben llevar una disciplina especial, por la responsabilidad más alta que tiene. Son dignos de doble honor si sirven bien (1 Tim 5:19), pero a los que persisten en pecar llevan un castigo público y más severo que los miembros de la congregación (1 Tim. 5:20), y por esto, Pablo le instruye a Timoteo que «no imponga con ligereza las manos a ninguno» (1 Tim. 5:22). Dos o tres testigos se necesitan para acusar al anciano, porque su castigo es mayor si es cierto. En el AT los profetas denunciaban a los sacerdotes con palabras mucho más fuertes que al pueblo. Y Jesús denuncia a los fariseos de la misma manera. Esto es contrario a lo que hoy se practica en muchos grupos, donde el pastor es casi intocable. Hemos vuelto a la práctica de la Iglesia Católica. Con el nuevo invento de ‘autoridad espiritual’ hoy se ha creado lo contrario de lo que enseña la Biblia una clase élite de líderes que no está bajo ninguna responsabilidad. De esta manera se desprecia la Palabra de Dios, y se levantan normas humanas. 

La Palabra de Dios nos enseña que la única autoridad que tiene el pastor es la autoridad de la Palabra de Dios. No tenemos mayor autoridad fuera de ella. Pero sí tenemos mayor responsabilidad por ser ministros, siervos de ella. Pablo habla de ser «siervo» de la Palabra, pero este concepto se está perdiendo en el seno de la Iglesia evangélica. Dice en Colosenses 1:24,25: «Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, (es decir, ‘siervo’) según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios». 

Los ministros somos siervos de la Palabra. Cuando perdemos vista de este concepto, las ideas humanas comienzan a gobernar nuestro trabajo. Y como la disciplina en la iglesia es algo desagradable en algunas instancias, la desechamos. Pero sólo lo podemos desechar si ya de antemano hemos disminuido la importancia de la Palabra en nuestro ministerio, y nos hemos exaltado a nosotros mismos y nuestros criterios por encima de la norma de Dios.

2) Concepto alto de la vocación de pastor/anciano – A los ancianos de Efeso Pablo dijo: «mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28). Pablo entiende que la vocación de anciano o pastor es una tarea dada por Dios mismo, por medio de su Espíritu Santo, con base en el sacrificio que Cristo hizo por los miembros. Los ancianos de Efeso debían tener especial cuidado cada uno por sí mismo, porque debían representar a Cristo fielmente ante la congregación. En el contexto Pablo usa términos y lenguaje que dan a entender que los está poniendo bajo juramento. Es una tarea muy, muy seria. Rendirán cuentas a Dios mismo. Creo que la práctica de muchas de nuestras iglesias evangélicas dista mucho de este grado de seriedad, y se ponen y se quitan a los ancianos o pastores con poca formalidad.

Otro pasaje importante para la vocación del pastor o anciano es Mateo 18:18, donde Jesús entrega a todos los apóstoles (y por ende, a su Iglesia durante toda la historia) las ‘llaves del reino’ para atar o desatar. En nuestros días de la teología «Dios es amor» muchos pastores tienen dificultad con decir con confianza que abren o cierran el cielo.

La Confesión de Fe de Westminster, en su artículo 30, afirma lo siguiente acerca de las llaves del reino:

1) El Señor Jesús, como Rey y Cabeza de su iglesia, ha designado en ella, un gobierno en mano de los oficiales eclesiásticos, distintos del magistrado civil. 2) A estos oficiales han sido encargadas las llaves del Reino de los Cielos, en virtud de lo cual, tienen poder, respectivamente, para retener y remitir los pecados, para cerrar aquel Reino a los que no se arrepienten, tanto por la Palabra como por las censuras; y para abrirlo a los pecadores arrepentidos, por medio del ministerio del Evangelio, y mediante la absolución de las censuras, según lo requieran las circunstancias

Un problema hoy día es que muchos pastores no creen en la eficacia verdadera del ministerio, tienen un concepto muy bajo de su vocación. Subestiman el papel que Dios les ha otorgado. Entonces nos encontramos con la paradoja que muchos líderes tienen un concepto demasiado alto de sí mismos (por encima de la Palabra de Dios), pero un concepto demasiado bajo de su vocación como portadores de las llaves del reino.

Ahora, el concepto bíblico del uso de las llaves es de gran importancia. Un uso incorrecto de la disciplina es desastroso – tanto para la persona como para el pastor. Si imponemos una disciplina injusta, vamos contra la voluntad de Dios. Si no aplicamos la disciplina cuando se debe, omitimos hacer lo que Dios manda y estorbamos la obra de Dios. Vea el engaño – si no disciplinamos, estamos diciéndole a la persona que el pecado que comete está bien, y puede seguir su vida feliz y contento hacia el cielo. Pero yo me pregunto: ¿A cuántos pastores le van a reclamar los pecadores cuando Dios les cierra el cielo, pero su pastor nunca les advirtió? ¿Tendremos la sangre de las personas en nuestras manos porque omitimos declararles con firmeza la voluntad de Dios? La disciplina es ni más ni menos que ejercer nuestra tarea de abrir o cerrar el cielo por medio de la Palabra de Dios. Si una persona, miembro de la iglesia, insiste en vivir en el pecado, el pastor/anciano está en la obligación de reprender, y si no se arrepiente, de tomar otras medidas necesarias. Si no estamos dispuestos a hacer esto, sería mejor renunciar a nuestro cargo, porque esta es la tarea que acompaña predicar la Palabra. Es una tarea seria. Es una tarea divina. Es una tarea en nombre de Dios mismo.

¿Qué de las personas que simplemente se van de la iglesia? Veamos bíblicamente: ¿Conoce la Biblia el caso de ‘irse de la congregación’? Definitivamente no. Todos los términos para describir la esencia de ser cristiano son corporativos – pueblo, familia, templo, Iglesia. SOMOS iglesia, no es que VAMOS a la iglesia. ‘Irse de la iglesia’ es un concepto que se asemeja más al Catolicismo popular. Ningún miembro tiene el derecho de irse. Es en la Iglesia del Señor que escuchamos predicada autoritativamente la Palabra de Dios, y donde son administrados los sacramentos, que son medios de su gracia. El desastre eclesial que vivimos en Latinoamérica es una desgracia. Con el afán de crecer a cualquier costo, las iglesias hoy día aceptan a cualquier persona sin preguntar ni indagar si estaba bajo disciplina. Y la poca estimación por la vocación del pastor y anciano permite que las personas simplemente se les vayan sin ser cumplidos en el pastoreo de ellos. 

Urge volver a un aprecio alto por la vocación de pastor, de tomar en serio nuestra vocación, de ser serios en nuestro trato tanto con los miembros de la congregación como entre las diferentes iglesias.

3) Todo esto nos lleva a un concepto alto de la iglesia. Si amamos la Iglesia como Cristo la ama, seremos fieles en el desempeño de nuestra tarea. Pablo dice en Efesios 5:25 «Cristo amó la iglesia y dio su vida por ella.» ¿Y nosotros? ¿Estamos dispuestos a dar nuestra vida por la Iglesia? Hebreos 12 nos dice que Dios disciplina a los que ama. El trabajo del pastor/anciano es uno de los medios que Dios usa para obrar disciplina en su Iglesia. Si amamos la Iglesia como Dios la ama, seremos cumplidos en desempeñar una disciplina sana, bíblica y justa.

Muchas veces los líderes dicen que no aplican disciplina «por amor a la persona». Esta vil excusa debe enojar a Dios, quien nos dijo con mucha claridad lo que es el amor que él quiere que se practique. Aún si vemos desde el punto de vista terrenal, no es agradable avisarle a una persona que tiene cáncer, pero podría salvar su vida. ¿Cuánto más incluye el amor cristiano a veces palabras difíciles pero necesarias? El descuidar la disciplina podría ser muchas cosas, pero ‘amor’ no lo es – al contrario, es aborrecer al hermano que necesita la aplicación de uno de los medios muy importantes establecidos por Dios. Un concepto alto de la Iglesia nos llevará a ser obedientes en esta área.

¿Por qué el pastor rehuye a disciplinar? 

La razón básica de no disciplinar es amor por si mismo, y una falta de amor por la iglesia. No queremos ofender, no queremos hacer un escándalo – pero esto es amarse a si mismo, es no querer complicarse la vida. Por tanto no disciplinamos. Pero el amor verdadero por la Iglesia pone todo argumento personal al lado, y busca el bien espiritual de la persona y del cuerpo. Recordemos – ‘disciplina’ no consiste en echar una persona de la iglesia en primer lugar. Es trabajar con la persona pastoralmente, luchar con ellas para que se santifiquen.

Muchos pastores no entienden que si ellos no hacen la tarea de disciplina, Dios lo hará directamente. ¿Y cómo son las ocasiones de disciplina cuando Dios tiene que intervenir directamente? Drásticas. Rápidamente vienen a la mente varias ocasiones: La rebelión de Coré, Ananías y Safira, los muertos de 1 Corintios 11:28-30. Y muchos pastores no entienden que Dios disciplina también al que se niega a hacer su trabajo. Creo que el fracaso de muchos pastores comenzó hacía muchos años cuando se negaron a ser fieles y consecuentes con la aplicación de la Palabra de Dios, que es la disciplina.

¿Qué se puede hacer para recuperar la disciplina si no lo ha estado practicando? 1) Arrepentirse ante Dios de haber desobedecido sus mandatos claros en su Palabra. 2) Instruir la Iglesia en la necesidad de la disciplina. 3) Comenzar la práctica.

Pasos de la disciplina eclesiástica 

La disciplina debe comenzar informalmente, entre hermanos. Si nos cuidáramos unos a otros más, el trabajo formal de los pastores y ancianos sería menos. La Biblia nos exhorta a que nos amonestemos unos a otros (Romanos 15:14). El ‘sobrellevar las cargas unos a otros’ es parte de esta disciplina mutua, parte de crecer juntos en el Señor para llegar todos a la meta.

Cuando la exhortación y amonestación mutuas fallan, los ancianos o los pastores deben involucrarse, y se comienza una disciplina más formal. Con base en los pasajes ya mencionados en este artículo, ofrecemos algunos pasos que serían consecuentes con los principios bíblicos:

1) La exhortación pastoral.

2) Exhortación ‘oficial’, es decir, que el hermano bajo disciplina sepa que su pecado llevará a otras consecuencias.

3) Privar de la Santa Cena con continuas exhortaciones.

4) Advertir y anunciar su nombre en la congregación, pidiendo oración y que los hermanos intervengan con sus oraciones y exhortaciones.

5) Excomulgar de manera oficial, con las advertencias debidas al individuo y la congregación.

¡Que Dios nos ayude a aplicar una buena disciplina sana!

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