LA COMPASIÓN DEBE SER SABIA: UN ENFOQUE EN EL TRABAJO DIACONAL

por John Sittema

Reforma Siglo XXI, Vol. 3, No. 1

No son sólo los diáconos que muestran misericordia, sino toda la iglesia es llamada a esta tarea. Llevar la misericordia es misión de toda la iglesia, y de cada creyente. El servicio especial que realizan los diáconos es estimular y coordinar la práctica de la misericordia por el resto del cuerpo.

Sin embargo, a veces este asunto de la misericordia llega a complicarse. A menudo los diáconos de mi iglesia me piden consejos para resolver problemas en su trabajo. Estos problemas pueden ser el orgullo que algunos tienen que les impide recibir la ayuda que necesitan, o lo contrario – una actitud de querer recibirlo todo sin esfuerzo propio, cosa que contribuye a la pereza y pérdida del auto-estima. Si se agregan los celos y la avaricia, pronto se podrá percibir algunos de los problemas que enfrentan los diáconos. 

Este artículo tiene como propósito dar algunos consejos para ayudar a los diáconos a realizar su trabajo en estos tiempos en que muchos están cayendo en el consumismo y materialismo. Se citará muchos pasajes de las Escrituras, y un estudio más al fondo de cada pasaje sería necesario para una comprensión amplia del punto. Le pido a Dios que este artículo estimule discusión entre los diáconos, y que ayude a clarificar asuntos claves en los desafíos que enfrentan.

La misericordia es más que una limosna

La Iglesia, guiada por sus diáconos, es llamada a practicar la compasión, el amor, y el apoyo para con aquellos que llevan cargas pesadas en sus vidas. Esta ayuda puede ser monetaria, o “un vaso de agua” (Marcos 9:41), o una palabra de ánimo en el nombre de Jesús. En algunas ocasiones las personas enfrentan un enemigo más demoledor – la pérdida de la esperanza: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22). En tales casos, serán urgentes las visitas fieles por los diáconos (¡y también por los ancianos y pastores!), abriendo la Palabra de Dios con ellos. Por otro lado, la tarea de los diáconos con frecuencia incluye dar la alarma de advertencia o proveer una admonición – cosa que a muchos no les gusta. Sin embargo, esta tarea en particular provee una faceta importante a largo plazo. Un buen pasaje es 1 Tesalonicenses 5:12-15, donde Pablo dice que “amonesten a los ociosos, que alienten a los débiles…”

La Iglesia no es un partido político socialista

La Iglesia recibe ofrendas del pueblo de Dios, y debe usarlas en la benevolencia. Pero recordemos que la meta no es la “redistribución de las riquezas”. Por el contrario, la meta es el avance del reino de Dios, tanto en el sentido amplio, como también en el sentido individual (ver Hechos 6:1-7 y 2 Cor. 8-9. En ambos casos el ministerio diaconal ayudó a que la Iglesia creciera y que el reino de Dios se extendiera). Ciertamente la Escrituras hacen un llamado a los ricos a que sean generosos para con los necesitados (1 Timoteo 6:18); pero también llaman tanto a ricos como a pobres al contentamiento, y de no quejarse ante su condición (1 Timoteo 6:7-8). Hoy en día está desbordado el descontentamiento – aunque tengan “sustento y abrigo” muchos no están contentos. Este es un problema espiritual con consecuencias serias: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9). Recordemos que siempre tendremos a los pobres entre nosotros – en parte para probar el corazón de los ricos, y también para asegurar que todos tengamos nuestra mirada en Jesús, y no en las posesiones materiales. Los diáconos deben enfocar en los corazones, no en algún sentido humano de “la repartición justa” de los bienes.

Mantengamos un enfoque bíblico del sufrimiento

El sufrimiento duele, pero el sufrimiento no daña. Esta distinción es crucial. Cristo nos llama a aceptar los sufrimientos como maestro del alma. En muchas partes del Nuevo Testamento se nos enseña que los sufrimientos humillan a los orgullosos (¡algo que todos necesitamos!), nos enseñan la paciencia, producen perseverancia, y despiertan la esperanza. Cuando el creyente clama al Señor bajo el sufrimiento, corren otros Cristianos para ayudar. Pero cuando algunos asumen una actitud de amargura ante el sufrimiento, y exigen que los diáconos remuevan el dolor – en realidad están desafiando a Dios. Los que nos apegamos al Catecismo de Heidelberg confesamos que “las riquezas y la pobreza vienen no como por el azar, sino por su consejo y voluntad paternal” (#27). Los diáconos deben entender que su misión no es aliviar el sufrimiento. Antes, su tarea es ayudar a interpretar el sufrimiento y ayudar a pasarlo (no evitarlo), y a crecer por haberlo pasado. Si apuntamos mal en este asunto, cortaremos los propósitos buenos del Señor. Sería como no dejar a nuestro hijo aprender las lecciones duras de la vergüenza y castigo cuando fue descubierto robando algo de la tienda. Sería como el padre o madre que no disciplina a su hijo sólo porque llora. Pasajes importantes son Hebreos 12:7ss; Santiago 1:2-12; 1 Pedro 4:12-19.

No sea partícipe del necio en su necedad

La necedad tiene consecuencias. Elecciones necias para gastar el dinero, elecciones necias en la crianza de los hijos, y la conducta moral necia – todos cosechan muchos problemas. Las Escrituras nos dicen que no seamos partícipes con los necios: “Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él” (Prov. 25:4). Imaginémonos una situación en que los diáconos reciben una solicitud de asistencia financiera de alguien que ha gastado miles y miles de pesos con su tarjeta de crédito, y tiene serios problemas en pagarlo. Si la causa de sus problemas fuera un huracán, un fuego, o una deuda por gastos médicos – sería una cosa. Pero otra cosa es el gasto desenfrenado de dinero por las últimas modas, nuevos electrodomésticos, equipo electrónico, etc. Sería no-sabio brindar ayuda financiera en este último caso. Lo que se debe proveer es asistencia diaconal en fijar prioridades y desarrollar las disciplinas de manejar un presupuesto. Pasajes relevantes son: 2 Tes. 3:10; Gálatas 6:7ss; y Proverbios 16:25, 26; 17:15,16,18,22; 18:6-7 y Proverbios 19).

Mantenga el enfoque global de vista

Hechos 6:3 requiere que los diáconos sean hombres “llenos del Espíritu y sabiduría”. 1 Timoteo 3 requiere hombres que tengan su casa en orden, porque ¿cómo cuidarán de la casa de Dios? ¿Por qué encontramos estos requisitos? No se necesitan para recolectar la ofrenda los días de culto, ni aún para fijarse en qué se usarán. Estos requisitos no tienen sentido si lo único que hacen los diáconos es aliviar el sufrimiento a través de ayudas económicas. La respuesta debe ser obvia para todos – ¡esto NO es el trabajo de los diáconos! Al contrario, tu llamado es ayudar a las personas a ser buenos mayordomos de sus vidas y sus recursos, a motivarlas a la generosidad, a evitar la codicia y descontentamiento, y a utilizar todos sus recursos con sabiduría para el avance del reino de Dios. La compasión debe servir estos propósitos.

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