LA BÚSQUEDA PARA EL REPOSO. EL SÁBADO – ¿SÉPTIMO DÍA O PRIMER DÍA?

Por Donald Van Dyken

Reforma Siglo XXI, Vol. 6, No. 1

La mayoría de las preguntas son buenas y al preguntar si debemos celebrar un día de reposo en el séptimo o el primer día de la semana es hacer una de esas buenas preguntas. A veces reaccionamos contra las preguntas. No tememos paciencia con preguntas que requieren una respuesta bien considerada, ni quizás con preguntas que no se pueden contestar con satisfacción. Entonces quizás contestamos a la pregunta del primer o séptimo día diciendo, «Bueno, es como siempre lo ha hecho la iglesia.»

Esta respuesta suena un poco vacía, ¿no? Podemos hacer mejor, aunque nos cuesta verificar nuestra propia posición. Confiamos que nuestros antepasados en la iglesia nos entregaron una práctica bíblica, y también confiamos que tenían sus buenas razones. Nos cuesta realizar una investigación, pensamiento y sabiduría para encontrar estas buenas razones. Estamos animados sin embargo, porque tenemos la bendición prometida del Espíritu Santo para guiarnos en toda verdad.

Este estudio tiene como propósito mostrarte que podemos alcanzar los requisitos del cuarto mandamiento, guardar el día sábado, solamente en observarlo como el primer día de la semana. La Iglesia ha observado el día Domingo como el sábado por casi 2000 años y siempre ha creído que tiene autoridad divina para hacerlo.

Vamos a examinar la evidencia desde tres perspectivas. Primero, veremos el significado del término sábado. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos dicen mucho acerca del concepto entero del sábado o reposo. Vamos a observar que el reposo siempre sigue al trabajo. La primera obra, por supuesto, era la obra de Dios. El primer reposo entonces, era también de Dios. Luego Dios mandó al hombre, Su imagen, a imitarle a Él en trabajo y descanso.

Estos principios nos dirigen a observar que el sábado es una celebración de la obra cumplida del Dios Trinitario. El sábado del Antiguo Testamento celebró el cumplimiento de la obra del Padre de la creación en el séptimo día. El sábado del Nuevo Testamento celebra el cumplimiento de la obra del Hijo de redención en el primer día, el Domingo de la resurrección. Y ahora trabajamos en pacto con Dios en Cristo hacia el cumplimiento de la obra del Espíritu Santo quien aplica la obra de redención, perfeccionando a los santos, llenando la familia de Dios, y guiándonos hacia un sábado eterno.

Una vez que hemos visto el patrón bíblico, trinitario en la Escritura, vamos para nuestro segundo punto al Nuevo Testamento y allí encontramos indicaciones de que el Espíritu Santo estaba causando que la Iglesia reconociera la necesidad de cambiar desde el séptimo día hacia el primer día de la semana.

Finalmente, estudiaremos algunos de los testimonios de los escritores cristianos más tempranos y descubriremos que la práctica del primer día o la observancia del Domingo comenzó desde los tiempos más antiguos.

El sábado es un tiempo de descanso, una celebración de gozo en las labores cumplidas, en el trabajo bien hecho, en la obra de Dios.

Siempre ha sido un axioma de la Iglesia, redescubierto durante la Reforma, el que todas las prácticas de los cristianos deben estar de acuerdo con la Escritura. Eso no significa que un texto de prueba debe ser citado para cada práctica, sino más bien que todas las prácticas, y sobre todo las que tienen que ver con adoración y el sábado, deben estar de acuerdo con la Escritura entera.

Al hacer la transición desde el Antiguo hacia el Nuevo Testamento, la Iglesia reconocía que mientras las formas externas cambiaron, la verdad que forma la base se quedó constante y sin cambios.

Los siguientes son algunos ejemplos que sirven como ilustraciones:

a. Aunque los ritos del Antiguo Testamento de la circuncisión y Pascua fueron substituidos por el bautismo y la Cena del Señor, las verdades esenciales y fundamentales se quedaron iguales.

b. Quien adora en el Antiguo Testamento podía acercarse a Dios solamente por Sus sacrificios prescribidos. Aunque el que adora en el Nuevo Testamento nada más trae los toros y ovejas, todavía debe venir por el único camino, a través del sacrificio de Jesucristo. 

c. Dios mandó al miembro de la Iglesia del Antiguo Testamento a adorar solamente en el templo. El mandato del Nuevo Testamento no ha cambiado; solamente la forma del templo ha cambiado. No más está hecho de manos en un solo sitio, sino es la asamblea del pueblo de Dios dondequiera que Él haya establecido una iglesia.

¿Qué es el sábado?

Ahora examinamos el sábado. La palabra «sábado» significa descanso y tiene que ver con el verbo que significa reposar, desistir del esfuerzo. Encontramos que el descanso del sábado siempre está conectado con el trabajo. Un sábado es un reposo del cual uno disfruta después del cumplimiento de una obra; cuando dejamos de lado nuestras herramientas y con un gran suspiro de satisfacción, nos sentamos y disfrutamos admirando lo que hemos hecho.

Dios trabajó, descansó, disfrutó

Lo hacemos porque es lo que Dios hizo. Originalmente Dios apartó el séptimo día para reposo. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera (Génesis 1:31). Luego leemos que acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó en el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación (Génesis 2:2-3).

Dios terminó Su gran obra de creación, vio que era muy bueno, y apartó un día en el cual Él se regocijó y descansó de las labores de Sus manos. La creación es la obra del Dios trinitario. El Padre hizo todas las cosas a través del Verbo/Hijo (Juan 1:3), y por el Espíritu (Salmo 33:6). En Su reposo Dios celebró el cumplimiento de creación dentro de Él mismo, Padre, Hijo y Espíritu Santo (Proverbios 8:30-31), y con gracia le invitó a Su imagen, el hombre, a entrar en esta celebración (Éxodo 20:8-11).

No duró mucho tiempo. Por causa del pecado original de Adán y la corrupción consecuente de todos sus descendientes, y por causa de la maldición sobre la creación, el hombre fracasó al entrar en este reposo. Repetidamente Dios denunció a Israel por profanar y contaminar Sus sábados (véase Ezequiel 20:16, 21).

«Este es el reposo,» dice Dios, «dad reposo al cansado,» y «este es el refrigerio». Sin embargo no quisieron oír (Isaías 28:12). No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos (Isaías 57:21). A Israel en el desierto Él juró que no entrarían en Su reposo (Hebreos 3:18). Luego Dios expulsó al Israel desobediente e incrédulo de Su tierra de reposo.

Aunque la muerte también es un reposo, una suspensión de labor, no es un descanso de trabajo cumplido y victorioso, sino lo contrario, es la derrota final, de descanso de fracaso, y eventualmente la entrada a la intranquilidad y frustración. El hombre fracasó al entrar en el primer reposo, el sábado del séptimo día, por causa del pecado. Dios notablemente enfatizó la esclavitud perpetua del hombre al pecado y su acompañante intranquilidad con el ejemplo de la esclavitud de nuestros antepasados en Egipto. Cuando Dios los rescató de Egipto con Sus actos poderosos de redención, llamó a Su pueblo a seguirle a una tierra de reposo. Mientras estaban en la frontera de Canaán les dio una fuerte indicación de que su celebración del sábado no era solamente para el sábado de creación que se ha profanado y perdido, sino para un nuevo sábado de redención que ha de venir.

Dios da una profecía clara de este nuevo sábado en Deuteronomio 5:12-15, que repite el cuarto mandamiento. Después del mandato inicial para guardar el día sábado, en lugar de basarlo en la obra creativa de Dios como lo hace en Éxodo 20, Dios dice, «Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandato que guardes el día de reposo» (Deuteronomio 5:15). 

La esclavitud en Egipto ilustró el verdadero problema de la esclavitud al pecado y la búsqueda sin esperanza del hombre pecador para el reposo. La redención de Egipto ilustró la redención prometida de Dios del pecado, cuando Dios proveerá el reposo e invitará a la humanidad redimida a entrar y celebrar.

Venid a mí, dijo nuestro Salvador, y yo os haré descansar (Mateo 11:28). Como Cristo experimentó la intranquilidad de la muerte eterna por Su pueblo, Él ganó el reposo eterno, porque se levantó del sepulcro y garantizó vida e inmortalidad para todos nosotros. El banquete de la resurrección habla de victoria, vencimiento, celebración, gozo, luz, y bendiciones.

Cristo ha entrado en el reposo de la vida eterna para Su pueblo y Él invita a Su pueblo a compartir en y celebrar este reposo. ¿En cuál día de la semana fue ganado este reposo? Este fue ganado el primer día, el Día del Señor, el sábado cristiano.

El séptimo día celebró el cumplimiento de la obra de Dios de la creación. Nosotros fracasamos a entrar en este reposo por causa del pecado. Dios proveyó otro día, el día cuando Su obra de redención fue completa. El creyente está guiado a este reposo cada Día del Señor. El séptimo día habla de un Pacto de Obras violado e incompleto. El primer día habla de un Pacto de Gracia, extendido a y poseído por cada creyente.

También vale la pena observar que muchas festividades del Antiguo Testamento incluían solemnidades y adoración en el primer día de la semana, anticipando el cumplimiento glorioso de la expiación de Cristo. Véase, por ejemplo, la Pascua (Lev. 23:5), el Festival de Las Semanas (Lev. 23:16), el Festival de Las Trompetas (Lev. 23:24), y el Festival de Los Tabernáculos (Lev. 23:34).

Debido a que estás observando que el día de reposo, el sábado, está conectado a las obras cumplidas del Dios trinitario (Dios el Padre y la creación – descanso en el séptimo día; Dios el Hijo y la redención – descaso en el primer día), observarás que las Escrituras anticipan un día de reposo conmemorando el cumplimiento de la obra del Espíritu Santo. Hebreos 4:1 dice que hay «una promesa de entrar en Su reposo». Pero ¿quién dice eso? Hebreos 3:7 dice que el Espíritu Santo lo dice. Él es el Espíritu de Cristo quien ahora nos dirige hacia el reposo final, el reposo eterno – «Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios» (Hebreos 4:9).

¿Cuándo viene ese reposo? Cuando venga nuestro Señor Jesús. ¿Cuándo viene? Cuando la obra del Espíritu Santo, aplicando la ganada redención a Su pueblo, haya sido cumplida.

Eso comenzará el sábado eterno, el reposo final. Ese descanso vendrá cuando todos los elegidos estén reunidos, cuando el edificio del nuevo Jerusalén esté completo, cuando la santificación esté realizada, cuando la obra del Espíritu de Cristo llegue a su conclusión gloriosa. La creación será salva de sus cadenas y gemidos, las colinas danzarán por gozo, los árboles aplaudirán, y los santos celebrarán para siempre la obra cumplida del Padre, Hijo, y Espíritu Santo – el Padre para Su obra de creación, el Hijo para Su obra de redención, y el Espíritu Santo para Su obra de santificación.

Puede usted ver ahora cómo el primer día sábado reconoce nuestra profanación de la celebración del séptimo día de creación, celebra nuestro gozo en el primer día triunfo de redención, y anticipa nuestro día eterno de la celebración de santificación?

Aunque el argumento que hemos presentado bajo este último tema es el menos entendido y menos apreciado, es el argumento más convincente. Es un argumento que evita los peligros de basarlo en un poco de clavos de textos de pruebas. Al contrario, acude a la estructura entera de la Biblia. La Escritura, al moverse desde el Génesis a Apocalipsis, comienza con la creación y la caída del hombre, continua anticipando la redención, luego ve esta redención cumplida y aplicada, y finalmente termina entrando en la gran consumación de gloria. 

Durante el viaje desde el Jardín de Edén hasta el Nuevo Jerusalén, Dios se revela como Padre, Hijo, y Espíritu Santo, a través de Su poderosa obra. El Padre creó y mantiene todas las cosas. El Hijo redimió a la humanidad y creación. El Espíritu Santo aplica esta redención.

El Credo Apostólico desfila esta misma gloriosa procesión de las personas y la obra de la Santa Trinidad. El Credo Apostólico es el resumen de la fe cristiana; es una declaración sencilla de quién es Dios y qué hace.

Este Dios trinitario invita a cada creyente a entrar en el gozo y triunfo de Su obra. Como avance de la majestuosa procesión de esta obra, en cada etapa de cumplimiento, Dios presenta Su imagen en reposo y celebración. Cuando dejamos el sábado del Antiguo Testamento, el séptimo día, por el hecho de que no podemos reparar las ruinas de nuestras manos, entramos en el sábado del Nuevo Testamento, el primer día, regocijándonos en la redención, completa, perfecta, brillante en todo el esplendor de nuestro Señor resucitado, quien ha restaurado las ruinas.

El trabajo cumplido y el descanso ganado: este es el ciclo de Dios para el hombre. La obra del hombre fracasa, la de Cristo aprovecha. Moviéndonos desde el séptimo día hacia el primer día reconoce y celebra este triunfo de Dios en Cristo. Cuando celebramos la obra de Cristo en el primer día vemos que la base para nuestra obra es Su obra.

La historia de la Iglesia grabada en el Nuevo Testamento nos presenta con un entendimiento creciente y progresivo del significado de la obra de Cristo. La Iglesia siguió eso y dio expresión a su entendimiento a través de las prácticas.

Lo que no encontramos en el Nuevo Testamento es algún mandato para cambiar del séptimo al primer día. Se considera bueno recordar que los direccionamientos específicos del Nuevo Testamento para muchos aspectos de la vida de la Iglesia son conspicuos por su ausencia – simplemente no existen. No nos dice cuándo adorar ni cómo organizar nuestra adoración. No tenemos mandatos cuándo, dónde, ni cómo administrar los sacramentos, ni qué tipo de gobierno eclesiástico debemos tener. No encontramos textos que nos manda a bautizar a los infantes, ni encontramos un texto mandándonos a cambiar el sábado desde el séptimo hacia el primer día.

Dios creó la Iglesia como un organismo, un cuerpo de pacto vivo, creciente, y desarrollado. La Iglesia se creó y se desarrolló desde Adán hacia Abraham, desde Abraham hacia Moisés, desde Moisés hacia David, y desde David hacia Pablo, y desde Pablo a la actualidad.

Nosotros observamos los cambios desde un período de tiempo a otro pero los cambios nunca implican una nueva iglesia, ni un nuevo camino de gracia. Aunque Noé no circuncidó a sus hijos pero sí lo hizo Abraham, el principio fundamental del pacto redentor de Dios se quedó igual.

Los cambios más significativos ocurrieron cuando la Iglesia se movió hacia el Nuevo Testamento. Eso es completamente lógico si entendemos lo que estaba ocurriendo dentro de la Iglesia. Para examinar eso, usamos la figura sencilla que Pablo usa en Gálatas. Eso ilustra la idea de crecimiento y desarrollo, pero siempre dentro la misma Iglesia. Pablo comparó la Iglesia del Antiguo Testamento a un niño. Dios trató el Antiguo Testamento como un infante. Igual como en nuestra niñez, su vida era regulada por muchas leyes. Como los niños son castigados y enseñados por los castigos físicos y por los premios, de la misma manera Dios trató con el antiguo Israel. Así como los niños necesitan muchas ilustraciones y modelos para entender cosas, de la misma manera Dios dio una variedad de ilustraciones y tipos para presentar la verdad a la Iglesia del Antiguo Testamento.

La mayor transformación en la vida de una persona es la de la niñez hasta la madurez. Se guardan los juguetes y los dibujos, y se dejan todas las pequeñas reglas que gobiernan toda faceta de la vida del niño. Los castigos para el mal comportamiento y el helado para lo bueno desaparecen. Este cambio es un proceso, un ajuste que ocurre durante los años de la adolescencia. Definitivamente es un cambio, pero algo gradual.

El cambio definitivo ocurrió para la Iglesia durante su transición desde el Antiguo hacia el Nuevo Testamento. Como un niño, quien no está más regulado por las reglas de la niñez, pero quien sin embargo debe vivir por los principios implícitos en ellas, también la Iglesia debe vivir según los principios encontrados en las reglas del Antiguo Testamento. Por ejemplo, la Iglesia del Nuevo Testamento no más debe obedecer las reglas dietéticas de su niñez del Antiguo Testamento, pero sí debe vivir según el principio de distinguir entre lo que es espiritualmente puro y lo que es impuro y que hace daños.

El cambio es un proceso

Cuando pasó desde el Antiguo hacia el Nuevo Testamento, la Iglesia llegó a su madurez – la realidad de redención ha llegado, el cumplimiento del Espíritu ha sido derramado, y sus límites no más son los del jardín infantil de Canaán, sino del mundo.

Como la transición de una persona desde la niñez hacia la madurez es un cambio definitivo pero a la vez un proceso, de igual manera es así para la Iglesia del Nuevo Testamento. Podemos observar algunas de las prácticas para ver que este cambio no era un mandato sino mas bien un reconocimiento de algo necesario. En segundo lugar, vemos que este cambio era un proceso que ocurrió durante un período de tiempo.

Las prácticas del Antiguo Testamento que estaban desapareciendo tenían que ver con el templo. Aunque Cristo dijo que Él era el templo (Juan 2:21) y predicó la destrucción del templo en Jerusalén (Mateo 24); aunque Pablo demuestra que Cristo es ahora el templo (1 Cor. 3:17; Efe. 2:19-22), y que después de la ascensión encontramos los apóstoles adorando (Lucas 24:53) y predicando allá (Hechos 3:1; 5:20). El cambio era gradual, reconocido, no un mandato.

La circuncisión, una señal sangrienta del Antiguo Testamento, era reemplazada por el bautismo, una señal sin sangre, porque por causa de la muerte de Cristo no hay necesidad para más sangre. Sin embargo, Pablo en Hechos 16:3 circuncidó a Timoteo. La circuncisión estaba a punto de desaparecer pero todavía existía.

La madurez de la Iglesia causó cambios. Estos cambios no vinieron como resultado de un mandato directo de Cristo, sino por el creciente reconocimiento por parte de la Iglesia de que aunque los principios de Dios encontrados en el Antiguo Testamento eran eternos, la manera en que estaban observados debe ser cambiada.

La historia de la Iglesia, tanto dentro del Nuevo Testamento como dentro de otras fuentes, nos demuestra que esta etapa de transición duró aproximadamente cuarenta años después de la ascensión de Cristo. Al final de este período, 70 DC, los romanos destruyeron tanto Jerusalén como el templo. Con esta destrucción, todas las prácticas asociadas con el Antiguo Testamento generalmente cesaron. Entre las que eran descontinuadas permanentemente era la observancia del sábado en el séptimo día.

Lo que encontramos en el Nuevo Testamento entonces son los momentos y ocasiones que nos muestran que la Iglesia estaba cambiando de una práctica del Antiguo Testamento hacia una del Nuevo Testamento. Ahora vamos a examinar ejemplos del Nuevo Testamento que indican un cambio de la observancia del sábado en el séptimo hacia el primer día.

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche (Hechos 20:7).

Los elementos normales de la adoración cristiana aparecen aquí. Los discípulos se reúnen, partieron el pan, que aparentemente implica que celebraron la Cena del Señor, y Pablo habló con ellos, predicando la Palabra. Todo esto ocurrió en el primer día de la semana, el domingo.

Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas (1 Cor. 16:2). 

Aquí Pablo en realidad asume que la iglesia en Corinto se reúne cada Día del Señor, cada primer día de la semana para adoración. Él está recordándoles que las ofrendas y diezmos deben formar parte de la adoración.

Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta (Apocalipsis 1:10).

En Apocalipsis, el apóstol Juan llama el primer día de la semana el Día del Señor para las razones que ya hemos visto. Si uno ve cuidadosamente el libro de Apocalipsis, observa que su contexto es la adoración.

Después del versículo 10 del mismo capítulo uno, Juan oye la voz de Cristo hablando entre las siete iglesias – de veras el elemento principal de adoración. Cristo se revela repetidamente por todas partes del libro.

Encontramos la reunión de la Iglesia en capítulo 7. Encontramos la celebración de victoria, siempre un elemento esencial del sábado, algo que ocurre por todo el libro.

Encontramos la Iglesia respondiendo a la Revelación de Dios en Jesucristo a través de la alabanza y cánticos. Por ejemplo, leemos en Apocalipsis 4:11, «Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas». Y otra vez en 5:9-10, 12-14: «Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos». (Para otros ejemplos de la respuesta congregacional, véase 7:12; 11:17-18; 15:3-4; y 16:56.)

Todos estos elementos de la adoración del sábado entonces están revelados al apóstol Juan por el Espíritu en el Día del Señor, el primer día de la semana, el domingo.

Como ya hemos dicho, no estamos buscando un mandato específico que indica un cambio del séptimo hacia el primer día para la observancia del sábado. Los que sí encontramos sin embargo es evidencia que el Espíritu Santo dirigió a la Iglesia a entender que su vida y obra deben estar fundadas en Cristo, y que su labor procede de su celebración de la victoria de Cristo sobre la muerte en aquel primer domingo de resurrección.

Presentamos esta evidencia simplemente para mostrar que la Iglesia primitiva celebraba el sábado, el día de reposo, en el primer día de la semana. Aunque existen los que dicen que la observancia del día domingo era invención del Emperador Constantino (c. 314 DC) o de un Papa, la evidencia es al contrario.

a. 90 DC La Didajé «Pero cada Día del Señor, se reúnan y compartan el pan y den gracias después de haber confesado sus transgresiones, para que su sacrificio sea puro» (The Teaching of the Twelve Apostles, 14:1, Anti-Nicene Fathers Vol. 7, p. 381).

b. 90 DC La Didajé «… cada Día del Señor, se reúnan en sus solemnes asambleas, y se regocijen: por que el que ayuna en el Día del Señor estará culpable de pecado, siendo el día de la resurrección..». (Constitutions of the Holy Apostles, Anti-Nicene Fathers Vol. 7, p. 449).

c. 90 DC La Didajé «En el día de la resurrección del Señor, o sea, el Día del Señor, se reúnan juntos, sin duda, dándole gracias a Dios, y alabándole por las misericordias que Dios les ha bendecido a través de Cristo» (Constitutions of the Holy Apostles, Anti-Nicene Fathers Vol. 7, p. 471).

d. 107 DC Ignacio «Que cada amigo de Cristo guarde el Día del Señor como un festivo, el día de la resurrección, la reina y el principal de todos los días de la semana» (Ignatius, Epistle to the Magnesians, cap.9. Ante-Nicene Fathers, Vol. 1, pp. 62-63).

e. 130 DC La Carta de Bernabé «…nosotros los cristianos guardamos el octavo día para el gozo, en lo cual también Jesús se levantó de la muerte y cuando apareció ya habiendo ascendido hacia el cielo» (15:8s, The Epistle of Barnabas, 100 AC, Ante-Nicene Fathers, Vol. 1, p. 147).

f. 150 DC Justino «Pero el Domingo es el día en lo cual tenemos nuestra asamblea común, porque es el primer día de la semana y Jesús nuestro Salvador en este mismo día se levantó de la muerte» (First Apology of Justin, Cap. 68).

g. 200 DC Tertuliano «Hacemos solemne el día después del Sábado, en contra a los que llaman este día [Sábado] su sábado» (Tertullian’s Apology, Cap. 16).

h. 220 DC Orígenes «Durante el día Domingo no se puede participar en ninguna de las acciones del mundo. Si entonces, se abstiene de todas las obras de este mundo y se mantiene libre para las cosas espirituales, asista a la iglesia, escuche a las lecturas y las predicaciones divinas, medite en las cosas celestiales» (Homil. 23 en Numeros 4, PG 12:749).

i. 345 DC Atanasio «El sábado era el cumplimiento de la primera creación, el Día del Señor era el comienzo de la segunda, en la cual Él renovó y restauró la vieja, en la misma manera como mandó que deben anteriormente observar el sábado como memorial del cumplimiento del final de las primeras cosas, entonces honramos el Día del Señor como el memorial de la nueva creación». (On Sabbath and Circumcision 3).

Quizás las obras y los autores citados aquí son desconocidos para usted. Si desea, podemos proveerle más información acerca de cada uno. La historia demuestra que estos hombres estaban reconocidos como líderes entre las iglesias y creemos en la fidelidad de sus testimonios.

Ahora podemos resumir esta evidencia de la historia de la iglesia al citar de un importante historiador eclesiástico del siglo dieciocho, Philip Schaff: 

«La celebración del Día del Señor en memoria de la resurrección de Cristo sin duda tiene su origen en la época apostólica. Nada menos que el precedente apostólico puede explicar la observancia religiosa universal en la iglesias del segundo siglo. No hay voz de desacuerdo. Esta costumbre está confirmada por los testimonios de los escritores post-apostólicos más tempranos, como Bernabé, Ignacio, y Justino Mártir . . . ». 

Entonces, el primer día ya durante la época apostólica estaba designado honorablemente como «el Día del Señor». Aparece, entonces, del Nuevo Testamento mismo, que el Domingo estaba observado como un día de adoración, y una conmemoración de la resurrección, en la cual la obra de redención se cumplió. La práctica universal y sin contradicciones de guardar el Domingo durante el segundo siglo se puede explicar solamente por el hecho de que tiene sus raíces en la práctica apostólica.

Vamos a concluir en demostrar que nuestro punto de vista es lo que se llama la posición recibida. Es la posición autorizada por la Iglesia, reconocida por siglos. Esta cita que sirve como resumen viene de John Murray, un teólogo reformado muy respectado de Escocia, quien, junto con J. Gresham Machen, era uno de los fundadores del Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia.

Esta ordenanza [del Sábado del primer día] se basa en el ejemplo divino. El ciclo y la secuencia establecido para el hombre en la división del tiempo entre semanas se basa en la secuencia que Dios siguió en la obra de creación. Se puede hablar del sábado como el memorial del reposo de Dios, el reposo de deleite y satisfacción en la obra cumplida. «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Gén. 1:31). En la economía cristiana el sábado es el Día del Señor y por eso el cumplimiento de una obra de Dios aun más grande que la de la creación. Es el memorial de redención cumplida por la resurrección de nuestro Señor de la muerte. Es completamente apropiado que el repetitivo séptimo día debe ser ahora el memorial para el reposo de la labor de redención en que nuestro Señor y Redentor entró cuando se levantó de la muerte, en el grande poder de Dios.

Pero el sábado no es solamente un memorial de la creación cumplida y la redención hecha; es también la promesa de una esperanza gloriosa, la anticipación del reposo del sábado que viene para el pueblo de Dios. Es la esperanza del gran final a la totalidad de la historia, el reposo del sábado que es la secuela prometida a la totalidad de las obras y las labores de la historia . . . La relevancia perpetua del sábado semanal en el plan divino de la historia y del destino y con su relevancia perpetua va su obligación perpetua.

Para todos los santos quienes de sus labores descansan,

Quienes te confesaban por fe ante el mundo,

Tú nombre, oh Jesús, sea bendecido para siempre:

Aleluya, Aleluya.

William Walsham How, 1864

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