JUAN CALVINO Y LAS MISIONES

Por Wes Bredenhof

Reforma Siglo XXI, Vol. 11, No. 2

Al celebrar el aniversario número 500 del nacimiento de Juan Calvino, los eruditos están prestando especial atención a varios aspectos de su pensamiento e influencia. Extrañamente, un área que no recibe mucha atención hoy en día (y realmente nunca la ha recibido) es la relación de Juan Calvino con la obra misionera de la iglesia. De acuerdo con un popular libro de texto, Juan Calvino «dijo poco acerca de las misiones en el extranjero». Juan Calvino nunca siquiera mereció ser mencionado en el libro Historia de las Misiones Cristianas por Stephen Neill. Cuando Calvino es mencionado en relación a las misiones, típicamente se le agrupa con el resto de la reforma como indiferente al tema. Algunos intérpretes explican esto alegando que los reformadores estaban demasiado ocupados con polémicas internas más que externas como para prestar atención a su responsabilidad con los perdidos.

¿Pero es esto imparcial respecto al Reformador Ginebrino? Medio siglo después de su nacimiento, es tiempo de reiterar la necesidad de mirar con más cuidado a Calvino y las misiones. Tales llamados se han dado en el pasado, pero han sido por lo general ignorados en el estudio de las misiones. Cuesta desarraigar viejos mitos. No obstante, si siguen dándose tales llamados, quizá Calvino empiece a recibir el reconocimiento que se merece. Así, en este artículo, quiero inspeccionar brevemente algunos de los pensamientos de Calvino sobre el tema y también observar la manera en que trajo su mentalidad de misiones para afectar a los perdidos tanto en casa como en el extranjero.

1. Calvino y la Gran Comisión 

Los eruditos en misiones han dicho varias veces que la así llamada Gran Comisión de Mateo 28:18-20 no era atendida por los reformadores como algo que aplicara contemporáneamente. De acuerdo a estos eruditos, los reformadores creían que la validez de la Gran Comisión expiró con la muerte de los apóstoles —en otras palabras, sólo era una comisión para los apóstoles, y no un mandato eterno para la iglesia. Esta tesis es fácil de desaprobar y la evidencia yace a la mano en los escritos de Juan Calvino.

Al considerar cómo los reformadores exponían Mateo 28:18- 20, debemos primero recordar cómo este texto había sido abusado por la iglesia católica romana. Los católicos romanos usaban este pasaje para respaldar la idea de una sucesión apostólica. Ese es el trasfondo de los comentarios de Calvino sobre Mateo 28:19, 

Aprendamos de este pasaje, que el apostolado no es un título vacío, sino un oficio laborioso; y que por consiguiente, no hay nada más absurdo ni tolerable que el que este honor sea reclamado por hipócritas, quienes viven como reyes relajados, y desdeñosamente arrojar de sí mismos el oficio de la enseñanza. El Papa de Romay su grupo hace alardes orgullosamente de su sucesión, como si tuvieran esa posición en común con Pedro y sus compañeros; y aún así no prestan mayor atención a la doctrina que los Luperci [adoradores paganos], o los sacerdotes de Baco y Venus. ¿Y con qué cara, si se puede saber, alegan ser los sucesores de aquellos quienes, se dice, fueron designados para ser predicadores del evangelio? Pero aunque no se avergüenzan de exhibir su descaro, aún así con cada lector de sano juicio sólo esta palabra es suficiente para tumbar su tonta jerarquía —que ningún hombre que no dedique sus servicios para Cristo a la predicación del evangelio puede ser sucesor de los apóstoles. 

Calvino no toma aquí la posición de que la Gran Comisión no es válida hoy. Sino más bien su argumento es que la iglesia católica romana no puede alegar sucesión apostólica porque no predica el evangelio. Calvino aplicaba el texto a la situación de su tiempo de forma particular, sin embargo esa forma no excluye más aplicaciones.

A decir verdad, es difícil sostener que Calvino pensara que el pasaje se refería exclusivamente a los apóstoles. En el párrafo que sigue a la cita anterior, Calvino se encuentra diciendo: 

…los profetas bajo la ley tenían límites asignados, pero ahora, habiéndose derribado la pared intermedia de separación (Ef. 2:14), el Señor manda a los ministros del evangelio viajar distancias para difundir la doctrina de la salvación en cada rincón del mundo. 

Esta evidencia es fuerte para la posición de que, aunque Calvino pensó que el pasaje se aplicaba en primer lugar a los apóstoles, también sacó una aplicación contemporánea que equivale a un mandato eterno para la iglesia. Es seguro que Calvino nunca da a entender ni insinúa lo contrario. 

Una tarea misionera que continúa para la iglesia post-apostólica también es mencionada en otro lugar en los escritos de Calvino. Uno de los más llamativos es su comentario sobre Isaías 12:4-5: 

Esta exhortación, por medio de la cual los judíos testificaban su gratitud, puede ser entendida como un heraldo de la predicación del evangelio, que después siguió en el orden apropiado. Como los judíos proclamaron entre los medos y los persas, y otras naciones vecinas, el favor que se les había mostrado a ellos, así también, uando Cristo fue manifestado, debieron ser heraldos que proclamaran el nombre de Dios en todo país del mundo. Por lo tanto es evidente cuál sea el deseo que ha de ser apreciado entre los piadosos. Esto es, que la bondad de Dios sea dada a conocer a todos, que todos se unan en una misma adoración a Dios. Especialmente hemos de encendernos con este deseo, después de haber sido liberados de un peligro alarmante, y más que nada después de haber sido liberados de la maldad y de la muerte eterna.

Esta mentalidad misionera también es evidente en incontables oraciones de la mano del Reformador Ginebrino. Sólo como un ejemplo, consideren esta oración escrito para ser usada en los servicios de culto de los domingos: 

Además, elevamos oraciones a ti, oh gran Dios de gracia y Padre de misericordia, por todos los hombres en general, que como te complaces en ser reconocido Salvador de todo la raza humana por la redención consumada en Jesucristo tu Hijo, así también aquellos que no le conocen, y están inmersos en oscuridad, y cautivos en la ignorancia y el error, puedan, por la iluminación de tu Espíritu Santo, y por tu evangelio resonando en sus oídos, ser traídos al camino correcto de salvación el cual consiste en conocerte a ti, el verdadero Dios, y a Jesucristo a quien tú has enviado. 

Uno no puede decir verdaderamente que Calvino no tenía sentido de la obligación continua de la iglesia de propagar el evangelio entre los perdidos. El entendió muy claramente que la iglesia cristiana tiene una comisión eterna de parte del Señor de llevar las nuevas de gozo hasta el fin de la tierra.

2. Los objetos de las misiones

Podemos analizar con mayor fineza las ideas de Calvino en cuanto a las misiones al preguntar: ¿Quiénes son los objetos de las misiones? O, para replantear la pregunta: ¿Dónde se encuentran los campos de las misiones? A esas preguntas, Juan Calvino daría una simple respuesta: «Todos los incrédulos de todo lugar». Para Calvino las misiones no eran necesariamente un asunto de viajar cruzando el océano. De hecho, algunos de los más grandes y más necesitados campos misioneros del Siglo XVI estaban justo en Europa. 

Esto se vuelve evidente en la Carta Introductoria a Francis I en la Institución. De acuerdo a Calvino, muchos de los franceses estaban hambrientos y sedientos de Cristo, pero muy pocos tenían algún conocimiento de él. Bajo la iglesia romana, «la luz de la verdad divina ha sido extinguida, la Palabra de Dios enterrada… » Los papistas puede que tomen el nombre de Cristo sobre sus labios, pero en realidad no se aferran a él. Junto con Martin Lutero y otros reformadores, Calvino adoptó el punto de vista de que el papa es Anticristo. No sólo negó que la iglesia romana fuera la verdadera iglesia, sino que afirmó que en cierta manera ni siquiera era iglesia. De hecho, llegó a decir que no hay diferencia entre aquellos en la iglesia de Roma y los musulmanes.

En la mente de Calvino, Europa bajo el dominio del romanismo era esencialmente pagana, o al menos sub-cristiana. Esto fue ilustrado cuando uno de sus oponentes le preguntó a Calvino si un creyente reformado debía abstenerse de casarse con un católico romano tal y como se abstendría de casarse con un musulmán. Calvino respondió que los seguidores de la iglesia romana estaban fuera de Cristo y que consecuentemente no podía haber tal matrimonio en el Señor. El matrimonio entre cristianos reformados y romanistas era inaceptable. Casarse con un católico romano era lo mismo que casarse con un incrédulo. 

Desde el punto de vista de Calvino, los perdidos estaban ciertamente en tierras lejanas. Pero también estaban cerca de casa, dondequiera que hubiera adeptos al romanismo. Esta observación es la que llevó a Fred Klooster a afirmar correctamente que «la reforma merece ser llamada la mayor cuna de proyectos misioneros de la historia». La amplia perspectiva de Calvino aún se necesita en nuestra época, donde muchos toman el nombre de Cristo sobre sus labios, pero en realidad pocos se aferran a él como se le revela en la Escritura. 

3. Métodos misioneros 

El reformador también prestó atención al lado práctico de las misiones. ¿Cómo han de difundir el evangelio las iglesias? Calvino no fue escaso al dar instrucción sobre este punto. Sus comentarios están impregnados de atención a los métodos por medio de los cuales la misión de la iglesia ha de ser llevada a cabo. 

Él indica que el establecimiento del reino de Cristo ha de tomar lugar por medio de un diestro uso de la Espada del Espíritu (Comentario sobre Isaías 53:2). Siguiendo las enseñanzas del Señor en Marcos 9:38, la iglesia debe pedir que Dios envíe obreros a su mies y que «reclute su fuerza y los dirija eficazmente, para que su labor no sea en vano» (Is. 49:17). La iglesia ha de ser gentil y persuasiva en sus métodos para atraer al curioso para que ellos vengan solos voluntariamente. (Miqueas 4:3 y Filemón 10). Calvino insiste en que los cristianos nunca deben usar la fuerza física ni el poder militar para imponer su fe sobre los no creyentes (Mi. 4:3). 

Además los creyentes han de guiar con su ejemplo y dejar que sus vidas estén de acuerdo con sus palabras (Is. 2:3). Según Calvino, habiendo sido tan ricamente bendecidos, los creyentes deben tener muchos deseos de compartir sus riquezas con otros (2 Co. 1:4). Esta obligación incluye también ferviente y piadosa oración por los perdidos (1 Ti. 2:4). 

Muchos comentarios similares pueden cosecharse del gran conjunto de escritos de Calvino. Pero de esta breve investigación, queda claro que él miraba hacia fuera y animaba a sus estudiantes y feligreses a hacer lo mismo. Juan Calvino buscó hacer la voluntad de Dios pronta y sinceramente, y esto incluía la voluntad de Dios para llamar a aquellos alejados de las promesas del evangelio.

4. Poniéndolo todo en práctica 

La iglesia reformada en Ginebra no sólo pidió que Dios enviara obreros a la mies —también estableció una institución que entrenaba hombres para el ministerio. La Academia de Juan Calvino tenía una reputación de ser un centro de entrenamiento misionero. Estos misioneros en entrenamiento estaban siendo principalmente equipados para el ministerio en la Europa romanista. En 1544, una delegación fue enviada de la en cierne iglesia reformada en Tournai (entonces localizada en los Países Bajos, en lo que hoy es Bélgica) a Ginebra, pidiendo que enviaran un misionero reformado por causa del gran paganismo en su tierra. Mientras Calvino vivía, bajo su dirección, y después de recibir su instrucción, literalmente cientos de hombres fueron enviados fuera de Ginebra a predicar el evangelio bíblico a todos los perdidos y confundidos de Europa. 

Por supuesto, ninguna discusión acerca de la relación entre Calvino y las misiones estaría completa sin una breve reseña de la misión de Ginebra en Brasil.18 En 1556, la iglesia reformada de Ginebra envió a dos misioneros a acompañar un grupo de hugonotes franceses que esperaban fundar una colonia en Brasil. Llegaron en marzo de 1557 y empezaron su trabajo entre los Tupinambas, un pueblo indígena brasileño. El trabajo fue difícil y frustrante y en última instancia terminó en un desastre cuando el líder de la colonia recayó en el romanismo. Tres de los hugonotes terminaron siendo martirizados por su fe, no por los Tupinambas, sino por sus propios compañeros franceses. A pesar del trágico resultado, el esfuerzo es un testimonio del hecho de que Juan Calvino no sólo pensaba y escribía acerca de las misiones, sino que también ponía sus palabras por obras y no sólo en casa (en Europa) sino también en el extranjero.

5. Conclusión 

A veces da la impresión de que el movimiento misionero protestante no empezó realmente hasta los días de William Carey. Y aunque él realmente sí representó un cambio radical en gran parte del más amplio mundo protestante, los creyentes reformados pueden mirar atrás y ver una rica tradición misionera que se traza hasta los primeros años de la reforma. Con Juan Calvino, Martín Bucer, y muchos otros reformadores, había una profunda preocupación por los perdidos y confundidos tanto en casa como en el exterior. Consideraciones sociales y políticas no siempre permitieron que esa preocupación se expresara totalmente con acciones —pero ciertamente estaba ahí. Al celebrar el nacimiento de Calvino, también podemos recordar con agradecimiento el hecho de que él llamara nuestra atención a lo que las Escrituras dicen acerca del llamado misionero de la iglesia y que también nos mostrara cómo poner ese llamado en práctica.

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