JOHN KNOX Y SU ESPOSA MARJORIE BOWES

Por J.H. Alexander

Reforma Siglo XXI, Vol. 19, No. 2

La señora Bowes y su hija, Marjorie, pertenecían a    la nobleza de Berwick-upon-Tweed cuando John Knox fue colocado allí por el arzobispo Cranmer  en 1548. Knox tenía cuarenta y cuatro años y estaba tan solo en el umbral de su gran carrera. Su nombramiento como predicador itinerante era nuevo. Surgió de esta manera. A Cranmer se le había dado autoridad bajo el rey Eduardo VI y su Protector para difundir la Reforma en toda Inglaterra, pero ¿cómo lograr esto en la práctica? Se pusieron Biblias en inglés en las iglesias y había mucho interés en las doctrinas reformadas, pero también había gran ignorancia y animosidad secreta en los obispos y las personas. Colocar ministros piadosos en púlpitos apropiados no parecía suficiente. Entonces llegaron al excelente plan de invitar a los protestantes doctos del Continente y colocarlos, a algunos como profeso- res en las universidades para levantar un cuerpo de jóvenes ilustrados, y a algunos como predicadores itinerantes. Knox, dos años antes, había sido capturado en St. Andrews por los franceses y puesto en las galeras. Al ser liberado, no se atrevió a mostrarse en Escocia debido a los sermones que predicó allí antes de su captura. Sin embargo, apenas había llegado a Londres cuando fue recomendado al consejo por su trabajo como profesor-predicador, y muy pronto fue asignado a Berwick, una importante ciudad de guarnición. El traba- jo le atrajo mucho. Se arrojó a él con celo y amor, causando pronto un notable cambio de corazón en el distrito, así como una mejora en las costumbres, sobre todo en la guarnición.

La señora Bowes ya había sido atraída del papado a las doctrinas reformadas, pero ahora “recibía de sus sermones mucha instrucción y placer. Ella estimaba altamente su talento y carácter” y se tornó como una madre para él. Durante esos dos años, un vínculo mutuo surgió entre Knox y Marjorie Bowes, y antes de dejar Berwick le “hizo una pro- mesa fiel ante testigos”. Sin embargo, el Sr. Bowes, su hermano mayor sir Robert y algunos otros parientes se oponían al emparejamiento, en parte por orgullo familiar y en parte por falta de simpatía con la Reforma. Por esta razón, se aplazó  el matrimonio y las cartas de dolor revelan los sentimientos heridos de Knox y Marjorie hacia sus parientes. Para este tiempo, Knox se había convertido en uno de los capellanes reales del rey Eduardo (Latimer, Bradford y Grindal eran otros nombres), investidos con más autoridad, pero aún itinerantes, a veces en Londres, a veces en la región suroeste y otras en el norte nuevamente. Sin embargo, llegó 1553. El joven rey murió. La reina María subió al trono. Knox, en Berwick, se casó con Marjorie, aunque su padre todavía no simpatizaba con la unión. Las señoras estaban ansiosas de que Knox viviera permanentemente en el distrito, lejos del peligro, y la señora Bowes imploró porque su marido usara algunos de sus medios para acomodarlos en un hogar adecuado, pero nada lo persuadía. Knox tampoco renunciaría  a su trabajo, el cual ahora representaba un grave peligro. La pobre Marjorie tenía que vivir bajo el constante ceño de su padre y una gran ansiedad por su marido. Los cortesanos y estudiosos que habían tenido que tolerar las audaces palabras de los capellanes reales se volvieron contra ellos y las vidas de estos hombres piadosos estaban en peligro. Knox, de vuelta en Londres, escapó por poco de la muerte y huyó a Francia.

Con él fuera del camino, Marjorie y su madre estaban ahora sometidas a persecución del lado paterno de la familia, no tanto por afirmar las doctrinas reformadas como por la tontería de no conformarse con la regla del momento. No obstante, ninguna de los dos cedería. A pesar de una timidez de carácter (de hecho, la señora Bowes era una mujer de pro- fundo abatimiento de espíritu para cuyo ánimo Knox escribió su “Fuerte para los Afligidos”, una exposición del Salmo 6), “decidieron no abandonar en ninguna consideración la fe que habían abrazado con plena convicción de su verdad”. Knox las reafirmó en esto con sus cartas:

“… Continuad con firmeza hasta el final y nunca os inclinéis ante ese ídolo, y el resto de los problemas mundanos serán para mí más tolerables… Consolándome, parezco celebrar que Dios nunca os dejará caer en esa reprensión”.

A lo largo de esta persecución, pudieron reunirse en secreto con unas pocas personas de ideas afines, y aunque privados de predicación, disfrutaron regularmente de una forma simple de adoración juntos.

Llegó una feliz reunión “al final de la cosecha de 1555”, pero Knox realmente deseaba hacer un viaje secreto a Escocia. Encontrando a sus amigos allí, reconoció ‘una ardiente sed de la Palabra’ y no pudo dejarles. Finalmente, Marjorie y su madre que ahora era viuda, se le unieron en Edimburgo, pasando de un amigo a otro. Era demasiado peligroso para él establecerse, y cuando el año siguiente recibió una invitación para ser pastor de la congregación inglesa en Ginebra, él sintió que debía aceptar. Marjorie y su madre se despidieron de sus amigos “con mucho dolor en nuestros corazones”, dice Knox, y partieron de Leith a Dieppe. Después de visitar y despedir a hermanos en diferentes lugares (al igual que Pablo), Knox las siguió.

Durante tres años vivieron pacíficamente en Ginebra y allí les nacieron dos hijos. Marjorie era amada por todos los que la conocían en el extranjero, Calvino la llamaba “una esposa cuya igual no se encuentra en ningún lugar” —Había perdido a su Idelette siete años antes—. La amistad de Calvino, un poco más joven que él, era preciosa para Knox, pero todo el tiempo se sentía exiliado, de modo que cuando recibió una invitación de los nobles protestantes escoceses, respondió de inmediato y se fue a casa en enero de 1559, dejando a    su familia hasta que se sintió convencido de su seguridad en Escocia. Fueron debidamente llamadas en junio e hicieron el viaje tedioso, con licencias y pasaportes requeridos, al igual que hoy. Marjorie no sobrevivió por mucho tiempo el establecerse en Escocia. Aunque ahora tenía un ministerio regular y un “cómodo lugar para ella y sus hijos”, era demasiado tarde. Ella murió al final de ese año, dejando esta bendición a sus dos hijos, Natanael y Eléazar:

“que Dios, por su Hijo Jesucristo, haga de ellos, por su misericordia, sus verdaderos temerosos, y adoradores tan rectos de él como aquellos que han salido de los lomos de Abraham”.

Los dos niños crecieron para ser hijos dignos de sus padres piadosos. Ambos se formaron en St. John’s College, Cambridge, convirtiéndose uno en miembro y el otro en predicador en la universidad.

Casi dos años después de la muerte de Marjorie, María, reina de Escocia, llegó a Edimburgo, de modo que Marjorie nunca supo de los grandes problemas y conflictos entre esos dos personajes opuestos, los cuales ahora son casi todo lo que el lector moderno conoce de Knox; eventos que han sido destacados y distorsionados en muchas novelas y en la televisión.

Durante muchos años, los miembros de la familia Alexander fueron reconocidos como escritores cristianos de talento. J.H. Alexander llegó a ser bien conocida a través de su “Más que Noción”, ¡casi un clásico cristiano! Este artículo fue tomado de Mujeres de la Reforma, posiblemente su última obra debido a la pérdida de visión.

A %d blogueros les gusta esto: