¿IMPORTA LA IGLESIA?

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 12, No. 1

Ramón ya no  asistía  a  ninguna  iglesia.  Los  hermanos lo habían exhortado en muchas ocasiones, pero él siempre decía lo mismo: «Todo lo que uds. hacen en la iglesia yo hago en mi casa. Yo oro a Dios, leo la Palabra, pongo aparte un dinero para las necesidades de alguna persona, etc. No necesito la iglesia.» Y los hermanos no sabían cómo respon- derle más que citarle el único versículo solitario del Nuevo Testamento que habla sobre congregarse, Hebreos 10:25. Al final dejaron a Ramón sólo, y hasta la fecha no participa en ninguna congregación —como miles hoy en día.

Juanita llegó a la iglesia por primera vez este domingo, y al terminar el culto se mostró muy feliz. Dijo que esta iba a ser su iglesia, y que se sentía muy bien aquí. Y en verdad siguió llegando fielmente, y participaba en las diferentes actividades con mucho entusiasmo. Cuando el pastor le preguntó si le interesaba ser miembro formal de la congregación, ella dijo que sí. Entonces Juanita llevó las clases de membresía, y fue presentada un día a la congregación como miembro. Y así todo marchaba bien hasta que había pasado como siete meses y Juanita ya casi no asistía más a la iglesia. Todos se preguntaban ¿qué habrá pasado con Juanita? Alguien mencionó que la había visto en otra iglesia el domingo pasado. Lo que nadie había percatado era que antes de llegar a esta iglesia, había saltado de iglesia en iglesia ¡diez veces! Al no indagar sobre su pasado, el pastor no había percibido una debilidad en Juanita de pasar de iglesia en iglesia buscando algo nuevo o diferente. Ahora, ¿qué hacer con Juanita?

Estos casos ficticios ejemplifican una realidad que se ha difundido hoy por todo el continente. Tristemente la parte más culpable de los conceptos equivocados sobre la iglesia

¡es la iglesia misma! Es necesario hoy recobrar el concepto bíblico de la naturaleza de la Iglesia, ya que está íntimamente relacionado con una doctrina sana, y el plan de Dios para este mundo.

  1. la Raíz del Problema

Probablemente el factor de más peso que contribuye a ideas erróneas sobre la iglesia es el misticismo que muchas iglesias predican. Hoy se ha promovido por todas partes un concepto ‘místico’ de la religión. ¿Qué queremos decir con esto? Queremos decir que muchas iglesias hoy han convertido el mensaje de Dios en una ‘experiencia individual’. Esto lo hacen mediante diferentes formas. Algunos ofrecen consejos personales, que son para el beneficio personal del individuo. Esto puede tomar la forma de aquellos sermones ‘prácticos’ que ofrecen siete pasos para el éxito personal en alguna área de su vida. O puede tomar la forma de ofrecer   la ‘bendición de Dios’ a cambio de su semilla de fe (léase: dinero). Otros ofrecen un ‘show’ con mucha música, hasta luces de discoteca,  entretenimiento,  baile,  todo  dirigido a que el participante tenga una agradable experiencia. No importa la aberración que sea, muchos grupos religiosos han convertido el gran mensaje histórico de Dios en un mensaje totalmente inmediato, personal e individual. Esto ha creado toda una población de creyenceros esperando el domingo para obtener algún ‘secreto’ para mejorar su vida personal y su experiencia religiosa.

Esta es la esencia del paganismo. El paganismo durante toda la historia ha promovido la mentira de Satanás en el huerto del Edén: «Olvídese de ese plan de Dios que abarca toda la historia, que abarca hijos, trabajo y comunidad. Lo que importa ahorita es ‘tener sus ojos abiertos’ —¡eso es todo!

¡Come del fruto y verás…!» El paganismo ha entrado a la Iglesia de hoy, prueba de ello son los poquísimos sermones sobre la persona y obra de Cristo en la historia, a cambio  de consejos, secretos, mensajes ‘prácticos’ sin fundamento amplio doctrinal.

Quiero aclarar algo que hemos señalado en números pasados de este boletín. No estamos diciendo que la fe bíblica no es ‘práctica’. Lo es. Totalmente. Al terminar sus once capí- tulos de doctrina, Pablo puede decir, «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable al Señor, que es vuestro culto racional» (Rom. 12:1). No puede haber algo más práctico que dar su vida entera como sacrificio vivo a Dios. Pero —Pablo da la orden práctica después de once capí- tulos de doctrina, y la parte práctica está íntimamente ligada a la parte doctrinal. Si sacamos las instrucciones ‘prácticas’ de Romanos 12 al 16 fuera del contexto de los primeros once capítulos, distorsionamos gravemente la enseñanza bíblica. Y así es con toda la enseñanza bíblica. Lo ‘práctico’ tiene un contexto y un fundamento ‘doctrinal’, y no se debe desligar el uno del otro.

  1. El enfoque bíblico Sobre ‘la iglesia’

Al volver hacia el misticismo y desechar una fe histórica, muchas iglesias modernas no pueden captar el testimonio bíblico contundente en cuanto a la obra de Dios. Desde los comienzos Dios reúne a un ‘pueblo’, y sus promesas a Abraham incluyen mucha descendencia, y todas las familias de la tierra. Este enfoque comunitario y no individualista es abrumador. Con sólo considerar los términos que Dios usa para describir a sus hijos, se ve este aspecto.

Pueblo (M() —Este término es usado aproximadamente 1700 veces en el Antiguo Testamento, y en su gran mayoría es para describir el pueblo de Dios. Dios se manifiesta como Dios de un pacto que abarca un pueblo. El deseo de Dios es tener un pueblo, una gente, para ser misericordioso para con muchos. Si bien el hijo de Dios se relaciona con Dios personalmente, nunca se relaciona con Dios solo. Nos relacionamos con Dios como parte de un pueblo que ha sido redimido en esta tierra por un Dios que es Señor de la historia. Todo Cristiano verdadero existe como parte del pueblo de Dios, y las bendiciones que Dios promete son bendiciones corporativas. Es por eso que la Biblia manda a «sobrellevar los unos las cargas de los otros, así cumpliendo la ley de Cristo» (Gal. 6:2). El ‘misticismo evangélico’ moderno se preocupa casi exclusivamente por la bendición personal, y no comprende la obra de Dios con un pueblo. Podríamos decir que Dios no obra entre los hombres sin que sea con un pueblo. No existen ‘Cristianos aislados’. Congregación, Asamblea (lhq, td() —Estas palabras se encuentran más de 200 veces en el Antiguo Testamento. A veces se refieren al pueblo de Israel, casi como sinónimo de ‘pueblo’. Pero muchas veces tienen la connotación del pueblo de Dios reunido en presencia de Dios. Y es importante notar que cuando Dios convoca a la asamblea, les habla a todos como el Dios de pacto en términos corporativos. Ni Dios ni los profetas llegan a hablar a la asamblea en términos individuales. Es más, la presencia de unos pocos pecadores rebeldes puede comprometer la seguridad de todo el pueblo (recordemos Coré, Datán y Abiram (Números 16), o Acán (Josué 7). No existía ‘israelita’ sin ser parte de ‘la congregación’, respon- sable mutuamente unos ante otros.

El carácter corporativo de la religión bíblica se manifiesta en que el ser ‘hijo de Dios’ es ser ‘asamblea’. Y ser ‘no hijo de Dios’ consistía en estar fuera de la asamblea, prohibido del privilegio de congregarse en presencia de Dios. El peor castigo para el creyente en Israel era ser ‘echado fuera del campamento’ (ver Números 12:14,15).

La Septuaginta (traducción del AT al griego) traduce muchas veces los términos ‘congregación, asamblea’ como ekklesia, o ‘iglesia’. Este fue el término que Jesús usó cuando dijo en Mateo 16:18, «Edificaré mi iglesia (es decir, mi congregación, mi pueblo), y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». Debemos entender que Jesús declara que su misión es la misma que tenía Dios en el AT —la de reunir y edificar una congregación santa.

No debemos perder de vista esta declaración de Jesús. Cuando Jesús hace alguna declaración del futuro, casi siempre tiene que ver con realidades últimas, como es el caso en Mateo 10:32-33: «A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.» Cuando Jesús afirma en Mateo 16 «edificaré mi iglesia», podemos entender que está definiendo de manera fundamental su misión. De hecho, Pablo resume la misión de Jesús en Efesios 5:25, «…Jesús amó la iglesia y se dio a sí mismo por ella».

En el AT la obra de Dios en la tierra consistió en redimir y reunir un pueblo, para que fuera una ‘congregación’ delante de su presencia. Cuando Jesucristo definió su misión presente y futuro (a través de los apóstoles), la describe en los mismos términos: la de redimir y reunir su iglesia. Si no nos vemos  a nosotros mismos como ‘iglesia del Señor’, no nos estamos colocando dentro de sus planes. Los términos más comunes hoy se encuentran poco en la Biblia. Por ejemplo, el término ‘creyente’ sólo aparece 8 veces, y el término ‘cristiano’ sólo 2 veces. Pero el término ‘iglesia’ ocurre ¡72 veces! El término ‘congregación’ se encuentra 7 veces en el NT. Y el término más común para los Cristianos es los hermanos (en plural), y ocurre ¡más de 180 veces en Hechos y las epístolas! Debe ser claro para nosotros que Dios considera su iglesia como un grupo de personas, como un pueblo unido de hermanos.

Todo esto nos debe advertir en contra del individualismo y el misticismo tan común hoy en día. La Iglesia no se trata en primer lugar de mi, ni de mi felicidad, ni de mi bendición. La Iglesia es una forma principal en que Dios se glorifica a sí mismo. Todos los hombres son pecadores. Nadie, ni la propia Iglesia, ‘merece’ salvación. Dios le recuerda a Israel que el único mérito que Israel logró era que su nombre ¡fuera blasfemado entre las naciones! Y cuando promete una vez más salvación, lo hace para su propia gloria y su propio nombre:

Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado. Y santificaré mi grande nombre, profa- nado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos (Ezequiel 36:22-23).

Otra vez dice,… todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice (Isaías 43:7).

Es necesario, entonces, recordar que la Iglesia es 1) obra de Dios; 2) para la gloria de Dios, y 3) una asamblea congre- gada juntos ante su Salvador y Señor.

  1. Implicaciones para nosotros hoy

Estas breves observaciones sobre la Iglesia tienen importantes implicaciones para la Iglesia de hoy.

  1. Requiere una reorientación, dejando el  misticismo en favor de una fe histórica. No hay duda de que el misticismo produce una ‘experiencia religiosa’ —sí lo hace. Muchos ‘experimentan’ sensaciones reales cuando están en su trance religioso. Muchas sectas ‘evangélicas’ se han hecho expertas en poder producir un mini éxtasis en el culto, con sensaciones que a la gente les agrada. Sin embargo, no debemos confundir esto con la religión bíblica. No hay un sólo pasaje en la biblia donde Dios dice ‘siéntanme’. Al contrario, el testimonio bíblico afirma que debemos creerle a Dios y obedecer a

Dios a pesar de nuestras emociones o sentimientos. Abraham llegó a ser padre de todos los creyentes precisamente cuando suprimió sus emociones, y obedeció a Dios ofreciendo a Isaac en sacrificio.

La religión bíblica se fundamenta en el testimonio de Dios dado por medio de la biblia, un testimonio histórico. También se fundamenta en los hechos portentosos de Dios en la historia. Es por eso que el llamado de Dios es ‘creer’,  no ‘sentir’. La fe bíblica es conocer y confiar en un testimonio objetivo, concreto, e histórico.  Toda  iglesia  que  sustituye la proclamación del testimonio de Dios en la Biblia por un ‘evento’ sensacionalista, está traicionando el Evangelio.

El problema con el misticismo es que no produce la importante cualidad bíblica de perseverancia. El misticismo sólo produce un escalofrío momentáneo, y cuando se termina el culto, o cuando se termina el éxtasis, se terminó la religión. Es para todos obvio que la iglesia evangélica hoy padece de esta enfermedad. La inestabilidad crónica de tantos Cristianos se debe a la mala práctica de sus iglesias que promueven una sensación momentánea como la esencia de la religión. En cambio, una fe anclada en el testimonio fidedigno de la Biblia no se esfuma cuando yo me desanimo. Permanece como testimonio ante mi desánimo, ante mi duda, ante mi rebeldía. Y me llama con autoridad y poder a volver a poner la mirada en Cristo, y correr la carrera que tengo por delante. Sólo una fe basada en la obra de Dios en la histórica me puede librar de la esclavitud a las emociones fluctuantes. Urge hoy limpiar la Iglesia del misticismo, y volver al camino del Evangelio bíblico, el mensaje de una persona real, que hizo cosas reales, en este mundo real.

  1. La Iglesia hoy debe enseñar un compromiso con la ‘asamblea’ en que Dios nos ha puesto. Hemos visto que la Biblia describe la esencia del Cristiano como uno que forma parte de un pueblo que Dios ha reunido. Muchos Cristianos creen que ellos son los que buscan una iglesia u otra, la que les gusta, porque así se ha enseñado en las mismas iglesias. Sin embargo, no encontramos nada ni cerca de esta idea en la Biblia. El testi- monio bíblico es unánime en que es Dios que busca al pecador, es Dios quien lo justifica en Cristo, y es Dios que lo une a su pueblo, el cuerpo de Cristo. En un sentido, no es decisión nuestra entrar en la Iglesia —es un privilegio otorgado por Dios al pecador que no merece sus favores.

Muchos pastores y líderes hoy luchan con miembros que asisten irregularmente. Pero esta conducta es producto de que el miembro no considera su lugar en la Iglesia como un privilegio otorgado por gracia. El miembro está viendo su participación en la Iglesia como la participación en cualquier otra organización voluntaria. No ha llegado a comprender que fue Dios que lo trajo, y es ante Dios que sirve y se congrega. Hace falta enseñanza seria sobre la naturaleza y carácter de la Iglesia.

  • Otra implicación de las enseñanzas bíblicas es que debemos aprender a ver a Dios en medio de su congregación, en las vidas de otros. Casi siempre cuando un hermano o una hermana cae en aquel negativismo y espíritu crítico que es común a los hombres, es porque ha dejado de ver la presencia de Dios en medio de Su Iglesia. Una vez un hermano pesimista estaba criticando todo lo que pasaba en nuestra congregación. Se le preguntó qué cosa positiva Dios estaba haciendo en la iglesia, y su respuesta fue: «¡Nada!»

Pero Dios nunca ha abandonado su obra en la tierra, aún en los momentos más oscuros. Esta lección la podemos aprender de los Reformadores en el siglo 16, quienes vivieron momentos de terrible oscuridad espiritual. Sin embargo, supieron reconocer la presencia de Dios y la obra de Dios a pesar de las fallas de los hombres.

Si no apreciamos lo que Dios está haciendo en nuestros hermanos de la congregación, es porque nos hemos colocado como juez de los hermanos, y no siervo. Las actitudes críticas, o altaneras, indican un corazón que ignora tanto mi propia necesidad del perdón y gracia de Dios, como las muestras de la obra de Dios en los otros. Cuando sólo sabemos criticar en lugar de ayudar, cuando sólo sabemos juzgar en lugar de servir, es porque nos hemos colocado como juez no sólo de los hermanos, ¡sino de Dios mismo, quien es paciente con todos!

El mejor antídoto para el desánimo y el espíritu crítico es meditar en todo los positivo y lo hermoso que Dios está haciendo en las vidas de nuestros hermanos. Créame. Si ud. busca muestras de la gracia de Dios en la vida de otros, ¡la hallará!

  • Entender que la obra de Dios es edificar una ‘congregación’ nos ayuda a ver la iglesia como un verdadero apoyo espiritual. Todo lo que Dios hace con su pueblo es para su gloria, y para nuestro bienestar. Nada de lo que Dios hace con nosotros es para perjuicio. ¡Nada! Dios ha prometido, con juramento, que todas sus promesas para nosotros en Cristo son ¡Sí! y ¡Amén! Cuando entendemos que Dios nos ha dado la ‘asamblea’ como un apoyo para nosotros mismos, entonces nuestra actitud en cuanto a la iglesia va a ser recíproca. Yo necesito a los hermanos, y los hermanos me necesitan a mi. He ahí los muchos textos que hablan de «unos a otros», animarse, consolarse, exhortarse, sobrellevar las cargas, etc.

Muchas iglesias evangélicas modernas están tan lejos de este propósito, que a menudo miembros de alguna iglesia ‘exitosa’ (léase grande, numerosa, bien conocida) deben recurrir a otra iglesia que no sea la suya, para ayuda pastoral o personal. Muchas son las quejas de la falta de pastoreo y accesibilidad al liderazgo en estas iglesias. Y la razón es porque han perdido el concepto de ‘congregación’ con responsabilidad mutua. Muchos ‘pastores’ de hoy se consideran más bien como gerentes de una empresa. Tristemente, estos condenan a muchos bajo su liderazgo a una vida sin la bendición que debe ser una iglesia.

  1. La liturgia y especialmente la música debe reflejar nuestra fe histórica. Los líderes de culto deben olvidar sus intentos de producir una ‘experiencia’ sublime, y deben concentrarse en llevar a la congregación a apreciar ‘la fe una vez dejada a los santos’. La meta no debe ser el llevar la congregación a un estado de éxtasis, de elevarse en ‘alabanza’, o de caerse al suelo ‘en el Espíritu’. La meta debe ser enfocar todos los sentidos (cabeza y corazón) en el Dios de nuestra salvación, que se ha manifestado por muchas obras en el pasado, y de forma suprema en la persona de Jesucristo. El contraste entre el misticismo y la religión bíblica hoy en día se manifiesta más claramente en la música. Dios le dio a Israel un himnario, los 150 Salmos. Y un buen número de los Salmos relatan las historias de la salvación de Israel. ¿Sabe por qué la iglesia moderna sólo canta pedacitos de los Salmos? ¡Porque su fe es mística y no histórica! Voy a dar un sólo ejemplo.

Por ahí escuché un canto evangélico que repetía una y otra vez que Dios le había dado las fuerzas de un búfalo, citando Salmo 92:10. Lo triste es que esta metáfora llamativa estaba sacada totalmente fuera de su contexto en el Salmo, y convertido en un grito de alegría que se acercaba a lo absurdo.

¿Fuerzas de un búfalo? ¿Para qué? El canto no resuelve el interrogativo. Pero si echamos un vistazo más cercano al Salmo, encontraremos el contexto.

El título del Salmo afirma que es para ‘El día de reposo’. Es casi seguro que el propósito de este Salmo era para usarlo en culto, cantando junto con otros adoradores de Dios. Termina hablando de los justos que se encuentran en el templo (vs 13), y quienes ‘anuncian’ las virtudes de Dios (vs 15). De modo que debemos entender este Salmo en un contexto de adora- ción corporativa.

En segundo lugar, el Salmo menciona explícitamente la ‘fidelidad’ de Dios (vs 2) y ‘las obras’ de Dios (vs 5). Si bien  el salmista aquí no repasa todas las obras de Dios como en otros Salmos (ver por ejemplo Salmos 77, 99, 104, 136), lo que lo anima y lo conforta es el recuerdo de las obras de Dios, seguramente en la creación y en la redención. Este Salmo es un llamado a meditar y celebrar las grandes obras de Dios en la historia.

En tercer lugar, es un Salmo que anuncia juicio sobre los enemigos de Dios (vss 7-9). Este hecho mismo debe refrenar el uso ‘frívolo’ de este Salmo; ¡estamos cantando acerca de la condenación eterna de seres humanos!

Y en cuarto lugar, este es el contexto en que el salmista proclama que a pesar de que los enemigos de Dios se arre- meten contra el justo en la tierra, Dios proveerá las fuerzas (como de un búfalo) para resistirlos (vss. 10,11). Ahora bien todo esto es muy lejos del cantito sobre ‘las fuerzas de un búfalo’ a ritmo de salsa. Este Salmo nos inmersa totalmente en una fe histórica, cobrando ánimo para el futuro con base en lo que Dios ha hecho en el pasado. Y este tipo de canto es muy diferente a la mayoría de lo que se canta hoy.

La liturgia de la iglesia debe llevar la congregación a unirse al pueblo de Dios de todos los siglos en recordar y celebrar las obras de Dios en la creación y en la salvación.

4. Conclusión

Urge hoy retornar a las Escrituras y al concepto bíblico de la Iglesia. Un paganismo disfrazado ha invadido a la Iglesia, y cada día crece y ostenta su éxito en reunir masas. En parte este éxito es debido a la pobreza y debilidad teológicas entre nosotros, especialmente con respecto a la naturaleza de la Iglesia del Señor. La religión bíblica es muy diferente a lo que se practica en las sectas místicas ‘evangélicas’. Dios ha propuesto reunir un pueblo, una congrega- ción, por medio de su obra en la historia, sobre todo en la persona y obra de Jesucristo. La ‘fe’ tiene un contenido histó- rico. La Iglesia es una entidad histórica. Y cada Cristiano debe considerarse parte integral de esta comunidad que tiene un pasado y un futuro aquí en la tierra hasta que Cristo vuelva

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