HEINRICH BILLINGER: ¿UN GIGANTE OLVIDADO?

Por Mario Cely Q.

Reforma Siglo XXI, Vol. 19, No. 1

La figura de Heinrich (Enrique) Bullinger es una de esas figuras de la historia de la Reforma casi olvidada actualmente incluso en su natal Zúrich y por los cristianos reformados de estos tiempos. Bullinger, sin duda, fue un gran hombre de Dios, cuya memoria y vida esperamos recordar en este aniversario de los 500 años de la Reforma.

Pertenece a la segunda generación de líderes del gran movimiento divino del siglo XVI; y no está por demás decir que la historia lo ha aclamado como figura de primer orden, tanto por su entrega espiritual, su ardorosa vida al servicio de la Iglesia de Cristo, así como su desempeño en ayudar a su nación política y culturalmente.

Al hablar de Heinrich Bullinger, estamos hablando por su- puesto del sucesor de Ulrico Zuinglio en Zúrich, aquel valiente pastor que dio su vida por la causa de la Reforma en la horrible batalla contra las tropas católicas al servicio del emperador Carlos V de Alemania y España. Manuel Gutiérrez Marín señala que “En aquellos días del mes de agosto de 1531, pues la segunda Guerra de Kappel entre protestantes y católicos suizo-alemanes parecía inminente. Una de las entrevistas del reformador Zuinglio con representantes de Berna tuvo lugar precisamente en Bremgarten, en casa de Heinrich Bullinger, a la sazón párroca de dicho lugar. Al des- pedirse al día siguiente, Bullinger cuenta: “Entonces él me dijo adiós y lloró diciendo: Querido Heinrich, que Dios te guarde. Y que seas fiel a Cristo, el Señor, y a su Iglesia” (Gu- tiérrez Marín, 1978:21).

Por su parte, Berthoud señala igualmente: Durante 44 años Heinrich Bullinger fue el Antistes (un pastor ordenado de la Iglesia de Suiza) de la Iglesia del Cantón de Zúrich, luego de la muerte de Zuinglio en el campo de batalla de Kappel, justamente en aquel año de 1531 hasta su propia partida de este valle de lágrimas en 1575. Heinrich Bullinger nació cinco años antes de Juan Calvino, le sobrevivió por 11 años. Al igual que su colega francés más joven en Ginebra, en Zúrich Bullinger dejó una imborrable y profunda marca por medio de sus trabajos infatigables por el avance del Reino de Dios, no solo en la escena eclesiástica y pública de su época, sino en la herencia reformada que por gracia de Dios es nuestra también hasta hoy (Berthoud, 2004:5). Al igual que Calvino, pero podría resultar extraño decir que mucho más que el reformador francés cuya obra fuera enorme en Ginebra, Bullinger, por su inmensa correspondencia teológica y diplomática, ejerció una extraordinaria influencia no solo en su Confederación Suiza, sino en todas las tierras alemanas, en Europa del Este, en Francia y los Países Bajos, en Italia y en España. Y lo más llamativo para nosotros hoy es que los escritos de Bullinger influyeron notablemente sobre los des- tinos espirituales y políticos de aquella preciosa isla rodeada por un brillante mar, Gran Bretaña.

Dejemos que los gigantes hablen por sí mismos. La correspondencia de Calvino que se extiende por toda Europa, intercambios epistolares que desempeñaron un papel tan decisivo en la difusión de la fe evangélica reavivada, comprende unas 4.300 cartas existentes. Pero la correspondencia de Bullinger, disponible en los archivos de Zúrich, tiene más de 12.000 cartas. Sus trabajos publicados, sin incluir los editados después de su muerte y traducciones, son 119 volúmenes.

Siendo muy joven, de unos veinte años, se convirtió en el compañero de confianza de Zuinglio y en su indiscutible sucesor, pero más tarde ganó la amistad de Calvino y, como abundantemente lo testifica su correspondencia, se convirtió en un buen mentor espiritual para Calvino, pues en las varias luchas del reformador ginebrino no pocas veces recibió con- suelo, ánimo y estímulo para ayudar en gran manera a su colega más joven en el ministerio de la Palabra de Dios. Era casi una amistad paternal en la que Bullinger manifestaba sus consumados dones como pastor. Cinco veces Calvino viajó a Zúrich para entrevistarse con su colega, el bastión espiritual de Bullinger el cual rara vez abandonó.

Mencionemos algunas de sus más notables producciones literarias. La Segunda Confesión Helvética, de su puño y letra, escrita entre los años 1561-1566. Esta fue la más aceptada de todas las confesiones reformadas del siglo XVI y que llegó hasta Hungría, a Escocia, y de Francia a los Estados protestantes alemanes, y desde Polonia hasta Transilvania y Holanda.

En idéntica forma, su conocida obra Décadas (1549-1551), es una colección de 50 sermones que cubrían todos los temas de la doctrina reformada del siglo XVI y dirigida en latín a las reuniones de predicación y enseñanza para los pastores y profesores de la iglesia de Zúrich para la edificación y la instrucción mutuas. Esta fue sin duda la fuente principal de la influencia de Bullinger, al menos hasta el Sínodo de Dort en Holanda. Fue traducida al alemán, al holandés, al francés y al inglés (1577). Era de lectura obligatoria para el clero que estaba bajo la autoridad del arzobispo de Canterbury y por este medio ejerció una influencia determinante sobre la teología y la práctica de toda la tradición anglicana reformada. Pero de igual modo, afectó poderosamente a los puritanos ingleses; pero el asunto no para allí, Bullinger de igual manera hizo sentir posteriormente su influencia en el Nuevo Mundo descubierto por Cristóbal Colón, en las Colonias de Nueva Inglaterra y entre los puritanos de Massachusetts, Estados Unidos.

Vida de Heinrich Bullinger

Nació el 18 de julio de 1504, en Bremgarten, Cantón de Aargau, Suiza, y era el menor de cinco hijos del decano Bullinger, quien vivía al igual que muchos otros sacerdotes de aquellos tiempos en ilegítimo pero tolerado matrimonio. Philip Schaff declase que el padre de Heinrich Bullinger en una ocasión se resistió a la venta de indulgencias traídas a su ciudad por un tal Samson en 1518. De igual modo y aunque en avanzada edad, confesó desde el púlpito las doctrinas de la Reforma (1529). Y por haberse atrevido a tanto el padre de Heinrich Bullinger perdió su puesto (Schaff, 1903:122).

El joven Heinrich fue educado en la escuela de los Hermanos de la Vida Común en Emmerich, y en la Universidad de Colonia. Estudió teología escolástica y patrística. Los escritos de Lutero y los Loci de Melanchthon lo llevaron al estudio de la Biblia y lo prepararon para su conversión a Cristo. Regresó a Suiza como Maestro de Artes, enseñó en una escuela en el Convento Cisterciense de Kappel de 1523 a 1529 y reformó el convento de acuerdo con el abad Wolfgang Joner. Fue por este tiempo cuando conoció a Zuinglio, asistió a la Conferencia con los anabaptistas en Zúrich, 1525, y la disputa en Berna, 1528. Se casó en 1529 con Anna Adlischweiler, una antigua monja, que resultó ser una excelente esposa y ayuda idónea. Aceptó el llamado del Concejo de Bremgarten como sucesor de su padre. Después de la catástrofe de Kappel, se trasladó a Zúrich y fue elegido unánimemente por el Consejo de los Ciudadanos como ciudadano Gran Ministro, el  9 de diciembre de 1531. Se rumoreaba que Zuinglio mismo, en el presentimiento de su muerte, lo había designado como su sucesor. Ningún mejor hombre podría haber sido seleccionado. Era de vital importancia para las iglesias suizas que el lugar del Reformador fuera ocupado por un hombre del mismo espíritu, pero de mayor moderación y autocontrol.

Algo más anotado por Schaff es como sigue. “De inmediato, Bullinger asumió la tarea de salvar, purificar y consolidar el trabajo de vida de Zuinglio, hasta cumplir fiel y exitosamente esta tarea. Cuando ascendió al púlpito del Gran Mi- nistro el 23 de diciembre de 1531, muchos oyentes pensaron que Zuinglio había resucitado de entre los muertos” (Schaff, 1903:122).

Preocupado por el éxito de la Reforma

Durante aquellos días de refriegas y combates contra las tropas de Carlos V que se había unido al Papa, Bullinger, nada timorato, asumió la más firme posición a favor de la Reforma en su país, obra que estaba en peligro de ser abandonada por un buen número de hombres tímidos instalados en el Concejo de la ciudad. Se mantuvo libre de la interferencia con la política que había resultado ruinosa para Zuinglio. Sin embargo, se preocupó lo suficiente para establecer una relación más independiente, aunque amistosa, entre la Iglesia y el Estado. Se limitó a su propia vocación de predicador y maestro.

Los historiadores hasta hoy dan cuenta de que en los primeros años predicaba seis o siete veces por semana; después de 1542 solo dos veces, los domingos y viernes. Fiel a su mentor Zuinglio, siguió el plan del reformador en la explicación de libros enteros de las Escrituras, tarea que hacía desde el púlpito. Sus sermones eran sencillos, claros y prácticos, y servían de modelo para los jóvenes predicadores.

Un pastor singular

Bullinger llegó a ser un pastor muy devoto, dispensando consejos y consuelo en todas las direcciones, y exponiendo incluso su vida durante la peste que varias veces visitó Zúrich. Su casa estaba abierta desde la mañana hasta la noche a todos los que deseaban su ayuda. Distribuía libremente alimentos, ropa y dinero de sus escasos ingresos y contribuciones para sus amigos, viudas y huérfanos, a extranjeros y exiliados, sin excluir a personas de otros credos. Se aseguró una pensión decente para la viuda de Zuinglio, y educó a dos de sus hijos con los suyos. Su amoroso espíritu procuraba alojamiento durante semanas y meses en su propia casa para los hermanos perseguidos, o les procuraba lugares y medios para viajar.

Algo de bastante importancia y de lo cual podemos aprender fue su gran atención a la educación; él mismo era superintendente de las escuelas de Zúrich, por lo que trajo a los mejores profesores de teología a su Colegio-Seminario El Carolinum, tales como Pellican, Bibliander y Pedro el Mártir. Aunque Bibliander era de dudosa ortodoxia.

Organizador eclesiástico

Algo sumamente interesante de nuestro Reformador fue el haberse asegurado un ministerio con profundidad según el aprendizaje bíblicoteológico. Esto es algo que actualmente brilla por su ausencia aún en nuestros seminarios reformados. No es coincidencia el hecho de que, por un lado, América Latina no haya sido alcanzada con el evangelio como debiese ser debido al menosprecio en la profundidad bíblicoteológica, la cual es imposible sin estudio esforzado y sacrificado producto de un corazón que arde por Dios y los hombres. Y por otro lado, posiblemente, la mediocridad de nuestros sermones, los cuales poco conmueven, reforman y transforman a nuestros oyentes y sociedad en general, también contribuyan al empobrecimiento moral y espiritual de nuestras naciones. En nuestro reformador de Zúrich había estas dos cosas: corazón ardiente y aplicación profunda al estudio.

Un ejemplo gráfico fue que Bullinger se asociase con otro buen maestro, Leo Judae, con quien preparó El Libro de Orden de la Iglesia, adoptado por el Sínodo el 22 de octubre de 1532, y emitido por la autoridad del burgomaestre del Pequeño y del Gran Concejo, libro que continuó en vigor durante casi trescientos años. Este libro proporciona las reglas necesarias para el examen, la elección y los deberes de los ministros (Predicadores) y decanos (Decani), para las re- uniones semianuales de los sínodos con los representantes clérigos y laicos. Del mismo modo, trata con el poder de la disciplina.

Ahora bien, la actividad de Bullinger se extendió mucho más allá de los límites de Zúrich, su ciudad. Al ser de espíritu tan verdaderamente amplio, mantenía correspondencia con todas las Iglesias Reformadas. Teodoro de Beza —sucesor de Juan Calvino— lo llamó “el pastor común de todas las iglesias cristianas”; y el pastor Pellican dijo: “Es un hombre de Dios, dotado de los más ricos dones del cielo para el honor de Dios y la salvación de las almas” (Schaff, 1903:123). Conociendo entonces el gran espíritu de pastor de Bullinger, con frecuencia recibió con los brazos abiertos a protestantes fugitivos de Italia, Francia, Inglaterra y Alemania, e hizo de Zúrich un asilo de libertad religiosa. Protegió así a Celio Secondo Curione, a Bernardino Ochino y a Pedro Mártir, y a los inmigrantes de Locarno. De igual modo ayudó en la organización de una congregación italiana en Zúrich. Siguiendo el ejemplo de Zuinglio y Calvino, apeló dos veces al rey de Francia por “tolerancia” en favor de los hugonotes o cristianos calvinistas franceses.

Un escritor consumado y de gran respeto

Bullinger escribió varios libros. Uno de ellos al que tituló Sobre la Perfección Cristiana (1551) se lo dedicó al rey Enrique II de Francia, cuarto hijo de Francisco I. Y al también rey de Francia Francisco II le hizo una especial dedicatoria enviándole su Instrucción en la Religión Cristiana (1559) — Calvino ya había enviado su Institución mucho antes en 1536 al también rey de Francia, Francisco I—. De modo que el bombardeo de la mejor doctrina cristiana había invadido a la nobleza y pueblo francés de aquellos tiempos, pero con tan mala aceptación por parte de sus regentes que estaban entregados al catolicismo romano, hasta el punto de que Francia casi llega a ser católica al cien por cien. La obra de estos reformadores hizo que un “pequeño remanente hugonote” quedase firme allí a precio de sangre y fuego.

Regresando a nuestro tema, Bullinger también envió desde Zúrich varias defensas a la corte francesa para la protección de los valdenses y de la congregación reformada en París.

En otro particular, debemos poner especial atención al alcance de la correspondencia de Bullinger, pues es asombroso. De nuevo Schaff nos señala en qué consiste tan gigante influencia mediante el poder de la palabra escrita. Abarca cartas de todos los distinguidos teólogos protestantes de su época: como Calvino, Melanchthon, Bucero, Beza, Laski, Cranmer, Hooper, Jewel y los reyes coronados que lo consultaron, como Enrique VIII, Eduardo VI de Inglaterra, la reina Isabel de Inglaterra, Enrique II de Francia, el rey cristiano Felipe de Hesse de Dinamarca, y el elector Federico del Palatinado. Bullinger entró en contacto con la Reforma inglesa en la época de Enrique VIII. Al reinado de Isabel, especialmente durante el sangriento reinado de María, cuando muchos prominentes exiliados huyeron a Zúrich, y encontraron una recepción fraternal bajo su hospitalario techo (Schaff, 1903:125).

Por otro lado, la correspondencia de Hooper, Jewel, Sandys, Grindal, Parkhurst, Foxe, Cox y otros dignatarios de la iglesia con Bullinger, Gwalter, Gessner, Simler y Pedro Mártir es un noble monumento de la armonía espiritual entre las Iglesias Reformadas de Suiza e Inglaterra tanto de la era eduardiana y la época isabelina. El arzobispo Cranmer invitó a Bullinger junto con Melanchthon, Calvino y Bucero, a una conferencia en Londres con el propósito de enmarcar un credo de   la unión evangélica. Y Calvino respondió que por tal causa estaría dispuesto a cruzar diez mares. Lady Jane Grey, que fue decapitada en 1554, leyó las obras de Bullinger, tradujo su libro Sobre el Matrimonio al idioma griego, lo consultó con el hebreo y se dirigió a Bullinger con filial afecto y gratitud. Sus tres cartas a él todavía se conservan en Zúrich.

Por otra parte, el obispo Hooper de Gloucester, que había disfrutado de su hospitalidad en 1547, se dirigió a él poco antes de su martirio en 1554, como su “venerado padre y guía y el mejor amigo que había tenido”, y encomendó a su esposa y dos hijos a su cuidado. El obispo Jewel, en una carta del 22 de mayo de 1559, lo llama “su padre y muy estimado maestro en Cristo, gracias por su cortesía y amabilidad”, lo cual él y sus amigos experimentaron durante todo el período de su exilio. También le informó que la restauración de la religión reformada bajo la reina Isabel se debió en gran medida a sus propias “cartas y recomendaciones” que habían sido escritas por Bullinger. Y agregó que la reina se había negado  a ser la cabeza de la Iglesia de Inglaterra, sintiendo que tal honor solo le pertenece a Cristo, y no a ningún ser humano. La muerte de Bullinger fue lamentada en Inglaterra como una verdadera calamidad pública.

Bullinger mantuvo fielmente la doctrina y la disciplina de la Iglesia reformada contra los católicos romanos y luteranos con moderación y dignidad. Nunca devolvió el abuso que cometían los fanáticos, y cuando en 1548 el Interino expulsó a los predicadores luteranos de las ciudades de Suabia, los recibió con hospitalidad, incluso a aquellos que habían denunciado las doctrinas reformadas desde el púlpito.

Enfoques teológicos y doctrinales

Bullinger representa el tipo germanosuizo de la fe reformada en acuerdo sustancial con un calvinismo moderado. Presentó una exposición completa de sus puntos de vista teológicos en la Segunda Confesión Helvética, la cual el estudiante que sigue los pasos de la perspectiva calvinista puede consultar y enterarse de qué trata exactamente. Su interpretación del sacramento de la Cena del Señor era más alta que la de Zuinglio. Puso más énfasis en el valor objetivo de la institución de la Cena del Señor. “Reconocemos —escribió al católico Faber—, un misterio en la Cena del Señor; el pan no es pan común, sino pan venerable, sagrado y sacramental, lo sagrado de la presencia real espiritual de Cristo para los que creen. Como el sol está en el cielo, y sin embargo, prácticamente presente en la tierra con su luz y calor, así Cristo se sienta en el cielo, y sin embargo, eficazmente obra en los corazones de todos los creyentes” (Schaff, 1903:123). Sobre este punto de la Cena del Señor podemos notar la paridad de criterio con Calvino.

Un hecho ligado a lo anterior es cuando Lutero, después de la muerte de Zuinglio, advirtió al duque Alberto de Prusia  y al pueblo de Fráncfort que no tolerasen a los zuinglianos. Ante este hecho, Bullinger respondió enviando al duque una traducción del tratado de Ratramnus, De corpore et sanguine Domini (El cuerpo y la sangre de Cristo) con un prefacio.

Rechazó la Concordia de Wittenberg de 1536, porque ocultaba la doctrina luterana. Respondió al atroz ataque de Lutero contra los zuinglianos (1545) con una declaración clara, fuerte y templada. Pero Lutero murió poco después (1546) sin retractarse de sus cargos. Cuando Westphal renovó la desafortunada controversia (1552), Bullinger apoyó a Calvino en la defensa de la doctrina reformada, pero aconsejó la moderación. Él y Calvino lograron un acuerdo completo sobre la cuestión sacramental en el Consenso Tigurinus, que fuera adoptado en 1549 en Zúrich. La presencia de algunos miembros del Concejo y, posteriormente, recibió la aprobación de las otras iglesias suizas reformadas.

Wayne Baker señala por su parte que sobre la doctrina de la predestinación, Bullinger no fue tan lejos como Zuinglio y Calvino quienes eran partidarios del esquema supralapsariano. Él más bien se mantuvo dentro del esquema infralapsariano. Evitó hablar de la predestinación de la caída de Adán, porque le parecía irreconciliable con la justicia del castigo del pecado. Debemos entender que era una época en la que las controversias y disentimientos interpretativos teológicos formaban parte del proceso de maduración de la doctrina de la Reforma en Suiza y otras naciones. Sobre esto, el mundo aprendió a ver en Juan Calvino a uno de los mejores, y acaso el mejor exégeta de la Reforma, no hay duda. Asimismo, el Consenso Genevensis (1552) que contiene la mirada rigurosa de Calvino, no fue firmado por los pastores de Zúrich. Entre tanto, Teodoro Bibliander, el padre de la exégesis bíblica en Suiza y precursor del arminianismo, se opuso a ello. Adherido a la teoría semipelagiana de Erasmo de Rotterdam, estuvo involucrado en una controversia con Pedro Mártir, calvinista estricto entrenado teológicamente en Zúrich desde 1556. Bibliander finalmente fue retirado de su cátedra teológica (8 de febrero de 1560), pero su salario continuó hasta su muerte (26 de noviembre de 1564) [Baker, 1980:64].

En cuanto a la tolerancia y el castigo de los herejes, Bullinger estuvo de acuerdo con la teoría predominante, pero se diferenció favorablemente de la práctica que prevalecía en aquellos tiempos. Se opuso a los anabaptistas en sus escritos, tanto como Zuinglio, y al igual que Melanchthon, aprobó la desafortunada ejecución de Miguel Servet, pero él mismo no hizo persecución alguna contra el español. Toleró a Laelio Sozini, que murió en silencio en Zúrich (1562), y a Bernardino Ochino, que predicó durante algún tiempo a la congregación italiana en esa ciudad, pero fue depuesto sin más castigo por enseñar opiniones unitarias respecto a la Trinidad y defender la poligamia. En un libro contra el católico romano Faber, Bullinger expresa el sentimiento cristiano y humano de que no se debe hacer violencia a los disidentes, y que la fe es un don gratuito de Dios el cual no puede ser comprado ni prohibido. Estaba de acuerdo con la extensión de la salvación que Zuinglio había enseñado sobre todos los niños que morían en la infancia y la elección para vida eterna de entre los paganos. En todo caso, en ninguna parte se muestra contrario a estos puntos de vista avanzados, y publicó con aprobación la última obra de Zuinglio, donde se expresan con más fuerza (Baker, 1980:62).

Hogar y consejos a un hijo suyo

La casa de Bullinger era un hogar cristiano feliz. Le gustaba jugar con sus numerosos hijos y nietos, y escribirles pequeños versos en Navidad, como también lo hacía Lutero.
Cuando su hijo Heinrich, en 1553, fue a Estrasburgo, Wittenberg y Viena para continuar sus estudios teológicos, recibió de su padre Bullinger sabias reglas de conducta de las cuales las siguientes son las más importantes: (1) Hijo, teme a Dios en todo momento, y recuerda que el temor de Dios es el principio de la sabiduría. (2) Humíllate ante Dios y ora solamente a Él por medio de Cristo, nuestro único Mediador y Abogado. (3) Cree firmemente que Dios ha hecho todo por nuestra salvación a través de su Hijo. (4) Ora a Dios sobre todas las cosas mediante una fe fuerte y activa en el amor. (5) Ora para que Dios proteja tu buen nombre y te proteja del pecado, de la enfermedad y de las malas compañías. (6) Ora por la patria, por tus queridos padres, benefactores, amigos y todos los hombres, por la difusión de la Palabra de Dios; concluye siempre con la Oración del Señor, y usa también el hermoso himno Te Deum laudamus [atribuido a Ambrosio y Agustín]. (7) Sé prudente, debes estar siempre más dispues- to a oír que a hablar, y no te entrometas con cosas que no entiendas. (8) Estudia diligentemente el hebreo y el griego, así como el latín, la historia, la filosofía y las ciencias, pero especialmente el Nuevo Testamento, y lee todos los días tres capítulos de la Biblia, comenzando con Génesis. (9) Mantén tu cuerpo limpio y sin manchas, asegúrate de estar siempre bien vestido y evita sobre todo la intemperancia en comer   y beber. (10) Haz que tu conversación sea siempre decente, alegre, moderada y libre de toda falta de amor. Recomendó a su hijo a Melanchthon, colega de Lutero, y vigiló sus estudios con cartas llenas de cuidado y afecto paternal.

Mantuvo a sus padres con él hasta su muerte, a la viuda de Zuinglio (1538), y a dos de sus hijos que educó con los suyos. A pesar de sus escasos ingresos, renunció a todos los regalos, los cuales más bien enviaba a los hospitales. Todo el pueblo veneraba al venerable ministro de rasgos nobles y patriarcal barba blanca.

Dios ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de nuestra habitación

Sus últimos días se nublaron, como los de muchos siervos fieles de Dios. El exceso de trabajo y cuidado minaba su salud. En 1562 escribió a Fabricius en Coire: “Casi me hundo bajo la carga de mis trabajos, y me siento tan cansado que pediría al Señor que me diese descanso si no fuera contra  su voluntad”. La pestilencia de 1564 y 1565 lo llevó al borde de la tumba, y lo privó de su esposa, tres hijas y su cuñado. Soportaba estos fuertes golpes con la resignación cristiana. En estos mismos años fatales, perdió a sus amigos más queridos: Calvino, Blaurer, Gessner, Froschauer, Bibliander, Fabricius, Farel. Se recuperó y se le permitió pasar varios años más al servicio de Cristo. Su hija menor, Dorotea, cuidaba fiel y tiernamente de su salud. Se sentía solo y con mucha nostalgia, pero continuaba predicando y escribiendo con la ayuda del pastor Lavater, su colega y su yerno. El 26 de agosto reunió a todos los pastores de la ciudad y a los profesores  de teología alrededor de su cama de enfermo; les atestiguó sobre su perseverancia en la verdadera doctrina apostólica y ortodoxa, les recitó el Credo de los Apóstoles, los exhortó a la pureza de vida, a la armonía entre sí y la obediencia a los magistrados. Les advirtió contra la intemperancia, la envidia y el odio, les agradeció por su bondad, les aseguró su amor, y cerró con una oración de acción de gracias y algunos versos de los himnos del Prudentius. Entonces tomó a cada uno por la mano y se despidió de ellos con lágrimas, como lo hizo Pablo con los ancianos de Éfeso. Unas pocas semanas después murió, después de recitar varios Salmos (51, 16 y 42), el Padrenuestro y otras oraciones, pacíficamente y en presencia de su familia, el 17 de septiembre de 1575.

Fue enterrado en el Cementerio del Gran Ministro, al lado de su amada esposa y su querido amigo, Pedro Mártir. Según su deseo, Rudolph Gwalter, yerno de Zuinglio y su hijo adoptado, fue elegido por unanimidad como su sucesor. Cuatro de sus sucesores fueron entrenados bajo su cuidado y según su parecer.

Los escritos de Bullinger son muy numerosos, sobre todo los de índole doctrinal y prácticos, adaptados a los tiempos, aunque hoy podrían ser vistos como desactualizados. Scheuchzer, médico suizo, tenía en su poder ciento cincuenta libros impresos. Y la Biblioteca de la ciudad de Zúrich contiene cerca de cien, sin contar las traducciones y las nuevas ediciones.

Muchos se conservan solo en manuscritos. Escribió comentarios latinos sobre el Nuevo Testamento, excepto el Apocalipsis, y numerosos sermones sobre Isaías, Jeremías, Daniel, el Apocalipsis. Sus Décadas (cinco series de diez sermones cada uno sobre el Decálogo, el Credo de los Apóstoles y los Sacramentos) fueron muy estimados y usados en Holanda e Inglaterra. Su obra sobre la gracia justificadora de Dios fue muy apreciada por Melanchton. Su Historia de la Reforma Suiza, escrita por su propia mano, en dos volúmenes fue publicada entre 1838-1840 en tres volúmenes. Su obra doctrinal más importante fue la Segunda Confesión Helvética, que adquirió una gran autoridad simbólica en toda Europa.

Podemos concluir diciendo que la historia es fiel al reproducir el hecho de la importancia de hacer buenos discípulos para el porvenir de la obra y extensión del reino de Dios en este mundo mientras regresa nuestro Salvador y mientras tenemos fuerzas. Pues Teodoro de Beza fue un digno sucesor de Calvino así como Heinrich Bullinger lo fue del gran Zuinglio.

Bibliografía

  1. BAKER, W. 1980, Heinrich Bullinger and the Covenant: The other Reformation, Ohio University Press, Estados Unidos.
  2. BERTHOUD, Jean-Marc. 2004, Heinrich Bullinger and the Reformation. Versión digital PDF, internet.
  3. GUTIÉRREZ, Marín Manuel. 1978, Enrique Bullinger. Vida, pensamiento y obra. Producciones Editoriales Del Nordeste, Barcelona, España.
  4. SCHAFF, Philip. 1903, History of the Christian Church, vol. 8. The Swiss Reformation. Charles Scribner’s son, Nueva York, Estados Unidos.

Marcio Cely Q. ha sido pastor desde el año 1982. Ha cursado estudios de maestría en Teología y Antropología Cultural. Es Profesor de Teología Sistemática, Apologética, Filosofía, Historia del Cristianismo y Religiones Comparadas. Es de igual forma un activista social en su país Colombia y conferencista dentro y fuera de su país. Está casado y tiene tres hijas. Vive en la ciudad de Bogotá.

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