EL YOGA CRISTIANO: OTRA CONTRADICCIÓN DE TÉRMINOS

Por Peter Jones

Reforma Siglo XXI, Vol. 6, No. 1

Veinte millones de norteamericanos practican el yoga – incluyendo Madonna, Oprah, Gwyneth Paltrow, Monica Lewinski, Hillary Clinton, Phil Jackson, muchos de los L.A. Lakers, y la familia Gore. «Nosotros dos creemos en la oración constante y regular», explica Al Gore. «Con frecuencia oramos juntos. Pero la meditación – que es diferente a la oración – la recomiendo mucho», dice el budista bautista del sur, quien casi llegó a ser presidente. Sandra Day O’Connor, llamada «la mujer más influyente en toda América», y el notable «voto clave» de la Corte Suprema, practica el yoga. Tal vez la juez O’Connor llegó a ser miembro clave oscilando entre la cosmovisión del yoga, inventado por los místicos orientales, y la de la constitución norteamericana, escrita por los hijos de puritanos occidentales. ¿Esto es lo que significa «la constitución viva»? Mientras tanto, se encuentra el yoga no solamente entre las estrellas, sino también al nivel de la calle, y en los centros comunitarios, las escuelas y gimnasios de la mayoría de los barrios. 

El yoga también va a la iglesia. Bajo la rúbrica «¿Por qué son del diablo todas las melodías buenas?» los cristianos preguntan por qué el diablo tiene todas las buenas vibraciones espirituales. Mis viajes recientes por los EEUU confirmaron mis investigaciones en el internet: los cristianos americanos promedio buscan una espiritualidad más profunda a través del yoga «cristiano». Una revista cristiana para jóvenes define el yoga para esta generación futura de la iglesia como «la unión entre el individuo y algo más grande . . . [el yoga] no representa ni promueve ninguna religión; es un sistema cuyo propósito es ayudar a la persona a alcanzar su potencial completo y la consciencia aumentada». 

El yoga salta la malla de la separación entre iglesia y estado al declararse una técnica no religiosa para reducir el estrés – un instrumento neutro para los judíos, católicos, protestantes o cualquier otro grupo. Físicamente es posible que haya beneficios, pero la práctica del yoga es como jugar con un arma cargada. No es neutral. El yoga es un rito religioso pagano. Significa «unido a dios» o «unión con Brahmán» y su meta es inducir un estado hipnótico en el cual se retira del mundo de ilusión (maya) para conocer, a través de la auto-realización, la «verdad» que representa Brahmán. El yoga alivia el estrés moral al unir los opuestos – cuerpo y mente, tranquilidad y movimiento, masculino y femenino, sol y luna, lo correcto y lo malo – para alcanzar la «Kaivalya» (libertad). 

Sin embargo, al unir estos opuestos, el yoga destruye las estructuras distintivas de la creación, incluyendo la distinción más grande – la que existe entre Dios el Creador y su creación. El yoga también trata de eliminar la culpabilidad, como parte de una agenda masiva, porque el yoga ahora pretende ofrecer «a las multitudes en el occidente un camino para abrir el planeta a una nueva manera de pensar y vivir…» sin el Dios de la Biblia. En nuestras narices y en nuestras iglesias, el sueño de teosofistas como Madame Blavatsky, quien deseaba la unión del occidente y el oriente, está llegando a ser una realidad. 

El resultado es que, imperceptiblemente, ya no consideramos el evangelio como exhortación al arrepentimiento y la santidad. Los que practican el yoga, que llegan a estar «unidos con dios», no pueden oír el evangelio, porque ya no entienden ni aceptan que son pecadores alienados de Dios. Eso tiene consecuencias prácticas para la iglesia. Después de presentar un discurso acerca de la espiritualidad mística, un líder «evangélico» influyente declaró: «¿[Entienden] por qué ningún cristiano puede decir que una manera de orar es mejor que otra, ni decir que una religión es mejor que otra?» Esta «nueva manera de pensar y vivir», ahora propuesta también dentro de la iglesia, no deja espacio para el único Dios de la Biblia. 

Se encuentra dicho pensamiento en todas partes. Yo estaba hablando acerca de este tema en Santiago, Chile, en Junio pasado. Durante mi primera presentación, una joven llamada Maya expresó su rebelión contra las doctrinas exclusivas de la cosmovisión cristiana. «¿Por qué es así», ella preguntó, «que lo bueno en las religiones como la del budismo y otras, no tiene valor?» Pero durante la cuarta noche, algo pasó. Maya escribió, «Por mucho tiempo, he creído que puedo cumplir con todo lo que el cristianismo y la Biblia requieren a través de esta nueva espiritualidad. En medio de la presentación, el último oleaje de orgullo y rebelión se manifestó en mi mente cuando me pregunté, casi con ira, ‘Bien Señor, si no puedo hacer nada, entonces ¿por qué me creaste?’ Y en este preciso momento , como si entrara el debate en mi mente, el Dr. Jones dijo ‘tú has sido creada para glorificar a Dios como Creador y Redentor’». Luego durante la noche, Maya oró: «Señor, por fin entiendo que no puedo hacer nada para salvarme a mí misma; perdóname por ser tan orgullosa y rebelde. Te pido tú perdón, y que pongas tú Espíritu en mi corazón donde quitaste la mentira. Amen.» En el caso de Maya, la esclavitud al yoga fue rota por la claridad de la Palabra. La convicción vino de haber visto la antítesis entre la verdad y la mentira; la convicción causó arrepentimiento; el arrepentimiento causó perdón; el perdón causó el nuevo nacimiento, la reconciliación y una verdadera paz sin estrés, con el verdadero Dios vivo. 

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