EL NEOPAGANISMO DE NUESTROS TIEMPOS UNA PERSPECTIVA COMPLEMENTARIA

Por Mario Cely Q.

Reforma Siglo XXI, Vol. 18, No. 2

  1. Revolución y Espiritualidad Pagana

Desde fines del siglo XVI podemos contar aproximada- mente cuatrocientos años de escepticismo religioso y teológico hasta abarcar el denominado “siglo de las luces” y demás movimientos del espíritu humano que hasta hoy vienen sacudiendo las creencias tradicionales del cristianismo bíblico. Entre tales movimientos podemos citar la Revolución Francesa (1789), las Revoluciones Liberales independentistas (1848), la Revolución de la Contracultura (1968) y la Revolución  del  Debate sobre la Propia Identidad de Género (1989). Esta última ha dado lugar a la revolución actual de los Derechos Homosexuales y la promoción de la Agenda Gay o Ideología de Género en todo el mundo. La revolución cultural gay de nuestros tiempos, una revolución bien calculada por las mentes del gran elitismo mundial que forma parte de la gran utopía venidera y pagana y además el producto de un socialismo que ha mutado, se está gestando en nuestras propias narices. El mensaje es bastante claro: la identidad sexual o de género y la orientación sexual ya no es algo determinado por el sexo biológico y genético (hombre, mujer) sino por la cultura, por los nuevos deseos e impulsos de las nuevas generaciones como un quebrantamiento de la moral bíblica tradicional y de las buenas costumbres, producto de una vida de vicio y desenfreno en los pecados sexuales. Si miramos esto con la apropiada objetividad, se trata de una modificación del propio concepto de persona o la propia identidad de persona tal como Dios lo ha determinado dentro del mundo natural: “Varón y hembra los hizo Dios”, lo cual corresponde a sexo masculino y sexo femenino. Visto de otro modo, se trata de una alteración del propósito de Dios para la humanidad. Todo esto, desde luego, es otra faceta del actual neopaganismo que amenaza las bases propias de la moralidad bíblica y cristiana tal como se ha establecido desde la creación del mundo y la vida cultural (Salmos 11:3). Una faceta de esto mismo es presentada por Jeffrey Satinover al decir: “Cambios profundos han estado germinándose y creciendo dentro de la civilización occidental durante mucho más tiempo que simplemente tres décadas. La contracultura de los años 60 fue solo el primer florecimiento popular de estos cambios, entre los que, los cambios de actitudes básicas hacia la sexualidad son centrales”.

De igual modo, tal como hemos venido estudiando, el progreso de las ciencias sociales y los avances tecnológicos nos han vendido la idea de que la fe cristiana es irrelevante, de ahí el espacio abierto a las espiritualidades alternativas fomentadas por la Nueva Era de Acuario dentro de la postmodernidad. Esto es, de hecho, un reavivamiento del gnosticismo de antaño el cual se ha ramificado en diversas maneras. Y no hay duda que tales posturas tienen su raíz en el Renacimiento entre los siglos XIV al XVI. Paralelo a lo anterior, C. S. Lewis hace una importante observación en su libro La Abolición del Hombre, en el sentido de que “el ocultismo y el humanismo aparecieron en la historia de Occidente, más o menos al mismo tiempo, durante el Renacimiento. Visto desde otro ángulo, la filosofía humanista y el ocultismo fueron dos lados del mismo reavivamiento pagano”. Argumenta, por tanto, que el ocultismo y el humanismo racionalista no son enemigos en principio, sino filosofías aliadas que cooperan para oponerse al Cristianismo y a la Civilización Cristiana.

Por lo tanto, todo esto debe ser un signo de admiración y estudio de parte del creyente fiel de las Escrituras. Lo  es porque debido a los antecedentes de estos dos movimientos, el surgimiento del nuevo humanismo y del nuevo ocultismo de la Nueva Era de Acuario a fines de los años sesenta produjeron el reavivamiento de los nuevos conceptos del gnosticismo de nuestros días. Algunos lo denominaron con otros nombres ta- les como: “sanidad holística”, “misticismo oriental”, “la suprema conciencia”, “filosofía monista” (el mundo es uno en Dios). Todo esto ha generado hasta hoy un alud de estudios y movimientos seudoreligiosos que van desde la magia hasta la sanidad divina, la astrología, el fenómeno OVNI y la línea directa al satanismo.

Para Jeffrey Satinover, no hay duda que se trata de unas alteraciones las cuales han traído las consecuencias de un cambio profundo en el dominio del espíritu humano, que ha estado en camino durante siglos. En otras palabras, los actuales cambios de nuestras actitudes hacia la sexualidad son solo el indicador de cambios espirituales mucho más profundos que afectan todo aspecto de nuestras vidas a lo largo y ancho de nuestra propia cultura.

Los comienzos del siglo XX vieron aparecer una grande e inusitada industrialización en los Estados Unidos de América y un elevado ritmo de bienestar de vida. Es aquí que comienza a cocinarse la idea del “sueño americano”. Como sabemos, dicha idea atrajo a millones de inmigrantes del mundo entero. La idea clave consistía en que por el avance de la vida económica y el disfrute de los nuevos “gadgets” o electrodomésticos, estos prometían en esencia el descanso y el disfrute de grandes comodidades materiales. La educación y el continuo avance de ciencia y tecnología pare- cían asegurar que los asuntos de fe y religión propugnados por el cristianismo bíblico serían cosa del pasado. Los más profundos anhelos del espíritu humano parecían solamente ser las fantasías nostálgicas de nuestra infancia colectiva (Freud).

Pero, en efecto, los grandes teóricos que vaticinaban el fin de las cuestiones teológicas y religiosas las cuales, como estudiamos antes, provenían del siglo XIX e igual fueron asumidas en el siglo XX, se equivocaron una vez más. Porque en medio de tanta comodidad material —disfrutada por la Europa Occidental y Estados Unidos— lo que se produjo fue un horrible desierto espiritual. El mundo del amor por lo material no produjo aquel soñado sentido de confort maduro en desprecio de lo espiritual. En vez de ello generó una nueva e intensa sed de lo espiritual. El hombre ahora se vuelve a cualquier espíritu que saciase su aterra- dora sed de sentido y significado de esta corta vida. Así, el espíritu dominante de nuestra era no es el escéptico que denigra a toda religión sino más bien un espíritu profundo y perennemente religioso que en el fondo busca la autodivinización tal como ocurrió en el huerto de Edén (Génesis caps. 2,3). Pero, ¿qué clase de espíritu? Vemos que surge un espíritu enarbolado por la Nueva Era acuariana el cual se opone al monoteísmo ético de la fe cristiana y a todos los conceptos teológicos emanados del Antiguo y Nuevo Testamento. Los principios de esta religión nueva, emergente, ya sean articulados de forma deliberada o simplemente en el funcionamiento tácitamente en la base, están llegando a dominar rápida y prácticamente nuestra moralidad pública, a nuestra jurisprudencia, vida política y educación en general. No obstante, debemos comprender que los postulados religiosos de la Nueva Era de Acuario no son algo nuevo. Es simplemente la reemergencia del paganismo y sus creencias son las doctrinas del gnosticismo. Hoy como ayer, el gnosticismo no quiere al Dios de la Biblia. En palabras de Peter Jones, “los antiguos gnósticos sabían muy bien que si su sistema iba a funcionar entonces tendrían que deshacerse del Dios de la Biblia. Esto explica la anticreación extremista y el sentimiento anti Antiguo Testamento que se encuentra en ciertos textos gnósticos”.

Es importante notar que este paganismo reemergente no es simplemente un desprecio de la cosmovisión cristiana y bíblica. Ni es simplemente la religión del humanismo, aunque el humanismo es un aspecto visible y prominente de él. Para quienes están matriculados en la Aquarium New Age o cualquier otra forma de expresión de religión y ética pagana, el más importante rasgo es la tenencia de un espíritu pagano relativo a lo moral y a lo ético. Pues la moralidad tradicional es abandonada hasta ser mistifica- da en un nuevo sistema de pensamiento el cual ofrece la idea de que el mal y las inmoralidades sexuales son algo neutro: no existen ni el bien ni el mal en sentido absoluto. Las opciones materialista y cientificista también son superadas.       

Parte del atractivo del paganismo se deriva de que esa espiritualidad pagana hace pocas demandas morales sobre la persona, siendo así más “tolerante” con las diferencias humanas es decir, de la “diversidad”. De esta manera se configura la idea de que conceptos como moralidad, verdad y justicia son construcciones culturales o sociales, no partes componentes de la dignidad humana como un reflejo de la imagen de Dios en nosotros. Por tanto, esta clase de neopaganismo que envuelve al mundo entero carece de una forma de distinguir entre voluntad y compulsión, entre racionalidad consciente e impulso instintivo inconsciente.

  • Desprecio del pecado, un desprecio contra Dios y la humanidad

Como Palabra de Dios, la Biblia enseña que el pecado es la explicación central de todos los sufrimientos humanos. Esto no lo puede negar aquel que todavía cree en la racionalidad. Pero justamente, esta visión es menospreciada por el neopaganismo de hoy al enfatizar que el pecado y todas sus repercusiones de dolor y muerte sean algo aparentes. Estos graves errores se reproducen ahora en los esquemas sociales de la vida política, jurídica, ética y educativa en todos los países de la América Latina. La razón central es que poderosos organismos políticos gubernamentales como la ONU, es el mayor patrocinador de estos nocivos esquemas dentro de nuestras diferentes sociedades. Por ejemplo, esta entidad política está empeñada en prestar un mayúsculo apoyo a los “Derechos Homosexuales” en América Latina a través de gobiernos y parlamentos y Cortes locales, lo cual trae aparejado la legalización de la pederastia, la pedofilia y otros vicios execrables. Todo esto junto, es lo que justa y proféticamente C. S. Lewis denominó “La Abolición del Hombre”. Se trata de una realidad innegable. No obstante, debemos rechazar a toda costa la espiritualidad de este neopaganismo moderno así como sus principios cientificistas y humanistas por una parte, y por otra, toda multiplicidad “Nueva Era de Acuario”. Todo el que lea este ensayo, de igual modo, debería tratar de comprender por qué es que los cristianos de convicciones bíblicas también estamos en contra de la denominada “Hermandad Universal” así como de la “Paternidad Universal de Dios” sobre todos los hombres. Debemos estarlo porque se trata de conceptos y organizaciones masónicas falsas que militan contra toda verdad y por ende, contra el Dios de los cielos y la tierra, el Dios de la Biblia. Si al pre- sentar la verdad divina el neopaganismo actual se molesta, esto no nos debe importar. A fin de cuentas, si la humanidad continúa desoyendo la Palabra de Dios y la propia voz de su conciencia, un nuevo abismo de dolor y sufrimiento peor que el de la Segunda Guerra Mundial podría aguardar a la humanidad entera. Con esta advertencia, no importa que seamos catalogados de tener una ¡mente estrecha! Sin embargo, a pesar de todos los errores que este tipo de falsa espiritualidad desarrolló en Europa en las décadas pasadas recuérdese aquí que el nazismo de Hitler se basó en este tipo de pensamiento espiritualista— la humanidad no quiere aprender. Más bien, se está preparando para una nueva y más efectiva manipulación mundial a manos de cualquier súper líder que le ofrezca “paz y seguridad” (1ª Tesalonicenses 5:3). (Recordemos que los antiguos comunistas y socialistas también decían algo parecido: Pan, Paz y Libertad, pero nunca encontraron esto).

  • Los engaños de la nueva utopía pagana

Llegado a este punto, debemos afirmar enfáticamente que ni la ciencia ni el neopaganismo actual —o gnosticismo moderno— nos acerca a aquello que anhelamos tan profundamente: la plenitud de sentido, el amor y la sed de verdadero significado humano o paz de espíritu. Todo lo que la “nueva espiritualidad utópica” promueve en el mundo es un autoengaño debido a que por esta vía tampoco jamás el hombre ha logrado saciar su sed espiritual. A diferencia del actual esquema neopagano no hay sobre la tierra sistema tan perfecto como el que observamos en las Escrituras judeo-cristianas. Pues allí se dibuja el más perfecto plan que cuando se es creído con el corazón y la razón, produce la satisfacción racional más verdadera por medio de la fe, la verdadera dimensión que todo hombre pecador necesita. Se requiere que se vuelva en fe y arrepentimiento al Dios de la Biblia y acepte su plan redentor por medio de Jesucristo su unigénito Hijo. Solo este sistema de gracia regeneradora y por medio de la fe en el único redentor y Señor Jesucristo podrá obtener el perdón de pecados para que de este modo todo hombre alcance el verdadero sentido de la justicia, el verdadero gozo, la correcta relación de su conciencia con Dios, con su prójimo y con la naturaleza. Pues precisamente fueron estos aspectos los que desde los comienzos humanos se perdieron por la desobediencia y rebelión contra el Dios creador (Génesis 3) pero ahora dichosamente son recuperados en Cristo.

  • ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Ahora bien, al haber realizado estos análisis nos surge esta pregunta de vital importancia: “¿Cómo hemos llegado hasta aquí?” La respuesta, me atrevo a decirlo, se debe al rápido proceso de descristianización en la que la propia cristiandad bien puede ser responsable. Este progreso del paganismo que no es “progreso” obedece igual al proceso de apostasía que se ha venido gestando dentro de las filas de muchos que se dicen ser seguidores de Cristo. Me re- fiero aquí a los sistemas teológicos antibíblicos que se fraguaron al calor del humanismo racionalista liberal desde los pasados siglos. Y no cabe duda que en el fondo, lo que ha resultado es un peligroso juego mortal, pues el hombre se ha atrevido a rechazar o a rebajar el único sistema de valores morales absolutos que tenemos en la ley de Dios (Éxodo 20: 1-17). Tal desprecio por la moral divina está produciendo las numerosas y trágicas consecuencias que observamos en estos tiempos.

  • Muchos dioses y un solo Dios verdadero. El monoteísmo radical (1 CoR. 8:4-6)

Respecto a los ídolos y la idolatría, era algo común que saturaba la vida entera de griegos y romanos. La vida social y sus fiestas, los temas de justicia y vida política, los honores al César, todo estaba relacionado con cultos religiosos y paganos. El apóstol Pablo dejó constancia de que se trataba de una grande vanidad e invento de la mente humana. Guarda relación con todo aquel mundo animista y fetichista que como una sombra se esparció por el mundo pagano que prefirió la adoración de ídolos antes que al Creador. Por esta razón afirma que “un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios (1 Cor. 8:4b). Pablo, desafía a los muchos dioses y muchos señores porque en el fondo pertenecen a las imaginaciones mitológicas que eran consideradas especiales ya sea en los cielos o en la tierra; y, sin embargo, eran engaños. De ahí que Pablo afirme de nuevo que “para nosotros solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de Él” (vv. 5-6).

Hoy el mundo vuelve a levantar sus ídolos de engaño a fin de justificar el pecado según sus manifestaciones eróticas y desviaciones o parafilias sexuales que destruyen. Veamos esto ahora desde la perspectiva del Antiguo Testamento para demostrar cómo el apóstol Pablo hizo su argumentación basado en el consenso dado por Dios desde los propios días del Edén según Génesis 1-3, pasando por la etapa patriarcal y la profética, los cuales enfatizaron siempre el monoteísmo ético radical.

Lo que se llama el Monoteísmo Ético o Radical fue introducido en el escenario de la cultura pagana del antiguo Cercano Oriente por Israel el antiguo pueblo nómada de Dios. Esta expresión, “monoteísmo ético”, expresa dos puntos fundamentales según la revelación del Antiguo Testamento: Primero, que solo existe un Dios y como solo existe un Dios, es, por tanto, el Dios soberano de todos los hombres. Segundo, que el interés central de este Dios, y por tanto de su pueblo, es la moralidad, la santidad, la justicia y la bondad. Para la mente hebrea del AT el rasgo más distintivo del carácter de Dios no era sus atributos incomunicables o trascendentes sino su santidad. Así, como vemos en la Biblia, el Dios viviente es tan “totalmente trascendente” que mirar simplemente a su gloria y bondad significa la muerte instantánea (Éx. 33:20). De ahí que en la visión del profeta Isaías los querubines no cesan de decir: “Santo, santo, santo, es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (6:3).

En los tiempos de Moisés, Dios encargó a su pueblo la moralidad y la santidad según Dios mismo la enseña para que Israel fuese un pueblo diferente de los demás pueblos que se hundían en el paganismo y la corrupción moral incluyendo la homosexualidad. La expresión “santos seréis porque yo soy santo” era proverbial. Sobre este asunto, Gordon J. Wenham sentencia que “es uno de los eslóganes del Levítico. Está repetido dos veces aquí (Lv. 11: 44,45) y aparece de nuevo otras tres veces en el mismo libro (19:2; 20:7, 26). El más alto deber del hombre es imitar a su Creador: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Así mismo, estúdiese completo los interesantes capítulos 18 y 19 del Levítico. Aquí sobresale la enorme diferencia entre la moralidad que proclama el verdadero Dios frente a los dioses paganos de Canaán. Esto último, en esencia, es lo que el actual paganismo ha venido estableciendo dentro de la cultura occidental. Notemos un ejemplo por medio del cual podemos establecer que no existe diferencia entre el paganismo cananeo, el paganismo gnóstico de los dos primeros siglos de la era cristiana y el paganismo contemporáneo que se esparce en el mundo entero.

J. I. Packer sentencia que… “Las religiones cananeas como las de Ugarit, ponían mucho énfasis en la reproducción en la tierra, en las cosechas y en la matriz de la mujer. Este énfasis ayudaba a entender la insistencia en las uniones sexuales. La Biblia y los textos cananeos de Ugarit usan las palabras qadesh y quedesha, que significan “santo” (la primera es masculina; la segunda, femenina). En Ugarit estos santos eran sacerdotes homosexuales y sacerdotisas que se dedicaban a la prostitución. Encontramos una fuer- te reacción hebrea contra la “prostitución cúltica” en pasajes tales como Levítico 19:29: “No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad”; y Deuteronomio 23:17: “No haya rameras (quedesha) entre las hijas de Israel, ni haya sodomita (qadesh) entre los hijos de Israel”. Una de las reformas de Josías fue derribar “los lugares de prostitución idolátrica” (2 Reyes 23:7).7

  • La reaparición en el siglo XX de los cultos idolátricos de Cannan. No hay nada nuevo bajo el sol

La revolución sexual de nuestros días es una reaparición calcada de aquellos grotescos comportamientos cananeos y mesopotámicos de la antigüedad. Hoy ha sido resucitado por el gnosticismo en forma de un neopaganismo dentro de un marco más amplio haciendo que los vicios sexuales sean un polimorfismo aceptable para una parte de la sociedad. Pero al igual que antaño, estos vicios eran rechazados por la mayoría, y así ha venido siendo en toda época y cultura. Ocurren cuando la humanidad abandona a Dios y su sistema de moralidad que por naturaleza tenemos inherente en nuestra propia constitución humana para dar paso a las malas costumbres y divinizar el poder del instinto sexual. Aquellos antiguos dioses como Baal, Asera, Anat, Mot, Astarte, etc., hoy han resucitado para guiar a los humanos que adoran sus instintos sexuales al abismo de donde salieron. Sin embargo, Yahveh, el Dios verdadero y su Cristo-Rey, al cual ha puesto en su santo monte (Sal. 2:6) sigue firme en su trono. Es el Dios soberano y creador de los cielos y de la tierra. No tiene una diosa a su lado con la cual cohabita para crear el mundo al mejor estilo de los poemas y relatos asirios y babilonios como el Enuma Elish y Gilgamesh. Su moralidad es tan elevada que cuando los hombres la implementan en sus sistemas de vida cultural, eclesiástica, política, económica y social, da como resulta- do una vida humana más digna y mejor orientada según la realidad que vivimos. La verdad, el amor y la justicia resultan más coherentes una vez que los hombres han pasado con la víctima expiatoria por el altar del holocausto y el ministerio del sacerdote ordenado por Dios (Levítico 4:1-35), ministerio que ahora ha sido cumplido a plenitud en Cristo y su obra expiatoria y sumo sacerdotal (léase los capítulos 8, 9, 10 de la carta a los Hebreos).

Sobre esta estructura estudiada, estamos preparados para decir que fue a través de la predicación del evangelio de Jesucristo que comenzaron los apóstoles, no el mundo judío, que el monoteísmo ético influyese decisivamente en el mundo pagano. O podríamos decir, por medio de la fe cristiana como una variante del judaísmo. Como Franz Rosenzweig, eminente hombre de letras judío, escribió: “El cristianismo es el judaísmo para los gentiles”.8 Por su parte Satinover declara: “Mientras a manos de la Iglesia se propagaba este monoteísmo ético, echó abajo muchos dominios paganos con fuerza y velocidad sorprendentes y estableció un orden moral que imperó hasta el renacimiento”.9 Y luego, en la Reforma del siglo XVI, regresó a manera de milagro según los propósitos de Dios. Bien o mal, a partir del emperador Constantino el Grande, la cultura occidental no volvió a ser la misma hasta hoy. Sin embargo, vemos que nuestra cultura entró en crisis, está en peligro de que desaparezcan los valores tradicionales que el cristianismo introdujo desde el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo fue enviado por el Padre y el Hijo (Juan 14:16,26; 16:7; Hch.2) para establecer su Iglesia. No obstante, debemos creer bajo el marco de la esperanza y su misericordiosa bondad que ¡Dios tendrá la última carta que decidirá el destino de nuestra herida cultura occidental! ¡Hemos de enfatizar que luego de esta “marea tóxica”, podría venir un gran avivamiento en todo el mundo obrado por el Santo Espíritu de Dios! ¡Que esta también sea nuestra oración!

Mario Cely Q. ha sido pastor desde el año 1982. Ha cursado estudios de maestría en Teología y Antropología Cultural. Es Profesor de Teología Sistemática, Apologética, Filosofía, Historia del Cristianismo y Religiones Comparadas. Es de igual forma un activista social en su país Colombia y conferencista dentro y fuera de su país. Está casado y tiene tres hijas. Vive en la ciudad de Bogotá.

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