EL DÍA DEL SEÑOR SU SIGNIFICADO Y APLICACIÓN HOY PARTE 2 – SABBAT, LA ENTRONIZACIÓN DE YAHVEH

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 10, No. 1

Introducción

En el artículo pasado examinamos algunas de las corrientes modernas que militan en contra de la observancia de un día de descanso. Son tres: 1) El Dispensacionalismo, y la división marcada entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento; 2) La ignorancia bíblica promovida por grupos que esperan nuevas revelaciones del Espíritu Santo en lugar de buscar la voluntad de Dios en la Biblia; 3) El movimiento de ‘salud y prosperidad’ que coloca al hombre al centro del universo, y no tiene lugar en su teología para dedicar un día entero al servicio de Dios.

Además de estas tendencias religiosas, podríamos agregar la secularización de nuestras sociedades. Mientras nuestra cultura (en días pasados) era influenciada fuertemente por valores religiosos – Católicos o Protestantes – la mayoría tomaba el día domingo para descansar. Pero con el aumento estrepitoso de la sed consumista, hoy la mayoría quiere seguir comprando, vendiendo, y haciendo dinero. Y la Iglesia siempre es tentada a seguir al mundo, no ir en contra. De modo que hoy una gran cantidad de Cristianos ni siquiera se hacen la pregunta, «¿Cómo debo guardar el Día del Señor?» Simplemente dan por sentado que lo pueden guardar como el mundo guarda el día domingo – haciendo básicamente lo que quieren.

En este artículo queremos iniciar nuestro estudio bíblico del tema sobre el Día del Señor al notar que el primer sabbat fue una entronización de Dios como Rey Soberano de su creación.

Yahveh – el Rey 

La enseñanza bíblica sobre Dios como rey es tan conocida y preponderante que no necesita prueba aquí. Como un sólo ejemplo entre muchos, citamos el muy conocido Salmo 47:

Pueblos todos, batid las manos; Aclamad a Dios con voz de júbilo. Porque Jehová el Altísimo es temible; Rey grande sobre toda la tierra. El someterá a los pueblos debajo de nosotros, Y a las naciones debajo de nuestros pies. Él nos elegirá nuestras heredades; La hermosura de Jacob, al cual amó. Subió Dios con júbilo, Jehová con sonido de trompeta. Cantad a Dios, cantad; Cantad a nuestro Rey, cantad; Porque Dios es el Rey de toda la tierra; Cantad con inteligencia. Reinó Dios sobre las naciones; Se sentó Dios sobre su santo trono. Los príncipes de los pueblos se reunieron Como pueblo del Dios de Abraham; Porque de Dios son los escudos de la tierra; Él es muy exaltado. 

Lo que queremos destacar aquí es la relación entre Dios como Creador y rey. Los autores bíblicos reconocían que el hecho de ser Creador del mundo le daba el derecho de ser rey. Ellos trazan una relación directa entre el Dios Creador, y Yahveh – el rey. Por ejemplo, el Salmo 24 afirma: «De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos». Aquí el salmista afirma que el mundo pertenece a Dios por el hecho de haberlo creado. Luego en los versículos 7 y 8 se dice: «Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla». ¡El Creador es a la vez Yahveh, Rey de gloria!

En el Salmo 29:3-5 el salmista exalta el poder de Dios en términos que nos recuerdan de la misma creación en Génesis 1: «Voz de Jehová sobre las aguas; Truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas. Voz de Jehová con potencia; Voz de Jehová con gloria. Voz de Jehová que quebranta los cedros; Quebrantó Jehová los cedros del Líbano». El Dios que creó de la nada todo lo que hay con tan sólo su voz, ahora reina sobre el mundo con el mismo poder. Y el versículo 10 nos dice: «Jehová preside en el diluvio, Y se sienta Jehová como rey para siempre». Este salmo también une los temas de creación y señorío. Dios es rey porque es Creador. Y podríamos seguir multiplicando los ejemplos (ver por ejemplo Salmo 98:6-9; Salmo 104).

¿De dónde surgió este tema tan pronunciado de Dios como Creador Real? Surge precisamente de la estructura de Génesis 1 que lleva hasta el día séptimo, el día de descanso. En Génesis 1 tenemos una creación majestuosa, obviamente de un Dios fuerte, soberano, y glorioso. Cuando se compara el relato de Génesis con los otros relatos religiosos del tiempo de Israel, notamos un gran contraste. Por ejemplo, el Enuma Elish (relato de creación de los antiguos babilonios), pone la creación del hombre en la sexta tabla (de siete tablas encontradas). En las primeras cinco tablas los dioses libran terribles guerras unos contra otros, matándose y formando alianzas unos en contra de otros. Hay violencia, conflicto, intriga y maldad mucho antes de la aparición del hombre. La creación del hombre es una estrategia de Marduk casi al final para que alguien sirva a los dioses, y les levante templos. En contraste, la creación por Yahveh es ordenada, no hay oposición alguna, no hay violencia, no hay maldad. Todo es ‘bueno en gran manera’. El único Dios realiza su obra creador con sólo hablar la palabra, y cada día desarrolla más su plan creador. ¡Qué gran diferencia hay entre las religiones paganas y la religión bíblica! Comienzos totalmente opuestos. El paganismo propone una multitud de dioses, algunos malos, así excusando al hombre respecto al pecado en el mundo. La Biblia afirma un sólo Dios Creador, quien deja su obra en perfecto estado, sin mancha ni defecto.

Trono y reposo

Al trabajar los seis días de forma majestuosa, Dios reposó el séptimo día, y lo bendijo (Génesis 2:2,3). Ambas cosas pertenecen a un rey. Arriba ya notamos los pasajes que relacionan al Dios Creador con ser un Dios Rey. La obra de la creación es una obra real, de gloria, de majestad. Ahora, terminada la obra, el Rey Yahveh se sienta en su trono como el Soberano. No debemos pensar en el ‘reposo’ de Dios como si estuviera cansado. Ciertamente hablar las palabras ‘Sea la luz’ no cansa. Dios no termina la semana de creación exhausto. El ‘reposo’ de Dios es el reposo de un Rey que ha terminado un trabajo y regresa a su trono triunfante. Es un reposo real. Es un reposo de triunfador. Es un reposo de sentarse en su trono. Podemos decir que el día séptimo es la entronización de Dios sobre la creación. 

Varios pasajes en la Palabra de Dios relacionan el ‘reposo’ con el sentarse en el trono – tanto de Dios como de los hombres. Empezamos con algunos pasajes que relacionan el reposo humano con un rey que toma el trono. 

En 1 Crónicas 22:9,10 David le relata a Salomón la profecía de Dios para él. En esa promesa de Dios a David, la esencia era que Dios daría ‘paz y reposo’ a Israel por medio de Salomón – he ahí su nombre. Y el reposo para Israel vendría porque Salomón ‘afirmaría el trono de David’ (vs. 10). Aquí notamos la relación íntima entre un rey que toma su trono, y el reposo que lo acompaña.

En 2 Reyes 11:19,20 se relata de la entronización de Joás a los siete años. Si recuerdan los tiempos, eran terribles, con la pagana Atalía al mando del país. Mucha sangre inocente corrió a sus manos, y los piadosos tenían que esconderse para salvar la vida. Pero Dios guardó a Joás, y por medio del sacerdote valiente Joiada, restauró el reino a los hijos de David una vez más. Se describe el ascenso de Joás en estos términos:

«… y se sentó el rey en el trono de los reyes. Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo…» 

Al reposar y sentarse en su trono un rey piadoso, trae un reposo piadoso, santo, y real para su pueblo. Pero estos ejemplos simplemente son imitaciones del reposo de Dios. Los autores bíblicos entendían que el reposo de Salomón y de Joás era sombra del reposo real de Dios al sentarse en su trono. Esto lo vemos en los siguientes textos.

En el Salmo 132 nos relata la petición de David de poder edificarle el templo para Dios. Los términos que David usa para describir la presencia de Dios en el templo incluyen tanto el concepto de trono, como de reposo. David dice, «Nos postraremos ante el estrado de sus pies» (vs. 7) – indicando que Dios está sentado en su trono, con sus pies descansando en un estrado. Su pueblo entrará al templo – la sala real – y se postrarán ante aquél que está en el trono. En el próximo versículo David llama a Dios a ocupar su lugar santo en el trono, en el templo que le quiere construir, con las palabras, «Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, Tú y el arca de tu poder» (vs. 8). 

Dios se manifiesta como un Rey entronizado, quien reposa para recibir alabanza y regocijo de su pueblo (Salmo 132:9). Este es el mismo reposo de Génesis 2:2,3, en que Dios se sienta en su trono para recibir la gloria de su creación: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Salmo 19:1). El reposo de Génesis es un reposo real, es la señal de que Dios es Rey Soberano, y que absolutamente todo en la creación le debe adoración y alabanza.

En Isaías 66:1 encontramos una vez más el concepto de trono ligado al reposo de Dios: «Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposoSegún este pasaje, la idea de que Dios ya tiene su trono en el cielo impide que el hombre edifique lugar para su ‘reposo’. Aquí vemos que ‘trono’ y ‘lugar de reposo’ son sinónimos. Dios pudiera haber dicho: «¿Dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar para mi ‘trono’?» Es una pregunta retórica en que Dios proclama que él habita todo el universo y que ninguno debe pensar de él como necesitando un templo en que vivir. Pero notemos que Dios intercambia el concepto ‘trono’ por ‘reposo’ de manera natural. El trono de Dios es el lugar donde el rey ‘reposa’. 

Es esta relación que debemos entender en Génesis. Dios reposa como Rey. El día séptimo, el día de reposo, es el momento en que Dios toma su trono. La labor de la creación ha terminado. Y el rey se sienta en su trono para gobernar, y recibir la alabanza que merece.

Mencionamos sólo un pasaje más, que se relaciona con un tema que desarrollaremos en el futuro Dios mediante, que es ‘el Sabbat y consumación’. En Hebreos 4 el autor insta a los hebreos a que se esfuercen por entrar al reposo de Dios, y que no se endurezcan como los israelitas hicieron en el desierto, y no entraron en el reposo de Dios. «Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia» (Hebreos 4:11) ¿Y cuál es la forma de entrar en este reposo? ¡Adivine! «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16). El único lugar de verdadero reposo es junto al trono de Dios. Dios es el dador de reposo, porque es el Rey que reposó. ¿Cuándo reposó? El séptimo día, cuando fue entronizado y reposó cual Rey soberano.

Sabbat y Entronización

Cuando Dios ‘santificó’ el día séptimo como su día de reposo (Génesis 2:3), lo consagró como el día en que el hombre rindiera adoración especial. En el último día de la labor de creación Dios crea al que había de gobernar en la tierra por él, creó al vice-regente, al mayordomo. El hombre es el pináculo de su creación, justo bajo la autoridad de Dios. Todo lo demás fue puesto bajo sus pies (Salmo 8:6). 

El día sexto Dios le da sus órdenes al hombre: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra» (Génesis 1:28). Pero justo al día siguiente Dios se entroniza, se sienta en su trono en reposo majestuoso, obligando al hombre a no salir corriendo a trabajar, sino a estar quieto ante la presencia del Rey Soberano. Antes de trabajar, Adán debe permanecer quieto ante Dios en reconocimiento de Quien es el Rey de reyes. Adán es vice-regente. Adán es mayordomo. Pero no es Rey. Hay sólo un Rey – y es Yahveh. El día de reposo en primer lugar fue un fuerte recordatorio al hombre de que sólo Dios era Rey. Todo nuestro trabajo de la semana debe ser realizada para Aquel que está en el trono.

Adán y Eva fueron el pináculo de la creación – pero debían tomar su lugar ante el Rey siempre como criaturas. A Adán y Eva les fue dado el privilegio de señorear en la tierra – pero siempre debían recordar que gobernaban en nombre de Yahveh. Cada día de reposo era un recordatorio de que recibían sus órdenes del Rey que estaba sentado en su trono.

La tentación de la serpiente era no sujetarse a las órdenes del Rey Yahveh, sino de tomar el lugar de Dios mismo: «seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:5). Dios había establecido un camino para el hombre – de multiplicarse y engendrar simiente para él, y de sojuzgar la tierra para él. Sin duda, Adán entendía que había un futuro. Había una meta. Un día la tierra estaría llena de simiente santa, y estaría sojuzgada. Después vendría su glorificación, después vendría el propio sabbat de la misma creación. La estructura sabática de la primera semana señalaba hacia una consumación de la creación. Y esto requería que Adán se esforzara, y laborara muchos años. Pero el diablo le ofrece un atajo. Le ofrece a Adán y Eva una ‘glorificación’ inmediata sin necesidad de trabajar y esperar. Le ofrece ‘sabiduría’ (sus ojos serán ‘abiertos’) a través de no reconocer la órdenes del Rey Yahveh, y hacerle caso a él. La tentación de Satanás fue una violación directa del significado del Día de reposo. En el Día de reposo Adán se quedaba quieto en presencia de su Rey Soberano. El diablo lo tienta a ignorar su presencia y sus órdenes.

Interesantemente, hasta hoy en día la frialdad espiritual y la desobediencia contra Dios generalmente comienza con un desprecio del Día de reposo. Este día santificado por el Rey Creador lleva consigo de forma inherente una humillación ante Dios como Rey – cosa que el corazón desobediente no soporta. El Día del Señor implica un reconocimiento que ‘otro manda, no yo’. Guardar el Día de reposo es guardar silencio, es estar quieto, ante Aquel que es el Rey de reyes, el único que da las órdenes. Guardar el Día de reposo es reconocer a Yahveh como único y soberano Rey.

Conclusión

El testimonio de muchas partes de la Biblia nos lleva a entender que el ‘reposo de Dios’ es lo mismo que su entronización. Es su reposo real en su trono divino. Al finalizar la semana de creación, Dios se sentó en su trono, reposando como Rey del universo. Pero no lo hizo sólo para su corte celestial, sino para el hombre. Cuando Dios ‘santificó’ el día séptimo, es claro que lo santifica (es decir, lo aparta y lo consagra como día especial) para el hombre, y no para sí mismo. Dios no vive una secuencia de días – Dios vive en la eternidad, de modo que el Día de reposo no fue creado para Dios. Jesús nos recuerda que el día de reposo fue creado ‘a causa del hombre’ (Marcos 2:27). Este día tiene como propósito beneficiar al hombre – y el primer beneficio para el hombre es humillarse ante su Creador en adoración sincera.

No tengo duda de que el propósito de Dios era que Adán guardara el día de reposo desde el principio. Israel sabía de este día antes de recibir los 10 mandamientos. En Exodo 16:23-30 encontramos que los Israelitas reposaron en el desierto rumbo a Sinaí. Aún no habían escuchado el cuarto mandamiento, pero guardaban el día de reposo. 

La base para guardar este día en Exodo 20:11 es el ejemplo de Dios en la creación. Dios estructuró nuestra semana de trabajo en un ciclo de seis y uno – para que el hombre tomara conciencia cada semana de su Dios. No existe una buena razón bíblica ni teológica para abrogar su vigencia. Es parte de la creación misma. Mientras Dios sigue siendo el Rey entronizado, el día de reposo sigue vigente.

Al invitarle al hombre a reposar con él, Dios le está concediendo un gran privilegio. Cuando guardamos el día del Señor, no sólo nos humillamos ante Dios en reconocimiento de su señorío, sino estamos invitados a participar con Dios en su reinado. Sólo al hombre Dios le invita a guardar el día de descanso. Dios decide compartir su reposo real con Adán y Eva. Por supuesto, siempre debían recordar que había un orden de rango. Sin embargo, Dios los invita a reposar con él, así señalando y sellando un pacto con ellos en que comparten con Dios este gran proyecto del mundo. ¡Que tristeza que Adán y Eva despreciara esta invitación! ¡Que tragedia su desdén por el privilegio que Dios les ofrecía, sellado con el día de reposo.

Veremos más adelante que en Cristo el privilegio de reinar con Dios es restaurado. Es por esto que el verdadero Cristiano mira el día de reposo por lo que es: ¡un gran privilegio! Lejos de ser una carga, guardar el día de reposo es un privilegio perdido en Adán, y restaurado en Cristo. «Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios» (Hebreos 4:9). ¡Alabado sea Dios por esta señal de su amor!

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