EL DÍA DE REPOSO PARTE III

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 10, No. 2

La Biblia enseña que Dios estableció el día de reposo como señal de su entronización después de su obra majestuosa de la creación. En el artículo pasado examinamos varios pasajes bíblicos que ligan el reposo de Dios con su trono y su señorío. El hecho de que Dios estableció el día de reposo para el hombre significa que Dios estaba invitando a su mayordomo a que compartiera con él su dominio en la tierra. Guardar el día de reposo para Adán (y luego para Israel y el pueblo de Dios posteriormente) era un gran privilegio de no sólo reconocer voluntariamente al Rey Soberano, sentado en su trono, sino también una invitación de reinar juntamente con él.

En este artículo veremos otro aspecto del día de reposo que incluye una advertencia. Por un lado, guardar el día de reposo era un gran privilegio para el hombre, una invitación del Creador a que el hombre reinara con Él en la tierra. Pero por otro lado, el día de reposo era una advertencia de nunca caer en la trampa de pensar que los esfuerzos humanos iban a traer el reino consumado. El día de reposo era una “señal” de dependencia total en Dios. Este día toca el fondo de nuestra existencia como seres pensantes, y como seres en relación con un Superior.

El día de reposo antes de la caída 

Génesis 2:2-3 dicen, “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. Dios no sólo organiza su trabajo en una secuencia de seis días, sino que añade un día especial al final en el cual “reposa”. En el número pasado de este boletín examinamos los pasajes bíblicos que señalan el hecho de que este reposo de Dios fue su entronización real. Dios el Creador-Rey “reposa” para recibir la gloria de su creación, para sentarse en su trono sobre su reino, y para que “Los cielos cuenten la gloria de Dios, y el firmamento anuncie la obra de sus manos” (Sal 19:1).

Pero leemos aquí también que Dios “santificó” este día, y lo bendijo. La pregunta clave es: ¿Para quién santificó este día? En Éxodo 20:8-11 Dios manda que los israelitas guarden el día de reposo “porque…Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”. El testimonio bíblico indica que Dios santificó el día para el hombre—es decir, apartó el día como un día especial de reposo. Adán y Eva sin duda guardaban este día como un día bendecido de manera especial, y la forma de santificar este día era de “reposar”. Es interesante notar que el primer día de vida en la tierra para Adán y Eva fue un reposo (fueron creados el día sexto, pero el séptimo día fue su primer día entero). Ellos habían recibido una orden de Dios en cuanto a su trabajo: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Gén 1:28). Pero antes de que salgan corriendo a cumplir su mandato,debían reposar, debían callar: “Más Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra” (Hab 2:20). 

Adán y Eva tenían un mandato de trabajo, y un mandato de reposo. Esto no es esquizofrenia espiritual. Es parte del orden creacional en que Dios colocó al hombre. Había mucho trabajo por delante—nada menos que llenar la tierra y sojuzgarla. Adán debía construir nada menos que el imperio del Rey en la tierra. Como mayordomo, Adán estaba encargado de edificar un templo terrenal para que la gloria de Dios llenara todo. Pero—debía realizar su trabajo con un ciclo de esfuerzo y reposo, “santificando” un día especial que celebraba el señorío de Dios como Creador. Este día de reposo que Adán celebraba era una señal entre Dios y el hombre enfatizando para siempre la distinción entre el Creador y la criatura. Adán era el encargado de la tierra—pero no de manera absoluta. Adán era encargado con el proyecto de construcción divina—pero no de manera autónoma. El reposo obligatorio cada séptimo día señalaba para Adán y Eva su sumisión, su lealtad y su amor para con el Creador. Era un reconocimiento que su trabajo no era en última instancia lo que traía el reposo final. Si bien Dios lo colocó en la tierra para una labor digna y necesaria, Adán debía recordar siempre que la consumación sería por medios divinos y no humanos.

El día de reposo introduce la escatología en la historia al puro principio del mundo. El trabajo de Adán y Eva llevaría hacia un reposo final, cuando Dios obraría una consumación de esta creación. Los seis días de creación ascienden en gloria y majestad, culminando con la creación del hombre a la imagen de Dios —quien a su vez estaba encargado con construir un templo santo para el Creador. Este templo santo sería compuesto de una tierra llena de adoradores de Dios: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra” (Gén 1:28a). Una humanidad santa sería el templo para la morada del Espíritu deDios. Y la tierra misma sería el lugar digno para la venida de Dios: “Sojuzgad la tierra” (Gén 1:28b). Adán debía embellecer y cultivar una tierra que estaba todavía sin orden y sin desarrollo. Desde el principio Dios creó tanto el mundo como al hombre con la misma meta—de producir un pueblo santo por medio de la reproducción, y de preparar la tierra para la venida de Dios en gloria. Y el día de reposo refuerza esta meta, prometiendo un final, un reposo, en que todos los reposos anticipados serían consumados y que “Dios sería todo en todos”.

El día de reposo después de la caída

Conocemos la triste historia de cómo Adán y Eva despreciaron la invitación de Dios de ser sus socios, escogiendo otro socio—la serpiente traidora. Y la maldición de Dios golpea duro. Ahora la tarea de fructificar sería maldita, trayendo dolor en el parto y pecadores al mundo (esto lo comprueba el primer nacido—Caín el homicida). De manera que entendemos que el pueblo santo no sería traído al mundo simplemente por fructificar y multiplicarse. Y el trabajo de Adán es maldito, a duras penas permitiendo la supervivencia en medio de espinos y sudor. Aquí también entendemos que el trabajo del hombre no podrá preparar el templo terrenal de Dios. 

¿Y qué del día de reposo? ¿Ya no habría ninguna esperanza? ¿No habría entonces ningún reposo para el hombre pecador? En medio de tristeza y lágrimas Adán y Eva oyen una pequeña pero esperanzadora promesa: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gén 3:15). ¡Sí! ¡Habría esperanza! A pesar de que los detalles de la promesa fueran revelándose poco a poco, Dios había prometido redención del pecado, y aún reposo con él. Esta gran bendición es desarrollada paulatinamente a lo largo de la historia de la redención, pero resulta que Dios todavía tiene un reposo planeado para su pueblo (Heb 4:9). Después de la caída en el pecado, el reposo adquiere otra faceta—la de descanso de la maldición de Dios sobre el pecado. Antes de la caída Adán debía trabajar para Dios para un día recibir la consumación de sus labores. Después de la caída, el trabajo del hombre es maldito—pero Dios promete un Libertador quien daría descanso un día al hombre de la maldición. 

Es de mucha importancia notar que las dos versiones de los 10 mandamientos en Éxodo 20 y Deuteronomio 5 varían muy poco con la excepción del quinto mandamiento. En Éxodo 20:11 el fundamento de guardar el día de reposo es la invitación una vez más a reposar con el Creador—el hombre es restaurado en la redención como socio de Dios una vez más. Pero en Deuteronomio 5:15 el fundamento de guardar el día es la redención. Israel debía recordar su duro servicio a los egipcios y la liberación de su Dios poderoso. La maldición de Dios sobre el trabajo (y la vida del hombre) llegó a un extremo en Egipto como muestra de lo que el hombre se ganó como socio del diablo; la salvación de Dios se experimenta como “reposo” de la esclavitud, y “reposo” en una tierra hermosa en la que fluye leche y miel.

Israel debía guardar el día de reposo tanto porque Dios era Creador como porque era Redentor. Después de la caída ambos fundamentos se aplican.

El día de reposo como “señal” 

En varios pasajes Dios afirma que el día de reposo es “señal” entre él y su pueblo (Éx 31:13; Ez 20:12, 20). Dios vuelve a dar este día especial a su pueblo para celebrar, recordar, y afirmar su salvación para con ellos. En el pasaje de Éxodo 31, tenemos algunos detalles sobre lo que significa “guardar” este día:

1. Reposo del trabajo— El día debía ser guardado al descansar del trabajo semanal (Éx 31:15). Incluso, el que violaba el día tenía que morir. Esto muestra que este día formaba una parte central de la relación entre Dios y su pueblo. El testimonio bíblico es claro que no se está prohibiendo todo tipo de  rabajo, ya que es necesario ordeñar las vacas, y aún Jesús nos recuerda que si un buey cae en un pozo, hay que sacarlo (Lc 14:5), y se desata a los animales para llevarlos a comer (Lc 13:15). Lo que Dios prohíbe es el trabajo semanal de negocios que pueden suspenderse. El día de reposo era un día especial en que se daba una pausa de la jornada semanal para meditar en la salvación de Dios, y para celebrarla. Para esto se necesitaba cesar de los trabajos para poder “santificar” el día.

2. Señal de ser pueblo apartado para Dios— Dios afirma que el día de reposo tiene una función especial: “… para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico” (Éx 31:13). Guardar el día de reposo era una de las formas en que Dios santificaba a su pueblo—es decir, los apartaba para ser su especial tesoro. Ya hemos visto que celebrar el día de reposo era un gran privilegio, en que Dios invitaba al hombre a compartir su señorío, y tener comunión con el Creador de la tierra. No celebrar este día era negar al Creador y asimismo negar al Salvador. Es por esto que el israelita (ya redimido de la esclavitud y conocedor del Creador y Redentor) que no guardaba el día de reposo, debía morir. En la práctica estaba negando que Dios fuera Creador y Redentor. Dios había revelado que desde la creación el día de reposo era santo, un recuerdo y un reconocimiento de Dios como Creador. Y al liberarlos de Egipto, Dios había librado a su pueblo de la terrible maldición de servidumbre al faraón, prometiéndoles un reposo en la tierra de Canaán. El ser apartado (santificado) por Dios como pueblo especial, ser conocedor y beneficiario de la salvación incluía encarnar este reconocimiento al guardar el día de reposo.

3. Guardar el día de reposo era “para que sepáis que yo soy Jehová…”— Guardar este día era imitar a Dios en reposar el séptimo día. Guardar el reposo era anticipar un día final de reposo consumado. Era un recordatorio constante de quién era Dios y qué les había prometido. Dios a través de toda la historia de la salvación ha dado señales visibles para conmemorar su pacto con su pueblo. El día de reposo era tal señal visible—“para que sepáis…” Es por esto que el sabbat se llama un “pacto” entre Dios y su pueblo.

4. El día de reposo como “pacto”— En Éxodo 31:16 Moisés da la siguiente instrucción: “Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo”. Este día tenía una función especial para el pueblo de Dios—servir de señal de pacto. Las señales de pacto en la Biblia son señales compartidas entre Dios y su pueblo. Por un lado Dios da la señal de pacto al pueblo señalando su fidelidad, de que guardará sus promesas. Podemos pensar en el arco iris, la circuncisión, la Pascua, el bautismo y la Santa Cena. Por otro lado el pueblo honra la señal como muestra de fe y respeto hacia su Dios, y al no hacerlo acarrea el juicio de Dios. Hay múltiples ejemplos en la Biblia de los que violaban estas señales y cayó sobre ellos la ira del Dios de pacto.

El día de reposo era tal señal de pacto. Por un lado Dios sellaba sus promesas de volver a tomar a su pueblo como socios en la tierra, y que compartiría su señorío con ellos. También Dios confirmaba su promesa de un reposo final, eso es ser librados de la maldición sobre el trabajo y la vida. Por otro lado el pueblo confirmaba su fe y lealtad a Dios al guardar el día de reposo. Respetando el día, santificándolo, era muestra visible y tangible de su fe en Dios. Honraban y celebraban las promesas de Dios al apartar este día como un día especial. El término hebreo traducido “celebrar” u “observar” en Éxodo 31:16 es el término “hacer”. De hecho, la Septuaginta utiliza el término “poiei/n” (ποιεῖν)—hacer—para traducir el hebreo. Literalmente el pueblo de Dios debía “hacer el día de reposo”. El impacto de este lenguaje es más fuerte que “observar”. Dios quería que su pueblo hiciera un descanso, que hiciera un día especial. Esto tiene muchas implicaciones importantes, como por ejemplo la necesidad de una preparación para el día de reposo (cosa que los judíos todavía hacen). ¿Cuántos Cristianos fijan actividades hasta tarde el día Sábado, el resultado siendo bostezos y ojos cargados de sueño durante el culto? Creo que nuestro provecho del día de reposo sería mayor si nos propusiéramos a “hacer” un reposo con el Señor.

El día de reposo y el trabajo

Después de la caída Dios maldijo el trabajo del hombre con sudor y espinos. Y aunque en Cristo el sudor y los espinos todavía no son quitados para los hijos de Adán, sin embargo Dios nos devuelve el privilegio de glorificarle con nuestro trabajo:

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1Cor 10:31).

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1Te 5:23).

“… que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia” (Rom 6:19).

En Jesucristo el trabajo del Cristiano es santificado y glorifica a Dios porque la justicia de Dios y su gloria se dan a conocer. En este contexto el Cristiano hoy guarda el día de reposo honrando al Dios Creador y a su Dios Redentor que le ha redimido en Cristo (en un futuro artículo trataremos, Dios mediante, el cambio del día de reposo del séptimo día al primer día de la semana). Por guardar el día de reposo, el Cristiano confirma su fe, amor y lealtad al Dios de pacto al honrar el día de reposo. Lejos de ser una carga, porque no podemos seguir trabajando en nuestros negocios, debe ser una alegría porque somos invitados por Dios de nuevo a ser sus socios y a gozar de un futuro reposo eterno. Cuando seguimos trabajando en nuestros negocios comunes de los otros seis días de la semana, estamos diciendo en efecto que no nos importa quién creó el mundo, quién nos dio la vida, y quién nos ha redimido. Estamos diciendo que nuestros propios intereses personales son más importantes que dar honor a nuestro Dios.

Conclusión

La esencia de guardar el día de reposo es: parar nuestros negocios comunes a fin de “hacer” un reposo, honrando a nuestro Dios. Este reposo incluye la adoración de Dios en culto público con su pueblo. Pero es más que eso. Incluye no dedicarse a los trabajos cotidianos que no sean necesarios. Al cesar de nuestros trabajos, estamos reconociendo que el hombre y su esfuerzo no es lo más importante en el mundo. También estamos celebrando y anticipando un futuro reposo cuando nuestro trabajo no tendrá más maldición sobre ello. Celebramos una comunión presente con Dios el Creador, y una esperanza futura con Dios nuestro Salvador: 

“Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado” (Isa 58:13-14).

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