EL CRISTIANO Y LAS CRISIS: 10 VERDADES SOBRE EL DINERO

Por David Barceló

Reforma Siglo XXI, Vol. 14, No. 2

En el artículo anterior de esta serie pudimos meditar en diez verdades bíblicas para tener gozo aún en momentos de crisis y escasez. Veíamos que a pesar de todo nuestra actitud ante los bienes materiales puede ser como la de Job, quien habiéndolo perdido todo exclamó “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” ( Job 1:21). Sin embargo muchas veces descubrimos que nos parecemos a Jonás más de lo que quisiéramos… Jonás, ¿recuerdas? aquel profeta rebelde que quería morirse al ver que se había secado la calabacera que Dios le había dado ( Jonás 4:9).

¿Y tú? ¿Amas tu calabacera más que nada en el mundo?

¿Qué hay en el centro de tu corazón? ¿Amas a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, o amas a las cosas más que a Dios y a ti mismo más que al prójimo? Si pudieras pedir un deseo, ¿qué desearías? ¿El avance del reino de Dios, más misioneros en el mundo, la conversión de tus hijos?… o por el contrario te deleitarías en las cosas materiales: una casa nueva, un mejor coche, un aumento de sueldo… ¿Cuál es el lugar que el dinero ocupa en tu corazón? ¿Tienes una visión cristiana sobre los bienes materiales?

Seguramente te han preguntado alguna vez “Si sólo pudieras escoger una cosa, ¿qué te llevarías a una isla desierta?” Todos queremos quedar muy bien cuando nos hacen una pregunta de ese estilo. Solemos responder “una Biblia”. Y ojalá sea verdad. Quiera el Señor que entonces tu respuesta sea sincera. Pero muchas veces el primer impulso es más bien el de agarrar el televisor, algo de comida, o una tarjeta de crédito con fondos…

Recientemente se conmemoraba el centenario del hundimiento del Titanic. Para la efeméride visité la exposición itinerante que se encontraba en el Museo del Mar de Barcelona donde, entre otras cosas, se exponían algunos objetos de los pasajeros del trasatlántico. Tal como escribe en un artículo el pastor y periodista José de Segovia, en el momento de hundimiento cada cual procuró llevarse aquello que sentía más útil o de más valor:

Cuando empezaron a sacar a los pasajeros de los camarotes, cada uno se llevaba lo que le parecía más importante salvar del naufragio. La mujer de Adolf Dyker llevaba por ejemplo una caja con dos relojes de oro, dos anillos de diamantes, un collar de zafiros y doscientas coronas danesas. Otros como la señorita Edith Russell, preferían llevar una especie de mascota como un cerdo de juguete con música, al que tendría especial cariño. Hay quien llevaba los libros que tenía en la mesilla, como Lawrence Beesley, o un revolver y un compás, como Norman Campbell Chambers.

Hubo hasta quien guardó cuatro naranjas bajo su blusa, como el camarero James Johnson. En segunda clase viajaba un joven estu- diante de teología llamado Stewart Collett. El se llevó la Biblia, que prometió a su hermano que llevaría siempre consigo, hasta que se volvieran a ver. El pastor Robert Bateman se quedó de pie en la cubierta mirando como su cuñada, la señora Ada Balls, subía al bote. “Si no nos volvemos a ver de nuevo en este mundo –le dijo– nos veremos en el otro”. Mientras bajaba la barca, se quitó su alzacuello y se lo dio a ella como recuerdo, mientras la orquestina tocaba hasta el final en la cubierta.

El Titanic se nos presenta como un ejemplo titánico de cual debe ser nuestra actitud ante el dinero y los bienes materiales. ¿Qué valor poseen todas las cosas lujosas que se están hundiendo? ¿Para qué las joyas, el dinero, las lámparas de cristal y la porcelana china si no te puedes llevar ninguna de ellas? Lo importante de verdad es entrar en el bote salvavidas. Lo importante de verdad es estar en Cristo Jesús, el único Salvador. Todo lo demás es secundario. Pasajero. Transitorio. Entremos en el bote salvavidas. Miremos el Titanic desde fuera, y meditemos juntos en 10 verdades fundamentales sobre nuestra perspectiva de los bienes materiales.

1. Verdad 1 – confía y sé prudente

Confía en el Señor. Uno de los nombres Hebreos de Dios es Jehová-Jireh, “Jehová proveerá”. Y dice David “No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”

(Salmo 37:25). La confianza en el Señor producirá paz en nosotros, aún en medio de las dificultades económicas más serias. ¡Confía en Dios! ¡No tienes por qué estar ansioso por el dinero! ¡Pero no te equivoques; confianza no es lo mismo que pasividad! ¡Tener “fe en el Señor” no es sinónimo de “ser negligente”!

Cuando el joven David salió al frente para luchar contra el gigante Goliat, David exclamó: “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza…” (1 Samuel 17:46). ¡Qué confianza tan grande en Dios! ¡Qué fe la de este muchacho! Pero unos versículos antes leemos que David “tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo” (1 Samuel 17:40).

¡Qué calamidad si David hubiera exclamado “ Yo te venceré y te cortaré la cabeza” y al meter la mano en el zurrón no hubiera encontrado una piedra sino una naranja que traía aquella mañana para desayunar!… La fe no niega la prudencia. El Señor ya nos lo dijo: “Sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas” (Mateo 10:16). Hemos de confiar plenamente en el Señor. Él está por encima de todas las cosas, pero también hemos de ser cautos y sabios en esta vida. No nos equivoquemos. No se trata de una cuestión de equilibrio, donde pongo un 50% de confianza y un 50% de prudencia, sino que Dios, en su poder y sabiduría, usa de medios humanos para proveer para sus hijos, y el más común de ellos es la prudencia y el trabajo. Así que debo confiar en el Señor 100% y debo ser prudente al 100%.

Si estás pasando por pruebas, escasez y necesidad, confía en el Señor. Pídele al Señor que provea para tus necesidades, y entonces levántate y sal a la batalla de cada día. No te quedes sentado en el sillón de tu casa esperando que el dinero llueva del cielo. La confianza que David tuvo en Dios fue tremenda, pero también David actuó con prudencia, con sabiduría, con inteligencia, con valentía, y tomó cinco piedras del arroyo, cinco piedras lisas y afiladas, cinco piedras ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas, cinco piedras que pudieran haber matado a cinco gigantes en un mismo día. ¡Cinco! No una, ni dos, ni tres, ni cuatro, sino cinco. No sé como se llamaban las cinco piedras que David llevaba en el zurrón, pero si David les hubiera puesto nombre seguro que la primera piedra se llamaría Fe y la segunda Prudencia.

2. Verdad 2 – trae tus ofrendas al señor

No pensemos que el tema del dinero es algo meramente material; es un tema muy espiritual, porque el uso del dinero revela lo que hay en nuestro corazón. Por eso el cristiano lo primero que hace con su dinero es apartar lo que quiere darle al Señor. En Éxodo 23:19 leemos que el pueblo de Israel traía a la casa de Dios “las primicias de los primeros frutos de la tierra”. Lo primero era para el Señor; y nosotros primero pensamos en darle al Señor.

La ofrenda es un termómetro espiritual. Recuerda a Zaqueo, que una vez que se convirtió a Cristo dio la mitad de sus bienes a los pobres y pagó todo lo que había robado… El cambio en el corazón de Zaqueo respecto al dinero fue tan radical, que Jesús dijo “Hoy la salvación ha venido a esta casa” (Lucas 19:9). Vemos todo lo contrario en Judas, quien amaba el dinero. Tu apego al dinero te está indicando tu grado de apego a las cosas de este mundo y es señal de tu madurez o inmadurez como cristiano. Recuerda que no estás ofrendando a los diáconos, ni a los pastores, ni a la Iglesia, sino que tu ofrenda es al Señor. Cuando pongo mi ofrenda en manos del Señor estoy expresando mi amor y confianza en Él. Con tus ofrendas estás rindiendo culto y alabanza a tu Dios.

Ofrenda con inteligencia. Leemos en 2 Corintios 9:7 “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. De este pasaje vemos al menos tres cosas sobre nuestra actitud con la ofrenda, y la primera es que cada uno debe ofrendar “como propuso”. La ofrenda al Señor ha de ser premeditada. Pensada. No se trata de escarbar en los bolsillos cada domingo para ver qué llevamos encima. Cuando recibas tu salario, ora al Señor, junto con tu cónyuge, y decide delante de Dios lo que vas a ofrendar. Entonces ven el domingo con tu ofrenda preparada y entrégala al Señor. En nuestra Iglesia en Barcelona deseamos fomentar esta actitud con las ofrendas, y por eso nuestra costumbre no es la de recoger las ofrendas durante el culto dominical sino la de ofrendar en un buzón que se encuentra a la entrada de la sala de cultos. Nuestra ofrenda no debe ser improvisada en el momento en el que se pasa una bolsa o una cesta entre la congregación, sino decidida delante de Dios como un acto de culto voluntario al Señor. “Cada uno dé como propuso en su corazón”…

Ofrenda con alegría: Dice además el pasaje que “Dios ama al dador alegre”. No ofrendes con fastidio, a regañadientes, entonces te fuera mejor quedarte con ese dinero. Lo que des, dalo con alegría y con convicción. La actitud de tu corazón es más importante que el dinero mismo. Los magos de oriente trajeron ante el Señor oro, incienso y mirra. Eran tesoros muy valiosos, pero aún más precioso era el tesoro de sus corazones y su actitud de adoración ante el Rey de reyes.

Ofrenda generosamente: Somos generosos para aquello que realmente nos importa. Somos capaces de hacer una gran inversión en comprar una vivienda, en la educación de nuestros hijos, en una alimentación sana, en unos zapatos de marca, en nuestro hobbie preferido… El uso del dinero revela las prioridades de nuestro corazón. Por eso lo primero que hacemos antes de gastar el dinero es decidir qué ofrendamos. Si decides cuál va a ser tu ofrenda a final de mes, puede que solo te queden unas monedas en la cartera. No le des al Señor lo que te sobra… Y recuerda que la generosidad no tiene que ver con lo que das, sino con lo que te quedas. Recordemos que el Señor no alaba a los ricos que ofrendan mucho, sino que alaba a la viuda que puso en la ofrenda todo lo que tenía.

“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento” (Marcos 12:41-44)

¡Ofrenda sabiendo que estás sembrando! Dice 2 Corintios 9:6 refiriéndose a la ofrenda de los creyentes “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. La ofrenda no es una pérdida, es una inversión que da fruto espiritual abundante y muchas bendiciones para ti y para todos. Todos queremos ver crecer la Obra, ver emprender nuevos ministerios, ver como se envían misioneros y se publican Biblias, ver cómo se discipula a los creyentes, ver cómo se construyen Iglesias, ver cómo se ayuda al necesitado, pero para ello hemos de sembrar ofrendas que darán su fruto espiritual para gloria de Dios. Con el dinero se establece una comunicación con Dios. Jesús estaba “sentado delante del arca de la ofrenda” y “miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca”. Aún hoy Jesús te ve cuando ofrendas. No ofrendes para ser visto por los demás. Ofrenda delante de la presencia del Señor.

¿Y qué hacemos con el  diezmo? ¿Acaso el  diezmo no es parte de la ley del Antiguo Testamento? ¿Tenemos que diezmar aún? La primera vez que aparece el diezmo en la Biblia es cuando Abraham le da el diezmo a Melquisedec, rey de Salem (Génesis 14:20). Antes de la ley de Moisés el diezmo era ya una costumbre de la época, con la cual uno reconocía la superioridad de aquel que recibía el diezmo (Hebreos 7). El diezmo aparece después como parte de la ley de Israel. Todo el pueblo había de traer el diezmo a la casa de Dios, reconociendo que Él era su Señor, y faltar al diezmo suponía robarle a Dios. En ocasiones el pueblo de Israel sustraía del diezmo porque amaba el dinero, tal como leemos en Malaquías 3:8  y 10:

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado.   Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas… Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.

¿Y ahora? ¿Podemos decir que ya no hemos de diezmar, porque “no estamos bajo la ley, estamos bajo la gracia”?

¡Recordemos que Jesús dijo “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). Y cuando los fariseos actuaban con hipocresía el Señor les dijo “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23:23). Jesús no condena el hecho de diezmar, no critica el diezmo, sino la hipocresía. Era necesario diezmar, pero también era necesario y aún más importante ejercer justicia, misericordia y fe.

Cuando un niño es pequeño sus padres le dicen “No le pegues a tu hermano”, “Comparte los juguetes con él”, “No le grites”… Los que somos padres sabemos que hemos de dar cientos de instrucciones para moldear el carácter y la conducta de nuestros hijos pequeños. Pero cuando el niño crece, basta con que le digas “Ama a tu hermano”, y todo lo demás se sobreentiende. La ley, sin el espíritu, se convierte en algo frío y seco, pero Jesús cumplió la ley perfectamente. Jesús no abrogó los mandamientos, sino que nos mostró el verdadero significado de la ley.

“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio” (Mateo 5:21-22)

“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28)

Así con el diezmo. La ley dice que traigamos nuestros diezmos al Señor, pero el Señor Jesús nos lleva más allá del diezmo diciendo que el que “siembra generosamente, generosa- mente también segará”. Con nuestros diezmos, al igual que con nuestro tiempo devocional o nuestras oraciones, se establece una profunda comunicación espiritual con el Señor.Trae tus diezmos ante el Señor, pero no con una actitud legalista, sino movido por el Espíritu Santo a ofrendar con gratitud y generosidad.

“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Corintios 16:2)

Los Macedonios “con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas” (2 Corintios 8:3)

3. Verdad 3 – da a césar lo que es de césar

Aquí no se nos dice que demos “más allá de nuestras fuer- zas”… El cristiano es alguien que paga sus impuestos, que no defrauda a la Hacienda pública… que le da al Estado lo que le pide.

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13:7)

Los cobradores de impuestos se acercan a Pedro y Jesús le dice a Pedro “ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti” (Mateo 17:27). El Señor proveerá de lo necesario para que paguemos a César lo que nos pide y vivamos como ciudadanos ejemplares en este mundo.

4.. Verdad 4 – ama la justicia y la equidad Tenemos bastante claro lo que significa “no hurtarás”

(Éxodo 20:7). Si yo me llevo un quilo de tomates del mercado y me voy sin pagar, estoy robando. Pero hay formas más sutiles de robar. Si regateo con el vendedor hasta el punto de acabar pagándole menos de lo que valen los tomates, y él por necesidad acaba aceptando mi oferta, le estoy robando.

Ama la justicia y la equidad. Paga a cada uno lo que corresponde por su trabajo y su esfuerzo. Si tienes asalariados, dales un salario justo. ¿Harías tú ese esfuerzo por ese dinero? No explotes al necesitado. No te aproveches del extranjero. No piratees películas ni música en Internet… Dice el profeta Jeremías:

“¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo!” ( Jeremías 22:13).

Nuestro uso del dinero y los bienes materiales deben caracterizarse por la justicia  y la equidad. Y no quisiera parecer  un sindicalista. Los cristianos no somos ni de derechas ni de izquierdas. Tampoco somos del centro. Los cristianos somos de arriba. Nuestro deber es denunciar la injusticia y la inmoralidad con la Palabra de Dios, sea del color que sea. Como hizo Daniel en Babilonia, delante de Nabucodonosor, o de Belsasar, o de Ciro.

“Haced juicio y justicia, y librad al oprimido de mano del opresor, y no engañéis ni robéis al extranjero, ni al huérfano ni a la viuda…” ( Jeremías 22:3)

Seguro que Jeremías hablaría muy fuerte contra los ricos y los banqueros de nuestro tiempo que oprimen a la gente. El interés y la usura estaban prohibidos en el pueblo de Israel.

“No exigirás de tu hermano interés de dinero, ni interés de comestibles, ni de cosa alguna de que se suele exigir interés” (Deuteronomio 23:19)

“Precio recibieron en ti para derramar sangre; interés y usura tomaste, y a tus prójimos defraudaste con violencia; te olvidaste de mí, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 22:12)

Si tu hermano está en necesidad, dale gratuitamente o préstale sin intereses. Nunca te aproveches de la necesidad de otro para enriquecerte ni dejes de pagar lo que es justo para tu propia comodidad.

5. Verdad 5 – dá generosamente

Porque “más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35)

“Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado” (Proverbios 11:24-25)

Recordemos que el buen Samaritano tomó al que estaba herido, curó sus heridas, y además dejó pagados todos los días que necesitaba estar en el mesón (Lucas 10:35). Recordemos que el Señor nos dijo “El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo” (Lucas 3:11).

¡Pero para poder dar generosamente has de amar al Señor más que al dinero! El joven rico se encontró con Jesús y le dijo que guardaba toda la ley. Pero Jesús le respondió “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres   y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (Marcos 10:21).

¿Quiere eso decir que no se puede ser cristiano y rico a la vez?

¡No! Abraham fue un hombre rico. Job fue muy rico también.

¡Eso quiere decir que no puedes amar más a las riquezas que al Señor! ¡La generosidad es evidencia del fruto del Espíritu en el corazón del auténtico cristiano!

Efesios 4:28 dice que “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”. Que tu oración sea esta: “¡Señor, ojalá bendigas mi trabajo, aumentes mi sueldo, y vayan bien mis negocios, para que pueda ofrendar más y pueda dar más a mis hermanos!”

Tal vez estés pensando: “ Yo quisiera dar a mis hermanos, pero no sé quién está en necesidad…” ¡Ofrenda más! No siempre podemos conocer las necesidades de cada familia de la Iglesia en particular, pero puedes confiar en el buen criterio de los diáconos, quienes se ocuparán da dar ayuda a quienes lo necesiten. Si el Señor te ha bendecido y tienes más de lo que necesitas, ofrenda para que la Iglesia pueda ayudar a aquellos de entre nosotros que están en necesidad. Que la actitud de Bernabé nos inspire a todos:

“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hechos 4:34-37)

6. Verdad 6 – ¡controla tus impulsos!

Que tengas dinero en tus manos no quiere decir que puedas gastarlo de cualquier manera. El dinero es un bien que Dios nos da y hemos de ser responsables en su uso. Nuestra cultura nos empuja a gastar de forma irreflexiva e impulsiva, y nos hace creer que muchas cosas secundarias o incluso superfluas son una necesidad. Está muy bien tener nevera, coche, o Internet… pero tu vida no depende de ello. ¡No te precipites al usar el dinero! “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocada- mente, de cierto va a la pobreza” (Proverbios 21:5).

Si tienes problemas comprando impulsivamente ten en cuenta estos consejos:

Compra con una lista. Estamos en tiempos de crisis. Compra, pero no vayas de compras… Porque en las tiendas siempre hay algo de oferta, algo interesante, un 2×1, o un 3×1, o un “compre ahora y pague hasta el 2025”… Es curioso, pero según las tiendas nunca gastas, siempre ahorras “Se ahorra usted 200 euros”… ¿Pero sabes la verdad? La verdad es que ahorras mucho más de 200 euros si no compras lo que pretenden venderte. Compra lo de la lista, lo que realmente te hace falta, y regresa a casa lo antes posible.

Compra en efectivo. Si usas la tarjeta de crédito no puedes ver lo que gastas ni lo que te queda. Usa dinero de verdad, y verás hasta qué punto tu cartera se va vaciando a medida que vas comprando.

Aprende a decir que no. Cuantas veces te llaman por teléfono a casa para ofrecerte una “superoferta maravillosa que te hacen a ti en exclusiva y de forma especial y única por ser el mejor cliente de todos los tiempos”…. Aún no has abierto la boca y ya te están pidiendo los datos bancarios… Diles muy amablemente “¡no gracias!” Créeme. Seguro que no lo necesitas.

Alguien dijo que el materialismo es “gastarse el dinero que no tienes, en cosas que no necesitas, para impresionar a quienes no te importan”. Huye del consumismo. Podrías vivir con menos de la mitad de las cosas que tienes en casa. Mejor conservar ese dinero para la obra de Dios y para ayudar a tu hermano que está en necesidad.

7. Verdad 7 – ¡no debas nada a nadie!

Recuerda lo que dice Romanos 13:8 “No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros”. Si debes algo a alguien, que sea un abrazo bien fuerte. Dice Proverbios 22:7 “El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta”. Deber es sinónimo de “ser siervo” del que te prestó. Mientras que la Palabra nos dice “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres” (1 Corintios 7:23).

No pidas préstamos. Ni a los bancos, ni a los amigos, ni a nadie. Adopta esta norma general: “Si tengo el dinero, puedo comprarlo; si no tengo el dinero, no puedo comprarlo”. Proverbios 22:27 nos advierte “Si no tuvieres para pagar, ¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?” En este mundo de eufemismos, a la “deuda” se le llama “crédito”. Pero la realidad es que la “deuda” es “deuda”. Debes dinero. Y este planeta se ha hundido en una enorme crisis económica por culpa de  las deudas y la usura, y por pretender vivir por encima de las posibilidades reales.

¡No debas nada a nadie! ¿Sin excepción? Es cierto que  es difícil que alguien tenga 200 mil euros para comprarse un piso en Barcelona, ¿verdad? Como también es difícil tener 10 mil euros para comprar un coche, aunque siempre puedes comprar un coche de segunda mano y un piso más discreto por mucho menos. La “hipoteca” es casi inevitable en nues- tros días. Pero, ¿qué me dices de comprar a plazos un equipo musical? ¿De pedir un crédito para unas vacaciones en Hawai? Querido amigo, mejor te fuera seguir usando tu viejo radio- casete y llevar a tu familia a Mallorca, para poder dormir más tranquilo por la noche. No te endeudes. Huye de la deuda como si se tratara del mismísimo diablo.

8. Verdad 8 – no respaldes la deuda de otro

Dice Proverbios 17:18 “El hombre falto de entendimiento presta fianzas y sale por fiador en presencia de su amigo”. Avalar la deuda de otro supone endeudarte tú mismo, ya que estás ayudando a que alguien se endeude sin tener la certeza de que vaya a devolver ese dinero. ¿Hizo un buen cálculo de sus ingresos? ¿Está comprando por encima de sus posibilidades?

¿Está ahorrando por si le faltara el trabajo? Si no tienes buen juicio o eres irresponsable, estás arriesgando lo que tú tienes por otra persona.

Estoy de acuerdo con John McArthur cuando en uno de sus comentarios dice que como excepción se podría hacer algo así por un hijo, para ayudarle a comprar una casa, por ejemplo, porque al final si él no pagase serían los padres los que darían la cara por él. Pero como norma general tenemos proverbios como los siguientes:

“Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; Mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro” (Proverbios 11:15)

“No seas de aquellos que se comprometen, Ni de los que salen por fiadores de deudas” (Proverbios 22:26)

La alternativa bíblica al avalar la deuda de otros es dar, dar generosamente. Si tienes, da. Si no puedes dar, presta, sin intereses y sin usura.

9. Verdad 9 – ¡ahorra!

La hormiga guarda durante el verano para tener para el invierno (Proverbios 30:25). “Tesoro precioso y aceite hay  en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa” (Proverbios 21:20). José guardó alimento cuando había prosperidad, para los siete años de vacas flacas (Génesis 41). ¿Y tú, guardas algo, o te lo gastas todo? ¿Eres de aquellos que no saben tener dinero en la mano, porque en cuanto lo reciben desaparece?

Ahorra planificando tus gastos mediante un presupuesto mensual, para no gastar en otras cosas secundarias.

Ahorra viviendo siempre por debajo de tus posibilidades, no al máximo de tus posibilidades.

Ahorra para poder invertir el dinero, y el día de mañana poder dejar algo para tus hijos.

Ahorra, pero no seas un tacaño. No ahorres para amontonar riquezas como el Sr. Scrooge. Ahorra para los momentos de necesidad, para poder ayudar a tu hermano, para hacer una ofrenda al necesitado… y recuerda que los ahorros siguen siendo de Dios, Quién te da todas las cosas.

10. Verdad 10 – ¡sé rico para con Dios!

Dijo el Señor a sus discípulos: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Y entonces   el Señor les refiere la parábola del hombre rico y necio, que atesora muchos bienes, y luego Dios le dice “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:20-21).

¿Eres rico para con Dios? ¿Son tus riquezas materiales,  o espirituales?

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. (Mateo 6:19-21)

Querido hermano, que tus pies estén en el suelo. Sé un buen administrador de lo que Dios ha puesto en tus manos: dinero, tiempo, salud, fuerzas, Iglesia, familia… de todo ello te pedirá cuentas el Señor en el día final, y quieres que te diga: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23). Que tu vida sea gobernada por la fe y la prudencia en todas tus decisiones. Pero recuerda que la mayor de las riquezas no es terrenal.

Sí, que tus pies estén en el suelo, pero tu corazón esté  en el cielo. ¡Que tu meta no sea hacerte rico, sino agradar a Dios! Jesús fue tentado por Satanás en el desierto, y la tercera vez “le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:8-10).

Todo esto te daré, en latín, tibi dabo. Me acuerdo de este pasaje cada vez que subo con mis hijos a la montaña del Tibidabo y desde allí arriba contemplamos toda la ciudad de Barcelona. Sus casas, sus jardines, sus negocios, sus costas… Tibidabo son palabras del diablo. Es un extraño nombre para una montaña tan bonita y para la Iglesia católica que construyeron allí arriba. Te daré. Y Satanás nos sigue repitiendo hoy las mismas palabras. “Tibi dabo”. Cristo fue tentado con todas las riquezas del mundo, pero tu y yo solo necesitamos de la última oferta en el escaparate de la tienda de la esquina para hacer de las cosas materiales un ídolo: “¡Lo quiero! ¡Lo necesito!… ¡Haría cualquier cosa por tenerlo!”…

Mira al cielo. Si eres de Cristo puedes decir “Allí tengo mi mansión; Allí tengo mi tesoro; Allí tengo a mi Señor”. Lo de aquí será todo consumido por fuego muy pronto. Lo de allí permanecerá para siempre. Nada de lo que tengo en este mundo me lo puedo llevar a la Ciudad celestial; Nada de lo de aquí tendrá valor en la Nueva Jerusalén… donde las calles son de oro, y las puertas de perlas… Si como a aquel hombre hoy te dijeran: “Hoy vienen a pedir tu alma”. ¿Qué dirías? ¿Tienes tus deudas en la tierra pagadas, pero tu deuda eterna con Dios está aún por pagar? Recuerda que esa es tu deuda más grande… una deuda que solo se puede pagar con la sangre de Cristo.

Quisieras tener oro, quisieras tener plata, quisieras tener joyas, perlas, diamantes, y todo el dinero del mundo. La gente corre detrás de las riquezas porque creen que con ellas tendrán una vida mejor. Pero la respuesta no está en el dinero sino en aquello que es mucho más precioso que el dinero: la sangre preciosa del Señor Jesús.

“…sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19)

Cree en el Señor Jesucristo, y serás libre de tu deuda más importante, Tu deuda con Dios. Recibe el precioso regalo del tesoro celestial, y serás inmensamente rico.

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