EL ABORTO Y EL CRISTIANO

Por John Frame

Reforma Siglo XXI, Vol. 15, No. 1

A primera vista, el tema  del  aborto  parecería  tener una respuesta fácil para los cristianos. La Biblia prohíbe matar, el aborto es matar, por lo tanto, la Biblia prohíbe el aborto. Pero al echar una segunda mirada, el problema parece tornarse más difícil, porque no parece tan obvio que el aborto sea necesariamente un acto de matar. ¿Tiene un niño no nacido el mismo derecho a la vida que cualquier otro ser humano? Esta es una pregunta difícil de responder de la Biblia. Muchos cristianos no tienen el conocimiento suficiente para responder adecuadamente. Algunos cristianos creen que todo el tema es demasiado difícil, y por lo tanto, deciden no decir nada respecto al aborto. Pero este tema es urgente e importante para nuestra sociedad moderna.

Quiero sugerir que abordar el  tema del aborto no  es  ni muy fácil, ni demasiado difícil. Ciertamente no podemos resolver el asunto citando un par de versículos bíblicos. Es necesario ponderar bien el tema. Sin embargo, no es un tema con que el cristiano sencillo debe darse por vencido, dejándolo para los teólogos. Hay muchas cosas que todos los cristianos podemos decir con confianza con respecto al aborto. También hay espacio para un estudio más detallado y técnico sobre este asunto. El punto es que las Escrituras hablan lo suficiente- mente claro sobre varios aspectos del aborto como para no tener que quedarnos al margen de la discusión esperando que los “expertos” resuelvan. Veamos brevemente algunos aspectos no técnicos con relación al aborto.

  1. ¡Probad los espíritus!

El apóstol Juan llama a todos los cristianos a “probar los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1). ¿Cuáles son los espíritus detrás del ímpetu hoy para legalizar el aborto? Por supuesto son variados y muchos. Algunos dicen que el apoyo del aborto proviene de un espíritu de amor y cuidado por el bienestar económico, psicológico y físico de las mujeres y sus familias. Esta aseveración es difícil de evaluar. Podría ser verdadero amor, podría ser amor desviado, o podría ser odio por los mandamientos de Dios. Poder evaluar este “espíritu” de amor por la mujer dependerá en la forma que resolvemos el asunto a la luz de las Escrituras.

Pero hay otro espíritu presente con respecto al cual no  se puede equivocar. Este es el espíritu que dice “el feto es simplemente propiedad de su madre, con el cual ella puede hacer como quiera”. Cualquier cristiano puede reconocer este espíritu. Es el espíritu de la autonomía, de rebeldía contra Dios, del egoísmo, del pecado. No importa como definamos el feto a fin de cuentas, tenemos que afirmar que un feto no es meramente propiedad de su madre. Es una criatura de Dios. Aunque fuera una piedra o una planta, aún así pertenecería a Dios primero, y al hombre solamente como mayordomo bajo la autoridad de Dios. La destrucción sin sentido e imprudente de cualquier criatura de Dios es pecado.

2. El feto es un ser humano

Pero el feto es más que una piedra, planta o animal. En un sentido simple que no requiere ningún argumento sofisticado, el feto es humano. Algunos argumentan que el feto es una parte del cuerpo de la madre, y no es una vida “independiente”. Pero aunque fuera “solamente” una parte del cuerpo de la madre, todavía es humano — no menos humano que sus brazos o piernas. Y siendo humano, es hecho a la imagen de Dios. En la Biblia, la “imagen de Dios” abarca todo aspecto del ser humano, su alma, su cuerpo y todas sus partes. Las Escrituras nos dicen que no tenemos poder sobre nuestros propios cuerpos para hacer con ellos lo que queremos (ver 1 Corintios 6:12–7:4, un pasaje que trata específicamente las funciones sexuales). Por ser hechos a la imagen de Dios, no es lícito derramar sangre humana (excepto en los casos que las Escrituras lo autorizan, ver Génesis 9:6). Tomando en cuenta estas consideraciones, el aborto de un niño no nacido nunca puede ser un tema que se contemple de manera frívola, y nunca se puede realizar excepto por razones de las más necesarias.

3. ¿Cuáles “derechos” tiene un feto?

Ahora, la pregunta fuerte: ¿Es el feto no sólo humano, sino humano con el derecho pleno a la vida? Esta es la pregunta difícil con la cual luchan los intérpretes bíblicos. Sospecho que no van a poder producir una respuesta convincente. Pero aunque no podamos responder contundentemente, todos debemos tener alguna actitud al respecto. Tenemos que tomar decisiones prácticas, y estas decisiones prácticas requieren presuposiciones. ¿Asumimos que el niño no nacido es un ser humano, o asumimos lo contrario? La respuesta dirigirá nuestra conducta. Y aunque yo creo que es difícil responder específicamente de la Biblia, también creo que no es difícil mostrar lo que nuestra presuposición debe ser. Consideremos lo siguiente:

  1. No existe prueba en la Biblia de que el feto sea algo menos que un ser humano desde el momento de la concepción. Éxodo 21:22–25 es el único pasaje a que algunos intér- pretes apelan para probar que un feto es menos, pero este pasaje no resuelve el dilema de ninguna manera. Según la interpretación de algunos, este pasaje le da menos valor a un niño no nacido. Pero no enseña que el feto es menos que un ser humano —algo que se debería probar—. Pero aún más, la mejor interpretación del pasaje afirma clara- mente que el feto es un ser humano.
  2. Las Escrituras ciertamente enseñan que el infante no nacido tiene una importancia independiente como ser humano potencial. Esto implica que el feto es más que una parte del cuerpo de su madre. Dios tiene un cuidado personal e íntimo de tal vida potencial (ver Salmo 139:13–16; Jeremías 1:5; Salmo 51:5). Estos pasajes no prueban que el feto es un ser humano actualmente, pero sí lo colocan en un plano especial.
  3. No existe ningún principio bíblico, científico ni filosófico que nos permita especificar el momento entre concepción y nacimiento en el cual emerge un ser humano desde algo inferior.
  1. Desde el momento de concepción el niño no nacido posee todos los cromosomas completos de un ser humano, lo cual lo separa de su madre como un ser independiente de ella.

Resumamos: No existe ninguna forma en absoluto para demostrar que un feto es otra cosa que un ser humano, desde concepción hasta nacimiento. No hay ni siquiera probabilidad de que sea otra cosa que un ser humano. Existen evidencias científicas y bíblicas que prueban que el niño no nacido tiene significado independiente, no como una mera “parte” del cuerpo de la madre, sino un ser que continúa su existencia personal hasta su existencia posnacimiento. La evidencia cien- tífica aun sugiere que el feto es una vida independiente de la madre desde su concepción. Todas las probabilidades, entonces, caen al lado de la perspectiva de que el niño no nacido es un ser humano con pleno derecho a la vida.

Dadas estas consideraciones, ningún cristiano podría atreverse a tomar la vida de un niño no nacido, so pretexto de que “no es realmente una persona”. Hacer tal cosa sería arriesgar una violación del sexto mandamiento, y como este riesgo no tiene nada positivo en su favor, sería pura desobediencia tomar ese paso. Ningún cristiano podría tomar la vida de un feto pensando que lo estaría haciendo “para la gloria de Dios”. Ningún cristiano lo podría hacer “en fe”. Y no olvidemos que lo que no proviene de fe, es pecado (Romanos 14:23). Debemos reconocer claramente que toda la evidencia bíblica asume que el niño no nacido es un ser humano desde el momento de concepción, y siendo así, tiene el mismo derecho a la vida como cualquier otro ser humano.

4. ¿Es todo aborto igual al homicidio?

¿Significa todo esto que todo aborto es homicidio? No. El sexto mandamiento, tomado en el contexto de toda la Biblia, permite en algunos casos la muerte de seres humanos. La mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo que las Escrituras permiten que el gobierno civil defienda la nación con la fuerza. Si la muerte de madres con sus criaturas en el vientre murieran en tal guerra, sería una gran tragedia, pero como otras muertes de las personas en tiempo de guerra no sería necesariamente una violación del sexto mandamiento.

¿Existen otras circunstancias en tiempos de paz cuando un aborto podría ser justificado? La única condición bíblica con fundamento cristiano que yo puedo imaginarme sería en el caso en que el feto debe morir para salvar la vida física de la madre. El sexto mandamiento no sólo prohíbe matar a otro, sino también ser diligentes en preservar la vida. En este caso se tendría que escoger entre dos obligaciones: preservar la vida de la madre, o evitar la muerte del feto. Ya que una madre es más importante para la familia, la Iglesia y la comunidad, su vida tiene prioridad sobre la del niño.

5. Resumen

Los cristianos afirman estas cuatro conclusiones con base en las Escrituras. Y a pesar de que no sean puntos muy técnicos, sin embargo, estas conclusiones dicen mucho acerca de nuestra actitud en cuanto al aborto. El cristiano puede y debe oponerse al aborto, para la gloria de Dios.

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