DESARROLLANDO UNA COSMOVISIÓN BÍBLICA

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 7, No. 2

Introducción: 

Dijo J. Gresham Machen en aproximadamente el año 1925: 

«El Cristianismo tiene que saturar, no tan solo todas las naciones, sino también todo el pensamiento humano.  El cristianismo, por tanto, no puede sentirse indiferente ante ninguna rama del esfuerzo humano que sea de importancia.  Es preciso que sea puesta en contacto, de alguna forma, con el evangelio. Es preciso estudiarla sea para demostrar que es falsa, sea para utilizarla en activar el Reino de Dios.  El Reino debe ser promovido; no sólo en ganar a todo hombre para Cristo, sino en ganar al hombre entero» (Cristianismo y Cultura, p. 11).

Machen escribió en un contexto cuando el secularismo ganaba terreno en Estados Unidos, y la iglesia protestante estaba encerrándose dentro de sus templos con una postura defensiva.  La Iglesia no le hizo caso a Machen, el secularismo tomó la sociedad, y la Iglesia se hizo irrelevante.  Desde ese tiempo para acá, la cultura norteamericana se saturó primero del secularismo, y el secularismo ha creado un vacío espiritual que abrió la puerta para el nuevo paganismo, la Nueva Era, etc.

En América Latina estamos experimentando otro fenómeno.  La Iglesia Católica nunca creó una cosmovisión consistentemente cristiana, sino que permitió una mezcla sincretista de animismo con un barniz ‘cristiano’.  Con el bombardeo contemporáneo del secularismo desde  Estados Unidos y Europa, ahora pelean por la preeminencia las dos cosmovisiones – el animismo y el secularismo.  Por eso encontramos que la misma persona puede creer en el sistema cerrado de la evolución y las ‘leyes’ naturales mientras practica el yoga, lee libros de la Nueva Era y busca ponerse en contacto con su Verdadero Yo, el Ser Superior.

En todo esta maraña de filosofías y confusión, la Iglesia evangélica brilla por su ausencia.  Contenta con levantar ofrendas, pagar el salario del pastor, y fingir el trabajo del reino realizando reuniones, la Iglesia está totalmente ausente del campo de batalla.  Una lectura de los libros de la Nueva Era nos dice la verdad.  Los paganos modernos ya no consideran que la Iglesia evangélica sea una amenaza muy fuerte a su programa.  Ni siquiera pierden tiempo rebatiendo el cristianismo.  Una excepción notable ha sido el libro El Código DaVinci por Dan Brown, cuya crítica abierta del cristianismo ortodoxo ha resonado con el pensamiento de miles de lectores.  Las ventas del Código asombran no sólo por su cantidad (25 millones en muchos idiomas), sino por la recepción positiva que le ha dado toda una generación.  En esto podemos ver cómo el secularismo minó el fundamento del cristianismo ya débil en América Latina, y el paganismo de Dan Brown y otros vino a suplir el vacío religioso.

Lo importante de todo esto no es que haya una batalla de cosmovisiones.  Siempre ha habido una batalla. Lo importante es que la cosmovisión cristiana no tiene promotores efectivos en este momento.  Las dos cosmovisiones que ahorita juegan en la cancha son el secularismo y el animismo pagano, que realmente terminan siendo compatibles.  El secularismo no se resiente a una religión que no lo desafíe, y el animismo tolera cualquier otra filosofía mientras no sea el cristianismo bíblico.

Si los cristianos han sido castrados de su virilidad, ¿cuáles son los factores principales?  Sin duda, hay varios. El principal factor hoy es el llamado ‘evangelio de la prosperidad.’  Ante el llamado de Cristo a ‘negarse a si mismo, tomar su cruz, y seguirle’, estos mercaderes del evangelio hoy niegan a Cristo y dan rienda suelta a su propia codicia.  Como dijo uno: «No me hable de cruces. ¡Yo ando en victoria!» Convenientemente arrancan de su biblia las hojas que no les gustan. ¿Qué oposición podrá levantar este ‘evangelio’?  Al contrario, el evangelio falso de la ‘prosperidad’ se une al paganismo moderno buscando manipular a los dioses en beneficio propio.  Fiel a sus raíces paganas, se acopla perfectamente con la expansión del animismo en nuestro continente.

Otro factor es el poco esfuerzo mental que los cristianos hoy están dispuestos a hacer.  Parece que muchos confunden la obra de Cristo, creyendo que Cristo vino para borrar no sólo sus pecados sino ¡su cerebro también!  Hace poco salió en nuestro periódico nacional La Nación un artículo manifestando totalmente una perspectiva pagana sobre el Tsunami en la India.  El autor del artículo citó otro personaje que opinaba que la ‘Madre Naturaleza’ está adolorida, está enferma por la contaminación que le hemos hecho, y cosas como tsunamis, huracanes, tornados y terremotos son las consecuencias de esta ‘tristeza’ de nuestra Madre.  Ahora, ninguna de estas cosas nos sorprende, que desde los aborígenes más primitivos estas ideas abundan.  Lo que sorprende – y no deja de preocupar – es oír a cristianos hablando de la misma forma.  He oído a varias personas cristianas referirse al Tsunami diciendo, «Es que la tierra ya no aguanta», así manifestando la cosmovisión que promueve el paganismo.  ¡Que tan fácil sucumben los hijos de Dios!  En estos días que escribo este artículo están pasando una propaganda en la televisión con paisajes muy hermosos,  tomas de animales lindos, puestas de sol, lugares bellos – con un mensaje de ‘cuidar nuestra Madre, la naturaleza, porque ella nos cuida, nos alimenta, y está enferma y adolorida’. Y sin discernimiento alguno los cristianos loros andan repitiendo lo mismo.

Hoy urge oír bien las palabras del apóstol: «No os conforméis a este siglo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…» (Rom. 12:2).  Esta es la victoria que Dios nos ha prometido.  Es obvio que las reprensiones de demonios, las campañas para ‘limpiar los aires de poderes diabólicos’, y las demás tácticas ‘mágicas’ que emplean algunas iglesias no están funcionando.  Cada día el secularismo aprieta más el cuello de nuestras culturas, y cada día el paganismo gana adeptos, susurrando al oído sus promesas sublimes.  El único camino a la victoria será una renovación de nuestro entendimiento y él de los que nos rodean.  Los cristianos hemos cedido el sector público.  En los debates públicos sobre las políticas del país, los asuntos de importancia como la seguridad, la economía, la educación – nunca se oye una presentación hábil de lo que enseña la biblia sobre estas cosas.  Los cristianos en gran medida, en desobediencia a Dios, nos hemos conformado a este siglo y no nos hemos transformado por una renovación de nuestro entendimiento.   La pereza, el miedo, la falta de interés – estas cosas han sido nuestros pecados.  No lloremos cuando los secularistas y los paganos se juntan para intentar eliminar la Iglesia – cosa que ya se ha hablado en más de una publicación.

Definiendo nuestros términos

¿Qué es una cosmovisión, y qué papel juega?  Darrow Miller (Discipulando Naciones, p. 37) da el ejemplo de lentes de color.  Ver el mundo a través de lentes color ámbar no es lo mismo que ver el mundo con lentes de color rosa.  Yo me acuerdo cuando mi papá me llevaba a pescar en el mar, y él siempre llevaba lentes oscuros ‘polaroid’ porque uno podía ver dentro del agua sólo con esos lentes.  Se veía los peces, los manta rayas, y los delfines.   A veces papá me prestaba sus lentes para yo ver las cosas que con los ojos naturales no se podían ver.   

Así es una cosmovisión.  La realidad no cambia.  Pero su cosmovisión te permite apreciar o no ciertos aspectos de la realidad.  También su cosmovisión funge como paradigma para dar las respuestas a las preguntas básicas del hombre: ¿Cómo podemos saber?  ¿Qué es la verdad?  ¿Hay un propósito para mi vida?  ¿Qué pasa más allá de la muerte?  Por ejemplo, un ateo no verá ninguna evidencia de la mano de Dios ni en la creación ni en los acontecimientos de su vida.  Su cosmovisión secular no le permite ver tales cosas.  El buddhista verá los acontecimientos de su vida – buenos y malos – como eventos ilusorios, no participan de la ‘realidad más real’ del universo.  Su cosmovisión le dicta que el camino es buscar ‘trascender’ lo ilusorio por medio de la práctica de la meditación trascendental.  En cambio, un cristiano verá la mano de Dios tanto en el mundo como en su vida, y su cosmovisión le llevará a buscar la voluntad de Dios en su Palabra y en la oración.

Nuestra cosmovisión influye en cada aspecto de nuestra existencia.  Es posible que una persona sea inconsistente, e intente mezclar dos diferentes cosmovisiones.  Sin embargo, toda actividad y creencia será guiada por su cosmovisión.  Y por ende, nuestra cosmovisión excluye la posibilidad de otras actividades.  El ateo no puede orar a Dios sin una transformación de cosmovisión, sencillamente porque su cosmovisión secular no incluye la persona de Dios.  El buddhista no puede experimentar su culpa y buscar a Cristo sin un cambio de cosmovisión  porque no cree que dará cuentas a un Dios personal.  En esto vemos que la transformación de cosmovisión es parte integral de la conversión a Dios.  Sin embargo, muchas iglesias no entienden y no se esfuerzan por asegurar esta transformación.  Por tanto, nuestras iglesias están llenas de ‘cristianos seculares’ y ‘cristianos animistas’ – medio creyendo en Cristo y medio viviendo su vida de acuerdo a su vieja cosmovisión.

Los términos que Jesús usó muestran que la conversión tiene que ser la transformación más grande en nuestras vida que pueda haber.  Él habló de salir de ‘las tinieblas a la luz’ (Juan 8:12) – un contraste total.  ‘Nacer de nuevo’ era parte del mensaje de Jesús (Juan 3) – ¡un contraste aún más grande!  No hay otro camino (Juan 14:6), no hay otro nombre (Hechos 4:12), no hay otra puerta, ni otro pastor (Juan 10).  Tomados juntos, estos conceptos nos obligan a comprender que el cristianismo incluye como parte integral de su mensaje la transformación de nuestra cosmovisión.  El cristianismo desafía la cosmovisión secular, y la cosmovisión animista.

¿Qué es la cosmovisión ‘secular’?  Básicamente el secularismo mira el universo como una máquina impersonal, con leyes mecánicas, generalmente dirigidas por el proceso de la evolución.  En este universo ‘cerrado’ no interviene ningún Dios.  Algunos secularistas ‘creen’ en la existencia de Dios, pero no creen que tenga algo que ver con el mundo, para ellos Dios no interviene en los procesos evolutivos.  El hombre es sencillamente parte del proceso evolutivo, sin ningún valor más que cualquier otra cosa en el mundo.  Por esto las culturas seculares pueden sentir lástima igualmente ante niños que mueren en África o una ballena varada en la playa.  Y de igual modo estas culturas pueden abrir la discusión de matar infantes (el aborto) y ancianos (eutanasia).  No hay vida después de la muerte.  No hay cuentas que rendir a ningún Dios.

¿Qué es la cosmovisión ‘animista’?  El animismo dice que la realidad no es material, sino espiritual.  Detrás de lo que vemos y palpamos hay una realidad que no podemos ver, pero que lo controla todo.  Los animistas politeístas creen que miles de demonios y dioses controlan los eventos y las cosas de la vida, poseyendo las cosas ‘materiales’.  La meta es poder apaciguarlos de alguna forma – generalmente ayudados por el brujo o shaman. El buddhismo y la Nueva Era enseñan que el universo es Uno, y que todos somos emanaciones del Uno, y tenemos nuestra verdadera identidad como parte del Uno.  Los seguidores son guiados por maestros o gurús a la ‘verdad’.  Las cosas que vemos y experimentamos realmente son ilusorias, y el propósito del hombre es buscar su unión total con el Uno, sin dejarse perturbar por los eventos ilusorios de la vida.  Tanto lo bueno como lo malo son parte del Uno, por tanto todas las paradojas y los opuestos son unificados en el Uno.  Lógicamente esto tiene grandes consecuencias para la ética, el sentido de mayordomía,  y la compasión.  El hinduismo, por ejemplo, no puede dar una buena justificación para ayudar a los pobres, porque los ve como parte del proceso necesario de múltiples reencarnaciones en el camino hacia el Uno.  No es casualidad que los países hindúes han sido entre los más pobres del mundo.  Nuestra cosmovisión controla la forma en que respondemos a las circunstancias de la vida. 

La cosmovisión que Dios dejó

Dios creó al hombre para que operara con una ‘cosmovisión’ – es decir, con un marco de referencia en el mundo.  Dios nos ha creado como seres racionales con la capacidad y la necesidad de juntar los eventos de nuestra vida bajo un paradigma coherente.  Esto lo reconocen los sociólogos y antropólogos de hoy.  El concepto de ‘cultura’ y de ‘cosmovisión’ implica estos paradigmas.  Pero la mayoría de los antropólogos creen que la diferencia de cosmovisiones resulta de la casualidad o de circunstancias relativas.  La biblia nos enseña, por el contrario, que  Dios no sólo nos dio la capacidad de formar un paradigma coherente de la vida, sino que nos dio el paradigma.  Los capítulos 1 y 2 de Génesis son el relato detallado de la cosmovisión que Dios quería que la raza humana tuviera.  Sin duda Dios se lo relató a Adán, y esto lo sabemos por los mitos de las otras naciones que guardaron vestigios del antiguo relato de la creación (como los mitos babilónicos, por ejemplo).  Lo que Dios le relató a Adán fue transmitido oralmente a generaciones posteriores, por supuesto en formas corruptas justificando al hombre en cuanto a la responsabilidad por el pecado.  Sólo en el relato de Génesis encontramos que el hombre es el único responsable del mal.  En los otros mitos religiosos el mal existe antes y fuera del hombre, y el hombre es más bien víctima del mal.

¿Cuáles son los elementos básicos de la cosmovisión que Dios le dio a Adán?  Son varios, que veremos enseguida.

Elementos de la cosmovisión bíblica

1)  En primero lugar, la total distinción entre Dios como Creador y el mundo como creación.  Esta distinción era única en el tiempo en que Moisés escribió Génesis.  Otros mitos paganos decían que el hombre era el resultado de guerras entre los dioses, y que el hombre era formado de los cuerpos muertos de los dioses.  Ninguna religión pagana comparte la total distinción entre Dios como Creador y la creación ‘ex-nihilo’, es decir, de la nada.  Todas las otras religiones animistas creían que el hombre era una ‘chispa’ de lo divino, era parte del ciclo universal de la regeneración divina.  Por eso los adoradores de baal, por ejemplo, podían participar y dramatizar el ciclo de la tierra y su fertilidad en sus templos, haciendo uso de la prostitución ‘sagrada’ – tanto de mujeres como de hombres.  De esta manera intentaban unirse al ciclo ‘divino’ de su dios – el mundo.  

En contraste, Dios deja bien claro en Génesis 1 que él ordenó todas las cosas tranquilamente para su gloria.  La repetición de la frase «Y vio Dios que era bueno» muestra que Dios crea el mundo para su deleite y su gloria.  Al terminar la creación de todas las cosas y del hombre a su propia imagen, se repite con énfasis: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31).  En Génesis 2 encontramos el propósito especial de Dios para el hombre.  Tanto el hombre como la mujer son puestos por Dios en su mundo para cuidarlo y desarrollarlo para su Creador.  Adán era mayordomo de Dios, señor sobre el mundo para el Gran Señor, y Eva su ayuda idónea.  Juntos debían poblar la tierra para que hubieran muchos mayordomos de Dios, y que su labor cultural y laboral glorificara a Dios, imitándolo al ‘crear’ un orden mundial que reflejara el Creador.  Toda actividad debía girar en torno a esta cosmovisión.  Adán y Eva eran responsables ante Dios por una tarea muy importante y muy sublime.  Laboraban para su Creador. Su tarea les era dada. Y Dios llegaba a menudo para conversar con ellos y para ver cómo les iba.  Esto es lo que pasó en Génesis 3, cuando Dios llegó y los encontró desnudos, avergonzados y escondidos – porque habían pecado.

La cosmovisión que Dios le dejó al hombre tenía como fundamento la distinción entre Dios como Creador, y el mundo (incluyendo al hombre) como criaturas hechas para la gloria de Dios.  Pablo dice en Romanos 1:18-32 que la ira de Dios está siendo manifestada desde el cielo precisamente porque los hombres no quieren honrar al Creador, y honran a las criaturas en lugar de Dios.  Este pasaje, junto con Génesis 3, nos muestran que el asunto de ‘cosmovisión’ no es un asunto neutral.  Para mantener una relación feliz con Dios, Dios exige que esta distinción fundamental se guarde.  No permite que lo confundamos con su creación.  Dios creó al hombre con la capacidad de reconocer la cosmovisión que él estableció, y esta cosmovisión se ajusta a la realidad verdadera.  Interesantemente, toda religión pagana ataca este punto fundamental.

2) En segundo lugar, la cosmovisión bíblica incluye el hecho de que el hombre fue creado a la imagen de Dios.  Ya lo mencionamos arriba, pero conviene ampliar este punto.  El ataque contra la cosmovisión bíblica siempre incluye rebajar al hombre de su lugar privilegiado, para ponerlo a un nivel igual (¡o inferior!) a las otras criaturas.  Muchas de las mismas personas que pelean para que no se corte ningún árbol son las que apoyan el aborto.  Los árboles son elevados más arriba que las personas, y los infantes rebajados a objetos dispensables.  

El relato de Génesis reitera con énfasis el hecho de que el hombre fue creado de una manera muy especial y diferente a los demás animales.  Tanto los animales como el hombre fueron hechos de la tierra – pero sólo al hombre Dios le sopló ‘el aliento de vida’ (Génesis 2:7).  Este soplo está relacionado en el resto de las Escrituras con el Espíritu de Dios.  Fue el Espíritu Santo que creó de manera especial al hombre a la imagen de Dios, vistiéndole de las cualidades especiales de santidad, dominio y gloria.  Fue estas vestiduras de la imagen de Dios las que lo capacitaba para ejercer su labor importante como mayordomo.  Al tener la santidad de Dios impresa sobre su corazón, las motivaciones del hombre armonizaban con las de Dios.  Al tener el impulso de dominio y de gobernar dado por Dios, el hombre sería es gran explorador y conquistador del planeta.  Al tener un anticipo de gloria plena, el hombre sabía que el futuro guardaba etapas aún mejores para él y su descendencia.  Ninguna otra criatura tenía estas cualidades, y aunque el pecado distorsionó terriblemente la imagen de Dios, vemos que de una forma u otra – aunque sea en pecado – el hombre sigue desenvolviéndose conforme a esta imagen.

Sólo el cristianismo y sus derivados le dan al hombre este lugar.  Las demás ‘religiones’ del mundo (incluyendo el secularismo y la evolución) rebajan al hombre a nivel de los demás animales o criaturas.  La Nueva Era hoy nos dice que debemos tener respeto por ‘todos los seres vivos’ – aún las plantas – porque forman parte con nosotros de la totalidad de la existencia.  Me imagino que esto quiere decir ‘masticar las zanahorias con respeto’. A pesar de lo ilógico y de lo absurdo, podemos decir que probablemente la mayoría del mundo hoy no cree que el hombre tenga un lugar cualitativamente diferente que los animales.  

Por supuesto una cosmovisión animista que rebaja el lugar del hombre a nivel de todas las demás criaturas resultará en una cultura de pobreza.  Esto está probado por la historia.  La creencia en la reencarnación produjo el sistema de castas en la India, justificando las clases en la sociedad y justificando la no-ayuda para los pobres.  Pero de igual manera en América Latina, nuestras culturas que están  influenciadas por el animismo viejo y el evolucionismo nuevo, carecen de un impulso interno para erradicar la pobreza.  El animismo latino, con su típico fatalismo, acepta su suerte como su destino.  El secularismo, con su individualismo, promueve el egoísmo y la codicia personal.  De esta manera la pobreza del continente probablemente se empeorará en los futuros años.  Sólo un aprecio de la imagen de Dios en el hombre, y sólo un Evangelio que haga florear las enseñanzas bíblicas  ricas sobre esta imagen, podría llevar a la transformación.

3) El hombre como mayordomo y responsable.  El tercer aspecto de la cosmovisión bíblica es el hecho que Dios responsabiliza al hombre por crear culturas obedientes a El.  Dios ha revelado en su Palabra las normas por las cuales el hombre debe desarrollar su actividad cultural, y Dios pedirá cuentas al hombre en el juicio final.  Cuando Adán y Eva pecaron, estaban negando su responsabilidad ante Dios, negando que habría un juicio, y despreciando la tarea que Dios les había dado.  

Es común oír hoy: «Ya no hay temor de Dios».  La frase acierta. Si bien no todas las personas en el siglo anterior eran verdaderos creyentes, sin embargo muchos creían por lo menos en un juicio final, y esto servía para frenar la violencia y la maldad.  Hoy las nuevas cosmovisiones descartan por completo un Dios y un juicio final – por tanto ‘ya no hay temor de Dios.’  Hemos cambiado paradigmas. Hemos cambiado de cosmovisión.  Un Dios personal que pedirá cuentas ya no forma parte de nuestros pensamientos.  Ahora los pandilleros matan y roban con consciencia limpia – no pierden sueño ni por un minuto.  Pero no sólo los pandilleros – muchos en la población mienten, roban, fornican y viven vidas muy alejadas de las normas de Dios sencillamente porque no temen ni creen en la existencia del Dios bíblico.  Hemos cambiado de cosmovisión.  El sentido de responsabilidad sólo puede nacer desde dentro por valores creídos .  No se puede ‘legislar’ un sentido de responsabilidad.  Es por esto que muchos políticos de siglos pasados, sin ser creyentes ellos mismos en la fe bíblica, abogaba a favor de la religión como una fuerza que creaba este sentir de responsabilidad humana.  Con la deconstrucción moderna que han realizado los secularistas y los modernos paganos, y con la pérdida de la fe en Dios y la biblia, también se ha perdido todo sentido de responsabilidad.  Algunos intentan fútilmente manipular a las masas por medio de la culpa, como por ejemplo con el tsunami pasado.  Según algunos comentaristas el tsunami fue el resultado de que los Estados Unidos y Europa han contaminado la Madre Naturaleza, y ahora está enojada y explota.  Ignorando la incoherencia del porqué Estados Unidos contamina, pero mueren los indios (¡!), esta forma de inculcar ‘responsabilidad’ por medio de culpa nunca funciona.  Hoy la actitud de más y más personas es: «¿Qué importa?»  Hace más de un siglo Nitzche profetizó que junto con la ‘muerte’ de Dios vendría la necesaria pérdida de propósito trascendental para el hombre.  Ya hemos llegado a su cumplimiento. La cultura de drogas, suicidio, violencia, abandono del hogar, el sexo sin compromiso – todo este descalabrado desenfreno muestra el grado de extravío que el hombre moderno ha buscado.

El cristianismo bíblico es la única religión que puede inculcar un sentir de responsabilidad real en el hombre, porque exalta la realidad que fuimos creados a la imagen de Dios, y Dios pedirá cuentas a su mayordomo.  A pesar de que el hombre moderno intenta suprimir este sentir, no puede del todo.  Cuando Dios creó al hombre a su imagen, lo creó como un ser de pacto.  Dios se relaciona con los hombres siempre por medio de pactos.  En Adán, Dios se relacionó con toda la raza humana – Adán fue nuestra cabeza representativa.  En Adán, todos somos violadores del pacto que Dios hizo con nosotros, y todos seguimos los pasos de nuestro padre Adán, intentando huir de nuestra responsabilidad.  Sin embargo, no podemos. Impreso en nuestra alma está el conocimiento de que tenemos responsabilidad por el planeta – y en ese conflicto el hombre a saltos y brincos intenta componer lo que nosotros mismos descomponemos.  Es por esto que vemos muchos ejemplos de la restauración de partes del mundo.  Muchos países han logrado limpiar lagos, ríos, reforestar, reducir la contaminación – porque dentro de nuestro corazón sentimos que los hombres, y sólo nosotros, somos responsables por el mundo.  Pero la ignorancia y el pecado siempre distorsionan el proceso, y se hace por motivos egoístas, o se hace de manera desproporcional.  Solamente la religión bíblica, solamente una cosmovisión bíblica, puede capacitar al hombre para asumir su responsabilidad ante Dios por el cuidado del planeta.

El tema de la responsabilidad es uno muy importante que Darrow Miller toca al fondo en su libro Discipulando Naciones, libro que recomendamos como lectura necesaria en esta materia.  Las cosmovisiones seculares y animistas colocan la responsabilidad de los problemas del hombre fuera del hombre mismo.  La pobreza es impuesta.  Los recursos faltan. El colonialismo oprime.  Somos víctimas.  Sin cuestionar que existen muchas injusticias, opresión y falta de recursos en este mundo, Miller en primer lugar destaca varios ejemplos en que culturas con todos estos problemas surgieron adelante para llegar a ser prósperos.  Por tanto no podemos decir ‘a priori’ que estos factores son la causa de la pobreza.  En segundo lugar, una cosmovisión bíblica nos permite ver que la pobreza y el atraso es más una cuestión de creer y vivir la mentira y la desobediencia que otra cosa.  Dios ha dado al hombre – a todos – un poder creativo. La mentira de Satanás es hacernos creer que somos víctimas incapaces.  Para muchos, la forma de su desobediencia a Dios es aceptar y creer la mentira de que otros tienen la culpa de mis problemas, y por tanto, otros deben resolverlos.  Este fatalismo y conformismo conduce a una cultura de pobreza, y a la vez niega nuestra responsabilidad ante Dios como mayordomos.

Una vez visité una familia muy pobre que tenía un terreno detrás de su casa.  Les pregunté por qué no sembraban algunas verduras, ayote, etc.  La respuesta fue, «no tenemos dinero para la semilla».  Les sugerí que guardaran semillas de la próxima verdura que compraban para comer.  Respondieron, «si algo crece, el cerdo se lo come».  Cuando respondí que podían poner algún tipo de cerco, la respuesta fue, «los vecinos lo robarían».  Bueno. Toda esta red de pretextos forman parte de las mentiras que los mantienen en la pobreza.  No quieren asumir la responsabilidad ante Dios por sus vidas.

Como una cosmovisión es algo compartido por una cultura entera, o sectores de una cultura, debemos entender que el Evangelio tiene implicaciones culturales y amplios también.  ‘Salvar almas’ no es la meta de la evangelización.  ‘Hacer discípulos’ es.   Dios nunca mandó a sus discípulos a salvar almas.  Los envió a hacer discípulos.  Un discípulo es un aprendiz, es un reflejo de su Maestro.  El mensaje superficial de la Iglesia evangélica hoy es una afrenta a nuestro Señor Jesús, que mandó «enseñar que guarden todas las cosas que yo les he mandado» (Mateo 28:20).  Este mandato implica mucho más que llevar una persona a la conversión.  Implica restaurar la imagen de Dios en aquella persona en todas sus actividades, restaurándola como mayordomo de su Creador.  Y como mayordomos de Dios, nuestra influencia no se limitará tan sólo a la iglesia o nuestro hogar, sino que se extenderá a todas nuestras relaciones sociales y culturales.

Enemigos de la cosmovisión bíblica

Los elementos principales de todos los ataques contra la cosmovisión bíblica los encontramos al puro principio de la historia, en Génesis 3, cuando la serpiente tienta a la mujer.  Veamos los cuatro ataques contra la cosmovisión de Dios.

1)  El rechazo de una Palabra específica de Dios – Satanás le pregunta a la mujer, «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?»  La pregunta en sí está equivocada.  Dios nunca le había dicho tal cosa.  De todos los árboles, sólo prohibió dos.  Satanás con astucia quiere llevar a la mujer a cuestionar no solamente la orden de Dios, sino la autoridad misma de Dios.  Quiere llevarla a cuestionar la posibilidad de un mandato específico, lógico y racional.  La pregunta de Satanás va dirigida contra cualquier palabra específica desde fuera de su experiencia.  Y de hecho, Satanás logra implantar esta duda en Eva.

La esencia del paganismo y de toda filosofía anti-bíblica es el rechazo de una palabra desde fuera de la experiencia del hombre.  Tanto el secularismo como el animismo busca dentro del hombre para las respuestas de su existencia – como hijos legítimos de la serpiente.  Este es el camino al cual Satanás quiere llevar a Eva.  ¿Conque Dios ha dicho…?»  Es la misma pregunta que el hombre incrédulo ha hecho durante el resto de la historia.  Aprendimos bien de nuestros padres.

2)  «No morirá  Ante la respuesta de Eva que podían comer de todos menos dos, y que morirían si comían de los árboles prohibidos, Satanás se olvida de su primera pregunta.  Opta por negar abiertamente lo que Dios dijo.  Pero su negación es de crucial importancia.  Con decirle a Eva que no moriría, había muchas implicaciones envueltas.  1) Adán y Eva no tenían que dar cuentas a Dios;  2) Adán y Eva no tendrían que sufrir ningún castigo por desobedecer a Dios.  Eran sus propios jueces. 3) Adán y Eva no tenían que preocuparse por ser mayordomos responsables ante Dios el Rey, sino que podían escoger a su propio dios – la serpiente si así se quería.  4) Podían incluso escoger la inmortalidad aparte de ninguna obligación ética, podían gozar de la vida eterna de otras formas de las que Dios dijo.  Ellos podían determinar su propio futuro.  También tuvo éxito estas mentiras de Satanás.

3)  «…serán abiertos sus ojos, y serán como Dios, sabiendo el bien y el mal»  La serpiente ofrece el camino de la ‘redención’ – el conocimiento esotérico que lleva a la divinización.  Les ofrece la blasfema opción de ser dioses.  Los tienta con conocimientos ocultos más allá de lo que han experimentado.  Los invita a echar por tierra lo que habían conocido del Dios Creador, su gloria, su majestad – y cambiarlo por algo aún desconocido pero ‘apetecible’.  Seguramente Pablo tenía en mente este escena cuando dijo en Romanos 1:21-23:   

Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.  Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Y el refrán ‘tal padre, tal hijo’ se cumple hasta hoy, mientras la raza humana sigue buscando su inmortalidad aparte del Dios Creador y su Palabra.  El secularismo busca con desesperación la esperanza para el mundo en la racionalidad del hombre.  El Segundo Manifiesto Humanista, rechazando abiertamente la existencia de Dios y la vida después de la muerte, hace la siguiente afirmación:

Los valores humanistas harán posible desencadenar el espíritu creador del hombre, el panorama y la disposición para que todos trabajemos juntos.  Esta perspectiva enfatiza el papel que los seres humanos pueden jugar en sus propias esferas de acción.  En las décadas por venir serán necesarios hombres y mujeres con mentes claras, capaces de canalizar la voluntad, la inteligencia y las destrezas cooperativas hacia la formación de un futuro deseable.  El humanismo puede proveer los propósitos y la inspiración que busca la gente; el humanismo es la gran mina de donde pueden brotar la satisfacción personal y la razón de ser de la vida humana (Introducción.  Énfasis mio).

Sin embargo, para muchos el racionalismo y el humanismo no ha cumplido con ser esa ‘mina’, y el occidente en masa está cambiando de religión.  El budismo, el gnosticismo, la Nueva Era y una cantidad de formas religiosas paganas ha invadido Europa, Estados Unidos, Canadá y también América Latina en general.  Esto prueba que el hombre busca tener un ‘centro religioso’ para su vida fuera de sí. Pero la búsqueda del conocimiento secreto que Satanás ofreció en el Edén aún no se ha consumado.  Los pobres hombres persiguen la serpiente fantasma que ofrece inmortalidad pero nunca la logran – porque no existe.  Con igual desdén los hijos de Adán y Eva siguen desafiando a Dios, prefiriendo su existencia frustrada que someterse a su Palabra sencilla.  Como decía mi madre, «El pecado es tonto».

4)  ¿Cómo entró la serpiente al huerto?  Adán tenía órdenes claras de ‘guardar’ el huerto para Dios (Génesis 2:15).  Realmente podríamos decir que la primera falla tanto de Eva como de Adán era permitir que una serpiente hablantina cuestionara el orden que Dios les había dejado.  Una vez que aceptaban la posibilidad de discutir o cuestionar lo que Dios había establecido, ya habían fracasado.  La existencia de Dios y la autoridad de su Palabra eran fundamentos necesarios y no cuestionables para la vida del hombre.  La cosmovisión que Dios había dejado no permitía la duda de su carácter, su fidelidad o su santidad.  Al abrir el tema para discusión, Adán y Eva ya habían cedido el terreno a la serpiente – y Satanás salió victorioso.

Ya hemos comentado de varios ataques desde fuera del cristianismo que hoy siguen combatiendo en contra de una cosmovisión bíblica.  Ahora queremos mencionar los ataques que vienen desde dentro de la Iglesia.  1) En primer lugar el ya viejo ‘liberalismo’ atacó la trascendencia de Dios, negando la autoridad absoluta de la biblia, y cuestionando las intervenciones de Dios en la historia (los milagros, el nacimiento virginal de Cristo, etc).  Aunque viejo, este liberalismo aún está con nosotros, y denominaciones continúan muriendo al haber comido de este fruto prohibido.  2) Pero resulta que la serpiente tiene varias cabezas, y en los últimos 30 años se ha levantado otra cabeza en medio de las iglesias evangélicas aparentemente mejor disfrazada.  Sigue siendo la misma serpiente. Sigue ofreciendo ‘victoria’ y ‘bendición’ por otras vías que la que Dios dejó establecida.  Me refiero al mal llamado ‘evangelio de la prosperidad.’  Como nuestra sociedad no tiene mucho interés ya por el ‘más allá’, los vendedores de la felicidad le ofrecen casa, carro, y todo lo que ud. quiera aquí en este mundo, si ‘siembra su semilla de fe’ – enviando su dinero a sus cuentas.  Fieles a su padre la serpiente, sólo ellos tienen la clave para el éxito, para la prosperidad, para la salud y la victoria.  Retorciendo la biblia, malinterpretando la biblia, siguen el ejemplo de su padre el diablo.  

La serpiente ha vuelto a entrar en el huerto de Dios, al mismo seno de la Iglesia.  Y no hay quien la guarde. La teología nebulosa de la mayoría de los evangélicos, mezclada con tendencias humanistas, no puede ofrecer ninguna defensa ante esta invasión.  No sólo la serpiente propone barbaridades que hasta los incrédulos reconocen como absurdos, sino que ¡abrimos nuestras puertas con gusto a todo ello!  Ofreciendo su versión capitalista de ‘divinización terrenal’ (salud y dinero), estos ‘evangélicos’ han cambiado de cosmovisión.  Creyéndose ‘pequeños cristos’ e ‘hijos del Rey’, dicen merecer todo lo que Dios tiene en gloria.  Confunden la distinción entre el Creador y la criatura.  Adoran a sí mismos, y por poco le piden a Dios mismo que los adore también.  Inventan nuevos mandamientos que Dios nunca dijo, como por ejemplo: «Hay que amar a sí mismo para poder amar a Dios y a su prójimo».  Dijo Dios: «Morirán».  Dijo Satanás: «No morirán».  ¿Quién tenía razón?  Dijo Jesús: «Niéguese a sí mismo».  Dicen los falsos maestros: «Ame a sí mismos».  ¿Quién tendrá razón?  El paganismo exalta la criatura por sobre el Creador.  Por sus frutos los conocerán.

Construyendo de nuevo una cosmovisión bíblica

Cuando Jesucristo envió a los apóstoles a hacer ‘discípulos’ de las naciones, les dijo que enseñara todas las cosas que él había compartido.  Partiendo del hecho que Jesús vino para cumplir la ley, no abrogarla (Mateo 5:17), y que citó constantemente el Antiguo Testamento, podemos decir con seguridad que la voluntad de Cristo era enseñar toda la biblia.  El pecado distorsiona toda área de la vida del hombre, tuerce toda relación del hombre.  Por tanto, toda la Palabra de Dios debe ser aplicada a nuestra nueva vida en Cristo.  La ‘conversión’ representa nada menos que un cambio de cosmovisión.  Esto toca no sólo lo que pienso y creo acerca de Dios, sino lo que pienso y creo acerca de mi familia, mi trabajo, mi tiempo, mi país, y de mi mismo.  Como hemos repetido, es aquí que la Iglesia evangélica está quedando muy corto.  No está dirigiendo sus energías a este cambio de cosmovisión, y el resultado es que tenemos muchos ‘cristianos seculares’ y ‘cristianos animistas’ en nuestras iglesias.  ¿Cómo podemos ayudar a los cristianos de América Latina a desarrollar una cosmovisión correcta, bíblica?  Dios no nos deja en la oscuridad.  Su Palabra nos dirigirá. 

La verdad – Satanás cuestionó ‘la verdad’ del mandato de Dios, porque en última instancia nuestra cosmovisión se trata de ver el mundo, la vida, a nosotros mismos y a Dios de una manera verdadera o falsa.  La existencia humana exige una verdad. Aún los que intentan ser relativistas no lo logran, pues la afirmación ‘no hay verdad’ ¡pretende ser una verdad!  El debate no es si existe la verdad, sino cuál es.  Fue por esto que Jesucristo hablo muy claro sobre la verdad.  Advirtió que el diablo era ‘padre de la mentira’ (Juan 8:44), y que el pecado sólo conducía a la esclavitud bajo el poder del diablo.  Las mentiras del diablo afectan no sólo nuestra relación con Dios, sino todas las demás relaciones del hombre, sumergiéndonos en conflictos, homicidios, traiciones y toda clase de pobreza espiritual y material.

Por otro lado Jesús ofreció la esperanza, de que por medio de él y su Palabra «conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32).  También dijo, «Si el Hijo los libertara, serán verdaderamente libres» (Juan 8:36).  ¿Qué es esta verdad?  En primer lugar es la persona de Jesucristo, Hijo de Dios, uno con su Padre, que vino a dar su vida por su pueblo.  Dijo Jesús, «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mi»  (Juan 14:6).  La persona de Jesús, tal como es revelada en las Escrituras, es la primera clave para conocer y poder seguir la verdad.  Fuera de Jesús seguimos en una mentira.

En segundo lugar, Jesús mismo liga las Escrituras con su persona.  Dijo, «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca…» (Mateo 7:24).  Dijo además Jesús: «Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado» (Juan 15:3).  Y Jesús atribuye a su palabra lo que atribuye a sí mismo.  En Juan 8:36 afirma que él mismo dará la verdadera libertad.  Pero en Juan 8:31,32 Jesús afirma que sólo por medio de permanecer en su palabra nos conduce a la verdad, y la verdad a la libertad. 

Los apóstoles entendieron que la verdadera batalla por el corazón del hombre consistía en la batalla por la verdad.  Pablo dice que el pecado ha llevado al hombre a negar la verdad:   «Profesando ser sabios, se hicieron necios …  ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos, Amén» (Romanos 1:22,25).  La persona cuya mente ha sido regenerada por Dios «se goza de la verdad» (I Corintios 13:6).   Pablo reconoce que la gran batalla, aún dentro de la Iglesia es por la verdad, ya que hombres malos siguen intentando desviar a los hijos de Dios con sus engaños.  En un texto importante, Pablo les advierte a los Efesios con las siguientes palabras:

«…para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,»  Efesios 4:14-15   

Hoy la verdadera batalla es por la verdad.  Por todas partes oímos que ‘no existe una sola verdad’.  El relativismo ha calado hondo en nuestra cultura.  Los mismos cristianos han tragado el anzuelo de Satanás, y andan diciendo que no existe una sola interpretación de la biblia, sino múltiples interpretaciones – ¡inclusive contradictorias!  La serpiente está sonriendo.  Urge retomar la batalla por la verdad, y no dejar ni la Iglesia ni nuestra cultura continuar propagando esta mentira.  Existe una verdad, la verdad es de Dios, la verdad se puede conocer, y sólo la verdad nos hará libres.  Para construir una nueva cosmovisión sana, bíblica, debemos comprometernos con la verdad.

Mayordomos de Dios – Otro ladrillo en la construcción de una cosmovisión bíblica es aceptar nuestro papel como mayordomos de Dios.  La raíz del pecado incluye rehuir a ser mayordomos responsables, y el hombre pecador recurre al fraude, engaño, y la corrupción para lograr sus fines.  Con palabras fuertes, Dios promete castigo sobre esta actitud:

«Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos» (Malaquías 3:5).

Hay un mito que los pobres son las víctimas y los ricos los opresores.  Pero yo he convivido con barrios muy marginados, y soy testigo de las crueldades que cometen los pobres contra los pobres también.  Ninguna clase de seres humanos está exento de los efectos del pecado en nuestro corazón.  La pregunta para cada clase y cada persona es:  ¿Qué es ser un buen mayordomo para Dios?  El rico lo contestará de una forma.  El pobre lo contestará de otra.  Pero todos necesitamos una reorientación de mentalidad con respecto a asumir nuestra responsabilidad ante Dios.

Los pretextos son universales.  Pero cuando los pretextos se hacen parte de los valores de una cultura, esclavizan.  Me he sorprendido ante algunos pretextos generalizados en diferentes regiones – justificando la corrupción, la ineficacia, la pereza, o la ignorancia.  Muchos cristianos con que me relaciono ni siquiera se dan cuenta de sus pretextos – ¡salen tan automáticamente de su boca!  Cuando nuestra cosmovisión incluye justificar el ‘estatus quo’ con pretextos, estamos evadiendo ser mayordomos responsables, y nos conformamos con la red de mentiras que crea el pecado.  Pablo, lejos de hacer pretextos, dice «olvido lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,  prosigo hacia la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesú (Filipenses 3:13,14).  Pablo manifiesta el espíritu de un verdadero mayordomo – se extiende, se esfuerza hacia adelante, hacia el supremo llamamiento de Dios.  Pudiera haber sacado muchos pretextos para no hacerlo – ¡muchos más que todos nosotros!  Leyendo la lista de penas y tribulaciones en 2 Corintios 11, Pablo sí tenía motivos de ‘llevarla un poco más tranquilo’.  ¡Pretextos ‘válidos’ le sobraban!  Pero Pablo nos deja gran ejemplo al desechar todo pretexto, fijar su mirada sólo en su llamado, y proseguir hacia su meta.

Creo que la Iglesia en muchas partes de América Latina lejos de corregir los pretextos y fomentar la mayordomía,  fomenta los pretextos y los propaga.  Líderes dan pretextos para no estudiar.  Miembros dan pretextos para no evangelizar.  Cristianos dan pretextos para no ser sal y luz en su sociedad. Familias dan pretextos para sus desórdenes financieros y mal testimonio. Y como todos están en el mismo círculo de pretextos, ¡nadie puede reclamar a nadie!  Si vamos a construir una cosmovisión bíblica, los pretextos – ¡todos! – tienen que parar.

Una faceta importante de la mayordomía es la solidaridad humana.  En Centroamérica, la situación económica aprieta terriblemente, y muchas familias están sufriendo las consecuencias de escasos recursos.  Sin embargo, la otra cara de la moneda es el profundo individualismo que se vive en esta misma región.  Socios traicionan a sus socios, robándoles ¡hasta sus casas!  Los políticos no sienten patriotismo alguno, y están dispuestos a robar la mayor cantidad de dinero posible de los cofres del estado.  Desde el taxista hasta el presidente – todos están buscando como ‘fregarle al otro para superarme yo’.  ¿Cómo puede ser posible que los negociantes nacionales de un país ofrezcan sin condiciones crédito a europeos o norteamericanos pero no están dispuestos a hacerlo con sus propios paisanos?  En situaciones como estas, es fácil ver cómo un país se destruye a sí mismo sin necesidad que sean ‘los transnacionales’ que los hunda.  El caos social y el individualismo egoísta no ofrecen ninguna resistencia ante otras entidades más solidarias y organizadas.  ¿Qué está haciendo la Iglesia?  Me temo que – no mucho. 

Renovando nuestro pensamiento.  La Iglesia necesita trabajar más duro en llevar las personas a una ‘conversión completa’.  Como mencionamos arriba, los términos usados en la biblia por ‘hacerse cristiano’ son términos radicales: «Nacer de nuevo» (Juan 3), «resucitar de los muertos» (Efesios 2), «Pasar de las tinieblas a la luz» (Juan 8:12), «el hombre viejo muere, resucita el hombre nuevo» (Romanos 6), «antes un no-pueblo, ahora hechos pueblo de Dios, cercanos en Cristo» (Efesios 2:12,13; 1 Pedro 2:9,10).  Y la verdadera fe es siempre acompañada del ‘arrepentimiento’, actitud tan necesaria que a menudo en la biblia se usa como sustituto o sinónimo de la fe.  Por ejemplo, el día de Pentecostés Pedro llama a sus oyentes a «arrepentirse y ser bautizados» sin mencionar ‘creer en Jesús’ (Hechos 2:38).  Juan el Bautista hace un llamado a la verdadera fe diciendo «Hagan fruto digno de arrepentimiento» (Mateo 3:8).  Y Jesús define el propósito de su ministerio diciendo que «…vino a llamar a pecadores al arrepentimiento» (Mateo 9:13).

La gran carencia de una cosmovisión bíblica entre los mismos cristianos comienza por la falta de hacer el llamado al arrepentimiento.  Muchas iglesias evangélicas buscan ‘atraer’ a las personas, no ‘convertirlas’.  Por tanto su mensaje es acomodado a complacer, y no ofender.  Su mensaje está diseñado a agradar y no a compungir.  Pero la Palabra de Dios exige el arrepentimiento como respuesta de la verdadera fe.  Y una de las cosas de las cuales nos arrepentimos es nuestra cosmovisión secular o animista.  Debemos confesar que hemos intentado interpretar al mundo desde otra perspectiva que no ha sido la perspectiva bíblica.  Al confesar sinceramente este pecado, debemos estar dispuestos a que Dios renueve nuestros pensamientos, valores y actitudes.

Un pasaje clave es Romanos 12:1,2:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Así como el cordero o becerro del Antiguo Testamento era ofrecido en holocausto, consumido por el fuego santo hasta unirse el humo con la nube de gloria encima del tabernáculo, de igual manera nuestras vidas deben ser ofrecidas a Dios totalmente, consumidas por un celo de estar unidos a Dios, de reflejarlo en toda actividad.  Como el sacrificio del Antiguo Testamento era transformado en ‘olor fragante’ al unirse a Dios, nosotros somos ‘transformados’ también – pero por otro tipo de renovación, la de nuestros pensamientos, propósitos, actitudes y valores.  Lo viejo debe morir. Los engaños a los cuales nosotros mismos nos vendíamos deben desaparecer.  Las mentiras en que nos deleitábamos deben parar.  En lugar de servir al diablo, nuestras vidas se presentan en ‘servicio santo’, es decir, nuestro ‘culto racional’.  Adoramos a Dios no sólo en culto el domingo, sino en todo momento que nuestra mente se transforme para agradar y glorificar a Dios.

En la biblia los términos ‘servir’ y ‘adorar’ están muy relacionados.  Realmente ‘servir a Dios’ es lo mismo que ‘adorar a Dios.’  Esto tiene implicaciones muy extensas para nuestro concepto de culto, pero no hay espacio aquí para explorarlas1.  Basta notar que Pablo habla de nuestra transformación como un traslado del servicio a ídolos inútiles a servir al Dios vivo:  «…se convirtieron de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero» (I Tesalonisenses 1:9).  En 1 Corintios 12:2 Pablo llama a los falsos dioses ‘mudos’, es decir, inútiles.   El ‘servicio’ o la adoración de los ídolos se contrasta con ‘servir’ al Dios vivo y verdadero.  Cualquier otro vivir que no sea servir a Dios es gastar la vida y las energías en lo que es inútil.   Nuestra cosmovisión funciona como un marco dentro del cual nos relacionamos y nos desarrollamos.  Si el centro de nuestra cosmovisión – nuestro ‘Dios’ – es falso, es inútil, entonces estamos condenados a futilidad, al engaño, la pobreza y la frustración.  Dios nos llama a reconocer nuestro error, a dejar lo inútil, lo falso, y a convertirnos al Dios verdadero.

Rompiendo mentiras – Todo esto implica que el cristiano y la Iglesia debe trabajar conscientemente en romper las mentiras que nos esclavizan.  Muchas son las mentiras de las cosmovisiones anti-bíblicas. Darrow Miller, en Discipulando Naciones (pp. 64-70) destaca varias mentiras que comúnmente esclavizan al hombre.  Mencionamos unas pocas aquí,

a)  «No hay mañana» (Miller, 64).  Esta mentira encaja tanto con la cosmovisión secular como la animista   Promueve la actitud de que la vida no tiene propósito.  Es fatalista.  Conduce a que la diversión sea el único alivio a una vida sin propósito.  En este contexto no debe maravillarnos que la ¡exportación más grande de EEUU. es la diversión!  Y Hollywood se aprovecha del fatalismo de una gran parte del mundo.

b) «No se puede conocer la verdad».  De nuevo las dos cosmovisiones, el secularismo y el animismo, aceptan esta mentira. Este valor lo relativiza todo, y justifica la ignorancia.  Esta mentira es muy fuerte en nuestras sociedades. Bajo el engaño del ‘respeto mutuo’, todos reclaman poder creer y hacer lo que  dé la gana porque en última instancia no hay una sola verdad.  Pero este valor lleva a la destrucción cualquier persona o sociedad.  A principios del siglo 19, William Carey se quejó de la forma en que vivían los indios en la India – sus casas eran tan pobres y simples como sus pensamientos, sin libros, sin adorno, sin elegancia.  No aspiraban a ninguna belleza, ninguna cosa sublime, ninguna verdad. Hacia ahí vamos también.

c)  «La vida humana no tiene valor» – De nuevo, esta actitud es aceptada tanto por el secularismo como el animismo.  Por ejemplo, el Hinduismo como religión no puede justificar ayudar a los pobres.  En el Occidente millones de infantes son tranquilamente abortados, y en Holanda pueden matar también a los viejos si ya no son útiles. Siendo meramente amebas evolucionadas, el hombre no tiene valor intrínseco, sino un valor proyectado.  Es por esto que el Occidente puede justificar el aborto o la ‘planificación’ de su sociedad – porque el valor de las personas es asignado según las circunstancias o ‘necesidades’.  ¡Dichosos los que asignan! Otro ejemplo se ve en los servicios públicos, especialmente la seguridad.  Los gobiernos en muchos países no protegen a la ciudadanía de la violencia, o lo hacen de una forma muy floja – manifestando que es un valor bajo en su escala de prioridades.

d)  «Todos somos responsables (nadie es responsable)»  Es más y más común oír hoy en día que ‘la raza humana es responsable’, o ‘todos somos responsables’.  Un ejemplo reciente son los comentarios acerca del Tsunami en el sur-pacífico.  Se dice que como todos estamos contaminando el planeta, todos somos responsables por el Tsunami y la muerte de miles de personas.   A pesar de lo ilógico del argumento (¿qué pasa con los Eskimales que no contaminan más hoy de lo que hacían hace 200 años?  ¿Y porque mueren en la India si es los Estados Unidos que contamina?), esta ‘culpa generalizada’ termina en la no-culpabilidad de nadie.  Si todos somos igualmente responsables y culpables, entonces los que realmente contaminan  no llevan más carga de los que intentan no contaminar nada.  Esta mentira sirve realmente para aliviar a todos de su responsabilidad y promueve la irresponsabilidad. 

e)  «Hay que aceptarlo».  La actitud fatalista caracteriza a muchas culturas.  ‘Qué será, será’. La meta del hinduismo, el budhismo, la Nueva Era es la aceptación de las cosas que son controladas por fuerzas más allá de nuestro control.  La forma de sobrevivir es recurrir a la meditación ‘trascendental’, por medio de la cual ud. intenta ‘trascender’ lo ilusorio de este mundo y experimentar la paz fuera de las experiencias de este mundo.  Estas mentiras no pueden promover reforma en la vida ni la sociedad, sino el conformismo.

Verdadera libertad – En la biblia la salvación es calificada como ‘reconciliación, perdón, y justificación’.  Todos estos conceptos tienen que ver con que Dios borra nuestra culpa y nos acerca a sí mismo en Cristo.  Por medio de la muerte sustitutiva de Jesús, el Padre puede ser ‘propicio’ para con nosotros, imputando a nosotros la justicia que Cristo ganó, así justificándonos y reconciliándonos.  Pero hay otra faceta de la salvación igualmente importante – la libertad del pecado.  Jesús no sólo ganó el perdón para nosotros, sino nos libró del poder y la esclavitud al padre de las mentiras.  En su ministerio, Jesús habló mucho acerca de su misión de libertad.  Ya hemos mencionado arriba la relación que Jesús hace entre ‘la verdad’ y ‘la libertad.’  Jesús como persona, y por medio de su Palabra, nos conduce a la libertad.  Esta libertad no es el libertinaje que promueve el mundo, y algunas iglesias.  El grupo denominado ‘Creciendo en gracia’ promueve lo que Pablo explícitamente prohíbe en Gálatas  5:13: «…no usen la libertad como ocasión para la carne, sino sírvanse unos a otros».  La libertad que Jesús nos ganó es la libertad ‘para servir a Dios’ – es decir, la libertad para cumplir nuestro propósito original.  Dios creó al hombre para trabajar y realizarse sirviéndole a él.  El diablo logró desviar al hombre de esa meta.  Jesús nos restaura el privilegio de ser verdaderamente humanos una vez más.

Muchas iglesias, por su mala teología, no entienden esto.  Como la competencia capitalista ha entrado a la Iglesia también, muchos predicadores han perdido vista de su tarea verdadera.  Cristo a nadie le ha dicho «llene iglesias». Pero a cada predicador nos dice: 

«Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,  y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio» (2 Timoteo 4:1-5). 

Sólo Dios da la verdadera libertad por los medios que él ha establecido.  Estos medios son la predicación de la Palabra de Dios, la administración de los sacramentos (el Bautismo y la Santa Cena), y la oración ferviente.  Ningún pastor puede librar una persona de las mentiras de Satanás, pero Dios sí lo puede.  Cuando Pablo estaba discutiendo con algunos críticos en Corinto que decían ser más poderosos en palabra que él, Pablo les recuerda que lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios más fuerte que los hombres (1 Corintios 1:25).  Dios no necesita que le ayudemos en librar a las personas, sino que seamos fieles a sus medios.  La Iglesia del Señor en cada etapa de la historia se ha apartado de este principio.  Los evangélicos tienden a ser muy críticos de la Iglesia Católicorromana por mantener sus tradiciones no-bíblicas.  Pues, la iglesia evangélica ha creado una confusión igual o peor, con sus cuentos de hombres, teologías extrañas, reliquias más que Roma, y una arrogancia peor que la de los cardenales del Vaticano.

¿Por qué tenemos porcentajes de población evangélica relativamente altos en muchos países latinos (de 5% hasta 30% en algunos casos), pero su presencia es casi inexistente en cuanto a tener una influencia en sus sociedades?  Porque seguimos siendo igualmente seculares o animistas que los demás que nos rodean.  No hemos sido liberados de las mentiras en que fuimos criados.  Hemos sido desobedientes en seguir cómodamente en los valores con que estamos acostumbrados.  No hemos experimentado siquiera un verdadero arrepentimiento.  Seguimos siendo esclavos, y seguimos esclavizando a los que están a nuestro cargo – hijos, empleados, alumnos, congregaciones.  

Conclusión

Es nuestra convicción que la Iglesia protestante en América Latina en general permanece en desobediencia.  Escogemos la ignorancia porque es más fácil.  No desafiamos las mentiras porque nos convienen.  Muchos han sido los profetas diciendo lo mismo que hoy afirmamos, pero hemos vuelto oídos sordos.  Sólo Dios nos podrá librar.  Si estas palabras escritas aquí le parecen bíblicas, querido lector, doblemos rodillas juntos, clamemos a Dios por una verdadera reforma de su pueblo, y levantémonos a trabajar.  Hay mucho trabajo por delante.  Hay que estudiar. Hay que predicar.  Hay que enseñar.  Hay que luchar.  La batalla hoy es por las mentes y corazones de nuestra generación.   ¿Cuál cosmovisión triunfará?  

«En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,  y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.  Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; (Efesios 4:22-25)

¿Quién dirá: ‘Heme aquí’?

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