CUANDO LA FATIGA ASEDIA AL PREDICADOR

Por  Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 8, No. 2

(Advertencia – este artículo probablemente no es lo que usted se imagina)

Hablo a los ancianos y pastores que tienen la tarea de explicar la Palabra de Dios regularmente. usted ha sido tentado, como lo he sido yo, a predicar ‘lo que funciona’. Aprendimos todas las doctrinas correctas, estudiamos las confesiones históricas de la iglesia – pero si intentamos predicar estas cosas la congregación se nos duerme. Ellos quieren oír cosas prácticas. Necesitan consejos para sus matrimonios, para criar a sus hijos, para manejar sus finanzas. Por tanto usted tal vez ha dado un giro en su ministerio, dando más énfasis en consejos para la vida que en las doctrinas. Pero en eso nos encontramos con otro problema muchas veces. Los consejos se acaban. ¿Cuántos temas hay realmente en la vida? No son tantos. De manera que usted se encuentra repitiendo mensajes. usted toca el matrimonio, luego los hijos, luego las finanzas, luego el evangelismo, luego el matrimonio, luego los hijos, luego las finanzas, etc. Y peor aún. Por todos los consejos que usted dé, los hermanos no parecen ponerlos en práctica muy bien. Son perezosos. Y usted está fatigado. Ni las doctrinas motivan, ni los consejos. Tal vez la congregación es grande, y desde afuera se mira bien. Pero el domingo usted mira a sus rostros y parece que muchos están ahí por compromiso, por tradición.

Estamos todos de acuerdo: no hay peor cosa que un sermón doctrinal irrelevante y aburrido. Hablar sobre los atributos de Dios de manera seca y aburrida es torturar a los hermanos. Hablar de la justificación de la fe como si fuera unos conocimientos de ser adquiridos es torturar a la Iglesia. Y creo que esto es lo que ha pasado. Si usted ha sentido que la doctrina y la práctica son cosas antitéticas, creo que el problema no es con la doctrina en sí. Si su labor de predicar doctrina se le ha hecho un tanto tediosa, pesada, cansada, tengo buenas noticias para usted Y lo mejor de todo es, que no es necesario buscar la motivación en un nuevo libro, ni una conferencia (por más útiles sean estas cosas), no hay que subir al cielo ni descender al abismo para buscar el secreto: «Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón» (Rom. 10:6-8). En este artículo y algunos siguientes, quiero dialogar con ud, querido predicador, acerca de la esencia dinámica de la doctrina. Y espero convencerle que consejos sin doctrina es letra muerta, es mero moralismo, es salvación por obras. Pero doctrina que fundamenta los principios de Dios para la vida, es realmente predicación sólida que transforma vidas.

Los fundamentos

Quizás tengamos que echar una mirada a los fundamentos de nuestra preparación teológica. Si la doctrina se nos ha hecho seca, un tanto irrelevante, podría ser que parte del problema haya sido nuestra formación. Tal vez fuimos formados por personas que creían que la doctrina era así. Tal vez no lo decían. Pero su forma de enseñar, su forma de vivir, su forma de mirar las doctrinas bíblicas carecía de fervor, carecía de profundidad, y nosotros fuimos productos de esa formación. Y quizás ni ellos tenían la culpa, sino que tal vez nuestros profesores fueron formados por otros anteriores a ellos que consideraban la doctrina así. La ‘ortodoxia muerta’2 ha sido una lucha y tentación para la Iglesia en toda su historia. Los Reformados ponemos un énfasis saludable en la historia, en la herencia de la Iglesia. Pero una debilidad nuestra es caer en la ‘ortodoxia muerta’. Esto es aferrarse al pasado, aferrarse a ciertas fórmulas y ciertas formas (litúrgicas, etc), considerando que todo cambio es herejía. En manos de los ‘ortodoxos muertos’ la doctrina deja de ser vida y edificación, y se vuelve un garrote para justificar el no-cambio.

Pero lo contrario puede habernos sucedido. Tal vez en nuestra formación teológica fuimos educados por algún profesor que estaba rebelándose contra la ortodoxia muerta, pero de una manera equivocada. Es posible que este (estos) profesor(es) mal-identificaran el problema: «el problema es la doctrina». Desde Karl Barth se ha propagado la mentira que Juan Calvino no quiso definir doctrinas precisas, sino que fue culpa de los ‘Escolásticos Reformados’ como Teodoro Beza, Francis Turretini y otros quienes pusieron tanto énfasis en ‘la verdad proposicional’. Hoy esta tendencia es muy fuerte en los círculos Presbiterianos y Reformados liberales, y pretende liberar a la Iglesia de doctrinas secas y ‘abrirnos a la verdadera Palabra de Dios, que es viva y eficaz.’ Todo esto suena muy lindo. Pero no sólo carece de fundamento histórico, sino representa una teología ajena a la Biblia. El que haya leído a Calvino, junto con Beza y Turretini, fácilmente verá la unidad de sistema doctrinal entre ellos. Es un poco absurdo pensar que Beza, quien fue colaborador y discípulo de Calvino, haya traicionado a su maestro ¡sin que nadie supiera hasta Karl Barth! Realmente la posición de Barth y los liberales modernos tiene otro motivo, que no es meramente interpretar fielmente la historia. Su teología presupone una división entre la ‘Palabra de Dios’ y la ‘Biblia’. La Biblia es meramente el relato del pueblo de Dios acerca de su experiencia de la presencia de Dios. Contiene errores históricos, y es, pues, un documento humano con todas las debilidades inherentes. Pero la ‘Palabra de Dios’, según Barth y sus seguidores, es la intervención directa de Dios en el espíritu humano, rompiendo nuestro egoísmo y llevándonos a vivir por ‘fe’. Esta intervención crítica sucede generalmente bajo la predicación de la Biblia. Pero Dios puede usar hasta un perro muerto en la calle para hablarnos directamente también, según Barth. Esta división entre ‘Palabra’ y ‘Biblia’ conlleva a un desprecio de las doctrinas, las confesiones, y las declaraciones ‘humanas’. Según Barth, debemos estar ‘abierto’ a Dios en todo momento, y no creer que podemos enlatar su verdad. Los profesores que siguen a Barth hoy no niegan abiertamente las doctrinas de la Iglesia, pero a menudo dejan salir comentarios tendenciosos, negativos, con respecto a la doctrina. Un estudiante bajo esta clase de enseñanza saldrá del instituto teológico pensando que realmente las doctrinas son un estorbo, no ayudan mucho, que hay que buscar la vivencia de la ‘Palabra de Dios’. En realidad tendrá una confusión en su cabeza, porque sus profesores no fueron del todo sinceros. Ellos probablemente consideran que la Biblia tiene errores. Probablemente no creen varias doctrinas que la Iglesia afirma. Pero esto nunca lo dijeron abiertamente. Lo único que hicieron fue sembrar confusión y una actitud un poco anti-doctrinal. De manera que el estudiante sale del instituto no negando ninguna doctrina, pero tampoco sabiendo cómo predicar las grandes doctrinas de la Biblia. Nunca ha oído sermones inspiradores doctrinales. Nunca ha oído exposiciones apasionadas de los grandes temas doctrinales de la Biblia. Y así nuestro estudiante procede a su labor pastoral con un pie torcido.

Sería un ejercicio saludable para cada uno meditar un poco para ver cuáles influencias nos han formado en cuanto a la predicación de la doctrina.

Depravación total

Entonces vamos a comenzar con unas de las doctrinas poco-bonitas, la ‘depravación total’, o la ‘incapacidad total’ del hombre. Todo Reformado sabe que este fue uno de los puntos que los Arminianos negaron en el siglo 16/17, así uniéndose de nuevo con el Catolicismo. En el gran Sínodo de Dordt (1618-1619) las Iglesias Reformadas de toda Europa dieron respuesta contundente en los Cánones de Dort. Luego en el siglo 17 la Confesión de Fe de Westminster amplió y definió claramente muchas doctrinas relacionadas a ello. Luego, Juan Wesley retomó la posición Arminiana, y su influencia se extendió a toda la rama de iglesias Metodistas, Pentecostales, y las de Santidad. Los Bautistas comenzaron unidos con los Reformados en este punto, pero hoy la gran mayoría ha abandonado sus raíces y adoptaron el Arminianismo. De modo que esta doctrina sigue siendo no solamente una doctrina difícil de predicar, sino también controversial. El predicador moderno será tentado a evitar este tema. Hablar del hombre en términos de ‘depravado’, de ‘inútil’, de ‘incapaz’ no es muy atractivo. De hecho, va en contra de todo lo que los hermanos verán en sus televisores. Y si está tratando de ganar gente nueva, que tal vez proviene de otros trasfondos, esta doctrina será doblemente polémica. ¿Qué hacer? 

Hay varios pasos que el predicador debe seguir, y son muy serios y muy necesarios. Tenemos que ver con un encargo de Dios mismo bajo juramento. Recordemos que Pablo pone a Timoteo bajo juramento, bajo condena si falla, cuando dice: «Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra…» (2 Tim. 4:1,2). Pablo dice que Timoteo tiene un encargo delante de Dios y Jesucristo quien lo juzgará a él. El llamado suyo, mi querido hermano, y el mío no fue hecho por los hombres en última instancia, si es que tenemos un llamado verdadero. Nosotros hemos sido encargados por Dios, y él nos juzgará; ningún hombre lo hará. De manera que el primer paso para todo predicador es sincerarse consigo mismo y con Dios para asegurar que tiene un llamado verdadero. Esto es imprescindible. Si usted no tiene un llamado verdadero de Dios, usted querrá complacer a los hombres, y eso no sirve como mensajero de Dios. Pero si usted ha sido llamado por Dios, su deber es predicar lo que Dios manda, nada más.

En segundo lugar: ¿Está convencido de su doctrina? Si le han sembrado duda en cuanto a la doctrina de la depravación total, por integridad ante Dios es necesario resolver esto. usted no puede quedarse en limbo con respecto a esta doctrina, porque afecta a todas las demás doctrinas. O el hombre tiene la capacidad innata de responder a tus palabras, o no la tiene. Como hemos intentado mostrar en artículos anteriores, este punto de partida afectará todo su ministerio – sus tácticas, sus programas, su mensaje, etc. Y más aún – la Biblia no habla «sí y no». Dios no se contradice. Creemos que en lo fundamental, la Biblia es ‘perspicaz’, es decir, es clara. Y lo que Dios revela es «para nosotros y nuestros hijos para siempre» (Deut. 29:29). Es para edificación. Para el estudio de este tema, recomendamos la lectura de los libros de teología de Louis Berkhof, o bien cualquiera de los resúmenes de doctrina encontrados en los documentos Reformados (ver nuestro sitio www.clir.net). Las palabras de Jesús en Juan 6:44 reflejan el testimonio bíblico desde Adán hasta Apocalípses: «Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere». La incapacidad total del hombre es fundamental para toda la teología bíblica.

Entremos en materia, y por fuerza tendremos que ser breves. Supongamos que usted está convencido que la doctrina de la incapacidad humana es bíblica, y que la debe predicar, a pesar de las consecuencias. Pero ¿cómo hacer esto de una forma dinámica, impactante, que cambie la vida de los oyentes? La misma Biblia nos da las pautas. Y esto se encuentra en los varios géneros de literatura que contiene la Biblia. Dios nos ha dado su ley, la exposición de doctrinas, libros poéticos, relatos históricos y apocalíptica. En algún momento usted tendrá que echar mano a todos. Voy a concentrarme en sólo tres de ellos.

1) La ley. La ley de Dios es sumamente importante para la doctrina, y especialmente la doctrina de la incapacidad del hombre. Es ante la ley de Dios que todo hombre es condenado (Rom. 3:9, 19-20). El predicador aquí debe explicar de forma efectiva cómo la ley refleja el carácter de Dios, su justicia y su santidad. Debe usar ilustraciones tomadas de la ley misma que se aplican a Dios y a los hombres para mostrar el carácter justo de la ley de Dios. Pero la ley de Dios no sólo manifiesta cómo es Dios y cómo fallamos ante él, sino lleva condena, lleva pena. Y la paga del pecado es muerte (Rom. 6:23). Muerte física y muerte eterna. ¡Yo creo que esto no es aburrido! Si usted, mi hermano predicador, habla sinceramente al corazón de los que te escuchan sobre el peligro de pasar la eternidad en el infierno, ¡no creo que se aburran! Quizás no les guste, pero aburridos no estarán. Por supuesto esto no se dice gritado, sino con compasión. Esto no se dice en ‘voz de predicador’ sino con lágrimas. Aquí hay materia para todo un año de sermones, porque el testimonio bíblico sobre el papel de la ley en denunciar nuestro pecado y advertirnos contra el castigo de Dios es muy amplio, y sigue desde el Antiguo Testamento hasta el final del Nuevo.

La exposición de la ley de Dios debe hacerse dentro del marco de la historia de la redención. Dios ha tenido un plan de salvación, y lo ha desarrollado en un sólo plan – con diferentes facetas – a lo largo de la historia bíblica. Como dice Geehardus Vos, Dios le rodeó a Israel con todo un sistema de ‘doctrina’ en la ley mosaica. Todos los elementos de su ley tenía un propósito didáctico, para instruir acerca de su relación con Dios. Esto quiere decir que no podemos predicar la ley del AT como ‘tipos de Cristo’ de una manera superficial. ‘Tipo de Cristo’ no significa nada si no le damos un contenido. Jesús vino a cumplir la ley, pero hay muchas facetas de ella. Los tres oficios – Rey, Sacerdote y Profeta – son enseñados en la ley, y luego cumplidos por Cristo. La necesidad de expiación y propiciación es enseñada en la ley, y cumplida en Cristo. La necesidad de un lugar especial de encuentro con Dios es enseñada en la ley, y cumplido en Cristo. En todas estas enseñanzas se ve la incapacidad del hombre para obrar su propia salvación. 

La depravación total se enseña en toda la ley. Tomemos un pequeño ejemplo muy sencillo, pero típico de toda la ley. Cuando Dios les dijo a los israelitas que hicieran un altar sin piedras labradas, y de manera muy sencilla (Ex. 20:24,25) estaba enseñando la incapacidad total del hombre para agradar a Dios. En efecto, Dios está diciendo: «Voy a permitirles adorarme, pero no manoseen mucho las piedras con sus manos inmundas. No vayan a creer que pueden obtener mi bondad por medio de lo que ustedes me llevaran. YO les estoy permitiendo por gracia acercarse, pero recuerden – no es por sus méritos que lo hacen». Cuando re-descubrimos las doctrinas importantes de la Biblia enseñadas en la ley de Dios, y podemos enseñarlo de manera coherente, de manera sistemática, de pronto cobra vida. Tal vez tengamos que pedir nuevos lentes a Dios para ver lo que está ahí, pero que antes ignorábamos. De todas maneras, la ley de Dios es clave para ayudarnos a ver la incapacidad total del hombre para poder agradar a Dios.

2) Las doctrinas. La Biblia contiene por otro lado exposición de doctrinas. Esto es lo que los profetas hacen, y lo que Pablo está haciendo en muchas de sus cartas. Pablo no repite la ley, sino expone sobre las implicaciones de la ley con respecto a la obra de Cristo. Generalmente cuando predicamos alguna doctrina recurrimos a estos pasajes. Y ciertamente algunos son muy densos, ‘secos’ para nuestros tiempos. Recordemos que nuestros oyentes no son judíos criados con las ceremonias del AT. Recordemos que nuestro contexto es otro. De manera que el uso de los pasajes de doctrina requiere trabajo de parte del predicador. Es fácil escoger un pasaje de Gálatas y medio explicarlo en culto. Otra cosa es hacer ese pasaje vivir como vivía para los primeros lectores. Por ejemplo, hoy en día muchas personas modernas no tienen un sentido de culpa. No se creen malas. No creen en un Dios que envía a nadie al infierno. Es por esto que tal vez los pasajes doctrinales tengan que ser combinados con pasajes de ley o de historia. Tal vez usted diga «esto es mucho trabajo». Sí, tiene razón. Pero Pablo dice que su trabajo consistía en «trabajos, fatiga y muchos desvelos» (2 Corintios 11:27). El nuestro consiste en lo mismo. Así que – trabaje mi hermano, fatíguese y desvélese. Su llamado es un llamado alto y sublime, pero de mucha responsabilidad y esfuerzo.

3) Pasajes históricos. Dios nos ha dado una Biblia llena de historias. Lamentablemente muchos utilizan mal estas historias. El propósito de ellas es reforzar y apoyar los dos puntos anteriores – la relación del pueblo de Dios a la ley y la doctrina. De esto se trata el pacto que Dios establece con su pueblo. En el pacto Dios se revela por medio de su ley y las doctrinas. Luego los profetas van escribiendo la historia de esta relación. Y lo que vemos en los relatos históricos es precisamente la incapacidad del hombre, y la salvación soberana de Dios. ¡Que tristeza cuando invertimos las cosas! ¿Cuántos sermones he oído sobre David el héroe, y Gedeón, etc? Generalmente son predicados para motivar a los oyentes a ser valientes como ellos, a ‘tener fe’ como ellos. Son demasiado comunes este tipo de sermón ‘moralístico’, aún dentro de los círculos Reformados. El punto preciso de estas historias es la incapacidad del hombre, y lo absurdo que es depender del hombre. En el caso de David, por ejemplo, esto es clarísimo. David se da cuenta que él es un sermón en vivo. David se da cuenta que Israel está listo, ‘incapaz’ de salvarse – así como lo es toda la humanidad. Entonces David primero le predica al filisteo (1 Sam. 17:45,46) diciendo que Dios le va a entregar porque Goliat había provocado a Dios. Ojo – el asunto aquí es con Dios, no con Israel en última instancia. Dios está defendiendo su honor. Dios está defendiendo su gloria, sus promesas. Pero David no para ahí, sino añade: «Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla y él os entregará en nuestras manos» (vs 47). David entiende que Israel no estaba comprendiendo lo que pasaba. Y es aquí donde muchos predicadores modernos tropiezan también. Si el asunto tiene que ver, según los moralistas, que hay que imitar a David, ser valiente, y ‘matar a los gigantes’, pues tomemos hondas y piedras e ¡imitemos a David! Pero este es el punto – ninguna arma humana, ningún esfuerzo humano sirve. La victoria no se gana con ningún esfuerzo humano según nosotros creemos. Aquí David pregona la incapacidad total del hombre, porque «de Jehová es la batalla». El hecho de que Dios usa al hermano menor de una familia, sin armadura, sin espada, sin lanza, señala a Jesús/hombre, quien tendría que ganar la victoria por medios totalmente ‘a-normales’. Espero que podamos apreciar cómo un pasaje que tanto se usa para motivar al esfuerzo realmente está enseñando lo contrario – está enseñando la incapacidad humana, y la necesidad de que Dios intervenga soberanamente por medio de su Ungido, Cristo.

Cuando el predicador comienza a ver en los relatos históricos esta dinámica, de pronto la Biblia cobra nueva vida. En muchos pasajes la estructura está clara: 1) La ley de Dios ha sido revelada para el pueblo; 2) El pueblo no puede cumplir los mandamientos de Dios, lo cual trae separación entre Dios y ellos, trae maldición, trae tristeza; 3) Dios provee la respuesta, redimiendo, perdonando, enviando a un libertador, etc. Toda la historia bíblica desde Abraham en adelante (y aún antes) contiene relatos frecuentes de esta secuencia. Cuando el predicador enseña estos pasajes, pide primero que sus oyentes se identifiquen con el fracaso del pueblo, no con el éxito de Dios. Nuestra parte en primer lugar es reconocer que somos iguales a las personas que fueron antes en negar a Dios, traicionar al pacto, fallar ante la revelación de su ley. El predicador debe llevar a la congregación a llorar sus pecados, a sentir tristeza y aflicción profundas ante la justicia de Dios, y temor verdadero ante el merecido juicio de Dios. Solamente con esta actitud se podrá proceder a ver la respuesta que Dios ofreció, enviando algún libertador, obrando algún milagro, ofreciendo una promesa para el futuro – todos estos beneficios no-merecidos y soberanos de Dios.

Al estudiar la historia de la redención se verá en múltiples ejemplos, ejemplos de carne y hueso, que el hombre está en total necesidad de la gracia de Dios. La ventaja de enseñar las historias es que desde los niños hasta los viejos podemos relacionar nuestras propias experiencias mucho más fácilmente con ellas. Por esto yo sugiero que se combine el estudio de las historias bíblicas con los pasajes doctrinales para tener un panorama más completo. Al buscar explicar la historia, debemos recurrir a los pasajes doctrinales que nos dan el marco teológico para la comprensión de la historia.

¿Qué de los hijos, los matrimonios y las finanzas?

Las doctrinas bíblicas tienen todo que ver con cada aspecto de nuestras vidas. Somos nosotros los torpes que muchas veces impedimos la aplicación de la Palabra de Dios. En los relatos bíblicos la forma en que se encuentra la incapacidad del hombre toma expresión concreta, cotidiana, real. Los padres se creen capaces en sí mismos para criar hijos, y fracasan miserablemente – ahí vemos la aplicación de esta doctrina. El pueblo de Dios intenta realizar su vida, su economía, su política, su religión de manera autónoma – y fracasan. Es ahí que vemos la aplicación de esta doctrina. 

En cada pasaje sobre la incapacidad del hombre habrá muchas aplicaciones para sus oyentes. Lo que necesitamos oír hoy en primer lugar es cómo nuestro egoísmo, nuestro individualismo, nuestra autonomía acarrean el juicio de Dios y sólo problemas para nuestra vida. Es por eso que esta doctrina es tan necesaria y tan aplicable. Por el pecado, el hombre nunca puede librarse a sí mismo de nada. Pero es precisamente lo que el hombre moderna intenta hacer – librarse por su propia ciencia, por la tecnología, por la informática, etc, etc. El primer paso hacia la esperanza y la libertad es reconocer, aceptar, y arrepentirnos de nuestro intento de vivir una vida autónoma. No podemos servir a dos señores – sólo a uno. Todos los demás señores deben morir para dar lugar a El Señor Jesucristo. Esto es lo que la depravación total nos enseña. Y esto es práctico, es real.

Conclusión

Dios nos ha dado variadas formas para enseñar las doctrinas más difíciles. Al echar mano de las formas de Dios, la Biblia cobra vida, sentido, seriedad. Creo sinceramente que cuando una congregación es confrontada con las formas en que Dios desenmascara nuestra incapacidad, habrá arrepentimiento genuino. Creo que cuando una congregación es confrontada con exposiciones apasionadas de los ejemplos bíblicos del fracaso del hombre y la salvación soberana de Dios, habrá conversión real y esperanza. Creo que cuando una congregación es instruida en la doctrina de su incapacidad total, será más fácil afrontar las dificultades en la vida poniendo su confianza absoluta en el Dios que llama las cosas que no son como si fueran (Rom. 4:17). ¡Y la obra genuina de Dios en la vida de su pueblo no es aburrida!

Es posible que la fatiga que usted siente es sencillamente por el mucho trabajo que es impuesto sobre usted, pero que Dios está bendiciendo sus labores. Si este es el caso, no hay solución para su fatiga – excepto tal vez unas breves vacaciones. Deberá seguir adelante derramando sus fuerzas hasta que Jesucristo lo lleve a la gloria. Pero si su fatiga se debe al esfuerzo por llevar adelante su ministerio por medio del esfuerzo meramente humano – ¡hay solución! La sana enseñanza de la Palabra de Dios en su totalidad es la respuesta. Hágalo y verá el fruto duradero de corazones realmente tocados por el Espíritu de Dios. Dios se ha dispuesto a usar su Palabra para edificar su Iglesia, no nuestras palabras. Podemos evitar la fatiga de gastar energías innecesariamente al comprometernos con la exposición sólida, amplia y profunda de las doctrinas importantes de la Biblia. «Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican». Esto se aplica también a la Iglesia. Y Dios edifica su Iglesia por medio de su Palabra.

La próxima vez, Dios primero, echaremos un vistazo a otra doctrina que ha sido difícil de predicar para algunos: la expiación limitada de Jesús. Mientras tanto «procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad» (2 Timoteo 2:15).

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