CUANDO LA FATIGA ASEDIA AL PREDICADOR – #2

Por  Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 9, No. 1

En el número pasado comenzamos esta serie sobre el trabajo del predicador. La labor de la predicación puede ser una de las más tediosas – no sólo por la energía mental y espiritual que requiere, sino por los pocos resultados visibles que a veces la acompaña. Estamos viviendo tiempos duros para todo predicador, ya que ‘la competencia’ de los medios masivos es grande y fuerte. 

Ante estos desafíos, muchos predicadores comienzan a buscar otras alternativas. Como la predicación tradicional ya no da los ‘resultados’ como antes, se busca alternativas pragmáticas. Muchos predicadores caen en la trampa de ofrecer temas ‘prácticos’ en lugar de mensajes doctrinales para no perder el interés de su congregación. Piensan que si ofrecen consejos sobre el matrimonio, la disciplina de los hijos, cómo administrar las finanzas – que esto mantendrá el interés de los hermanos. Esta tentación es especialmente fuerte entre las iglesias históricas que tradicionalmente predicaba mensajes doctrinales. Ahora los pastores sienten que este tipo de mensaje doctrinal ya no llena a sus oyentes, y ven a los jóvenes dormidos en el sermón, a otros distraídos, y por tanto se inicia la búsqueda de otro estilo de sermones.

Como mencionamos en el artículo anterior, cambiar ‘doctrina’ por ‘la práctica’ es un dilema falso que nace de una mala comprensión de la doctrina. Para el estudiante serio de la Biblia, no es una opción dejar la ‘doctrina’, ya que el término ‘doctrina’ significa ‘enseñanza’. Toda enseñanza es doctrina – lo único que cambia es si es buena doctrina o mala doctrina. El problema hoy en día es que muchos son tentados a predicar aplicación sin enseñanza. Pero en la Biblia, nuestra conducta siempre se basa en algo que aprendemos del carácter de Dios y sus portentosos hechos. Sin este fundamento, cualquier sermón sería simplemente moralismos humanistas, no será el Evangelio. El Evangelio se basa en la persona de Dios, y sus hechos en la salvación cumplidos en la persona de Jesucristo. Y toda nuestra conducta debe estar ligada conscientemente al Evangelio. De manera que el predicador bíblico no puede quitarse de encima la tarea de predicar doctrinalmente.

¿Qué pasa cuando un predicador se ha esforzado por predicar fielmente las doctrinas bíblicas, pero ve a la congregación aburrida, algunos jóvenes abandonan la iglesia para otras iglesias más ‘avivadas’, etc.? Generalmente se siente cansado. La fatiga se apodera de él. Algunos días no quiere nunca predicar otro sermón. Veremos en este artículo un antídoto para tal fatiga.

La gracia irresistible de Dios

Para este artículo vamos a considerar otro punto doctrinal: la gracia irresistible de Dios. Esta doctrina se define como aquella iniciativa misericordiosa de Dios hacia sus elegidos, obrando por los medios que él ha establecido, para llevarlos con seguridad a los pies de Cristo con verdadera fe. Pero hoy en día crece la confusión teológica, y la confusión a menudo causa frustración, y la frustración fatiga. Se está desvaneciendo el Evangelio histórico, enseñado en la Palabra de Dios y afirmado por los Padres primitivos, por San Agustín, y luego por todos los Reformadores principales, tales como Martín Lutero, Juan Calvino, Juan Knox, Martín Bucer y afirmado por los grandes misioneros como David Brainerd, William Carey, Hudson Taylor, y repetido por predicadores como Carlos Spurgeon, y el Dr. Martín Lloyd Jones. Hoy un semi-pelagianismo mal planteado se propaga en muchos círculos evangélicos. Muchos enseñan que el hombre natural, sin Cristo, tiene libre albedrío de manera que puede rechazar o recibir a Cristo por sí sólo. Algunos afirman la necesidad de la ‘ayuda’ de Dios, pero como afirman que Dios ‘ayuda’ a todos, se vuelve una afirmación vacía. Pero tan pronto que el hombre ‘recibe a Cristo’ por su libre voluntad, el semi-pelagianismo se metamorfosea en otra cosa. Ahora nos dicen que Dios ‘garantiza’ la salvación de todo Cristiano – ‘una vez salvo siempre salvo’. 

Este mensaje – ni Arminiano ni Calvinista – crece cada día. Hoy hay más y más personas que creen que por haber hecho ‘una decisión’ por Cristo en alguna campaña, o alguna iglesia, que ya son salvos de por vida – no importa que no se congreguen, ni que no lleven una vida Cristiana tal como la describe la Biblia. ‘Una vez salvo, siempre salvo’ es el lema – ¡todo en nombre de la gracia de Dios! Este mensaje pernicioso está contribuyendo a la destrucción espiritual de muchas personas.4 En medio de este contexto, el predicador Reformado quizás se pregunta, «¿cómo puedo hablar de la gracia irresistible de Dios sin promover una vida desenfrenada como lo estamos viendo cada día más?» De manera que los predicadores hoy están tentados a evitar predicar este tema, y se limitan a otros temas más claros. 

El problema para nosotros es este: Cuando evitamos una doctrina principal bíblico, no estamos cumpliendo el mandato de Dios de ‘predicar todo el consejo de Dios’ (Hechos 20:27). Esto en sí perjudica nuestro ministerio, porque estorbamos el libre movimiento del Espíritu de Dios, quien inspiró toda la Biblia y quiere que toda se predique. El problema en evitar predicar doctrinas principales de la Biblia es que Dios las ha dado para edificación. Al negarle al pueblo de Dios esta edificación, truncamos el crecimiento de la Iglesia, y los frutos del crecimiento sano no se producen. Y ante esta situación el pastor o líder puede frustrarse, desanimarse y entra la fatiga.

Tal vez la fatiga ha entrado en su vida, y su ministerio se le ha vuelto pesado. Tal vez ud. ve mucha apatía en la congregación, y sospecha que la predicación no le está llegando al corazón. Hablemos de cómo se puede predicar esta doctrina de a gracia irresistible de Dios de una manera que sea fiel a las Escrituras, y edificante para la Iglesia.

El testimonio bíblico

La Biblia enseña, desde principio a fin, que ‘la salvación es del Señor’ en todo sentido. Jesús es ‘Autor y Consumador’ de la fe (Hebreos 2:2)., y cuando el autor de Hebreos hace esta afirmación, no se refiere solamente a la mitad de la salvación, la parte ‘de Dios’ – quedando nuestra parte en nuestras manos. Está basado en todo el testimonio bíblico desde Génesis en adelante. Fue Dios quien buscó a Adán, no al revés. Dios llamó a Abraham, no al revés. Dios toma la iniciativa, promete y efectúa salvación en cada paso de la redención. Y Dios quería que su pueblo recordara esto para siempre como fundamento para su relación con él:

Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto (Deuteronomio 7:6-8). 

La salvación que Dios efectuó para Israel fue soberana, sin la intervención de los Israelitas. Fue Dios que envió las plagas, y Dios que venció al ejército del Faraón.

Esto no fue un principio sólo para la nación de Israel. Jesús reafirmó a sus discípulos: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé» (Juan 15:16). Era importante que los discípulos entendieran y fundamentaran su ministerio sobre el conocimiento de que habían sido llevados a Jesús no por sus propias fuerzas, sino por la voluntad soberana de Dios. Jesús enseñó muchas veces sobre este punto, remachando la necesidad de reconocer la necesidad absoluta de la gracia irresistible de Dios para la salvación. Palabras más claras no pueden haber que las que encontramos en Juan 6:

Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera (Juan 6:37). 

Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (Juan 6:39). 

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:44). 

Luego el apóstol Pablo declaró con mucha claridad esta doctrina hermosa de la gracia irresistible de Dios. Por ejemplo, en el libro de Romanos, Pablo va abriendo con detalle todo el tema de la salvación. En los primeros capítulos, el apóstol describe la naturaleza y las consecuencias desastrosas del pecado, el cual deja a todos los hombres desprovistos de la justicia de Dios y bajo la justa ira y condenación de Dios (capítulos 1-3). PERO, afirma Pablo, Dios ha manifestado su misericordia al llamar para sí un pueblo, justificándolo por los méritos de Cristo mediante la fe en él, y sellándolo con su Espíritu Santo (capítulos 4-8). En varios lugares Pablo (y los otros autores del Nuevo Testamento) enfatizan que el llamado de Dios no se basa en ningún mérito nuestro – ni siquiera nuestra capacidad de creer, sino que es por el ‘puro afecto de su voluntad’ (Efesios 1:5), y es para la ‘alabanza de su gloria’ (Efesios 1:6,12,14).

La Confesión de Fe de Westminster lo dice así: «Este llamamiento eficaz es solamente de la libre y especial gracia de Dios y de ninguna otra cosa prevista en el hombre; el cual es en esto enteramente pasivo, hasta que siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo, es capacitado por medio de esto para responder a este llamamiento y para recibir la gracia ofrecida y transmitida en é(Cap. 10, B).

La Biblia afirma que el pecador está ‘muerto’ en sus delitos y pecados (Efesios 2:1), y que es Dios quien soberanamente da vida espiritual al muerto. Dios nos hace nacer de nuevo por su poder, un nacimiento que sucede «no de la voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Juan 1:13). Habiendo nacido en pecado, culpables tanto del pecado original que heredamos de Adán como nuestra propia concupiscencia que sólo produce lo malo, el hombre por sí sólo está ‘sin esperanza y sin Dios en este mundo’ (Efesios 2:12). La doctrina de la ‘gracia irresistible’ nos enseña que no fuimos nosotros ni nuestros méritos la causa de nuestra salvación, sino la sola e inmerecida gracia de Dios.

Diferencias claras entre ‘Salvo siempre salvo’ y ‘La gracia irresistible’

1) Los que enseñan ‘salvo siempre salvo’ por lo general no enseñan la total incapacidad del hombre para poder creer. Los Reformados insistimos en que el hombre es totalmente depravado en cuanto a las inclinaciones de su corazón, sin el poder ni la voluntad de buscar a Dios. Cuando sacamos cualquier doctrina fuera de su contexto bíblico correcto, no sólo se distorsiona horriblemente, sino causa daño espiritual. Cuando sacamos la gracia irresistible fuera del contexto bíblico de la total incapacidad del hombre, sale la doctrina falsa de ‘salvo siempre salvo’ como algo mecánico, una garantía abstracta. La Biblia, y todas las confesiones Reformadas afirman la gracia irresistible de Dios dentro del contexto de las consecuencias gravísimas del pecado. Si no se respeta el orden bíblico, la doctrina se distorsiona y resulta en graves consecuencias espirituales.

2) La Biblia, y todas las confesiones Reformadas, enseñan que la gracia irresistible de Dios es aplicada por los medios que Dios ha establecido. En el caso del no-creyente, el medio normal y fundamental es la Palabra de Dios, aplicada por el Espíritu Santo, el cual suaviza el corazón para recibir el Evangelio, así llevando a la persona a Cristo en fe. Cuando los Reformados hablan de la ‘Palabra de Dios’ como medio de la gracia, quieren decir ‘todo el consejo de Dios’. Un problema notorio hoy entre las mismas iglesias evangélicas es la predicación de un mensaje superficial, truncado, y débil. Dios inspiró todas las doctrinas importantes para que fueran predicadas todas – no las que más nos gusten. Es la Palabra de Dios la que salva, no la palabra de nosotros.

3) La Biblia, y todas las confesiones Reformadas enseñan que el fruto de la gracia irresistible es el arrepentimiento genuino y la fe verdadera. La Confesión Belga habla de ‘humillarnos y reconocernos tales cuales somos’ (Artículo 23; ver 24 también). Es por esto que se debe reconocer que el fruto de la gracia irresistible de Dios es una vida nueva, libre de la esclavitud del pecado, lejos de una actitud de ‘creerme salvo siempre salvo no importa lo que haga’. Todo el contexto bíblico enseña que la gracia inmerecida de Dios lleva al verdadero creyente a una gran humillación y gratitud, de manera que quiere vivir cada día para la gloria de Dios. El efecto verdadero de la gracia de Dios en nuestra vida crea humildad, reverencia y agradecimiento – todo lo que no fluye de estas actitudes es pecado y rebeldía contra Dios. 

4) La Biblia, y todas las confesiones Reformadas enseñan que Dios usa medios para impartir su gracia regeneradora, y también usa medios para hacer perseverar en su gracia. Estos medios son la predicación de la Palabra de Dios, el uso correcto de los sacramentos, y la oración. La posición de ‘salvo siempre salvo’ generalmente ignora los medios que Dios usa para hacer perseverar a los suyos, y convierte la salvación en algo mecánico, automático. Es común oír a estos predicadores hablar de su ‘pasaporte al cielo’, como si Dios prometiera un vuelo al cielo aparte de obrar su santificación y purificación en nuestra vida. La prueba de que la gracia irresistible produce fruto de santidad en nuestra vida lo dice Hebreos 12:14: «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor». La santidad es fruto natural y necesario de una vida reconciliada con Dios. Los antiguos padres de la Iglesia hablaban en términos de que esta vida era un anticipo, como un ensayo, de nuestro servicio y adoración a Dios más allá de la muerte. De manera que todo nuestro anhelo aquí y ahora era en anticipación de aquel día en que nos pasábamos a la presencia de Dios.

5) La Biblia, y todas las confesiones Reformadas colocan la gracia de Dios dentro del contexto de la Iglesia que ejerce disciplina para la gloria de Dios, busca restaurar al pecador a la santidad, y se esfuerza por mantener la honra de Cristo en la tierra. Cuando se predica un mensaje de ‘gracia’ fuera del contexto de líderes conscientes, que tomen muy en serio la naturaleza del Evangelio, se cae en la trampa de ofrecer no la gracia de Dios, sino una ‘gracia barata’ que no es el Evangelio. ¿Cómo se relacionan la ‘gracia de Dios’ y la ‘disciplina eclesiástica’? ¡Parecerían ser contrarias! De hecho, muchas veces oímos decir que algún pecado se va a tratar ‘pastoralmente’ y no de manera disciplinaria. Esta dicotomía falsa no entiende ni la disciplina bíblica (que es pastoral), ni la pastoral (que es disciplinaria). Precisamente porque la gracia de Dios es irresistible y produce los efectos que Dios promete es que Dios exige la disciplina eclesiástica. Dios no permite que se burle de su gracia, afirmando haberla recibido, pero dando testimonio de lo contrario. Es por eso que el mismo Dios que otorga su gracia irresistible a los suyos exige que en la Iglesia se atienda los casos de las personas que no dan evidencia de lo mismo. Se debe exhortarles, orar por ellos, y si resultan no ser del rebaño del Señor deben ser excluídos de la congregación y tenidos por incrédulos, objetos de la evangelización.

Los Reformadores del siglo 16 presenciaron el gran desastre en la Iglesia Romana cuando no se practicaba la disciplina eclesiástica. Y afirmaron que la disciplina en la Iglesia era una de las marcas de la Iglesia verdadera (ver Confesión Belga, Art. 29; ver Conf. Westm. Artículo 30). Pero siendo una de las actividades desagradables y difíciles que Dios pide a los líderes, muchas veces es una de las actividades que se va dejando. Sin embargo, el Evangelio es un todo, y no funciona en pedazos, sino como toda relación de pacto con varias partes. Si falla una parte, otra parte sufre. Así es con la disciplina eclesiástica – siendo parte integral del plan de Dios para su Iglesia, cuando falla, sufre áreas importantes de la Iglesia. 

Creo que la fatiga de muchos líderes se debe a que intentan predicar la gracia de Dios dentro de un contexto sin disciplina eclesiástica – y esto sólo produce un mensaje de ‘gracia barata’, no la gracia preciosa y valiosa de Jesucristo. Por tanto, se limita la influencia del verdadero Evangelio, creando una ‘religiosidad’ sin sustancia. 

Resultados de predicar la gracia irresistible de Dios

1) Cuando el predicador proclama esta gran verdad dentro del contexto bíblico de la incapacidad del hombre, hay resultados hermosos que Dios promete. En primer lugar, Dios promete escribir su ley en la mente y corazón de su pueblo (Jeremías 31:33; ver Ezequiel 36:27,27). El resultado de la relación de pacto confirmado y sellado en Cristo será vidas realmente transformadas. Dios mismo se encarga de convertir nuestro corazón de piedra en corazón de carne, un corazón vivo y sensible a la voz de Dios. El predicador fiel de la gracia de Dios en Cristo podrá ver el fruto de esta gracia en las vidas de los verdaderos hijos de Dios y alegrarse en ello. La fatiga nos asedia cuando sólo vemos lo negativo – pero el alma se alegra cuando podemos percibir la obra hermosa de Dios en las personas.

2) Cuando el predicador enfatiza que por nosotros mismos estamos muertos en pecado, pero Dios vivifica a los suyos por pura gracia, y para su gloria – muchos problemas en la iglesia se arreglan. Muchos de los problemas en una congregación surgen porque las personas no tienen claro que la gloria es para Dios – y sólo para Dios. Todos fuimos pecadores, muertos en pecados, indignos de la salvación. Todos fuimos salvos por el mismo sacrificio de Cristo y la misma misericordia de Dios. ‘Figurarse’ en la iglesia no tiene sentido, porque todo lo que somos y tenemos ¡viene de Dios y es para su gloria! De manera que la predicación de la gracia irresistible de Dios tiene como consecuencia llevar a todos a la humildad y al respeto mutuo. Las personas que desean destacarse o llevar gloria para ellas mismas, aún no han comprendido la gracia de Dios, y se debe trabajar con ellos en la enseñanza hasta que entiendan.

3) Cuando el predicador predica la total incapacidad del hombre para obrar cosa alguna en favor suyo, y la total necesidad de apoyarse sólo en la gracia de Dios, los que no aceptan esto comenzarán a rebelarse. La clara y fiel predicación de esta doctrina ayudará a desenmascarar a los hipócritas. Protestarán tanto énfasis en el pecado. Comenzarán a hablar en contra de los sermones, diciendo que el predicador es ‘negativo’. Las inclinaciones verdaderas de su corazón serán manifiestas cuando rechazan su propia necesidad de la gracia de Dios, porque ellos se consideran auto-suficientes. Esto permitirá el necesario ejercicio de la disciplina eclesiástica, y la congregación será fortalecida y sanada.

4) El uso de los sacramentos cobra sentido más bíblico. Dos errores plagan a las iglesias en cuanto a los sacramentos. Por un lado, puede haber ideas místicas en cuanto a los sacramentos, producto de vestigios del Catolicismo, que enseña la real transformación del pan y vino en el cuerpo y sangre de Cristo. Las personas influenciadas por el Catolicismo podrían todavía tener alguna idea de que los sacramentos tienen algún ‘poder’ místico en sí mismos para bendecir su vida. Por otro lado, la influencia evangélica ha llevado a la denigración de los sacramentos, convirtiéndolos en meros recordatorios de un hecho histórico. Olvidan las palabras del apóstol de que se debe ‘discernir el cuerpo’ del Señor cuando participamos de la Santa Cena, y que el mal uso de él puede llevar al castigo de Dios.5 Por lo tanto, cuando predicamos la gracia irresistible de Dios en relación a los sacramentos, nos ayuda a enfocarnos en que todos los beneficios de la gracia de Dios son otorgados en Cristo, y por la fe. De manera que los beneficios de los sacramentos no vienen a nosotros de forma mística, sino en Cristo y por la fe. Los sacramentos testifican al pacto que Dios establece con su pueblo, cuyos beneficios son siempre recibidos por la fe. Así que, en la práctica sana de los sacramentos, tenemos dos cosas: un testimonio del pacto de Dios establecido por gracia en Cristo, y un llamado a recibir sus beneficios por la fe.

5) En último lugar, el alma del predicador será ungida con el mismo bálsamo de la gracia de Dios. Todo predicador sabe que su primer oyente es él mismo, y mientras pregona la Palabra viva de Dios a otros, su propia alma es el primer beneficiario. De manera que el mensaje de la gracia inmerecida de Dios enjugará las lágrimas de su corazón contrito, consolará su espíritu cuando se siente sólo en el ministerio, y traerá el don de la perseverancia férrea que sólo Dios puede producir en una vida humana.

Conclusión

Lejos de ser irrelevante o aburrida, la predicación doctrinal de la Biblia es vital y necesaria para la Iglesia. No se equivocaron los Reformadores del siglo 16 cuando destacaron las doctrinas fundamentales de la obra de Dios. Estas mismas doctrinas siguen siendo fundamentales para la Iglesia de Cristo hoy, y solo acarreamos desastre cuando nos alejamos de ellas. Al no comprender la estrecha relación entre doctrina y práctica, a menudo los predicadores creen que pueden prescindir de ciertas doctrinas sin perjudicar la práctica de los hermanos. Esto es falso. Dios nos ha llamado a una relación de pacto, y la relación de pacto tiene como fundamento las doctrinas básicas que Dios dispuso. Si removemos las doctrinas, la esencia del pacto se distorsiona, y tanto la Iglesia como el individuo son perjudicados, y Dios no recibe la gloria.

Muchos factores se juntan para que el predicador experimente la fatiga. Uno de estos factores puede ser la frialdad y apatía que crea falsas doctrinas, tales como ‘salvo siempre salvo’. En su lugar, hemos sugerido la sana predicación de ‘la gracia irresistible de Dios’. Confiamos plenamente que Dios dará fruto sobre la fiel exposición de su Palabra. ¡Adelante buen hermano, puestos los ojos en Jesús, Autor y Consumador de la fe!

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