CRISIS EN LAS IGLESIAS EVANGÉLICAS

Por Guillermo Green

Reforma Siglo XXI, Vol. 6, No. 2

Cuando Jorge Gómez escribió su libro El Crecimiento y la Deserción en la iglesia evangélica costarricense (IINDEF, 1996), muchos pastores en su país ignoraron su estudio, o peor, se burlaban de él como otro ‘aguasfiestas’. Debieran haber escuchado. Edward Cleary, misionero a Bolivia y Perú y actual profesor de estudios sobre Latinoamérica en Providence College, Rhode Island, acaba de confirmar que no todo anda bien en las iglesias evangélicas de Latinoamérica.1 De hecho, andan mal.

Durante las últimas décadas mucha atención enfocaba en las personas que salían de la iglesia Católica para las iglesias evangélicas, especialmente las iglesias pentecostales. Muchos artículos han sido escritos, encuestas realizadas, y victorias cantadas – como por ejemplo las supuestas cifras que salían de Guatemala de que el 50% del país era evangélico. Pero nuestros lentes no estaban bien enfocados, padecíamos de miopía. Al mismo tiempo que muchos salían de la iglesia Católica, las religiones indígenas se han fortalecido mucho, y un ‘avivamiento’ del viejo paganismo americano está en proceso. Quiere decir que no todos salían de la iglesia Católica para unirse a los evangélicos. También, al mismo tiempo, las religiones orientales, incluyendo la Nueva Era, budismo, y gnosticismo están creciendo de manera estrepitosa. Y como estos movimientos no tienen ‘membresía’ como tal, es difícil saber la cantidad de adeptos – máxime que muchos practican también la religión Católica o evangélica. El mismo pentecostalismo ha experimentado una metamorfosis, convirtiéndose en muchos lugares en una nueva religión, el neo-pentecostalismo de ‘salud, prosperidad y victoria’. Y mientras la vieja guardia sigue proclamando ‘estamos en avivamiento’ – hoy hay que preguntarse ‘¿avivamiento de cuál religión?’ Es un hecho que las últimas 3 décadas han presenciado movimientos masivos de una religión a otra. Y parece que estos movimientos siguen dándose en la actualidad. Y parece que la iglesia evangélica está muy envuelta en el mismo proceso. 

Hoy existen mejores criterios y estudios más profundos del fenómeno que está experimentando Latinoamérica. Casi ha llegado a ser una ‘moda’ el cambiar de religión. El problema para nosotros es que así muchos tratan su ‘conversión’ a la fe evangélica – una mera moda. Veamos algunas estadísticas.

Cifras y cifras

La ciencia de encuestas y cifras es bien difícil. Nos quitamos el sombrero para con aquellos que realizan estos estudios tan valiosos. Sin embargo, el optimismo ha plagado lamentablemente a los evangélicos cuando han realizado sus encuestas. Por ejemplo, Johnstone publicó en Operation World (Operación Mundo) en 19932 que el 27.9% de los chilenos eran protestantes, con 25.4% de los chilenos siendo pentecostales. Pero un censo realizado cuidadosamente en 1992 mostró que sólo un 12.4% eran evangélicos.3 En 2002 las cifran eran aproximadamente 16%.4 En Brasil el crecimiento numérico de las iglesias evangélicas ha sido rápido, de hecho, ¡probablemente la mitad de todos los evangélicos de Latinoamérica residen en Brasil! En 1993 Johnstone dijo que el 21.6% de la población nacional era evangélico, pero esto se contrasta con el censo de 2000 que pone el porcentaje de evangélicos en 15.4.

Durante muchos años hemos oído que Guatemala ya pasó a ser un país ‘evangélico’, con más del 50% de la población siendo evangélica. Sin embargo, la realidad es otra. Desde los primeros años de la década de los 90 parece que el crecimiento evangélico paró en un 25% de la población. Diversas encuestas han mostrado cifras similares, comprobando que el porcentaje de la población evangélica no incrementa. A pesar de que las conversiones continúan, la población evangélica no aumenta. Esto es muestra siniestra de problemas graves.

Un estudio sobre la asistencia a culto en Chile mostró que menos de la mitad de los pentecostales asistían a culto una vez por semana, y una tercera parte no asistían casi nunca. El nominalismo no sólo ha crecido grandemente en el seno de la iglesia pentecostal, sino es permitido. Encontramos tazas altas de nominalismo en otras denominaciones también. En México se encuentra patrones similares, con menos de la mitad de los evangélicos activos en la iglesia, y grandes porcentajes nunca asisten.5

Deserción

Existe más y más evidencia de que muchas personas no sólo dejan de practicar su fe evangélica, sino que salen del todo del protestantismo. Bowen encontró que en Latinoamérica un 43% de aquellas personas que fueron criadas en iglesias protestantes ya no son protestantes como adultos. Y encontró que 68% de los que fueron bautizados en iglesias protestantes en México en los años 80, para el año 1990 habían salido.6 Se estima que las mismas cifras se darían en otros países. Lo que estamos viendo es que mientras las personas siguen ‘convirtiéndose’, también desertan a la Iglesia. Una respuesta típica podría ser: «Pues, su conversión no fue genuina.» Pero, ¿cómo puede fallar tanto las iglesias evangélicas en apuntar ‘conversiones’ que resultan ser falsas? ¿Dónde está la responsabilidad de la iglesia? ¿Dónde está el discernimiento de los líderes? Las excusas superficiales ya no convencen a estas alturas. Ni ayudan. Los líderes evangélicos tienen que encarar sinceramente la situación que han creado. Es hora que nos hagamos las preguntas difíciles. 

No podemos seguir hablando de ‘conversiones’ sin hablar de ‘la deserción’ también. No tiene sentido hablar de ‘crecimiento’ si no hablamos de ‘nominalismo’ y de ‘éxodo’. No tiene sentido hablar de ‘evangelismo’ si ¡nuestros propios hijos no se quedan en nuestras iglesias! La desobediencia cobra caro. Hace 20 años el Dr. René Padilla hacía un llamado al discipulado y la enseñanza en las iglesias, señalando que los jóvenes evangélicos eran fácilmente llevados por cualquier otro movimiento. Padilla hablaba como pastor que observaba empíricamente. Hoy tenemos los resultados a nivel regional, y el cuadro es triste. El fundamento falso que muchas iglesias evangélicas han dejado podría terminar en un colapso grande. ¿Será esta la razón el porque nuevas modas constantemente se inventan y atraen a tantos? ¿No tiene nada que ofrecer el protestantismo histórico? O más bien, ¿nunca se fundó el protestantismo histórico?

Del catolicismo al protestantismo – del protestantismo al mundo

Durante siglos en Latinoamérica la gran mayoría de personas eran religiosas, creían en Dios, practicaban algún tipo de culto o por lo menos se consideraban parte de alguna religión. Sin embargo, esto está cambiando. Las cifras continúan aumentando con respecto a las personas que se califican a sí mismas como ‘no-religiosas’ o bien ‘ateos’. Algunas personas que dejaron las iglesia Católica por la iglesia evangélica han regresado a la iglesia Católica. Pero muchos salen de la iglesia evangélica para no practicar ninguna religión. Una encuesta cuidadosa realizada por Steigenga en Costa Rica y Guatemala encontró que un gran porcentaje de lo que hoy afirman no tener religión habían formado parte de grupos evangélicos. El 57% dijeron que habían experimentado una sanidad milagrosa.. 37% dijeron que habían experimentado una conversión personal. Y 13% dijeron que habían hablado en lenguas.7 Las encuestas muestran que hoy un 12% de la población en Guatemala dicen no tener afiliación religiosa. Estas cifras crecientes se presentan en Costa Rica también.

En México Bowen encontró que de las personas criadas en hogares evangélicos un 43% ya no se identificaban con ninguna religión. Lo mismo se presentó en Guatemala y Costa Rica. Muchas personas salen de las iglesias evangélicas para ser ‘nada’ en términos religiosos.

Sacando conclusiones

Estos estudios nos exigen un auto-examen sincero de nuestra práctica y nuestra teología. Como dice Cleary, ante cifras altas de deserción no basta echar la culpa a que las personas ‘vuelvan al mundo por falta de compromiso’. Ante el fenómeno de tanta deserción, la iglesia evangélica tiene que hacer un escrutinio de cerca de todo su programa. Quiero señalar sólo dos puntos que considero importantes.

1. ‘Conversión’ sin arrepentimiento – La práctica predominante hoy entre las iglesias evangélicas es pedir ‘una decisión por Cristo.’ Pero este ‘decisionismo’ superficial es el punto de arranque para todo el mal que estamos experimentando. Es muy claro en la biblia que Jesús exigía un buen conocimiento de lo que el ‘convertido’ estaba aceptando. Jesús tomaba especial cuidado cuando le seguían las multitudes de asegurar que sus esperanzas no fueran falsas. En Lucas 14, por ejemplo, le advirtió a la multitud que «él que no lleva su cruz y viene en pos de mi, no puede ser mi discípulo» (Lucas 14:27). Y les exhortó a calcular el costo de ser su discípulo (vs. 28-33). En muchas otras ocasiones Jesús aclaró que ser discípulo de él requería negarse a sí mismo, aceptar a Jesucristo como único Señor y Rey, y fue por esto que Jesús comenzó su predicación diciendo «el reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed el evangelio».

Por practicar un evangelismo sin arrepentimiento, la misma iglesia evangélica ha producido ‘cristianos’ no-arrepentidos, asegurando a muchos la promesa de la salvación y la vida eterna sin cumplir con los requisitos que Dios exige. Esta práctica distorsionada ha producido ‘cristianos’ distorsionados, e iglesias distorsionadas. Y no es de sorprenderse que una persona no-arrepentida que llega a una iglesia llena de otros no-arrepentidos pronto se da cuenta que tampoco necesita esa iglesia para ¡vivir su vida no-arrepentida! Y tenemos a mano las cifras que lo demuestran. La deserción de tantas personas de la iglesia es muestra de un grave problema en nuestra forma de evangelizar. El afán por las ‘decisiones por Cristo’ probablemente nace de la carne – nosotros queremos ver números, y fácilmente aseguramos a las personas que ‘recibieron a Cristo’ a pesar de que su vida no lo muestre. En cambio, Jesucristo envió su iglesia a hacer discípulos, seguidores de él, «enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mat. 28:20). Es por esto que un trabajo evangelístico basado en el próximo punto es tan importante para que la carne no intervenga y para que sea el Dios Soberano que defina los resultados.

2. Un evangelio sin Dios – Existen problemas con los métodos de evangelismo, pero hay un problema más grave aún, y ese es con respecto al contenido del mensaje predicado hoy. El ‘evangelio’ se ha convertido más y más en un mensaje enfocado en el hombre. Se le dice a la gente que debe ‘aceptar’ el llamado para ser feliz, o para ser próspero, o para solucionar sus problemas, o para sentir un propósito en la vida. El llamado profético de humillarse y conocer al Dios Santo y Soberano de la biblia se ha apagado, y ha tomado su lugar un mensaje terapéutico, centrado en el hombre. Hemos convertido a Jehová en otro dios pagano, un dios caprichoso, no-soberano, a la merced de las ofrendas y clamores de los seres humanos. Dejó de resonar el anuncio del Dios tres veces santo, absolutamente soberano, a quien se le conoce por medio de su Palabra infalible, tal como anunciaron los profetas, los Padres de la Iglesia primitiva, y los Reformadores protestantes. La biblia nos comunica una fe basada en el ‘conocimiento de Dios’, y este conocimiento está transmitido por su Palabra. Como el salmista dijo, «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios» (Salmo 24:10). En cambio, hoy se proclama «dance con la música y sienta la presencia de Dios». Esta clase de misticismo anti-bíblico ha dejado a miles de personas sin ningún fundamento para su fe, y las cifras tristemente nos muestran las consecuencias. Los ‘resultados’ inmediatos no lo es todo. El mensaje superficialmente ‘atractivo’ se está volviendo opio del pueblo. Nuestro único deseo debe ser servir como instrumento de los medios de Dios, para que Dios soberanamente actúe como él quiere. Creo que muchas veces no creemos en el poder soberano de la Palabra de Dios, y queremos ‘ayudarle’ a la Palabra, metiendo nuestras técnicas, presiones, y adiciones. Pero recordemos lo que Dios mismo dijo:

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Isaías 55:9-11). 

¿Nos basta esta Palabra poderosa, o creemos que nuestras palabras son más efectivas?

Es urgente que la iglesia evangélica no sólo cambie su forma de evangelizar, sino urge un cambio del mismo mensaje que proclama. Hemos vagado lejos de los fundamentos bíblicos e históricos de la fe. Muchos sufren en carne propia las consecuencias de la desobediencia doctrinal y práctica. Lleguemos ante la presencia de Dios con humildad, pidamos su perdón, y hagamos un compromiso sincero de retornar al camino de Dios. No seamos como los hijos desobedientes de Israel, sino escuchemos el llamado del profeta:

Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, 

y mirad, y preguntad por las sendas antiguas,

 cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis 

descanso para vuestra alma. Mas dijeron: 

No andaremos. (Jer. 6:16)

El propósito de este número de Reforma Siglo 21 es hacer un aporte hacia esta meta. Los temas son variados, pero todos tienen su enfoque en cómo nuestras iglesias pueden cimentar su fe y conducta más sólidamente en la Palabra de Dios. Que Dios nos ayude. Y que Dios reciba la gloria.

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