COMBATIENDO LA POBREZA: CONFERENCIA PARA PASTORES

Por pastor Ben Di Zión

Reforma Siglo XXI, Vol. 18, No. 2

La Biblia nos da todos los secretos para que su Iglesia no siga en condiciones de pobreza, sino que las riquezas del mundo sean trasladadas al reino de Dios. Uno de los problemas más graves que asedia a los pastores, es el conformismo en el área de buscar a los ricos que tienen recursos necesarios para el reino de Dios. El mismo Señor dio órdenes explícitas, diciendo:

“Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa” (Lucas 14:23).

Es claro que la casa (la Iglesia) debe de estar “llena” de las riquezas de los impíos. Y Jesús dice claramente que debemos aplicar “fuerza”, es decir, bastante vigor, en este empeño. Por esta razón, muchas Iglesias y muchos pastores continúan en la pobreza. Andan tímidos y miedosos. A muchas Iglesias les faltan los recursos para realizar sus ministerios. A muchos pastores les faltan los recursos para sus necesidades personales. Nada de esto es apropia- do para los siervos del Señor. En esta conferencia haremos un estudio profundo de lo que la Biblia enseña sobre estos asuntos.

El texto escogido para hoy es de Hechos 8:26, 27: “Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar”.

Dirección Divina

Lo primero que debemos notar es que el siervo de Dios, Felipe, recibe órdenes divinas. Había estado cómodo allá en su casa. Leemos en Hechos 21 que Felipe tenía cuatro hijas. Este siervo de Dios estaba dedicando demasiado tiempo a su familia, produciendo hijas, cuidando de su esposa, cuando Dios tenía otros trabajos más importantes para él. Felipe no se estaba preocupando por “forzar” a los ricos a entrar al reino. Por eso el mismo “Ángel del Señor” tuvo que hablarle. Este mensajero angélico llegó con un mensaje directamente de Jesucristo, y el mensaje era con- tundente, urgente, y vigoroso: “¡Levántate y ve!”

Este mismo llamado llega hoy mismo a cada pastor cómodo, tranquilo, conformista: “¡Levántese! ¡Camine!” Las riquezas del mundo nunca le llegarán por arte de magia. Debe esforzarse. Aún más, tendrá que atravesar desiertos primero, lo cual nos conduce al siguiente punto.

Atravesar Desiertos

Dios no envía a Felipe a los palacios de los reyes primero. No. Debe aprender a ministrar en el desierto primero. Aquí hay una gran enseñanza para cada uno de nosotros presentes hoy. ¿Qué significa este “desierto” a dónde Dios lo envía? Pues, recordemos que el desierto era el lugar de prueba para el pueblo de Dios. Aquí la obediencia de Felipe será probada. Si es obediente, tendrá éxito. Si no obedece, tendrá fracaso. ¡Ojo! todo pastor, la regla es muy clara, la obediencia producirá éxito.

Otra cosa que notar es el lugar específico: “Gaza”. Este lugar fue la guarnición antigua de los filisteos, que causa- ron tanto problema para el pueblo de Dios. Fíjese que Dios está señalando que las riquezas de los impíos les serán quitadas, ¡aunque sean guardadas con armas! Nada podrá resistir al siervo de Dios que actúa con valentía. Dios envía a Felipe al desierto, al mismo lugar de los filisteos armados, para hablar con ¿quién? ¡Con el mismo tesorero de la reina Candace!

Los ricos se rinden

Al que Felipe se dirige se describe como un “alto funcionario” de la corte, él que estaba sobre todos los tesoros de la reina Candace. El plan claro de Dios es evidente. Dios ha determinado trasladar las riquezas de los impíos a la Iglesia, y tenemos aquí un claro ejemplo de este proceso. Había miles de personas a quienes Felipe pudiera hablar. Pero el Ángel del Señor lo envió a uno solo: al tesorero de la reina.

Notemos que este hombre era de otra raza que Felipe, un etíope. Dios nos está enseñando que no debemos mirar las cosas externas. El dinero no tiene color de piel, ni raza, ni lengua. Felipe no debía mirar las cosas externas, que nosotros muchas veces miramos. ¡Cuántas oportunidades se pierden porque los pastores inexpertos miran lo superficial!

Detengámonos en este punto un momento. Fíjese muy bien en lo que les voy a compartir, porque le voy a decir lo que Dios me ha dado por visión y sueño. Felipe no se deja llevar por ninguna otra cosa fuera de su misión: alcanzar al tesorero de la reina. Noten, por favor, que este tesorero no es ni muy amable. No saluda, ni le pregunta a Felipe quién era. No muestra ningún interés personal en Felipe. Pero Felipe ignora todo eso. El Ángel de Dios lo insta a “acercarse y juntarse al carro” del tesorero. Felipe debía poner de lado sus propios sentimientos personales en favor de una meta más alta.

En mi experiencia con muchos pastores, he visto que se pierden muchas oportunidades por andar con sentimentalismos, o por estar esperando halago personal, o buen tratamiento personal. Miren bien. Nada de eso importa. A usted no le debe importar si le cae bien a las personas o no. Cero interés debe poner a ello. Lo que importa es traer el dinero de los filisteos a las arcas santas de Jerusalén, nada más. Olvídese de lo demás, como lo hizo Felipe.

¿Qué pasó cuando Felipe fue obediente? El tesorero  de la reina se rindió rapidito. Pidió ser bautizado en dos momentos, mostrando su sumisión al siervo de Dios. Y aunque el pasaje no dice explícitamente, entre líneas podemos saber que el tesorero se comprometió con trasladar los dineros de la reina a la Iglesia. ¿Cómo lo sabemos? Leemos que se fue “gozoso” (v. 39). En el lenguaje de Dios, esto significa que regresó al palacio de la reina “gozoso” de cumplir con su tarea de cristiano: la de trasladar las riquezas del mundo a las arcas de Dios.

Este viaje del tesorero a Jerusalén fue solo el primero. Es casi seguro que cada año volvió a los apóstoles, pero con el carro lleno de tesoros. ¿Cómo podemos saber esto? Porque tenemos varios ejemplos de lo que hacían los cris- tianos mientras se convertían a Dios. Daré algunos de es- tos ejemplos.

Antioquía – “Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo” (Hechos 11:29,30). Aquí vemos que los cristianos en Antioquía, apenas eran convertidos, envían su dinero a los apóstoles. Estas son las acciones naturales de los convertidos. Antes, cuando eran impíos, usaban su dinero para sí mismos. Ahora comprendieron que el dinero “impío” debía ser trasladado bajo la administración de los siervos de Dios.

Corintios – Pablo insta a los corintios a que no olvidaran recoger su ofrenda “para los santos” (1 Corintios 16:1). Estas ofrendas, una vez más, eran enviadas a los apóstoles y líderes de la Iglesia. De manera, vemos una vez más un traslado de dineros que antes pertenecían al mundo impío a los santos de Dios.

Todos estos ejemplos nos ayudan a saber a ciencia cierta que el tesorero de la reina Candace con seguridad envió sus tesoros a los líderes.

Conclusión

El pastor exitoso necesita con urgencia aprender las claves aquí compartidas. Debe ser una persona enfoca- da en la meta, sin mirar asuntos secundarios. Debe estar persuadido de que la voluntad de Dios es trasladar el dinero del mundo a las arcas santas que están bajo su administración. No debe preocuparse por caerle bien a las personas, sino cumplir su tarea. Y debe enfatizar desde el primer momento que es deber de todo cristiano diezmar, y aún más, despojar a los mundanos para llevar su dinero al siervo de Dios.

Si hace caso a mis consejos, no tengo duda de que cada uno que me escucha aquí será un pastor exitoso.

Seminario Balaam Ciudad de Gomorra

El pastor Ben Di Zión ha sido pastor de veinte megaiglesias, teniendo mucho éxito en todos sus empeños. También ha sido conferencista en 666 países del mundo. Es profesor emérito en el Seminario Balaam aquí en Gomorra, y estamos agradecidos que pueda compartir sus experiencias y consejos con los pastores y alumnos del Seminario.

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