CASIODORO DE REINA

Por Alexander León

Reforma Siglo XXI, Vol. 19, No. 2

¿Qué opinarían de un hombre que naciese en España, pero que durante su vida viviese en ciudades como Fráncfort, Londres, Amberes, Bergerac, en el Castillo de Montargis, en Basilea y en Estrasburgo? Para muchos sería tal vez un bohemio o un trotamundos, pero en definitiva se pensaría de él como un hombre afortunado que supo disfrutar de la vida, viajando y viviendo en tantos sitios interesantes.

Sin embargo, el hombre del cual hablamos, no vivió en tantos países por placer sino por necesidad. Esta vida marcada por la persecución y la urgencia de tener que huir nos hace recordar las palabras del autor de la epístola a los Hebreos: “…de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (Hebreos 11:38).

Casiodoro de Reina nació en 1520 en un lugar llamado Montemolín que hoy pertenece a Extremadura, pero que en aquel tiempo pertenecía al Reino de Sevilla en España. Ser protestante en el siglo xvi no era cosa fácil y mucho menos en España, pero Casiodoro de Reina fue considerado por la Inquisición Española no solo un hereje, sino un “heresiarca” es decir, un maestro de herejes, y fue quemado en efigie en 1562, lo cual significaba que se quemaba un muñeco en su lugar y se le confiscaban todos sus bienes si se hallaban, así como sus publicaciones o libros, y el rey español Felipe II puso precio a su cabeza.

Había vivido como monje en el Monasterio de San Isidro del Campo, pero abrazó la fe evangélica o el “luteranismo” y fue tan influyente su conversión que según se dice en poco tiempo casi todos los frailes del convento habían abrazado el luteranismo también.

En 1557, Casiodoro junto con otros monjes huyó de Sevilla rumbo a Ginebra, la capital protestante de Suiza. Vale la pena meditar un momento en cuanto a lo que esta huida significó: Hombres que estuvieron acostumbrados a una vida apacible de estudio y oración en su monasterio, prefirieron salir por caminos desconocidos a un país desconocido con tal de poder vivir según lo que entendían que Dios demandaba de ellos una vez que tuvieron acceso a las Sagradas Escrituras.

Desde aquel entonces, Casiodoro tenía la firme intención de realizar una traducción de la Biblia al idioma español, pero algunas circunstancias, entre ellas sus convicciones en cuanto al trato para con los herejes, le distanciaron de Calvino y sus seguidores, por esta razón no se quedó en Ginebra. Básicamente la discordia se dio porque Casiodoro de Reina no aprobaba la ejecución de herejes y afirmaba que los anabaptistas de convicción pacifista debían ser considerados hermanos. Por estas convicciones se ganó además de la persecución de la Iglesia Romana, la oposición de muchos de sus hermanos protestantes.

Partió para Londres en 1558 pasando primero un tiempo breve en Fráncfort y con él un buen grupo de creyentes españoles. En Londres junto con algunos italianos y neerlandeses que también habían huido de sus países, organizó una Iglesia. En 1560, Casiodoro de Reina redactó una Confesión de fe titulada: “Confesión de fe hecha por ciertos fieles españoles, que huyendo de los abusos de la Iglesia Romana y la crueldad de la Inquisición de España hicieron a la Iglesia de los fieles para ser en ella recibidos por hermanos en Cristo”. Un fragmento del párrafo introductorio de esta Declaración de fe es digno de ser mencionado porque podría ayudarnos a entender el sentimiento de nuestros hermanos evangélicos de aquel siglo:

“A la iglesia del Señor Jesús el Cristo, congregada en Londres en nombre del mismo Señor, los hermanos españoles que, huyendo de las abominaciones del Papado, se recogen a ella: gracia y paz de Dios único Redentor nuestro.

Después de habernos el Señor por su sola misericordia hecho este tan grande bien de darnos oídos con que oyésemos su voz, para que metidos en el número de su pequeña manada le siguiésemos como a único Pastor nuestro, ninguna cosa hemos más deseado en esta vida, que hallarnos en la compañía de aquellos a quienes él hubiese hecho la misma merced. No porque entendemos que la Iglesia del Señor, y la afluencia de bienes del cielo que por él le son comunicados, está ligada a ciertos lugares, tiempos o personas; mas porque sabemos, enseñados por su palabra, que donde quiera que él la quiera juntar, allí le envía su bendición y la lluvia de sus largas misericordias. Por esta causa dejamos nuestra patria y las comodidades de vivir, tales cuales eran que en ella teníamos, de nuestra libre voluntad, antes que el mundo, como lo tiene de costumbre, ni otra temporal necesidad nos compeliese a dejarlas; teniendo por suerte dichosísima, si algún día el Señor nos hiciese tan gran merced sobre las demás, de que corporalmente nos juntásemos con tan santa compañía, para participar así de sus trabajos y aflicciones como de los dones que el Señor le hubiese comunicado, y que ella participase de los nuestros”.

Casiodoro fue ordenado en 1562 como pastor de esta Iglesia. La reina Elizabeth I le concedió el permiso de predicar a los españoles perseguidos.

El proyecto de traducción de la Biblia sufrió muchos obstáculos, porque en 1564 Casiodoro tuvo que huir de Londres ya que fue acusado de conducta inmoral, específicamente de sodomía. Según se afirma hasta propios miembros de    la Iglesia estuvieron dispuestos a denunciar a su pastor, lo cual ocurrió según se supo después por chantaje, porque los inquisidores habían logrado infiltrar a un hombre llamado Gaspar Zapata, que hasta llegó a ser asistente de Casiodoro en el proyecto de traducción.

Casiodoro no se presentó el día que fue convocado a declarar, sino que huyó, y aunque algunos lo tienen por cobarde, no debe haber sido nada fácil dejar la Iglesia y hasta a sus padres en Londres. Muchos piensan que Casiodoro sabía que no iba a ser juzgado con justicia y esto impediría la culminación de su proyecto.

Tiempo después, el mismo joven que supuestamente había sufrido el abuso, un muchacho francés de 17 años, confesó oficialmente en Amberes que él no tenía idea de dónde había salido tal acusación y que suponía que esto había surgido de parte de los opositores de Casiodoro. Esto aparece en la investigación de Kinder citada por Björn Reisnert.

La Iglesia española de Londres, ahora sin pastor, se dispersó, pero por la gracia de Dios los manuscritos se salvaron y Casiodoro los recuperó para seguir con grandes dificultades su obra de traducción en Amberes. Casidoro también escribió un documento que se publicó en Heidelberg en 1567 titulado “Algunas artes de la Santa Inquisición española”, con el pseudónimo de Reginaldus Gonsalvius Montanus. Esa obra se publicó en latín, pero muy pronto fue traducida al inglés, holandés, francés y alemán. Casiodoro pudo publicar su Biblia hasta el año 1569 en Basilea. A esta Biblia se le suele llamar “La Biblia del Oso” porque aparecían en su portada una marca de imprenta con un oso intentando alcanzar un panal de miel.

Esta ha sido la Biblia protestante para los cristianos de habla hispana por más de cuatro siglos. Con frecuencia se ha afirmado que esta es la primera Biblia en español, aunque esto no es correcto, porque en 1280, el Rey Alfonso el Sabio había ordenado una traducción, sin embargo, su intención y alcance fue más que todo simbólico porque nunca llegó a manos del pueblo. La Biblia del Oso fue traducida con la clara intención de que el pueblo tuviera acceso a la Palabra de Dios.

Cipriano de Valera argumentó, como justificación a su trabajo de revisión y republicación, lo siguiente:

“…Cassiodoro de Reyna movido de un pio zelo de adelantar la gloria de Dios, y de hazer un señalado servicio à su nacion enviendo se en tierra de libertad para hablar y tratar de las cosas de Dios, començò a darle    à la traslacion de la Biblia. La qual traduxo; y assi año de 1569, imprimiò dos mil exemplares: Los quales por la misericordia de Dios se han repartido por muchas regiones. De tal manera q hoy casi no se hallan exemplares, si alguno los quiere comprar”.

En 1578, fue admitido como miembro de la congregación reformada valona y las autoridades luteranas le concedieron nacionalidad honoraria. En 1577, había recibido una oferta para ser ministro reformado en Polonia, pero no la aceptó. El siguiente año, la congregación valona de Amberes le solicitó ser su pastor y él aceptó el cargo, era una congregación luterana. Sin embargo, antes de tomar el cargo, se ocupó de reparar el escándalo que años atrás había provocado su salida de Londres y la comisión que años antes trató las denuncias se reunió de nuevo y lo declaró inocente.

Vivió  en Amberes hasta 1585 porque en ese año Felipe II de España se apoderó de la ciudad, por lo cual volvió a Fráncfort. Allá vivió y por la insistencia de los ciudadanos fue designado primero como copastor y luego como pastor oficial. Continuó en el ministerio hasta su muerte, el 15 de Marzo de 1594.

Tenemos grandes ejemplos de hombres que estuvieron dispuestos a dedicarse con pasión al servicio de Cristo y a sufrir por su causa. Quiera el Señor que nos impulsen considerar el resultado de su conducta y a imitar su fe (Hebreos 13.7).

El Pastor Alexander León es un ardiente defensor de la adoración bíblica, racional y reverente al Dios único y verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Está casado con Ingrid Umaña y tienen una hija de nombre Abigaíl. Es Ingeniero Informático de profesión, pero su corazón está en el servicio de Cristo. Sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Reformada de Los Lagos, en Heredia, Costa Rica (fereformada.org). Allí es también director del ministerio Liberando a los Cau- tivos (liberandoaloscautivos.com), dedicado a ayudar a personas que se encuentran atrapadas en pecados sexuales, para que encuentren libertad en Cristo.

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