CARTAS DEL TÍO POLICARPO – #5

Reforma Siglo XXI, Vol. 10, No. 1

Hola Tío:

Perdona que no te haya escrito durante tanto tiempo. Debemos reanudar nuestras conversaciones. ¡Me hacen falta! Quiero que me des tu opinión sobre el siguiente asunto, por favor:

  Hay un nuevo líder en nuestra iglesia, y él dice que durante 1800 años el espíritu del apostolado estaba muerto. Dice que la iglesia ponía más énfasis en doctrinas y enseñanzas, pero que hoy Dios ha levantado sus apóstoles una vez más y debemos escucharlos. Esto ha causado diversas opiniones en nuestra congregación, tío. Por favor dime lo que piensas de esto. ¡Gracias!

Tu sobrino, Justus

Querido sobrino: 

Ya estaba extrañando tus cartas. He viajado por varias partes del mundo visitando iglesias y enseñando acerca de la sana doctrina. Por todas partes me han hecho la misma pregunta. 

Ciertamente he escuchado en algunos programas televisivos a algunos predicadores que se autodenominan apóstoles, y reclaman tener los mismos poderes de los apóstoles de Cristo. Bueno, te daré mi opinión sobre tu pregunta, en tres partes:

(1). El significado general y específico de la palabra apóstol

Empezaré diciéndote que la palabra apóstol significa “ser enviado” o “permitido a ir”. Una mirada al uso de esta palabra en el Nuevo Testamento indica que ese alguien que es enviado, lo es por y con autoridad divina. Es decir son mensajeros comisionados por Cristo para cumplir la misión encomendada por él. 

Entonces, en un sentido general, todo creyente es un apóstol, porque todos hemos sido comisionados por Cristo para testificar acerca de Su evangelio. Pero la palabra apóstol en su sentido técnico o especial se refiere a los doce apóstoles que Cristo escogió de manera personal y directa para ser testigos especiales de él y los envió a predicar el evangelio de Cristo, y les dio poderes especiales o extraordinarios.

(2). Los requisitos para ser apóstol en el Nuevo Testamento.

En el libro de Hechos encontramos claramente definido quien podía apóstol, poniéndose los requisitos para reemplazar a Judas, el traidor. Los requisitos establecidos por los once apóstoles para elegir a un nuevo apóstol fueron cuatro según Hechos 1:21-22: “Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea constituido testigo con nosotros de su resurrección”

De este pasaje, pues, se deducen los cuatro requisitos siguientes:

Alguien que haya acompañado a los once y a Cristo todo el tiempo que Jesús vivió en esta tierra: desde el bautismo de Juan hasta la ascensión de Cristo.

Alguien que haya visto a Cristo personalmente y hay vivido con los demás apóstoles.

Que haya sido testigo de la resurrección de Cristo.

Que haya sido testigo de sus ascensión.

Analiza bien sobrino Justus, para que no te sorprendan quienes se hacen llamar apóstoles o quienes aún tienen dudas acerca del apostolado en la Iglesia de Cristo. ¿Pudo alguien de los cristianos, después que murieron todos los apóstoles, cumplir con estos requisitos para llamarse apóstol? Pues, ¡ninguno! Ni siquiera los que conocieron a Pedro, o a Juan, o a Pablo, se atrevieron a llamarse apóstoles en el mismo sentido que los llamados directamente por Cristo, incluido Pablo (1 Cor. 15:8,9). ¿Cómo pues entonces puede algún cristiano hoy llamarse apóstol sin cumplir los requisitos bíblicos? La respuesta es obvia, querido sobrino, podría hoy llamarse apóstol alguien que no entiende la Biblia, o realmente alguien que tiene la intención de engañar, y de desafiar la enseñanza de Cristo mismo. Hay que tener cuidado. No hay que temerles, ni creerles.

(3). El oficio de apóstol fue fundacional, extraordinario, y ha cesado ya.

Si ningún cristiano se atrevió a llamarse apóstol luego de que murieron los apóstoles, ni se eligieron nuevamente a doce apóstoles, entonces hay una segunda enseñanza clara aquí en este pasaje. Esta enseñanza es que el oficio de apóstol tal cual el mismo Cristo lo instituyó es de naturaleza irrepetible. Así lo entendieron los propios apóstoles inspirados por el Espíritu Santo según Hechos 1. Se trataba de un oficio fundacional ligado al inicio de la nueva era anunciada desde el Antiguo Testamento. Los doce representaban al nuevo Israel de Dios. Lo que es el fundamento no se vuelve a repetir. Los apóstoles son el fundamento de la Iglesia, junto con los profetas, siendo Cristo la piedra angular. Por eso Pablo dice a la Iglesia de Cristo:

Así pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, 1920 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, 21 en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, 22 en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Efesios 19-22).

Si hubiera alguna sombra de duda sobre esta verdad, cuando uno lee Apoc. 21:14, ya no queda duda alguna. Allí en la visión de Juan, se nos relata que “ El muro de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos estaban los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero”. ¡No hay, pues, lugar para apóstoles de Europa, Asia, Oceanía, o de las Américas! 

Ya estamos edificados sobre este fundamento apsotólico. Por eso ni los propios apóstoles ordenaron a ninguna iglesia a ordenar nuevos apóstoles, pues sabían que nadie más que ellos podían cumplir con los requisitos del apostolado fundacional. Lo que sí enseñaron es que se ordenaran ancianos o presbíteros en cada iglesia y en cada ciudad. De modo que cualquier intento de poner a otros apóstoles como parte del fundamento de la Iglesia, será falso. Por lo tanto, ¡debemos rechazarlo sin duda alguna! 

Quizás, sea muy ilustrativa, querido sobrino, escuchar también las sabias palabra de nuestro hermano Donald Macleod, él nos dice que este fundamento apostólico fue puesto una sola vez y para siempre : “Lo de una vez para siempre se ve claramente en el Nuevo Testamento mismo. Así como Cristo se ofreció una vez para siempre, de la misma manera lo es la fe, una vez por todas entregada a los santos (Judas 3). Consecuentemente, la actitud correcta frente a la tradición apostólica no es la de desarrollarla y añadir a ella sino la de ‘retenerla’ (II Tes. 2:15). Es una herencia sagrada que debe ser conservada (I Tim. 6:20).” 

(4). Hay funciones apostólicas que continúan en los presbíteros

El hecho de que no tengamos apóstoles no significa que la Iglesia de Cristo no tenga líderes. Los líderes que los apóstoles establecieron para la iglesia de hoy, guiados por el Espíritu Santo, son los ancianos, o presbíteros, o pastores, cuyos requisitos están principalmente en 1 Timoteo 3:1-11. Ellos continúan algunas de las funciones de los apóstoles, tales como: Enseñar la sana doctrina que ellos dejaron establecida, poner orden en la iglesia, administrar los Sacramentos, Predicar la Palabra de Dios, y establecer nuevas iglesias en el mundo o hacer trabajo misionero, entre otras funciones.

Entonces la Iglesia de Cristo sigue teniendo a Cristo como Cabeza irremplazable, que gobierna hoy mediante los presbíteros o pastores legítimamente llamados para este servicio. Eso fue considerado suficiente por Cristo y por sus apóstoles. 

En resumen, sobrino Justus, el oficio de apóstol tal cual hubo en el Nuevo testamento ha cesado ya. De modo que cualquier persona que hoy se haga llamar apóstoles en el mismo sentido que los doce del Nuevo Testamento, con toda seguridad es un impostor, y se está atreviendo a desafiar la propia autoridad de nuestro Rey de reyes y Señor de señores. No importa que predique por televisión, o que diga que hace milagros, no lo creáis, como nos lo advirtió el mismo Cristo. Son predicadores de “otro evangelio” como lo dijo Pablo, por eso sobrino Justus, no te dejes sorprender ni atemorizar. Ya te he dado estas cuatro razones bíblicas. 

Espero que seas fiel a la Palabra de Dios, y espero tu nueva cartita. Saluda y anima a los hermanos que están asustados con estos ¡“nuevos y falsos apóstoles” ! Hasta pronto y que Dios siga siendo tu fortaleza.

Tu tío, Policarpo de Esmirna 

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