CARTAS A TÍO POLICARPO – #3

Reforma Siglo XXI, Vol. 5, No. 1

Justus escribe: “Tío Policarpo, espero que te encuentres bien. Yo me encuentro un poco afligido por una situación que se está dando en nuestra iglesia. El pastor nos está diciendo que debemos ser muy fieles en nuestra asistencia y presencia en el culto, pero algunos pensamos que esto es un legalismo. Ya que no estamos bajo la ley, sino la gracia, ¿no te parece que estos tipos de compromisos son opcionales para el cristiano? Por favor ayúdame a entender esto, tío. Abrazos. Tu sobrino Justus.”

Tío Policarpo responde:

Estimado sobrino Justus:

Gracias por escribirme otra vez. Hace tiempo que no había recibido tus preguntas, ya las estaba extrañando. Espero que al leer esta cartita dando respuesta a tu pregunta el Señor consuele tu alma, con su Palabra y su Espíritu.

Sobrino, tengo que decirte que el pastor de tu iglesia está enseñando lo correcto. El tiene, por lo menos, tres razones bíblicas para exigir fidelidad a los servicios de adoración. 

La primera razón es que es deber del pastor cuidar las almas de los creyentes, porque los pastores tienen que dar cuenta a Dios. Hebreos 13:17 nos dice: “obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso o sería provechoso para ustedes.” Ves sobrino, el pastor tiene como objetivo velar por tu alma, él sabe que todo verdadero creyente necesita estar siempre en comunión con Cristo, con el padre y con el Espíritu Santo. Esta comunión, además de los otros medios de gracia, se hace también efectiva y real cuando adoramos a Dios en el culto. Por eso el pastor debe preocuparse de amonestar a todos los hermanos a permanecer fieles en la adoración a Dios cada día del Señor (cada Domingo).

La segunda razón es que el Servicio de Adoración de cada Domingo ha sido divinamente instituido. Los Judíos se reunían para el Servicio de Adoración cada Sábado y así celebraban la culminación de la obra de la creación tal como Dios la instituyó en el Antiguo Testamento (Génesis 2:2-3). Pero el libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que se había establecido que cada Día del Señor (cada Domingo), la iglesia apostólica se reunía para la Adoración a Dios, de manera que así celebraban la Resurrección de Cristo, la culminación de la Obra de Redención y el inicio de la Nueva creación que Cristo ha inaugurado (Hechos 20:7, 1 Corintios 16:1,2). Fue también en el Día del Señor (Domingo) cuando el apóstol Juan recibió la revelación de Dios acerca de la gloriosa Iglesia de Cristo y de la consumación de los tiempos. De manera que durante la adoración de cada Domingo, juntos como pueblo de Dios, adoramos al Dios Trino, comprometiéndonos en la misión de Cristo, y con anhelo esperamos el día de estar ya con El para siempre. Querido sobrino, ¿acaso no es esto algo que debemos desear ardientemente cada Domingo?

La tercera razón es que la Biblia nos aconseja que no debemos dejarnos dominar de la costumbre de dejar de congregarnos. Nos dice la Biblia en Hebreos 10:23-25: “Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió; y consideremos como estimularnos unos a otros al amor y a la las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros , y mucho más al ver que el día se acerca.” ¿Te das cuenta sobrino? La buena costumbre del cristiano es congregarse siempre, pues somos parte de la iglesia de Cristo, que es su cuerpo. Es más, sobrino, si al creyente del Antiguo Testamento se le exigía estricto cumplimiento de guardar el Día de Reposo, ¿cuánto más al creyente del Nuevo Testamento? Ha cambiado el día del séptimo al primero, pero las demandas de Dios en cuanto a guardar la santidad de día no ha cambiado. Si un cristiano entiende la redención, y que ya es parte de la nueva creación, y que espera la pronto venida del Señor, entonces él buscará estar presente siempre en cada Servicio de Adoración. Por eso sobrino, te aconsejo que seas fiel en tu asistencia al culto (quizás sea mejor llamarlo Servicio de Adoración).

Adorando así a Dios cada Domingo, nos preparamos ahora en la tierra para que cuando lleguemos al cielo adoremos a Cristo día y noche, como nos dice Apocalipsis 7:13-15. No te canses de estar en el servicio de Adoración, querido sobrino, pues llegará el día que nunca nos cansemos de adorar a nuestro Redentor día y noche junto con los ángeles del celo y todos los santos (Apocalipsis 7:9-12).

Ahora al punto. Esta enseñanza de tu pastor no es legalismo. Aunque es verdad que ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia, eso no significa que los cristianos debemos asistir al servicio de adoración cuando así lo sintamos, o cuando nos dé la gana. Te explico las razones, escucha bien, sobrino. Si estamos bajo la gracia, nos dice Romanos 6:14, ya no estamos bajo el dominio (o señorío) del pecado, el cual conocemos por la ley. Ahora, más bien, tenemos a Cristo como el nuevo Señor, ya no es el pecado que conocemos por la ley. Por la gracia de Cristo, por su obra en la cruz hemos sido librados de la culpabilidad del pecado. Por eso Romanos 6:18 nos declara que ya no somos esclavos del pecado, sino que somos esclavos de la Justicia (rectitud) de Cristo. 

Entonces, querido sobrino, al estar bajo esta gracia redentora y perdonadora de Cristo, ya estamos “esclavizados” a obedecerle y adorarle a él siempre. Ya no asistimos al Servicio de Adoración como una mera obligación de la Ley, sino que asistimos cada Domingo con gozo para celebrar nuestra libertad del culpabilidad del pecado, y para adorar al Dios Trino que por gracia nos ha dado esa libertad en Cristo.

Todos los que estamos bajo la gracia, nos deleitamos en estar siempre en la presencia de Dios junto con su pueblo, cada Día del Señor. Así que, querido sobrino, dale gracias a Dios que tienes un pastor que se preocupa por verte siempre en comunión con Dios y con su pueblo cada Día del Señor. No te dejes dominar por el deseo pecaminoso de querer ser parte del pueblo de Dios pero a menudo desligándote de él. Díle a ese deseo, ‘Fuera de mí. Por gracia soy salvo mediante la fe en Cristo, y por gracia iré al culto siempre para alabar y adorar a mi redentor Jesucristo.’ Dios obre esto en tu corazón, querido sobrino.

Con cariño,

Tu tío Policarpo 

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