“CAMBIO CLIMÁTICO”: ¿UN SALTO DE FE?

Por E. Calvin Beisner

Reforma Siglo XXI, Vol. 18, No. 2

Esta noche en la Universidad de Duke, habrá una mesa redonda titulada “El cambio climático: No un salto de fe”. Entre los anfitriones del evento está el grupo de Jóvenes Evangélicos de Acción por el Clima, una rama de la Red Evangélica Ambiental.

Ellos y el Instituto Nicholas para Soluciones de la Política Ambiental, la Escuela Nicholas de Medio Ambiente, y el Instituto Kenan para la Ética están trayendo a Amy Pickle del Instituto Nicholas, a Megan Mullin de la Escuela Nicolás, a David Toole del Instituto Kenan y a Katharine Hayhoe, una profesora asociada de ciencias políticas y di- rectora del Centro de Ciencias del Clima de la Universidad Tecnológica de Texas, para discutir por qué los cristianos deben preocuparse por el cambio climático.

Esa es una buena idea en principio, pero ese título, “El cambio climático: No un salto de fe”, me hizo preguntarme:

¿Tiene esto la intención de presentar el “cambio climático” como algo en contraste con la fe religiosa en general, o tal vez la fe cristiana en particular?

El filósofo danés del siglo XIX Søren Kierkegaard, entre los primeros existencialistas, como es sabido enseñó que el compromiso cristiano es un “salto de fe”, que abarca las enseñanzas cristianas sin evidencia e incluso contrarias a esta.

A pesar de que esta comprensión de la fe cristiana era la antítesis del cuerpo principal de la enseñanza cristiana por los anteriores dieciocho siglos, tuvo éxito, y hoy en día muchos que se llaman evangélicos entienden su fe cristiana de esa manera. Abrazan el “salto de fe” de Kierkegaard, a veces incluso llamándolo un “salto ciego de fe”.

Tal mensaje habría conmocionado al apóstol Juan, quien escribió que Juan el Bautista vino a dar testimonio [que de- notaba testimonio en un juicio para establecer un hecho] de Jesús (Juan 1: 6-7), y que “Jesús hizo muchas otras señales en la presencia de los discípulos, las cuales no están escritas en este libro; pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20: 30-31).

Habría conmocionado al apóstol Pedro, quien instó a los cristianos a “lo que se refiere a Cristo el Señor como santo, estando siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15).

Y habría sorprendido a Lucas, que comenzó su Evangelio, “Puesto que ya muchos han tratado de compilar una narración de las cosas que se han verificado entre nosotros, así como los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra que nos fue entregada a nosotros, me pareció también a mí, después de haber investigado todo con diligencia desde hace algún tiempo, escribir un relato ordenado para ti, ilustre Teófilo, para que conozcas bien la verdad en cuanto a las cosas que te han enseñado” (Lucas 1: 1-4). Del mismo modo, comenzó su segundo volumen, el Libro de los Hechos: “En el primer libro, oh Teófilo, hablé de todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado órdenes a través del Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. A ellos se presentó vivo después de haber padecido muchas pruebas, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1: 1-3).

¿Qué se esconde detrás de esa elección del título para el panel de discusión de esta noche? ¿Era, como pregunté antes, el presentar la creencia en el cambio climático como razonada y basada en la evidencia, en contraste con el “salto ciego de fe” del cristianismo? De hecho, me pregunto si los que idearon ese título saben que la palabra fe, tal como se utiliza en la Biblia, no denota una respuesta emocional, sino una respuesta intelectual: aceptar (no solo de hablar con los labios, sino creer, honestamente, con la mente [o el corazón, la Biblia utiliza los términos indistintamente]) a la verdad de una declaración o doctrina.

Supongo que puede que nunca lo sepamos.

Pero esto sí sabemos. Los Organizadores del panel aseguraron que los que asistieran oirían solo un lado de este tema, a pesar de que es un tema que se caracteriza por una enorme controversia científica, económica, política y ética entre los expertos de buena fe en los cuatro campos.

Los cuatro panelistas creen claramente en un peligroso calentamiento global provocado por el hombre y en el imperativo de tratar de mitigarlo reduciendo las emisiones de dióxido de carbono mediante la reducción del uso de

combustibles fósiles, aunque al hacerlo se lentifica o detiene el desarrollo económico en gran parte del mundo, atrapando a miles de millones en la pobreza y condenándolos a una vida corta y plagada de enfermedades.

El único científico del clima entre ellos, Dra. Hayhoe, se ha demostrado dispuesta a dialogar con otros científicos del clima evangélicos que estén en desacuerdo con ella.

Cuando en el 2013 dirigió un grupo de 200 científicos evangélicos (solo cinco de los cuales eran científicos del clima) en la emisión de una carta abierta instando al Congreso a tomar medidas contra el cambio climático, dos miembros preferentes de la Alianza Cornwall, el Dr. Roy W. Spencer, Director Científico de la investigación en climatología en la Escuela de la Tierra y Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Alabama y ganador de la medalla de Logro Científico Excepcional de la NASA para el trabajo de monitorización de la temperatura global con satélites, y el Dr. David Legares, profesor de hidroclimatología, precipitación y cambio climático, y métodos computacionales en el Colegio de la Tierra, Océano y Medio- ambiente de la Universidad de Delaware, ella concluyó su respuesta crítica:

… Los desafiamos a ellos, o a otros evangélicos de su elección, a un debate formal público con un científico, un economista y un teólogo de cada lado, en una universidad evangélica de su elección. Un tema de debate sería la magnitud, las causas y consecuencias del calentamiento global reciente y previsible y si combatirlo mediante la reducción de las emisiones de CO2 causaría más bien que mal a los pobres.

Hasta la fecha ni la doctora Hayhoe ni ningún otro evangélico que esté de acuerdo con su posición ha respondido nunca a este reto, el cual sigue en pie.

¿Podría la creencia en el peligroso calentamiento global antropogénico ser más un “salto de fe” de Kierkegaard, que el escepticismo mismo? ¿Por qué podría uno pensar así?

El aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, que los alarmistas del clima culpan por el aumento de la temperatura promedio global, es una suave curva ascendente, mientras que el aumento de la temperatura durante el último siglo y medio, y en las últimas cuatro décadas, ha sido intermitente, con aumentos, disminuciones y mesetas.

Los mejores análisis indican que los cambios globales de temperatura ocurren antes de los cambios en la concentración de dióxido de carbono, contrario a la secuencia que observaríamos si el dióxido de carbono fuera el principal impulsor de los cambios de temperatura.

Los modelos climáticos computarizados que son la única base para predicciones de la temperatura global extendiéndose a los próximos siglos simulan, en promedio, de dos a tres veces el calentamiento real observado durante el período en cuestión.

Noventa y cinco por ciento de ellos simulan más calentamiento que el observado, indicando que los errores no son al azar, sino accionados por algún tipo de sesgo (sea error honesto o no).

Ninguno simula la ausencia total de calentamiento estadísticamente significativo desde principios de 1997 hasta finales de 2015.

Así que, tal vez, pese al título de la mesa redonda, la creencia en el “cambio climático” (abreviatura para peligroso calentamiento artificial hecho por el hombre que debe ser mitigado, incluso a costa de miles de millones de dólares y, potencialmente, atrapando a miles de millones en la pobreza) es realmente un acto de fe.

Traducido por Beatriz Atkins

Dr. Beisner es el fundador y orador nacional de The Cornwall Alliance; antiguo Profesor Asociado de Teología Histórica y Ética Social en el Seminario Teológico Knox, y de Estudios Interdisciplinarios en el Covenant College.

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