CALVINO Y LOS PAGANOS

Por Dr. Peter Jones

Reforma Siglo XXI, Vol. 11, No. 2

1. Introduction

Esta es una exposición experimental.No soy un erudito sobre Calvino y tampoco un medievalista. Soy un especialista en el Nuevo Testamento, y últimamente un observador entusiasta de la moderna cultura occidental que cada vez en mayor grado abraza un entendimiento neo-pagano de la existencia. Pero salté hacia la posibilidad de proponer una línea de pensamiento acerca de Calvino que espero que asuman los eruditos más jóvenes debido a su posibilidad para ayudarnos con nuestra propia situación crítica.

Mi suposición es que, de todas las cientos de conferencias impartidas sobre Calvino y el Calvinismo en esta celebración del año número 500 de su nacimiento, pocas, si es que alguna, trataráncon la conexión que tenía Calvino con el paganismo medieval y su utilidad para nosotros en nuestro trato con el avivamiento del paganismo en la cultura contemporánea. Esperamos que este breveensayo comience a poner las cosas en su lugar. Calvino, mientras era joven, al principio, fue tentado por el monismo pagano, entonces vio clara y definitivamente la importancia esencial de la distinción entre el Creador y la criatura, y ese entendimiento, desde el principio de su conversión, marcó toda su obra de principio a fin.

En el año 2006 fui invitado a enseñar en la Ginebra de Calvino, en el idioma de Calvino como el conferencista plenario en una conferencia en el Instituto Bíblico Ginebra. Fue un gran honor para mí. En una tarde que estaba libre de mis conferencias, fui con un grupo de pastores franceses y suizos a visitar Le Mur de la Reformation. Este muro hermosamente esculpido, de 18 pies de alto y 300 de largo, situado en un majestuoso parque justo en el centro de Ginebra, Suiza, constituye un monumento impresionante de la Reforma Suiza del siglo dieciséis. En el centro del muro hay cuatro estatuas enormes de Farel, Calvino, Beza y Knox. Detrás de ellas, con letras de seis pies de altura, se encuentra el lema de la Reforma Franco-Suiza: «Post Tenebras Lux» (Después de las tinieblas, la luz), refiriéndose a la venida del Evangelio y al avivamiento de la fe verdadera después de siglos de oscuridad medieval. Ciertamente, aquella antigua Ginebra no era el cielo en la tierra, pero aún así se levanta como un ejemplo inspirador del avivamiento de la fe y la piedad bíblicas tanto en la vida privada como pública.

Este asombroso monumento no puede ocultar el hecho de que hay una nueva oscuridad sobre Ginebra, aunque ha estado gestándose desde hace mucho. 

Doscientos años después de Calvino, el filósofo suizo romántico y anticristiano, Jean Jacques Rousseau (1712–1778), dijo correctamente de la Venerable Compañía de Pastores de la Ginebra de su tiempo: «No sabemos lo que creen o lo que no creen. Ni siquiera sabemos lo que pretenden creer». Se estaba refiriendo a la confusión y carencia de sana doctrina ya evidente en el siglo dieciocho. En el siglo veintiuno, una nueva expresión doble de oscuridad espiritual se cierne sobre la iglesia y la cultura.

Por un lado, la iglesia histórica, con su compromiso con la teología liberal, ha perdido su luz Evangélica y ha adoptado el mensaje del sincretismo religioso. Hace dos años el Dalai Lama pronunció un discurso en la Catedral de San Pedro donde Calvino predicó la mayor parte de su ministerio.

Por otro lado, las fuerzas del paganismo han tomado el control de la cultura. Suiza, habiendo rechazado su pasado cristiano, como Occidente en general, está envuelta en una revisión radical de sus creencias básicas, tipificadas por la cabeza del estado quien es un homosexual abiertamente practicante quien aparece en las funciones de estado junto con su amante.

Un evento simbólico que se llevó a cabo unos pocos meses antes de mi visita, en frente del Muro de la Reforma, me impactó con una fuerza excepcional. Uno de los pastores que asistía a mis conferencias estuvo allí y me lo describió: un desfile gay con miles de participantes, con gays y lesbianas bailando de manera frenética al ritmo de tambores en estados provocativos, tanto vestidos como desvestidos, señalando por así decirlo con su dedo hacia una «deformación» y perversión del pasado espiritual de Ginebra. 

A fines del siglo diecinueve Abraham Kuyper predijo con sorprendente exactitud lo que hoy estamos viviendo: 

…entre las naciones Protestantes el Panteísmo, nacido de la nueva filosofía alemana… se ha concentrado incluso hasta cambiar la herencia de nuestros padres por un moderno Budismo sin esperanza… No olvidéis que el contraste fundamental siempre ha sido es, y aún es, y siempre será hasta el fin: Cristianismo y Paganismo, los ídolos o el Dios viviente».

En los años 60s, Francis Schaeffer dijo lo mismo: «Se ofrecerá con insistencia el Panteísmo como la única respuesta a los problemas ecológicos… las religiones Orientales serán para el Cristianismo un nuevo y peligroso Gnosticismo».

¿Puede ayudarnos nuestro recuerdo de Calvino mientras enfrentamos la furiosa arremetida de la religión pagana? ¿Cuán consciente era Calvino del paganismo religioso? ¿Tiene Calvino algo que enseñarnos?

De acuerdo al creyente Reformado y especialista de clase mundial en el Gnosticismo, Johannes van Oort, de Utrecht, Agustín, a quien Calvino cita con mayor frecuencia de los Padres de la Iglesia, fue el más grande padre de la iglesia anti-gnóstico. De modo que, podemos estar seguros de que Calvino estaba muy bien informado de la respuesta de Agustín al Maniqueísmo, una forma muy virulenta de Gnosticismo en los siglos cuarto y quinto.

Algunos argumentan que no hay ninguna documentación de alguna religión pagana que estuviese siendo practicada durante la Edad Media, más que la especulación de los clérigos, quienes estaban mucho más interesados en la herejía —es decir, los cristianos cuya doctrina difería de las de ellos. Yo contestaría que el Renacimiento fue esencialmente un movimiento pagano, y que todos los clérigos fueron enfrentados con su profundo desafío a la ortodoxia cristiana.

2. El Carácter Pagano del Renacimiento

Estaba en un fin de semana de celebración de la Reforma, y el pastor habló en términos elogiosos del Renacimiento como una recuperación del aprendizaje clásico, sin ninguna mención de su carácter profundamente pagano. Ciertamente, desde una perspectiva humana, el Renacimiento fue un logro asombroso. En el lapso de una sola generación, Leonardo, Miguel Ángel y Rafael produjeron sus obras maestras, Colón descubrió el Nuevo Mundo, Lutero se rebeló contra la Iglesia Católica y comenzó la Reforma, y Copérnico planteó como hipótesis un universo heliocéntrico y comenzó la Revolución Científica.

Un filósofo pagano moderno captura el espíritu del Renacimiento como una reacción contra el peso aplastante de la Madre Iglesia, mediadora entre Dios y el hombre, y la sociedad ordenada, formalista y compartimentada de la Edad Media. El hombre emergió de los fragmentos de la síntesis medieval y vio, quizá por vez primera desde la era clásica de Grecia, el mundo del Hombre y el mundo de la Naturaleza. Se volvieron al pasado clásico de las antiguas Grecia y Roma y asumieron que éstas estaban bañadas de luz. Allí encontraron una Era Dorada.

Con la imaginería artística del Renacimiento como su lenguaje, se escribió una nueva Summa pictórica, integrando los componentes dialécticos de la cultura Occidental —Judaísmo y Helenismo, Escolasticismo y Humanismo, Platonismo y Aristotelismo, mito pagano [Hermeticismo, alquimia, la Kábala judía, Gnosticismo, Pitagorísmo y magia (en el sentido de una filosofía de la naturaleza)], y revelación bíblica— en una síntesis trascendente. [Pero] el Renacimiento fue algo más grande que cualquiera de estos factores… había simultáneamente en muchos frentes una emergencia enfática de una nueva conciencia —expansiva, rebelde, enérgica y creativa, individualista, ambiciosa y a menudo inescrupulosa, curiosa, auto-confiada, comprometida con esta vida y este mundo, con los ojos abiertos y escéptica, segura y llena de espíritu— y que esta emergencia tuvo su propia razón de ser, fue impulsada por alguna fuerza mayor y subyacente que cualquier combinación de factores políticos, sociales, tecnológicos, religiosos, filosóficos o artísticos.

Esta descripción bien podría servir como una definición algo paralela al surgimiento del paganismo en la actualidad como la «emergencia» de una nueva síntesis poderosa que finalmente unirá al planeta y producirá una utopía de este mundo.

Los eruditos humanistas en Florencia para fines del siglo quince, en los círculos de la Academia Platónica de Cosimo Medici, crearon un sentido de novedad y optimismo para este «nuevo» mundo que estaba emergiendo de la «era oscura». Eruditos jóvenes y brillantes como Marsilio Ficino (quien tradujo el Corpus Hermeticum) y Giovanni Pico della Mirandola (quien tradujo la Kabala judía), se apropiaron de una variedad de enseñanzas y tradiciones que la teología oficial había ignorado y con ello había alimentado el hambre general de cambio cultural e ideológico.

2.1 La Kabala:

Gracias a las obras de Mirandola, muchos pensadores cristianos comenzaron a leer las obras básicas de referencia de la Kabala mística e impulsadora de las ideas gnósticas, tales como la Sepher Yetzirah, la Bahir y la Zohar, tratando de armonizar esta tradición monista y mística con la perspectiva cristiana. El resultado llegó a conocerse como la Kabala Cristiana. Afirmando ser una síntesis de dos religiones diferentes, ciertamente ya no era cristiana.

2.2 El Corpus Hermeticum

En una búsqueda mística semejante, los cristianos occidentales estaban igualmente fascinados por El Corpus Hermeticum. Este era un texto que impulsaba el Gnosticismo, originalmente de Alejandría, c. 150-300 dC que fue ampliamente publicado y leído durante el siglo quince. La espiritualidad subyacente —un misticismo griego contemplativo— era una versión de las religiones mistéricas greco-romanas, desarrolladas en Egipto. Un monje, Leonardo da Pistoia trajo el corpus a Florencia durante el Renacimiento, donde Ficino lo tradujo y lo popularizó. Como lo dice el héroe del escrito, Poimandres: «Este es el bien último para aquellos que han recibido conocimiento [gnosis]: ser hechos dios». Como resultado, en vez de que el universo sea un acto libre de Dios, la creación del universo es vista como una parte necesaria de la naturaleza de Dios.

El Hermeticismo, profundamente asociado con la Alquimia, propuso una nuevo tipo de espiritualidad mística. El busto de Ficino, que se encuentra en la catedral de Florencia, representa a Ficino a la manera del mítico músico que toca la lira. Ficino es el artista, quien mira en su interior, en un estado inspirado ‘suscitado por el frenesí de las Musas,’ para descubrir y cantar la armonía del cosmos. Antes de mucho tiempo, el «ver hacia adentro» y «la armonía del cosmos» produjeron en Florencia, a fines del siglo quince, una tolerancia y práctica de la homosexualidad que fue sofocada durante la fiera predicación de Savonarola.

Wayne Schumacher, en su intrigante obra Las Ciencias Ocultas en el Renacimiento, dice: «… la influencia hermética no estaba limitada al mundo de la erudición sino que se filtraba entre la población, y con sorprendente rapidez… existía una predisposición en todas las clases de la sociedad para aceptar los mitos y símbolos del Hermeticismo que sugiere un perfil intelectual dispuesto a abrazar un nuevo evangelio».

Los textos Herméticos fueron frecuentemente publicados una y otra vez. Para algunos, especialmente en Italia, la Hermética era igual en autoridad a la Sagrada Escritura. Nicolás de Cusa, un erudito asociado con el Papa, argumentó, en su obra De pace fide (1453), a favor de «una armonía fundamental que vincula a todas las creencias hacia la adoración de un Dios oculto común». En Siena, el enlosado de la catedral tenía una imagen de Hermes con la inscripción «Hermes Mercurius Trismegistus Contemporaneus Moysi». Pontus de Tyard, obispo de Chalons, cita a la Hermética; Leonardo anotó su nombre; sermones y oraciones oficiales pronunciadas desde los balcones llamaban la atención hacia él. El Hermeticismo asumió el tono de una nueva religión, o al menos una manera nueva de interpretar el Cristianismo y su operación universal en la historia humana. Hubo algunos que no fueron engañados. Johannes Pannonius, un profesor y poeta húngaro, obispo de Pecs (1434-1472) acusó a Ficino de impulsar el avivamiento de la teología pagana.

2.3 Astrología. 

El surgimiento de la astrología en Europa fue preparada por una visita a Italia en 1438 del erudito bizantino Pletho. La visita de Pletho, Bessarion y otros bizantinos proveyó tanto la oportunidad como el impulso para el estudio de los griegos, especialmente porque Pletho propagaba vigorosamente una cosmovisión atractiva que incluía la atribución de almas a las estrellas y la afirmación de la existencia de una armonía universal en las que la materia y la inteligencia se hallan unidas de forma perfecta. Los pensadores populares dirigían el camino. Ficino se volvió adepto a la astrología, pues ésta se ajustaba con la noción Hermética de todo el universo como ente animado y permeado de influencias espirituales. Mirandola, el genio joven de inmensa habilidad intelectual, mencionado antes, se unió a Ficino en la promoción de la nueva práctica esotérica, luego más tarde la rechazó.

2.4 La Filosofía Pagana

El Renacimiento también fue el redescubrimiento de la filosofía pagana, de los escritos de Aristóteles, Platón y Pitágoras. Uno habla así en particular, de la aparición del neo-platonismo y el neo-estoicismo, afectando este último al joven Calvino.

Luego de completar su educación formal en 1527 cuando tenía dieciocho años, Calvino se apartó de la fe Católica Romana de su juventud, sin encontrar sin duda en el formalismo de la Madre Iglesia la respuesta a sus profundas preguntas con respecto a la vida, y comenzó, como la mayoría de las mentes jóvenes de su época como Melanchthon y Zwinglio, a indagar y galantear con el apasionante mundo intelectual del humanismo renacentista.

En abril de 1532, Calvino, a sus veintitrés años, publicó e imprimió de su propio bolsillo, un comentario del libro de Séneca, «De Clementia», Sobre la Misericordia. En esta obra el joven Calvino muestra un dominio brillante de la literatura clásica, con la misma competencia de cualquier humanista educado de su época.

Séneca, como Estoico reconocido, enfatizaba que, debido a que «la virtud es suficiente para la felicidad», entonces el sabio era inmune al infortunio. El universo es una sustancia material y racional, conocida como Dios o Naturaleza, infundida por el logos; es un ser vivo, con una sustancia y un alma; el panteísmo del Estoicismo equivale a Dios con la totalidad del universo. El Estoicismo es cosmopolita y optimista. Todas las personas son manifestaciones del único espíritu universal y debiesen, según los Estoicos, vivir en amor fraternal, como dijo Marco Aurelio:

Todas las cosas están entrelazadas, lo uno con lo otro, y el vínculo es sagrado: prácticamente no hay nada que sea ajeno a todo lo demás, pues todas las cosas han sido ordenadas y constituyen un solo Cosmos. Pues hay tanto un Cosmos de todas las cosas y un Dios a través de todo, y una sustancia, y una ley, y una razón común de los seres inteligentes, y una verdad (Meditaciones, VII, 9).

Esto no detuvo a Marco Aurelio en su afán de enviar a los cristianos a la muerte en el Amphithéâtre des Trois-Gaules en Lyons en el año 177 DC. 

Platón también era un monista quien deriva, por medio de la razón, la necesidad de un ser/creador último. Este ser no se encuentra en el exterior y separado de la mente de Platón sino que es algo en lo que él participa. Esta es solo una falsa trascendencia; es una trascendencia sólo en el sentido de que el principio último es el punto de partida de todo el ser, del cual emana todo, pero que no está aparte de todo ser.

Por un tiempo Calvino pareció estar seducido por esta visión del antiguo entendimiento pagano de síntesis, que fue la gran meta del Renacimiento, a saber, una teoría unificada del conocimiento. Los humanistas, como Pico demuestra, eran sincretistas; parte de la filosofía del humanismo era que la verdad religiosa era en parte revelada a todos, tanto cristianos como no-cristianos, de modo que parte de su proyecto era conformar el pensamiento no-cristiano, especialmente el pensamiento de Platón y sus seguidores, al pensamiento cristiano, y señalar, a través de una exhaustiva erudición textual, las similitudes entre las filosofías y religiones no-cristianas y la filosofía y la religión cristiana. Para entender a Pico, ayuda revisar el problema filosófico central en la tradición y el Cristianismo occidental: el problema de la relación entre el uno y los muchos: si el universo se puede entender como una cosa individual, digamos Dios, ¿cómo es que las múltiples partes del universo se relacionan con esta cosa individual? 

Los neoplatonistas, por otro lado, creían que las muchas cosas del universo eran «emanaciones» de Dios. Como resultado, en lugar de que el universo fuese un acto arbitrario de Dios, la creación del universo es necesariamente parte de la naturaleza de Dios. 

Estos eruditos eran sincretistas eruditos que bebían de muchas fuentes que estaban más o menos relacionadas con lo que creían ser la médula de la sabiduría Hermética. Se imaginaban las varias tradiciones religiosas como cuerdas o claves diferentes de un solo instrumento, dispuestas de tal forma que podrían producir múltiples armonías, mutuamente esclarecedoras. 

Esta visión fue predicada como un seductor «nuevo Evangelio», capaz de reunir a toda la sociedad, y producir un nuevo nacimiento, un renacimiento, de la cultura humana. Había optimismo en el aire, «una predisposición en todas las clases de la sociedad a aceptar los mitos y símbolos del Hermeticismo que sugiere un carácter intelectual dispuesto a abrazar un nuevo evangelio». Giordano Bruno (1548-1600) creía que estaba cerca una nueva visión religiosa que sustituiría al Cristianismo, y que capacitaría a todos a estar en contacto directo con el «alma del mundo» puesto que el Cosmos era divino. El historiador de la Reforma Roland Bainton declara: «Los místicos del Renacimiento buscaban descubrir el mismo conjunto de frutos bajo los símbolos de muchas religiones… la tolerancia se convirtió en la consigna, aún a expensas de un Cristianismo mutilado». Lo que el Renacimiento estaba haciendo era reviviendo la religión, la filosofía y la cultura paganas en una forma gnóstica sutil, como una criba sofisticada a través de la cual cernir la fe cristiana, en una especie de liberalismo vanguardista de los siglos quince y dieciséis, que infectaba la cultura y la iglesia, especialmente la Iglesia Católica. La tentación vino en forma de una mitología unificada, uniendo el pasado y el presente, la ciencia y la religión en una forma occidental de panteísmo donde se identifica a Dios con los dioses de la antigüedad. Un historiador del período hace este incisivo comentario: «Los dioses de la antigüedad adquieren una vez más relevancia como poderes en el universo… introducidos nuevamente en un contexto cristiano». Este sincretismo cristianizado le dio un fuerte apoyo a la creciente ola de humanismo optimista, al pluralismo y a la tolerancia sin límites.

3. La respuesta de Calvino al paganismo del renacimiento

Algunos eruditos Católicos Romanos afirman que Calvino estaba «embelesado con el Humanismo» y produjo así un movimiento (la Reforma) que estaba profundamente comprometido con la incredulidad. Hillaire Belloc, el político inglés Católico Romano, ve el genio poderoso de Calvino detrás de la moderna filosofía del monismo. Me temo que Belloc no entiende bien el monismo.

Calvino sí contempló la posibilidad de una carrera brillante como humanista, como abogado, como clérigo institucional, pero algo sucedió que le alejó tanto del Catolicismo tradicional como del humanismo pagano, de modo que echó su suerte con una pobre secta perseguida, con poca esperanza de reconocimiento cultural y gloria personal.

Él habla de su conversión como «repentina» (subita conversio). «Dios mismo», dice él, «produjo el cambio. Instantáneamente sojuzgó mi corazón a la obediencia». Luchó en vano por obtener paz en la conciencia por medio de los métodos mecánicos del romanismo, y fue dirigido a un sentido más profundo del pecado y la culpa. «Sólo queda un refugio», dice él, «abierto para nuestras almas, y ese refugio es la misericordia de Dios en Cristo. Somos salvos por gracia —no por nuestros méritos, no por nuestras obras».

Calvino era consciente de la seducción de la filosofía del renacimiento. Él señala «en su época» [aujourd’hui] la aparición

de «esprits monstrueux» [mentes monstruosas —mentes que no tienen temor de emplear la semilla de Deidad depositada en la naturaleza humana como medio para eliminar el nombre de Dios] que «substitutent nature au lieu de Dieu» [sustituyendo a la naturaleza como el arquitecto del universo, eliminan el nombre de Dios]. 

Calvino le dio la espalda a las metodologías espirituales paganas de su época. De este modo escribió un tratado contra la astrología, Traitê ou Avertissement contre l’astrologie qu’on appelle judiciaire et autres curiositês qui regnent aujourd’hui au monde (1549). En él rechazó las lecturas supersticiosas de las tablas de nacimiento y elogió a los efesios de la época de Pablo por quemar toda su parafernalia. La astrología, declara él, es una superstición diabólica por la cual la gente es «quasi ensorcelés», es decir, «virtualmente hechizada».

¿Fue Calvino «hechizado» por la filosofía pagana, específicamente por el Estoicismo? Calvino sí aprendió de sus contemporáneos la necesidad de regresar ad fontes, es decir, a los textos originales, pero eso es porque había sido conquistado por el poder de la Escritura como la autoridad final para la vida y la piedad. Puesto que Calvino llegó a sus posiciones teológicas a través de su estudio de la Escritura, no tuvo ningún problema usando las herramientas filológicas e históricas de su tiempo pero eso provino de su convicción teológica de que la Biblia era la única fuente para la verdad, no los papas ni los concilios. En otras palabras, Calvino se esforzaba por leer la Biblia en sus idiomas originales porque en su conversión llegó a creer que la Biblia era la única fuente de revelación infalible.

Calvino rechaza explícitamente el pensamiento monista del Estoicismo con el cual había galanteado una vez. «La charla de ciertas personas con respecto a una inspiración secreta que le da impulso a todo el mundo, no solamente es tonta, sino profana en absoluto». Está claro que, con la frase «una inspiración secreta que le da impulso a todo el mundo», se está refiriendo a la noción estoica del logos universal que rechaza de forma categórica. La tontería la ve en un verso antiguo:

De modo que a la abeja algunos sabios le han asignado, Una porción de Dios y de la mente celestial…

Calvino rechaza la expresión «la Naturaleza es Dios», por ser «imprecisa y discordante (siendo la Naturaleza más apropiadamente el orden que ha sido establecido por Dios)». «Causa mucho daño confundir la Deidad con las operaciones inferiores de Sus manos».

Calvino se opuso con vigor específicamente a los platonistas florentinos quienes representaban la cuna del pensamiento renacentista. Su profundo involucramiento con los filósofos se muestra en el hecho que fue él quien inventó el término ‘Neo-estoicismo.’ En su Institución de 1536, Calvino hizo referencia a los ‘nuevos Estoicos’ (novi Stoici) quienes trataban de revivir el ideal de lo impasible (apatheia) en lugar de abrazar la virtud propiamente cristiana de soportar heroicamente el sufrimiento enviado por el Dios personal (Inst. 3.8.9) quien está en control de la historia. Negando la idea de lo impasible, Calvino muestra su rechazo radical de la noción Estoica de la deidad impersonal. Su comentario, ontra los filósofos antiguos y modernos «que trataban, por la razón y el aprendizaje, de destrozar los cielos», es el siguiente: «¡Qué desacuerdo más vergonzoso! Mientras más alto se elevaba alguno en su genio, y más se pulía en la ciencia y el arte, más engañoso era el color que le daba a sus opiniones. Sin embargo, todas estas opiniones, si se examinan más de cerca, son un mero espectáculo vano» . Su conocimiento de Dios no se basa en la especulación filosófica sino en la sumisión a la propia revelación de Dios de Sí mismo, que se encuentra de manera suprema en la Escritura. «Dios nos confiere a nosotros el conocimiento real de Sí mismo únicamente en las Escrituras».

De modo que, la obra total de su vida es una declaración elocuente de la distinción Creador/criatura del teísmo bíblico —en contra del monismo sincrético de los eruditos del Renacimiento y de los teólogos Católicos Romanos comprometidos con el hermeticismo de su época. Ambas son formas de monismo que Calvino rechaza con claridad. Él pregunta, buscando con ello sostener la distinción entre el Creador y la criatura: «Ahora bien, ¿en qué razón cabe que el hombre sea divino y no reconozca a su Creador? ¿Será posible que nosotros, que no somos sino polvo y ceniza, distingamos con el juicio que nos ha sido dado entre lo bueno y lo malo, y no haya en el cielo un juez que juzgue?» Y luego continúa: «Por lo tanto, que cada uno de nosotros, al contemplar su propia naturaleza, recuerde que hay un solo Dios que gobierna todas las naturalezas y, al gobernarlas, desea de nosotros que le tengamos respeto, que le hagamos el objeto de nuestra fe, adoración y veneración». 

Los paganos de la época de Calvino adoraban al hombre y la naturaleza. La respuesta de Calvino, igual que la de San Pablo, fue adorar al Creador antes que a la criatura. De modo que dice, con gran elocuencia, evocando tanto la trascendencia de Dios como la gloria de sus obras:

Puesto que la perfección de la vida bienaventurada consiste en el conocimiento de Dios (cf. Juan 17:3), le ha placido, para que ninguno pueda ser excluido de los medios para obtener la felicidad, no solo depositar en nuestras mentes aquella semilla de religión, sino también manifestar su perfección en toda la estructura del universo, y ponerse diariamente a nuestra vista, de modo que no podemos abrir nuestros ojos sin vernos constreñidos a contemplarle. Ciertamente Su esencia es incomprensible, trascendiendo totalmente todo pensamiento humano; pero en cada una de sus obras está grabada Su gloria con caracteres tan brillantes, tan distintivos, y tan gloriosos, que nadie, no importa cuán torpe e iletrado sea, puede alegar ignorancia como excusa.

Como Calvinistas, estamos orgullosos de proclamar: «El principio básico del Calvinismo es la soberanía de Dios», soberanía tanto en la creación como en la redención. La razón es que la insistencia de Calvino en la trascendencia de Dios era la única respuesta al paganismo en la iglesia y en la cultura de su época y esto aún es cierto para nosotros en la actualidad. 

Que el Señor renueve nuestra determinación de predicar todo el consejo de Dios, el Creador y Redentor trascendente, con la fidelidad y valentía de Calvino, Farel, Beza y Knox. Aunque no puedo prometerle un monumento en un muro impresionante de algún lugar en Europa, y ni siquiera puedo prometerle un jardín de rosas, puedo asegurarle que un día el Señor resucitado pronunciará palabras que jamás dejarán de hacerse eco en los salones de la eternidad: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (Mt. 25:23).

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