CALVINO FRENTE A LAS CONTROVERSIAS

Por Cornelius Van Til

Reforma Siglo XXI, Vol. 11, No. 2

Detrás de todo lo que Calvino escribió hay un gozo profundo a causa de los pecados perdonados. Él sabía que, por medio de Cristo, había sido reconciliado con Dios. Por lo tanto, miraba con gran compasión a las multitudes de hombres a su alrededor que no conocían esta reconciliación con Dios. Estas multitudes de hombres no tenían a nadie que les señalara a Cristo y hacia lo que Él llevó a cabo por los pecadores en la cruz del Calvario. En lugar de dirigir a los hombres a Cristo por medio de las Escrituras, la iglesia de Roma usurpaba el lugar de Cristo. La iglesia mantenía suspendidos a los hombres sobre el abismo del infierno al impedirles el reposo seguro en las promesas de Cristo.

¡Cómo se regocijaba Calvino en la obra de Lutero a través de quien Cristo y su justicia habían sido traídos a los creyentes humildes! ¡Con cuánto cuidado escribió breves declaraciones con respecto a la fe para que todo hombre pudiera poseer con facilidad las verdades centrales del evangelio! Invirtió toda una vida de trabajo en la exégesis de la Escritura y en la composición de su Institución para que los ministros pudieran predicar a Cristo a partir de la Palabra, de acuerdo a la analogía de la fe, para la edificación del pueblo de Dios y la santísima fe.

1. Defensa

Pero Calvino se dio cuenta que el evangelio no puede ser fielmente predicado a menos que también sea fielmente defendido: «Pues el Señor ha señalado ministros de su doctrina con esta condición, que debemos ser tan firmes en defenderla como fieles en su entrega». Y «cuando se debe soportar una batalla por la vida, pocos saben lo que es defender la causa de Cristo».

Calvino sabía que Satanás estaba detrás de toda la oposición a la predicación y la enseñanza pura de Cristo. Y sabía que Satanás busca llevar a cabo la destrucción de la Iglesia de Cristo de varias maneras.

2. Oposición Extrema

Durante los primeros días de Calvino, Francisco I, el rey de Francia, emprendió una violenta persecución de los Protestantes en su tierra.

Los príncipes alemanes, quienes han defendido la causa del Evangelio, y cuya amistad Francisco estaba entonces procurando, sintiéndose ofendidos con él por su persecución de los Protestantes, y ofreciéndose la excusa… de que no había castigado a nadie sino a los Anabaptistas, sustituyeron así la Palabra de Dios con su propio espíritu, y tuvieron en poco a todos los magistrados civiles.

En esta circunstancia Calvino se levanta en su altura plena y dice:

«La característica de un verdadero soberano es, reconocer que, en la administración de su reino, es un ministro de Dios».

Identificándose con su pueblo añade que sufren persecución porque creen que la vida eterna consiste en conocer al único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Él ha enviado ( Jn. 17:3).

Pero, detrás del rey, Calvino sabe que se encuentra la Sede Apostólica. El sacerdocio de Roma se ha convertido en el adversario del pueblo de Dios. «La verdadera religión, la que se nos muestra en las Escrituras» les importa muy poco «puesto que no se levanta ni un dedo contra la primacía de la Sede apostólica y la autoridad de la santa madre iglesia».

3. La Importancia de la Escritura «¡Si tan sólo el Papa se quitara de en medio y ya no impidiera la luz del sol! Aquellos que son enseñados internamente por el Espíritu Santo están de acuerdo implícitamente con la Escritura…» 

«Iluminados por él, ya no creemos en nuestro propio juicio o el de otros, de que las Escrituras proceden de Dios; sino que, de una manera superior al juicio humano, nos sentimos perfectamente seguros —tanto como si contempláramos la imagen divina visiblemente impresa en ellas— que ella vino a nosotros, por medio de instrumentos humanos, proveniente de la misma boca de Dios».

Es de esta manera que Calvino busca mantener abierta la línea de comunicación entre Cristo y su Iglesia. Aquello que pretenda ser la Iglesia pero que no está sujeta a la voz de Cristo, hablando en la Escritura, actúa como un tirano del pueblo de Dios, ya sea directa o indirectamente a través del poder civil. Y aquellos que pretenden no necesitar a la iglesia, aún cuando habla de la autoridad de Cristo en su Palabra, viven en oscuridad. Satanás utiliza a Francisco el rey, a la «Santa Sede», y las propias necedades de los hombres para mantenerles alejados de la obediencia a Cristo. 

¿Cómo entonces serán aliviados los hombres de mala conciencia? Sólo si, a partir de la Escritura, como la boca misma de Dios, aprenden que Cristo Jesús «murió por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación». Entonces tendrán un conocimiento existencial de Dios por medio de Cristo. Pues entonces no escucharán más las especulaciones de los clérigos con respecto a la esencia de Dios aparte de su revelación en Cristo. La confrontación pactal con Dios en Cristo toma entonces el lugar de la «especulación frígida» de los teólogos escolásticos. Con Cristo hablándoles en la Escritura, los hombres también se darán cuenta de que la «verdadera religión se debe conformar a la voluntad de Dios como su criterio infalible». 

4. Comunicación de Pacto

Por lo tanto, defender la fe significa para Calvino (a) impedirle a Satanás que introduzca estática en el instrumento a través del cual Cristo le habla a su Iglesia y (b) impedirle a Satanás que obstruya la respuesta de fe y obediencia que la Iglesia debiese darle a su Cabeza. La comunicación de pacto entre Cristo y su Iglesia se debe mantener a cualquier costo. En su odio hacia Cristo, Satanás está afuera para destruir esta comunicación. El verdadero siervo de Dios debe vigilar, no vaya a ser que toda su labor en la predicación y la enseñanza termine sirviendo a los propósitos de Satanás en lugar de servir a los propósitos de Cristo. Los verdaderos siervos de Cristo deben proteger a las ovejas de ellas mismas, de los falsos pastores y de Satanás. ¿De qué otra manera pueden crecer los creyentes en gracia y conocimiento de su Salvador? ¿Y de qué otra forma puede la Iglesia, el pueblo de Dios, proclamar el mensaje de Dios al mundo?

A lo largo de su vida, Calvino siguió el curso directo y sin dobleces que se estableció para sí mismo cuando defendió primeramente a los Protestantes en Francia quienes estaban sumidos en la ignorancia.

Su interés básico siempre fue la edificación del pueblo de Dios en la fe. Pero también se mantuvo siempre vigilante pues no fuese a suceder, de una u otra manera, que este proceso de edificación se viese obstruido por Satanás. Se puede indicar sólo una pequeña fracción de su trabajo en este campo.

5. Confesión Abierta

Una de las estratagemas más sutiles de Satanás fue la de reprimir a los creyentes para que no confesaran abiertamente su fe, «guardándola lo suficiente para adorar a Cristo en la mente, mientras le daban una atención externa a los ritos papales».

Con la más profunda simpatía Calvino le escribe a un amigo sobre este tema. Se compadece de su amigo por vivir en «aquel Egipto en el que tantos ídolos y la tan monstruosa idolatría» se le presentan diariamente ante sus ojos. Pero que no vaya jamás, no vaya a ser que se iniciara su ruina, a considerar alguna política de guardar silencio cuando Cristo fuese confesado ante los hombres. 

-«Cada vez que cualquier apariencia de bien o conveniencia apartara el grosor de uno de nuestros cabellos de la obediencia a nuestro Padre celestial, el primer pensamiento que debiese presentarse para nuestra consideración es, que todo, sea lo que sea, que ha obtenido la sanción de un mandamiento Divino, llega así a ser tan sagrado como para encontrarse no sólo más allá de disputa, sino también más allá de deliberación». 

«En resumen, el Señor llama a sus seguidores a la confesión, y aquellos que se rehúsan a hacerlo deben buscar otro maestro, pues no puede tolerar la simulación [falsa pretensión, hipocresía]».

Por medio de la simulación le serviríamos a aquel maestro cruel, Satanás, en lugar de a nuestro misericordioso Salvador quien hizo una buena confesión ante Poncio Pilato y fue crucificado cuando lo hizo.

6. Colegas Tímidos

La Confesión de la Iglesia, sostenía Calvino, no debe ser solamente la del creyente individual, debe ser también de la iglesia. Cuando se ubicó primeramente en Ginebra «publicó una breve fórmula de doctrina cristiana, adaptada a la iglesia de Ginebra, que recién había escapado de las contaminaciones de los papistas». Su «primer objetivo fue obtener de los ciudadanos… una abjuración abierta del papado, y un juramento de adherencia a la religión cristiana y su disciplina, como se comprendía bajo unos pocos líderes».

De modo que en este punto Calvino dirigiría hacia una confesión abierta y colectiva de la persona de Cristo. Pero «la mayoría de sus colegas, por timidez, se mantenían alejados de la contienda, y algunos de ellos (esto le causaba a Calvino una gran desazón) incluso impedían secretamente su labor» probando profundamente la valentía de Calvino. Su valentía fue recompensada y Satanás fue vencido, pues «el senado y el pueblo de Ginebra declararon solemnemente su adhesión a las doctrinas importantes y a la disciplina de la religión cristiana».

7. Disciplina

Todo el enfoque de Calvino a la Reforma de la iglesia fue existencial porque fue escritural. La claridad de la revelación de Dios en Cristo a través de la Escritura fue algo básico en todo lo que emprendió. De ahí, como se ha señalado, su oposición a toda especulación. De ahí también su insistencia de que la mesa del Señor no debía ser profanada.

Por lo tanto, en la controversia continua con Roma, Calvino rechazó su doctrina de la misa como un ataque contra el sacrificio terminado de Cristo. Y en Ginebra, Farel y él «declararon abiertamente, que no podían dispensarle debidamente la cena del Señor a un pueblo que tenía tanto desacuerdo entre sí, y que estaba tan alejado de toda disciplina eclesiástica. «Flagrantes inmoralidades » y «viejos feudos» «entre algunas de las mejores familias» fueron la ocasión de esta audaz posición de Calvino y sus colegas. Por su posición denodada Calvino y sus colegas recibieron la orden de abandonar la ciudad.

8. La Astucia de la «Madre Iglesia»

¿Sería capaz la iglesia en Ginebra de continuar su valiente testimonio colectivo de Cristo después del destierro de Calvino? ¿No moriría por falta de un liderazgo sin temor? Satanás no corría riesgos. Se vistió con el manto de la piedad para llevar de regreso a la esclavitud al pueblo de Ginebra.

El Cardenal Sadoleto escribió una carta al pueblo de Ginebra llamándoles sus «muy queridos hermanos en Cristo». Le pareció bien, dice él «al Espíritu Santo y a mí… escribirles algo». Habla de «vuestra esperanza en Cristo» y de la bendición de la salvación completa y perpetua»; la cual pueden tener «sólo por la fe en Dios y en Jesucristo». Deben ser conscientes de que esto es lo que la Iglesia Católica les ha estado transmitiendo. 

«Esta Iglesia nos ha regenerado para con Dios en Cristo, nos ha nutrido y confirmado, nos ha instruido respecto a qué pensar, qué creer, dónde colocar nuestra esperanza, y también nos enseñó por cuál camino debemos dirigirnos hacia el cielo».

¿Regresarían entonces sus «queridos hermanos» a la madre iglesia abandonando las novedades modernas? Piense en el día del juicio. Si has regresado a la iglesia puedes hacerle frente con confianza, teniendo en ella el haber sido fiel al Evangelio. Pero si no has regresado debes enfrentar el día del juicio con temor. Suponga que usted fue uno de los «autores de la disensión». Entonces tendría que decirle al Juez, entre otras cosas, que usted había desechado a la iglesia, y apelaría directamente a la sagrada sangre de Cristo para poder hacer, de allí en adelante, y con mayor libertad, cualquier cosa que quisiera. Con tal engaño tan malicioso la «Madre Iglesia» buscaba atraer a sus errantes hijos de regreso a ella. No había nadie en este tiempo en Ginebra, dice Beza, capaz de responderle a Sadoleto. ¿Vendría Calvino en su defensa? ¿No lo habían desterrado? Si Sadoleto y Satanás habían puesto su confianza en esta circunstancia no se dieron cuenta que Cristo se había preparado para sí mismo, en Calvino, un fiel pastor. Él le informa a Sadoleto que, «aunque al presente estoy liberado de la responsabilidad de la Iglesia de Ginebra… Dios, cuando me asignó tal responsabilidad… me obligó a ser fiel a ella para siempre».

9. El Espíritu Santo

«Estoy constreñido», dice Calvino, «lo quiera o no, a resistirle a usted abiertamente. Pues los pastores solamente edifican la Iglesia, cuando, además de dirigir a las almas dóciles a Cristo, de manera apacible, como con la mano, también están armados para repeler las maquinaciones de aquellos que se esfuerzan por obstaculizar la obra de Dios».

Cuando Sadoleto apela al Espíritu de Cristo, Calvino pregunta, «¿Y qué de la Palabra de Dios, la más clara de todas las señales, y que el Señor mismo, al señalar a la Iglesia, nos recomienda tan a menudo? Pues viento qué tan peligroso sería vanagloriarse del Espíritu sin la Palabra, declaró que la Iglesia es verdaderamente gobernada por el Espíritu Santo; pero para que aquel gobierno no sea ambiguo e inestable, Él lo anexó a la Palabra». 

10. Subjetivismo

Apelar a la Iglesia por encima de la Palabra es, argumenta Calvino, apelar al hombre en lugar de Cristo.

«Somos atacados por dos sectas, que parecen diferir muy ampliamente la una de la otra. Pues, ¿qué similitud hay en apariencia entre el Papa y los Anabaptistas? Y no obstante, viendo que Satanás jamás se transforma a sí mismo tan astutamente, ni en medida alguna para traicionarse a sí mismo, puedan ver que el arma principal con la cual ambas sectas nos atacan es la misma. Pues cuando se vanaglorian de manera extravagante del Espíritu, la tendencia ciertamente es a hundir y sepultar la Palabra de Dios, para así hacerle espacio a sus propias falsedades. Y usted, Sadoleto, al tropezar en el mismo umbral, ha pagado la pena de aquella afrenta que usted le ofreció al Espíritu Santo, cuando le separó de la Palabra».

La nuestra debe ser la Iglesia «cuyo cuidado supremo es venerar humilde y religiosamente la Palabra de Dios, y someterse a su autoridad». Un alma «cuando es privada de la Palabra de Dios, se entrega desarmada al diablo para destrucción».

Calvino niega tener la capacidad, tanto él como todos los creyentes, de exponer de manera perfecta la Palabra de Dios como para no caer en error. Pero, por lo tanto, es sumamente importante, sostiene él, que el juicio de todos los creyentes y por lo tanto el de la Iglesia deben estar sujetos a la voz de Cristo tal como habla en la Escritura». Cuando el creyente ha buscado así diligentemente obedecer la voz de Cristo, entonces, y sólo entonces, no necesita temer al día del juicio.

Piense en uno de estos creyentes, dice Calvino en su respuesta a Sadoleto, y escúchele en aquel día: 

«Ellos me acusan de dos de los peores crímenes — herejía y cisma. Y la herejía fue, que me atreví a protestar contra los dogmas que ellos recibieron. ¿Pero qué podía haber hecho? Escuché de su boca que no había otra luz de verdad que pudiera dirigir nuestras almas en el camino de la vida, que aquel que fue iluminado por la Palabra».

Cuando la Iglesia reemplazó la Palabra como la norma final de fe «no hubo nadie que considerara debidamente aquel único sacrificio que Él ofreció en la cruz, y por el cual nos reconcilió consigo mismo—nadie que soñara jamás en pensar en su sacerdocio eterno, del cual depende la intercesión, nadie que confiara únicamente en su justicia».

Calvino protegería a su rebaño para que pudieran vivir y morir en la fe de Cristo, su justicia.

11. El Concilio de Trento

Pero no fue sólo la iglesia local de Ginebra a la que Calvino buscaba defender contra un teólogo romanista individual. En el Concilio de Trento (1546) la Iglesia de Roma se reunió para establecer, por medio de argumentos, lo que había fracasado en lograr a través de la persecución. Este «Sagrado, Ecuménico y General Concilio de Trento, reunido legalmente en el Espíritu Santo» estaba interesado en «extirpar las herejías y reformar las costumbres ». El concilio se reunió bajo la presidencia de los delegados de la Santa Sede.

Al responder paso a paso a los pronunciamientos del Concilio, Calvino una vez más señala como punto central la doctrina de la Escritura:

Nosotros repudiamos especialmente su deseo de establecer que la certeza de doctrina no dependa menos de lo que ellos llaman agrapha (lo no escrito), que de las Escrituras. Debemos apegarnos siempre a la norma de Agustín, ‘La fe es concebida desde las Escrituras’.

Y junto con la negativa de la Iglesia Romana de la única autoridad va también su negativa de la suficiencia única de la obra de Cristo en la salvación de los pecadores.

«Pablo afirma la obra completa de Dios; ellos no le atribuyen nada a él salvo una pequeña ayuda». Además, los falsos maestros deshonran al Espíritu Santo cuando deshonran al Hijo, Se rehúsan a reconocer a «Dios, el autor de una buena voluntad». Y la fe, exhorta Calvino, es lo que debido a su objeto, Cristo. «Recordemos que la naturaleza de la fe ha de ser estimada a partir de Cristo». Con Cristo revelado claramente en la Escritura, y la Escritura aceptada como la Palabra de Cristo por el testimonio del Espíritu Santo, el creyente puede vivir y morir con la certeza de la aceptación de Dios. La fe «se destruye tan pronto se le quita la certidumbre».

12. La Elección

Finalmente, para proteger a los pequeños de Cristo de una iglesia que desecha a Cristo, Calvino traza su salvación de regreso a su elección. Pero esta elección es en Cristo. Apelar a la elección aparte de Cristo es, para él, el colmo de la especulación auto-engañosa. Él dice que «nada es más pernicioso que inquirir en el consejo secreto de Dios, con la visión de obtener así un conocimiento de nuestra elección…» Este es «un remolino en el que seremos tragados y luego, perdidos». Pero el asunto es de otra manera cuando contemplamos que «nuestro Padre Celestial sostiene en Cristo un espejo de nuestra adopción eterna». Pues «ningún hombre sostiene verdaderamente lo que Cristo nos ha dado salvo quien se siente seguro de que Cristo mismo le ha sido dado por el Padre, para que no perezca».

Para Calvino, la idea de la elección no es una mera noción filosófica, que se coloca ya sea al principio o al final de una construcción de pensamiento humano. Para Calvino, es Cristo, hablando por medio de Su Palabra, quien le pide al hombre que trace su salvación de regreso hasta Dios el Padre quien les escogió en su Hijo para ser sus hijos. La claridad de la revelación de Cristo en la Escritura, la certeza de la fe y la elección van juntas. Estas verdades forman una unidad coherente unas con otras. No se deducen las unas de las otras. Todas son enseñadas por Cristo, quien es la Verdad. Al suprimir a Cristo como la Verdad la iglesia romanista apartó del pueblo de Dios todas las riquezas obtenidas para ellos por Cristo.

13. Verdad y Paz

¿Estaba Calvino solamente a favor de la Verdad y no de la Paz? Lejos de esto. Con frecuencia actuó como mediador entre los extremistas en el redil Protestante.

Pero él sabía que la verdad del evangelio de Cristo es el único eslabón de paz. Por lo tanto, no hemos de «regatear con respecto a la Verdad eterna e inmutable de Dios, ¡tal cosa no ha de prevalecer!» Están aquellos que quisieran impulsar «una especie de Pacificación engañosa» que nos dejaría con «un Cristo a medias», «pero de forma tal que no hay parte de su doctrina que no obscurezcan o salpiquen con alguna mancha de falsedad. Y reparten este artificio para deformar la piedad —¡que alguien se apiade de ellos!— bajo el nombre de Reforma».

«Pase lo que pase, que sea nuestra determinación absoluta no escuchar términos de paz que mezcle las fantasías de los hombres con la verdad pura de Dios».

Para apaciguar la disensión los defensores de una «Pacificación engañosa» argumentan «que no debemos insistir tenazmente en otros puntos, siempre y cuando la doctrina de la libre justificación permanezca segura». ¿Podemos como Protestantes no concentrarnos alrededor de este punto central como para tener paz entre nosotros mismos y repeler a nuestro común adversario?

Calvino contesta que existe «una gran diferencia entre simplemente expresar la expresión —somos justificados por fe— y aclarar todo el asunto en una explicación definida».

Y se debe hacer esto último si la Iglesia realmente ha de ser Reformada. Por cierto, los catecismos y las declaraciones breves de fe deben usarse para la instrucción del pueblo de Dios. Pero tal instrucción debe ser protegida por una explicación del significado pleno de la doctrina de la justificación por la fe, contra los errores de Roma. La negación de esta doctrina es, en el caso del Romanismo, parte de su sistema especulativo. En particular es su falsa doctrina del hombre y de Dios lo que subyace a la falsificación romanista de la justificación por la fe.

Por lo tanto, no es «por un amor a la disputa» o «porque no permitimos que no se apruebe nada que no nos satisface del todo» que debemos asumir la tarea de mostrar que en el Romanismo tenemos el entrecruce de la doctrina de la justificación con un sistema pagano de pensamiento. Para «mantener íntegra la doctrina de la justificación» es necesario que «tengamos una definición segura y precisa de la fe».

«De modo que, con respecto a la obtención de la Justicia delante de Dios, digo que debemos necesariamente sostener los siguientes puntos con respecto a la fe:

Primero, que es una persuasión indudable, por la cual recibimos la palabra traída por los Profetas y Apóstoles como verdad enviada por Dios.

Segundo, que lo que se ve de manera apropiada en la Palabra de Dios son las libres promesas, y especialmente Cristo, su compromiso y fundamento, de modo que, descansando en el favor paternal de Dios, podemos atrevernos a contemplar una esperanza confiada de la salvación eterna.

Tercero, que no es un conocimiento escueto, un mero dato que revolotea en la mente, sino que lleva consigo un afecto vívido, que tiene su asiento en el corazón. Cuarto, que esta fe no brota de la perspicacia de la mente humana, o del movimiento apropiado del corazón, sino que es la obra especial del Espíritu Santo, quien ilumina la mente e impresiona el corazón.

Por último, que esta eficacia del Espíritu no es sentida por todos de manera indiscriminada, sino por aquellos que están ordenados a la vida».

«A menos que estos puntos sean puestos más allá de toda controversia, aunque podamos repetir como pericos una y otra vez que somos justificados por la fe, nunca comprenderemos la verdadera doctrina de la justificación».

Apenas hemos dado un vistazo a Calvino como alguien que genera controversias y las enfrenta. No hemos podido decir nada de las implicaciones más amplias de su obra para la ciencia, el arte y la filosofía. Pero se ha mostrado bastante como para ayudarnos a verle como un valiente a favor de la verdad. Y para él, Cristo era la verdad. Calvino verdaderamente contaba todas las cosas como pérdida por el conocimiento de Cristo. El Dios trino será glorificado sólo si Cristo le habla a su pueblo y si su pueblo le habla a Cristo.

¿Acaso Calvino no cometió errores? ¿Hemos de caer en una especie de adoración a un ídolo? El mismo Calvino confesó sus errores y sus graves faltas. ¿No hay un solo defecto que podamos ver en su rostro? Pero en su testamento, dado a conocer poco antes de su muerte, dijo:

«También testifico y declaro, que, en todas las controversias y disputas en las que he estado envuelto con los enemigos del Evangelio, no he usado imposiciones, ni mecanismos malvados y sofisticados, sino que he actuado con franqueza y con sinceridad en la defensa de la verdad».

Quiera el Señor que podamos ser capaces de hablar de la misma forma en nuestra época.

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