REDIMIENDO LA SEXUALIDAD REDEFINIDA: EL PODER DE DIOS PARA LA VERDADERA LIBERTAD SEXUAL

Por Jennifer Forbes

Reforma Siglo XXI, Vol. 18, No. 2

La Escritura nos exhorta repetidamente a honrar el matrimonio y el sexo como un regalo perfecto de Dios. Rebelarse contra las prescripciones bíblicas para el sexo y el matrimonio no es la liberación sino confusión y esclavitud.

El clima sexual actual

En nuestra cultura contemporánea canadiense, nos enfrentamos a diario con la redefinición de algo muy intrínseco a nosotros como seres humanos: nuestra sexualidad. Desde los medios de comunicación hasta las aulas, desde los lugares de trabajo hasta las instituciones de poder, las ideas y prácticas de la sexualidad se expresan, debaten, desfilan y cambian.

Los puntos de vista tradicionales están fuera de moda, los llamados puntos de vista “progresistas” están a la moda y, a pesar del agitado discurso con sus campeones de la liberación sexual en todos los frentes, la gente está con- fundida, confundida acerca de lo que somos como seres humanos, lo que significa ser hombre y mujer, y cuáles son los parámetros para las relaciones saludables y la expre- sión sexual.

Una cultura e iglesia engañada

En Juan 8, la Escritura deja claro que Satanás es un mentiroso y el padre de la mentira, que no hay verdad en él y que le gusta engañarnos. La confusión nos aleja del Dador de la vida y la verdad, Dios, y en su lugar nos guía a “maestros conforme a [nuestros] propias pasiones”, conforme apartamos de la verdad el oído y volvemos a las fábulas (2 Tim. 4:3-4).

Cuando se engaña a la Iglesia, esta no puede cumplir con su testimonio profético en el mundo de anunciar la Palabra de la verdad y el Reino de Dios que está a la mano. Una iglesia confundida pierde su sabor y deja de ser la luz del mundo y una ciudad en un monte (Mat. 5:14).

La respuesta cristiana

Como cristianos debemos desarrollar una visión de la sexualidad humana, la virilidad y la feminidad a partir de un análisis de la Escritura. Tenemos que empezar con un entendimiento de quién es Dios, y entonces podemos conocer nuestra identidad y propósito en el mundo en relación con él. La Escritura proporciona todo lo que necesitamos para este entendimiento. Ir junto con la marea de filosofías ‘progresistas’ y siempre cambiantes de los hombres o quedarse en la simple tradición es inaceptable. Hay que investigar a fondo todo el consejo de Dios para entender el propósito y los parámetros de la sexualidad. La Escritura establece claramente que la sexualidad humana es intrínseca al orden de la creación y que la intención de Dios para ella es felicidad, bendición y descendencia; es un regalo.

Sin embargo, nuestra rebelión contra Dios destruye las relaciones y la felicidad; lo cual es vandalismo y no libertad. Necesitamos identificar los errores en la creencia, el pensamiento y la práctica, los cuales nos permite justificar nuestra desviación sexual y pecado. Esta edición del Jubileo señala muchos de estos de forma explícita, por lo que podemos ver claramente el pecado, y alejarnos de él en arrepentimiento.

La bondad del matrimonio

Buscamos no solo proporcionar diagnóstico, sino también regocijarse en la bondad del matrimonio. El matrimonio está fuertemente custodiado en la ley bíblica y celebrado en las canciones y poemas bíblicos. El autor de Hebreos nos exhorta hacia el ideal: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla” (Heb: 13.4). Como pueblo de Dios, podemos crear una cultura que exalte y se deleite en la bondad de la bendición de Dios de la masculinidad y feminidad, que proteja nuestra propia castidad y la de los demás, apoye y cree condiciones para matrimonios saludables centrados en Dios que sean un testimonio al mundo y un anticipo del cielo, y acojan la bendición y responsabilidad de criar a los hijos para la gloria de Dios.

Libertad en Cristo

El poder de la sangre derramada de Cristo puede romper el vínculo de pecado sexual, y ningún pecado es demasiado grande como para tenernos en sus garras: ni el adulterio, ni la homosexualidad, ni la promiscuidad, ni la adicción pornográfica, ni ningún otro. No nos liberamos con facilidad del pecado y las adicciones , pero las Escrituras son eficaces en indicarnos cómo cumplir con la tarea si estamos dispuestos a obedecer y hacer lo que estamos llamados a hacer. Jesús ordenó la amputación radical como el antídoto para la lujuria (Mat. 5:28-30). Debemos quitar todas las fuentes de provocación con el fin de sacar los deseos del viejo hombre y presentar nuestros miembros   a Dios como instrumentos de justicia (Rom. 6:12-13). No es suficiente solo dejar de practicar un pecado; hay que sustituirlo por una santidad apropiada. Esta es la receta de Dios para superar la esclavitud del pecado y es un método probado impartido por verdaderos consejeros bíblicos (Ef. 4:20-24).

Como creyentes se nos ha dado el Espíritu Santo para convencer y capacitarnos y le instamos a no apagar el Espíritu (1 Tes. 5:19), sino a abrazar la obra del Espíritu en su vida para sanar y santificarle, haciéndole más semejante al modelo de Cristo, Recomendamos que los que luchan con el continuo pecado sexual busquen una apropiada rendición de cuentas bíblica y apoyo en el sacerdocio de creyentes para liberarse de estas luchas. Porque “en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Ro. 8:37).

Solo en Cristo podemos encontrar sanidad; solo él puede restaurar nuestra sexualidad rota y hacernos personas completas. “Y a aquel que es capaz de hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:20-21).

Traducido por Melissa Granados

Jennifer es fundadora y directora de Safe Families Canada y también sirve como Directora de Desarrollo para el Ezra Institute for Contemporary Christianity. Originaria de London, ON, fue hija de misioneros en Zambia y actualmente se radica en Toronto. Jennifer obtuvo un B.A. en Desarrollo Internacional en la Universidad York con énfasis en ciencias políticas.

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