EL ORDEN BÍBLICO PARA LA FAMILIA
José J. Ramírez
introducción Dios instituyó el matrimonio para que en amor y respeto la pareja equilibre la sociedad. El autor del matrimonio es Dios, por ende, Él es quien define en su palabra cómo la pareja se debe comportar en sociedad. Si un matrimonio no tiene como regla de fe y conducta la palabra inspirada por Dios en su vida, será un completo despotismo y rebelión contra la ley establecida por Dios para el funcionamiento del matrimonio.
Por eso argumentamos que Dios instituyó el matrimonio para que dos personas, hombre y mujer, se unan y de esta manera puedan procrear hijos y así establecer una familia que sirva de modelo social y para la gloria de Dios. El matrimonio es una institución divina para que dos personas unidas por el amor y el respeto caminen toda la vida que Dios les conceda juntos y sirvan de ejemplo en una sociedad que ha desvalorizado tanto esta unión sagrada. El matrimonio no es la invención de la sociedad, es el perfecto cuidado de un Dios sabio por la sociedad y a través de la familia del pacto.
Por eso argumentamos que el matrimonio sirve de equilibrio a la sociedad. El matrimonio es el plan de Dios para que la sociedad sea fuerte en valores y principios fundamentados en el reino de Dios. Dios en su bondad y sabio consejo creó la institución social más importante, el matrimonio, para así brindarle al mundo un modelo divino a seguir para que funcione y se desarrolle fielmente hasta la venida de Cristo por su iglesia, su amada. Por eso entendemos que, una sociedad sin familia, especialmente la familia cristiana, está fuera del orden divino. En esta dirección sabemos que lo que algunos estados seculares y paganos proponen hoy como orden para la familia no es otra cosa que una desviación del orden divino que merece ser denunciado como aberración al perfecto y soberano plan de Dios. En otras palabras, la manera de pensar del hombre posmoderno va en contra del plan original de Dios por la familia.
En dos cosas vamos a meditar en este estudio: 1) El orden divino para el hombre: Amar a su esposa con un amor sacrificial y 2) El orden divino para la mujer: Respetar a su marido y someterse al plan de Dios. El apóstol Pablo dirigiéndose a la iglesia de Éfeso aconseja presentando la armonía que hay entre el matrimonio y el orden que Dios ha establecido para que este funcione según su admonición en Efesios 5:21-33. De hecho, el consejo de Dios en su palabra dice que no hay matrimonio estable sin sacrificio. Parte de la estabilidad en la vida conyugal tiene que ver con la tolerancia, amor, cuidado y sacrificio. Así que la base del matrimonio está en Dios y no en lo propuesto por el estado o la sociedad como principio para la unión de dos personas en este santo vínculo. Dios establece el orden.
El orden bíblico para el hombre
El orden bíblico del matrimonio fue establecido en Edén, donde Dios celebra la unión entre el primer hombre y la primera mujer. Por esta razón, el matrimonio es monógamo, heterosexual y sacrificial. Cada persona en el matrimonio es responsable por mantener su unión en santidad y esto implica mantener sometida sus inclinaciones carnales a la voluntad soberana de Dios cuando originó la unión matrimonial. Por consiguiente, el orden bíblico del matrimonio es que tanto el hombre como la mujer se sometan el uno al otro en amor y respeto ya que cada uno tiene derechos, privilegios y responsabilidades que cumplir ante Dios y ante la sociedad. Cuando el hombre y la mujer se unen, son una sola carne y ambos pasan a ser parte el uno del otro.
Dado que en Dios no hay desorden, el orden bíblico que Dios establece primero es para el hombre. Adán fue creado primero y luego Eva. Por eso, el consejo de Dios para el hombre es el de amar a su mujer. Como cabeza del matrimonio, el hombre debe proteger los intereses de Dios y por eso debe sacrificarse para que las necesidades principales de su mujer sean suplidas. ¿Por qué será? ¿Qué quiere decir el apóstol Pablo con amar? El verbo amar utilizado por Pablo en esta porción queda claro cuando vemos el contexto en el que está escribiendo. El esposo debe amar a su esposa así como Cristo amó a la iglesia. Si seguimos esta línea de pensamiento sabremos que Cristo murió por la iglesia. Así que el término griego ἀγαπάω, agapaō significa que el hombre debe amar a su esposa con un amor sacrificial, desinteresado, inteligente, abnegado, piadoso, justo, sin malicia, etc. En 1 Cor. 13:4-7 Pablo provee una lista de cualidades propias de este amor; cualidades que un verdadero cristiano debe llevar a la practica en la vida matrimonial. De hecho, a una mujer se le hará fácil respetar a un hombre que posee estas características. El orden bíblico para el esposo está desarrollado en los versículos 25, 28 y 33 de esta carta, en tres bases:
Primera base (v25): El sacrificio de Cristo por la iglesia. Así como Cristo dio su vida por la iglesia; así el hombre debe ofrecer su vida para proteger a su esposa. Aquí se introduce el amor agape, el amor con el que Dios ha amado a su pueblo del pacto. El amor sacrificial donde el hombre se entrega a esa relación en cuerpo y espíritu, su ser completo. Es decir, ama a su esposa con un amor tan grande que, si tiene que dar su vida por ella, no lo duda. Esta clase de amor es difícil de ver en la vida matrimonial actual. Los matrimonios hoy están arreglados de tal manera que hombres y mujeres vivan sus vidas separadas el uno del otro. Los hijos son criados por nanas y estos niños difícilmente ven a sus padres ya que ellos están muy ocupados viviendo sus propias vidas y no tienen tiempo para disfrutarse el uno al otro, mucho menos para compartir con sus hijos.
Segunda base (v28): Un amor puro y sin malicia. Pablo enseña que así como el hombre cuida del cuerpo, así el marido debe cuidar de la esposa. Cuando el hombre desarrolla su papel en el hogar está honrando a su propio cuerpo ya que su esposa es parte suya. El hombre no tiene que insinuar cosas perversas a su mujer en la intimidad. Debe proteger la intimidad del matrimonio. Miremos la parte importante en este cuidado: al hombre se le pide en forma enfática suplir las necesidades físicas, emocionales y espirituales de su mujer. El hombre es el proveedor de su hogar. Me arriesgo a ser criticado duramente en este tiempo donde la mujer es tan “capaz” como el hombre para ganar su propio dinero. No creo que sea malo que la mujer trabaje para aportar a las necesidades básicas del hogar, sin embargo, este no es el orden bíblico para el matrimonio y el hombre que quiere ser bíblico debe proveer el sustento para su familia y si su esposa tiene que trabajar que sea en acuerdo mutuo y por un tiempo mientras sus asuntos financieros se equilibran.
Por otro lado, el hombre es el sacerdote del hogar. Esto implica que la bendición de Dios viene al hogar a través del ministerio brindado por el hombre a su familia. Como sacerdote, presenta a su familia todos los días ante Dios en oración para que cuide de ella y para que a cada miembro de su familia le sea revelada la gracia de Dios. Pero este sacerdocio también le compele a educar en la línea cristiana a sus hijos, nietos y todas aquellas personas que pasen a ser parte de su núcleo familiar. No podemos dejar pasar la oportunidad de decir que es responsabilidad del hombre ser un soporte emocional a su esposa. Por naturaleza las mujeres son románticas y emocionales. Por eso es importante suplir sus necesidades afectivas ya que esto brinda seguridad y fe en su marido. Cuando la parte emocional de la mujer es suplida, no hay lugar para los celos y dudas infundadas por la inseguridad que tiene por la relación con su esposo. La fidelidad del esposo a su esposa es importante ya que esto da buen testimonio ante los que no conocen a Jesús para que vengan al arrepentimiento. Cuantos matrimonios han sido disueltos por adulterio o por coquetería. El esposo debe cuidar de no coquetear con la tentación.
Tercera base (v33): Someterse en amor al orden de Dios para el matrimonio. Este no es un sometimiento arbitrario, sino un someterse por amor. Dios pide que el hombre se someta a su liderazgo, para que así él pueda liderar con justicia, seguridad, amor y prudencia su hogar. El que no ama no puede impartir amor. ¿Cómo puede una persona tener amor, si el amor de Dios no está en ella? De esto que el orden de Dios para el esposo es amar y proteger a su esposa ya que esto crea estabilidad para la relación con la esposa. La mujer necesita sentirse protegida, amada y sostenida. Es parte de la seguridad que ya hablamos más arriba. Sentirse amada es una necesidad intrínseca de la mujer y si no la encuentra en el hombre a quien le prometió amor, la buscará en cualquier otra cosa que la haga sentir mujer. El machismo en muchos casos hace que el hombre se retraiga de mostrar amor, ya que esto en algunos círculos sociales puede verse como debilidad, pero la realidad es otra. El amor es un sentimiento que rompe con el odio y la indiferencia. De hecho, el antónimo de amor no es odio, es más bien la indiferencia que a veces hace preso al hombre machista y sepulta su matrimonio en la tumba del aislamiento y el adulterio.
Por otro lado, los padres son el ejemplo más vívido para los hijos que un día van a formar un hogar. Los hijos quieren ver que su mamá es tratada con dignidad y respeto. Esto crea un papel de responsabilidad en ellos cuando tengan que formar su propio hogar. El ciudadano criado en un hogar disfuncional, casi siempre, no en todos los casos, termina repitiendo el ciclo. Pero los hijos criados y desarrollados en un hogar estable, de preferencia cristiano, son responsables y buenos ciudadanos. La sociedad anhela con vehemencia estabilidad, pero están haciendo poco, o nada, para preservar el orden bíblico para la familia. Es más, la agenda que los países tienen en este siglo XXI para la familia se ve cada vez más corrompida por un liberalismo corrupto de antivalores humanos y cristianos, pero lo que es peor, antibíblico. Cómo pretendemos tener una sociedad estable si seguimos apostándole a la vieja estrategia de Satanás y nos seguimos revelando contra el orden divino para todo lo creado, incluyendo a la familia.
El orden bíblico para la mujer
Al igual que con el hombre, Dios establece el orden por el cual la mujer debe comportarse en el matrimonio. Es curioso que en tres ocasiones en Ef. 5 Dios le recomienda al hombre amar a su mujer. Por consiguiente, en tres ocasiones en este mismo capítulo Dios le recomienda a la mujer que respete a su marido. ¿Por qué hará Dios esta triple afirmación para ambos en este texto inspirado? Ya dijimos que al hombre le es difícil demostrar el amor, creando así fricciones en la relación con su mujer. Esto no significa que el hombre no ame. No, lo que pasa es que desde Edén después de la caída, las relaciones entre hombre y mujer, y en sociedad en general, quedaron dañadas. Por otro lado, a la mujer le cuesta por naturaleza someterse al liderazgo del hombre. De hecho, la mujer siempre quiere tener el control de todo.
Es lamentable que existan hombres que no ejerzan su liderazgo con responsabilidad y exponen a sus esposas a un papel que por naturaleza no les corresponde. La mujer que tiene el papel de asumir el lugar de su esposo en el hogar sufre mucho, ya que va en contra del orden bíblico y el orden natural de la creación. No estoy diciendo que una mujer no puede llevar a feliz término su tarea; pero sí quiero enfatizar que lo va a hacer con mucho sufrimiento y frustración.
El mandamiento de Dios para la mujer en los vv.22, 24, 33 es de sumisión al liderazgo de su marido. El apóstol Pablo enseña que la mujer debe someterse al hombre porque este está sometido a Cristo. Creo que es responsable de mi parte decir que si un hombre no está sometido al señorío de Cristo no debe exigir que la esposa se someta a su liderazgo. Aquí es donde se establece el principio de sujeción: el hombre no ejerce una autoridad arbitraria, sino una autoridad en la gracia conferida por Cristo. Para la mujer es prácticamente imposible cumplir con este mandamiento. Así como al hombre le es prácticamente imposible demostrar amor; es un dolor de cabeza para la mujer someterse a la autoridad del hombre. Sabiendo Dios que al hombre le cuesta mucho demostrar amor y a la mujer sujetarse a la autoridad de su marido; Dios a través del apóstol Pablo apela al modelo de Cristo y de la iglesia. Así como Cristo se entregó por la iglesia, el hombre debe poner su vida al servicio de su esposa y así como la iglesia se somete al señorío de Cristo, la mujer debe someterse en amor y respeto al señorío de su esposo. Este es el orden divino para la familia y cualquier desvío de este orden es perversión.
Hace unos años, cuando mi familia y yo nos mudamos a Canadá después de servir como misioneros en El Salvador por cinco años, empezamos a ver opciones para congregarnos. Lógicamente, la opción principal tenía que ser la iglesia que nos apoyaba en el ministerio. Pero había dos problemas: 1) El idioma. Aunque mi esposa y yo entendemos inglés y nos comunicamos en este idioma, la preferencia siempre va a ser adorar a Dios en el idioma natal, el español. Al final concluimos que este no era problema; que lo más importante era pensar en nuestros hijos que tendrán el inglés como primer idioma y necesitan crecer en doctrina y en relación en una iglesia bíblica. 2) La doctrina. Mi esposa creció en una iglesia pentecostal y en toda su vida nunca conoció otra doctrina aparte de esta, aunque la iglesia a la que asistió durante su juventud sostenía una doctrina pentecostal moderada. Pero igual, era un giro demasiado drástico para ella y le llevó algún tiempo asimilar este cambio doctrinal. Jamás se me van a olvidar las palabras de mi esposa un día mientras hablábamos del tema de la doctrina, especialmente el bautismo de infantes según lo practica la Iglesia Reformada Unida de Norteamérica a la que pertenecemos. Ella dijo:
Usted sabe que yo de doctrina es poco lo que sé, pero conozco bien la doctrina de donde vengo; así que, yo voy a confiar en que la decisión que estamos tomando de bautizar a nuestros niños no va a ofender a Dios de ninguna manera. Sin embargo, si esta decisión que hoy tomamos ofende la santidad de Dios, usted tendrá que pararse en aquel día delante de Dios para responder por habernos guiado por el camino del error.
¡Qué responsabilidad tan grande la del padre cabeza del hogar! Hasta el día de hoy estas palabras resuenan en mis oídos como si ella las hubiera pronunciado ayer. De esta clase de respeto es la que estoy hablando en este estudio. Mi esposa reconoce que Dios me ha puesto en este hogar como cabeza y ella es mi ayudad idónea y juntos trabajamos para modelar un matrimonio bíblico.
Primera base (v22): La mujer se somete por amor a Cristo. La base de un matrimonio está en el amor y en el respeto demostrado mutuamente. El v. 21 es clave para entender esto. “Sométase cada uno en el amor de Dios”. Si una persona no tiene la naturaleza de Cristo, no puede amar con esta clase de amor ya que la base del amor está en el amor de Dios, ni mucho menos puede guardar respeto ya que sin el autocontrol que viene del Espíritu Santo todo se sale de control. La idea central en el hogar debe ser la gloria de Dios.
Entreguemos cada área del ser para que Dios la moldee de tal manera que sea fácil amar y someternos los unos a los otros; comenzando en casa donde cada miembro es responsable por guardar los mandamientos de un Dios santo y piadoso. El modelo que la familia cristiana muestra al mundo hace la diferencia entre lo terrenal y lo eterno.
Segunda Base (v24): La mujer sigue el ejemplo de la iglesia. Así como la iglesia se somete a la autoridad de su Señor, la mujer se somete a la autoridad de su esposo. La iglesia es el ejemplo de sumisión y Cristo es el Señor de la iglesia y la iglesia se somete a Él en amor y respeto divino porque Cristo se entregó por ella. ¡Qué principio más maravilloso y liberador para el matrimonio cristiano! El feminismo dice que las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres, bien dicen, pero el concepto del feminismo está distorsionado porque cuando hablan de derechos en realidad lo que quieren es invertir los papeles, aquí es donde radica el problema. Los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos, privilegios y responsabilidades como ciudadanos y personas. Sin embargo, los papeles son diferentes y el orden natural establecido por Dios jamás podrá ser cambiado. Dios creó un hombre y una mujer y no dos hombres o dos mujeres. El matrimonio sigue un orden natural inalienable. La genética lo corrobora. Un hombre puede hacerse cambio de sexo y casarse con otro hombre como mujer y lo que quiera, pero jamás será mujer: primero porque jamás podrá llevar en su vientre un bebé por nueve meses. De igual importancia, si esta “mujer” muere, aunque sus órganos genitales son de mujer, su ADN dirá que es hombre. Nadie puede ir en contra de la naturaleza y genética creadas por Dios.
Tercera base (v33): La esposa se somete a su esposo para ser ejemplo a las mujeres jóvenes. La esposa debe respetar a su marido ya que de esta manera sirve de ejemplo a las nuevas generaciones de mujeres que encaminan sus vidas a servir a Dios. No hay mejor manera de demostrar el respeto a Dios que a través del respeto por los demás. Al honrar a su marido, la esposa demuestra su fe y carácter cristiano. La iglesia enseña la importancia de buscar agradar a su amado, Cristo, en todo y su sometimiento es voluntario y por amor. El llamado a la esposa es a seguir el ejemplo de la iglesia en todo; porque en la iglesia se ve reflejada la voluntad de Dios.
Resumen
La Biblia es clara en sus directrices para la vida matrimonial. Por consiguiente, seguir sus directrices como matrimonio es de sabios. Es sabido que el matrimonio pasa por diferentes etapas, sin embargo, cuando este está basado en el amor y respeto siempre se lleva a un buen término. El marido ama a su esposa porque la Biblia sienta el precedente al comparar su entrega con el ejemplo de Cristo. El hombre protege a su esposa porque es su deber moral y varonil. Además, la Biblia se lo exige. La autoridad conferida al hombre es con base en el amor, la justicia, el respeto y el autosacrificio. Cristo es el ejemplo de esta clase de amor. El hombre y la mujer se entregan el uno al otro para amarse y respetarse.
La esposa por su parte debe ser sumisa y respetuosa ya que ella predica con el ejemplo: Es fiel al esposo. El sexo libre y el “derecho” de la mujer promueve que esta, al igual que el hombre, puede tener todas las aventuras extramaritales que se le ocurran ya que es dueña de su cuerpo. Cuando un hombre o una mujer tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio se sienten sucios y vacíos ya que ese rato de placer crea una psicosis que incluso les impulsa a la depresión. No hay tal cosa como la liberación sexual, la Biblia lo llama pecado y sabemos que la paga del pecado es muerte (Rom. 6:23).
Por otro lado, se le ordena a la mujer sujeción a la autoridad de su marido. “las casadas estén sujetas a sus propios maridos” (Ef. 5:22, 24). El ejemplo es Cristo en todo. Pero a la mujer se le pide que siga el ejemplo de la iglesia que aguarda por su amado con respeto y ansias de verle y exclama cada día para acortar la espera, sí, ven pronto Ap. 22:17. El matrimonio es una sociedad donde dos personas la empiezan y van formando a sus hijos e hijas para que sean ciudadanos estables y de provecho. ¡Dios nos ayude para cumplir nuestra labor ministerial y social en la familia!
José Ramírez es profesor a tiempo completo de MINTS International Seminary. Sirve además como Decano Académico Asociado de MINTS Centroamérica y coordina el programa hispano de MINTS en Toronto. Es Director Ejecutivo de MINTS El Salvador y Director Administrativo de MINTS Cuba. Trabaja en un Ministerio Misionero entre los migrantes mexicanos que llegan a trabajar a Ontario, Canadá; y está plantando Iglesias en la Región Centroamérica. Está casado con Rosa Ramírez con quien tiene dos hijos: Rosa y Steve Ramírez. Viven en Toronto, Canadá, y son miembros activos de la Iglesia Reformada del Pacto. Tiene 19 años de experiencia ministerial en diferentes áreas. Tuvo el privilegio de plantar tres iglesias en los años 2000 y hoy es fiel en la formación de nuevos pastores.